La película Zulú no solo lanzó a Michael Caine al estrellato. Un compañero suyo de reparto también iba camino del firmamento cinematográfico gracias a dicha superproducción bélica, pero se quedó a medias. Era James Booth, y esta es una de las dos o tres películas que se hicieron para aprovechar este tirón: una típica comedieta inglesa donde fue bien pertrechado.
Arthur Tate acaba de recibir una herencia fabulosa. Él mismo nos explica cómo ha llegado a ello: desde ser un policía de pueblo a un supuesto superdetective gracias a su madre (la veterana Amy Dalby), toda una Marple, resolviendo casos por todo el mundo. Creo entonces que ya os imagináis lo evidente: que Tate es un auténtico cateto.
En cada uno de los casos que relata hubo una femme fatale de por medio, y es aquí donde se pertrecha Booth: son Stella Stevens, Honor Blackman y Shirley Jones, tres auténticas estrellas de la época. Por otra parte, el lampiño Lionel Jeffries se marca cuatro papeles como cuatro pringaos. Todo el reparto está correcto, sin grandes momentos pero seguro y competente en todo momento, especialmente Jeffries, que tiene que ir cambiando de registro en cada segmento pero parece pasarlo en grande en cada uno de ellos.
Escrita y dirigida por el americano William M. Stone, considerado uno de los grandes del thriller en los 50 que pero ahora iba un tanto de capa caída, combina humor, misterio y terror para obtener una típica comedia negra británica al estilo de las de la Ealing, con ese algo de mala leche y esos giros finales a los que el mítico estudio hizo reir a medio mundo. El problema aquí está en que ni los chistes son muy buenos, aunque alguna sonrisa me han arrancado (y una escena hacia el clímax me ha hecho reir a carcajadas), ni los misterios un prodigio de creatividad. Todo me parece muy tópico. Sí están conseguidas algunas escenas de terror (hay una que parece un antecedente de la saca Arac Attack. Qué canguelo a pesar de lo cutre, nen).
Lo más destacado a nivel técnico son los preciosos exteriores, rodados en pueblos y conjuntos monumentales de Inglaterra y Portugal por Davis Boulton, habitual compañero de cuitas de William M. Stone.
Pues una peliculita pasable, sin mucho más que decir que lo arriba referido. Para ver, pasar el rato y olvidar a los pocos días.
bigladiesman
6
La película Zulú no solo lanzó a Michael Caine al estrellato. Un compañero suyo de reparto también iba camino del firmamento cinematográfico gracias a dicha superproducción bélica, pero se quedó a medias. Era James Booth, y esta es una de las dos o tres películas que se hicieron para aprovechar este tirón: una típica comedieta inglesa donde fue bien pertrechado.
Arthur Tate acaba de recibir una herencia fabulosa. Él mismo nos explica cómo ha llegado a ello: desde ser un policía de pueblo a un supuesto superdetective gracias a su madre (la veterana Amy Dalby), toda una Marple, resolviendo casos por todo el mundo. Creo entonces que ya os imagináis lo evidente: que Tate es un auténtico cateto.
En cada uno de los casos que relata hubo una femme fatale de por medio, y es aquí donde se pertrecha Booth: son Stella Stevens, Honor Blackman y Shirley Jones, tres auténticas estrellas de la época. Por otra parte, el lampiño Lionel Jeffries se marca cuatro papeles como cuatro pringaos. Todo el reparto está correcto, sin grandes momentos pero seguro y competente en todo momento, especialmente Jeffries, que tiene que ir cambiando de registro en cada segmento pero parece pasarlo en grande en cada uno de ellos.
Escrita y dirigida por el americano William M. Stone, considerado uno de los grandes del thriller en los 50 que pero ahora iba un tanto de capa caída, combina humor, misterio y terror para obtener una típica comedia negra británica al estilo de las de la Ealing, con ese algo de mala leche y esos giros finales a los que el mítico estudio hizo reir a medio mundo. El problema aquí está en que ni los chistes son muy buenos, aunque alguna sonrisa me han arrancado (y una escena hacia el clímax me ha hecho reir a carcajadas), ni los misterios un prodigio de creatividad. Todo me parece muy tópico. Sí están conseguidas algunas escenas de terror (hay una que parece un antecedente de la saca Arac Attack. Qué canguelo a pesar de lo cutre, nen).
Lo más destacado a nivel técnico son los preciosos exteriores, rodados en pueblos y conjuntos monumentales de Inglaterra y Portugal por Davis Boulton, habitual compañero de cuitas de William M. Stone.
Pues una peliculita pasable, sin mucho más que decir que lo arriba referido. Para ver, pasar el rato y olvidar a los pocos días.
Me gusta (0) Reportar