Cinta oriental que se sumerge en su perspectiva del infierno, con enma sama y demonios oni incluidos,este aspecto y sus efectos gore y animatronicos están muy bien logrados,es lo mejor del filme. Mas allá de eso y de todo lo del infierno,la trama es aceptable.
No estamos ante ninguna joya pero logra su cometido
Bueno, que decir, ....muy extraña pelicula, en realidad el cine japones es raro cuando quiere, puede hacer las cosas mas bizarras y delirantes como nadie, la historia esta buena y buenas escenas de gore y slasher, pero por otro lado le sobran varios minutos, cosa que se hace un poco pesada, yo la verdad la recomiendo ya que es una pelicula que puede llamar bastante la atencion y puede llegar a gustar o no, un 5.5 Gracias.
Críticas: 3
Mad Warrior
3
En los Ocho Infiernos los condenados se retuercen en una piscina de sangre, otros son cubiertos de gusanos y luego devorados por un dragón. Nadie escapa al juicio de Teruo Ishii y sus demonios, que arrancan lenguas y despedazan a quienes cometieron pecados imperdonables...
Él, en realidad, no estaba ya para muchos juicios. Preparado a entrar en el nuevo milenio con 75 años, debió haberse retirado, gozar del estatus de cineasta de culto que le había sido otorgado y limitarse a observar sus fuertes influencias en los directores jóvenes. Pero no, en su lugar siguió haciendo gala de su infatigable voluntad al lanzarse de cabeza a un proyecto muy personal de nuevo financiado con su propio dinero; tan personal que sólo él, como de costumbre, demostró verdadero entusiasmo, al contrario que muchos miembros de su equipo, quienes le abandonaron durante el rodaje y la posproducción...
Tal vez el tema a debatir no era el adecuado en aquel momento, o que el guión no convenció a nadie. La estructura de “Jigoku“ es incoherente y errática, y empieza sin introducciones en las mismas tripas del Infierno, recreadas con una serie de decorados de cartón-piedra y efectos especiales un tanto vergonzosos, quedando más o menos como la versión de “todo a cien“ del clásico homónimo de Nobuo Nakagawa; algo de la esencia de Shintoho se respira en este escenario chapucero y de cierto atractivo grotesco.
La legendaria Michiko Maeda encarna a una especie de reina del Averno (Enma) que, harta de todos los pecados del mundo humano (ojo, los de los hombres sólo, las mujeres no) decide “invitar“ a una persona para que contemple de cerca los castigos a los condenados y vuelva a La Tierra para intentar llevar su vida y la de otros por el buen camino. Entre retazos de humor negro, desnudos gratuitos y violencia a un tiempo brutal y extremadamente cutre, la joven Kinako Sato en el papel de Rika adopta la mirada del espectador y nos guía por las instalaciones infernales antes de ser obligada a observar a algunos criminales que acabarán soportando el juicio de los demonios por sus horribles actos.
Este prólogo, veloz, lleno de interrogantes (por ejemplo, ¿por qué esta chica es la elegida y no otra persona?, ¿hay algún motivo?) y nada satisfactorio en general, sufre dos interrupciones en forma de “flashbacks“, una corta y una larga. La primera se dedica a repasar los homicidios de Tsutomu Miyazaki, quien a finales de los “80 secuestró, torturó y asesinó de manera indescriptible a varias niñas pequeñas, desatando una oleada de pánico en la sociedad japonesa; hemos pasado de una película de horror/fantasía barata pero agradablemente descarada a una especie de drama semidocumental de atmósfera inquietante e incómoda y con una intención muy clara en su discurso.
Intención que se reafirma en ese segundo “flashback“ donde Rika toma parte como un personaje más siguiendo los pasos de Chizuo Matsumoto (aquí bajo el pseudónimo Kasahara), el líder de la secta Omu Shin-rikyo que, tras una serie de delitos que incluyeron extorsión, secuestro y asesinato, fue declarada organización terrorista cuando el 20 de Marzo de 1.995 llevaron a cabo el conocido ataque con gas sarín en varias estaciones de metro de Tokyo. Si a algo se dispone Ishii en estas historias inconexas es, simple y llanamente, a mostrar su indignación sin concesiones.
En el año en que realizó la película ni Miyazaki ni Matsumoto habían sido ejecutados todavía (se necesitaría más tiempo pero al final sucedió, gracias a Dios...), así que, furioso al ver cómo el sistema penal alargaba innecesariamente sus condenas, eligió su propio sistema de justicia a través del cine; es fácil simpatizar con esta transparente idea, la de un castigo eterno perfectamente justificado ya que de ningún modo se podría estar de parte de los culpables. Todo esto está muy bien, pero la manera de desarrollarlo el guión es pésima, sin una verdadera profundización dramática, sin hacer de Sato la protagonista, porque ella sólo se limita a observar igual que nosotros.
Observar una serie de situaciones horribles llevadas a cabo por personajes desagradables que ni sienten ni padecen un mínimo de culpa; lo peor es que, si bien lo que se cuenta sucedió de verdad, no existe una auténtica atmósfera de suspense e intriga, pesa un tono televisivo esta vez nada atractivo, no existe esa emoción visceral que brotaba en las obras clásicas del director, y el aspecto tan barato convierte escenas supuestamente dramáticas en paródicas. Pasada esta larguísima y tediosa trama sólo nos queda regresar al mismo punto, es decir, al Inframundo.
Claro, Ishii apela a la voz de la justicia interior del público, esperando que eso sea suficiente para poder disfrutar de la sádica fantasía infernal que conlleva el castigo a tan repelentes individuos. Pero no. Lo que podría haber sido una orgía de horror con la esencia de Suehiro Maruo o Kazuo Umezu no pasa de ser un circo de disfraces, sangre falsa y decorados pobres sin mucha sofisticación ni diversión y momentos que no se sabe por qué suceden con personajes que no se sabe quiénes son (la de un envejecido Tetsuro Tanba de samurái-fantasma regalándonos una horrorosa secuencia de lucha como mejor ejemplo de ello).
Y además un mensaje muy confuso, porque al ser testigo de las torturas que esperan a los pecadores, Rika debe predicar la palabra y las acciones “correctas“...dando a entender que ahora es ella la que creará otro culto religioso.
Por lo tanto no se resuelve nada, ni se aprende nada y todo lo sucedido no ha valido para absolutamente nada.
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