A primera vista, Homestead, dirigida por Ben Smallbone, parece otra historia más sobre supervivencia post-apocalíptica, centrada en la típica paranoia de los “preppers“ y su obsesión por acumular alimentos y armas. Sin embargo, aunque la premisa promete algo más, el filme termina explorando algunos dilemas éticos y morales que, aunque interesantes, no alcanzan toda la profundidad que podrían. La historia sigue a Jeff Eriksson (Bailey Chase), un ex Green Beret que, tras un ataque nuclear a Los Ángeles, lleva a su familia a una finca aislada propiedad de su amigo Ian Ross (Neal McDonough). Allí, el refugio se convierte en un campo de batalla moral sobre cuánto estamos dispuestos a sacrificar para proteger lo que tenemos.
El principal conflicto gira entre Ian, quien se niega a abrir las puertas de la finca a los hambrientos que se agolpan fuera, y su esposa Jenna (Dawn Olivieri), que defiende la necesidad de ayudar a los demás. Este tira y afloja entre la supervivencia egoísta y la compasión es interesante, pero el tratamiento de la película se queda a medio camino. Aunque algunos momentos muestran el precio psicológico de vivir bajo constante paranoia, la trama se vuelve predecible en varios puntos, y la tensión no siempre se mantiene como debería.
Si bien las interpretaciones de los actores, especialmente McDonough y Olivieri, son sólidas, el desarrollo de la historia se ve afectado por su vinculación con una futura serie de televisión, lo que deja varios cabos sueltos y hace que el filme se sienta incompleto. Homestead tiene una buena premisa y una atmósfera efectiva, pero su falta de resolución y su ritmo irregular impiden que sea una experiencia realmente satisfactoria.
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A primera vista, Homestead, dirigida por Ben Smallbone, parece otra historia más sobre supervivencia post-apocalíptica, centrada en la típica paranoia de los “preppers“ y su obsesión por acumular alimentos y armas. Sin embargo, aunque la premisa promete algo más, el filme termina explorando algunos dilemas éticos y morales que, aunque interesantes, no alcanzan toda la profundidad que podrían. La historia sigue a Jeff Eriksson (Bailey Chase), un ex Green Beret que, tras un ataque nuclear a Los Ángeles, lleva a su familia a una finca aislada propiedad de su amigo Ian Ross (Neal McDonough). Allí, el refugio se convierte en un campo de batalla moral sobre cuánto estamos dispuestos a sacrificar para proteger lo que tenemos.
El principal conflicto gira entre Ian, quien se niega a abrir las puertas de la finca a los hambrientos que se agolpan fuera, y su esposa Jenna (Dawn Olivieri), que defiende la necesidad de ayudar a los demás. Este tira y afloja entre la supervivencia egoísta y la compasión es interesante, pero el tratamiento de la película se queda a medio camino. Aunque algunos momentos muestran el precio psicológico de vivir bajo constante paranoia, la trama se vuelve predecible en varios puntos, y la tensión no siempre se mantiene como debería.
Si bien las interpretaciones de los actores, especialmente McDonough y Olivieri, son sólidas, el desarrollo de la historia se ve afectado por su vinculación con una futura serie de televisión, lo que deja varios cabos sueltos y hace que el filme se sienta incompleto. Homestead tiene una buena premisa y una atmósfera efectiva, pero su falta de resolución y su ritmo irregular impiden que sea una experiencia realmente satisfactoria.
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