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Aquí lo importante es aceptar las reglas del juego desde el minuto uno.
La película funciona con una lógica propia que no intenta parecer realista, y cuanto antes lo asumas, mejor te lo vas a pasar. La idea de que un trasplante de órganos otorgue habilidades especiales es deliberadamente absurda, casi de cómic, y el film no se molesta en justificarlo demasiado.
Algunas de esas “habilidades” no tienen mucho sentido si se analizan en frío, pero no es ese el punto. Hay humor, conflictos internos entre personajes que no se conocen de nada, un villano claramente marcado, y hasta espacio para temas más delicados como la culpa, la familia o la autodestrucción, tratados con más tacto del que cabría esperar. Es caótica, exagerada y algo irregular, pero también consciente de su tono. Si te apetece algo ligero, extraño y sin demasiadas pretensiones, cumple.
Si buscas coherencia absoluta, mejor mirar a otro lado.
Críticas: 2
TenienteRipley
6
Al principio parece otra señal más de desgaste dentro del cine comercial coreano, pero poco a poco la película va desmontando esa impresión hasta darle la vuelta por completo. Lo que acaba ofreciendo es algo que el cine de superhéroes occidental lleva años persiguiendo sin éxito: frescura.
Es disparatada, juguetona y muy poco solemne, pero al mismo tiempo está hecha con un pulso técnico impecable y un ritmo pensado para conectar con cualquiera. Sus protagonistas no son héroes ejemplares, sino gente corriente con poderes que no saben muy bien cómo manejar, llenos de defectos, torpezas y contradicciones, lo que los vuelve cercanos y sorprendentemente humanos.
Ese tono, muy marcado por su identidad cultural, resulta contagioso, y sin darme cuenta llevaba tiempo sonriendo frente a la pantalla, algo que no me pasaba desde hacía años con este tipo de cine.
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