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Cinta que se mantienen entre el melodrama familiar y el terror convencional.
Dollhouse (2025) es una propuesta japonesa que decide explorar el dolor de la pérdida a través del terror sobrenatural.
La historia arranca con una tragedia: la muerte de una niña en un accidente doméstico. En pleno proceso de duelo, la madre encuentra en un mercadillo una misteriosa muñeca resguardada en una caja de cristal repleta de caracteres japoneses.
Decidida a llenar el vacío, la lleva a casa y comienza a tratarla como si fuera su propia hija.
La tensa calma se rompe cuando la madre se embaraza de su segunda hija, un evento que parece desatar la ira celosa de la entidad.
A partir de aquí, la película adopta la estética de una producción televisiva muy pulida, pero marcadamente melodramática.
El núcleo familiar se convierte en el blanco de un asedio malévolo que obligará a los protagonistas a investigar el oscuro origen del juguete para encontrar una explicación.
Aunque la cinta cumple al ofrecer sorpresas, giros de guion y los infaltables jumpscares, su intensidad se mantiene en un punto medio. Dollhouse no tiene la fuerza necesaria para entrar al selecto círculo de las muñecas malditas del cine, pero garantiza un entretenimiento efectivo y resultón durante lo que dura su metraje.
Críticas: 2
Miguel Arkangel
6
Chucky conoce el J-Horror
Dollhouse, de Shinobu Yaguchi, marca un giro oscuro en la carrera de un director conocido por sus comedias optimistas. En esta incursión en el J-Horror, Yaguchi demuestra que su habilidad para manejar el ritmo y la emoción se traduce perfectamente al terror psicológico.
La historia nos presenta a Yoshie Suzuki, quien tras perder a su hija de cinco años, busca refugio emocional en una muñeca antigua de tamaño real que encuentra en un mercado de antigüedades. Lo que comienza como un mecanismo de defensa —tratar a la muñeca como si fuera su hija fallecida— se torna siniestro cuando la familia intenta deshacerse del objeto tras el nacimiento de una nueva hija.
La película se siente, por momentos, como un drama familiar, lo que hace que los estallidos de horror sean mucho más impactantes. Gran parte de la tensión se construye en escenas diurnas, urbanas y entornos domésticos, huyendo del cliché de las sombras constantes. El diseño de la muñeca es perturbador por su sencillez; se aleja de la estética “monstruosa“ tipo Annabelle y prefiere la leyenda japonesa de Okiku (muñecas a las que les crece el cabello).
Se nos sugiere que la muñeca es un receptáculo de la negligencia y el dolor. El horror no es solo el “fantasma“, sino la incapacidad de dejar ir el pasado. A diferencia de Chucky, esta muñeca no necesita hablar ni correr para ser una amenaza; su poder reside en cómo manipula la percepción de la realidad de quienes la rodean.
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