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Últimamente parece que algunas películas creen que con poner música indie, personajes ricos deprimidos y fotografía elegante ya tienen media faena hecha. Esta es exactamente eso.
Durante toda la película sentí que estaba viendo una versión descafeinada de algo mucho mejor. Todo el rato parece que va a ponerse realmente cruel o divertida y nunca llega. Los asesinatos tienen menos impacto del que deberían y la supuesta crítica social está tan suavizada que da igual.
Lo mejor probablemente sea Margaret Qualley, porque cada vez que aparece mete algo de caos en pantalla. Glen Powell cumple, pero tampoco puede salvar un guion que se pasa media película dando vueltas. Y Ed Harris está ahí prácticamente para recordar que existe.
Lo peor es que no es un desastre divertido. Ojalá lo fuera. Simplemente se queda en tierra de nadie: ni thriller potente, ni comedia negra afilada, ni sátira memorable. Sales del cine y a la media hora ya estás pensando en otra cosa.
La vi esperando una locura elegante de esas donde todo el mundo es horrible y tú disfrutas viendo cómo se destruyen entre ellos, pero la película se queda demasiado contenida casi todo el rato. Tiene una idea muy divertida: un tipo dispuesto a cargarse media familia por dinero. Con eso puedes hacer una salvajada increíble o algo muy ácido. Aquí se queda en una cosa rara a medio camino.
Eso sí, Glen Powell tiene tanto carisma que consigue que sigas mirando incluso cuando la historia empieza a dar vueltas sobre sí misma. Hay escenas donde parece que la peli va a despegar de verdad, sobre todo cuando entra Margaret Qualley, porque ella sí aporta esa sensación de peligro que necesitaba todo el conjunto. Cada vez que aparece parece que va a pasar algo turbio de verdad… y luego muchas veces no pasa tanto.
También me dio la sensación de que la película no termina de decidir qué quiere ser. A ratos parece una sátira sobre ricos degenerados, luego un thriller serio, luego una comedia negra con asesinatos casi absurdos… y ninguna de esas partes termina de imponerse. Hay muertes, traiciones y personajes asquerosamente ricos, pero nunca llega esa mala leche que pedía el argumento.
Visualmente entra muy bien. Casas enormes, fiestas incómodas, ropa carísima, caras de gente vacía… todo eso está bastante conseguido. Incluso tiene un aire como de thriller noventero elegante que me gustó bastante. Pero cuando acabó me quedé pensando más en lo que podría haber sido que en lo que realmente fue.
No me arrepiento de verla porque tiene momentos entretenidos y un reparto muy potente, pero me dejó esa sensación de película “casi”. Casi brillante. Casi divertida. Casi salvaje. Y al final eso es un poco frustrante.
Hay películas que parecen hechas con miedo a incomodar, y esta me dio exactamente esa sensación. Tiene asesinatos, codicia, manipulación y una familia llena de personajes desagradables, pero está rodada como si no quisiera mancharse demasiado las manos.
Lo curioso es que los ingredientes están ahí. De hecho, el principio me enganchó bastante. El protagonista tiene un punto miserable interesante y la relación con el personaje de Margaret Qualley añade una energía muy rara, como de gente que en cualquier momento va a destruirse mutuamente. Cuando salen juntos, la película mejora muchísimo.
El problema es que después se pasa demasiado tiempo intentando parecer ingeniosa. Hay diálogos que suenan escritos para que el espectador piense “qué inteligente es esto”, y eso le quita naturalidad. Encima algunos secundarios aparecen y desaparecen sin dejar huella.
No diría que es mala, porque aburrirme no me aburrí del todo, pero sí me pareció una oportunidad desaprovechada. Con un director más salvaje podría haber sido una barbaridad.
No sé si el problema fue mío por esperar algo más bestia o de la película por prometer una cosa que luego nunca termina de entregar. La premisa es buenísima: ricos insoportables peleándose por una herencia mientras uno decide ir quitando obstáculos por el camino. Suena a diversión garantizada. Pues no tanto.
La película tiene estilo, eso sí. Todo parece caro, frío y un poco artificial, como si estuvieras viendo a gente incapaz de sentir algo real aunque tengan millones. Ahí funciona bastante bien. También ayuda Glen Powell, que tiene esa facilidad para caer bien incluso haciendo de tipo cuestionable.
Pero llega un momento donde el asunto se vuelve repetitivo. Esperas que el humor negro apriete más o que la historia se vuelva más loca, y en cambio todo se desarrolla de manera bastante segura. Ni me hizo mucha gracia ni me generó demasiada tensión. Se deja ver, pero olvidable.
Funciona como una película sencilla, ligera y consciente de sus propios límites, más interesada en ofrecer un rato entretenido que en aparentar una profundidad que no tiene. Su ritmo fluye con bastante comodidad, el reparto se mueve con naturalidad dentro de ese tono desenfadado y la puesta en escena cumple sin llamar demasiado la atención, acompañada por una banda sonora que ayuda a mantener el pulso sin resultar especialmente memorable.
El guion va directo al grano, evita complicarse y eso hace que la experiencia sea fácil de seguir, aunque también provoca que algunos giros resulten previsibles y que la historia no deje demasiada huella. Aun así, la película consigue lo que se propone: entretener de forma agradable, sin grandes pretensiones, como una de esas propuestas que quizá se olvidan pronto, pero que se disfrutan mientras duran.
Críticas: 6
Shyamalan
6
Pues me esperaba algo bastante peor la verdad. Es la típica peli que sabes perfectamente por dónde va a tirar pero se deja ver sola. Glen Powell tiene muchísimo carisma y al final te tragas cosas bastante absurdas solo porque el tío cae bien.
La historia tiene momentos un poco “venga hombre” y algunos diálogos parecen sacados de una peli de domingo por la tarde, pero tampoco creo que la peli quiera ser súper seria. Va rápida, no se hace pesada y tiene ese rollo entretenido de ver mientras cenas y desconectas.No diría que vaya a acordarme de ella dentro de un mes pero me lo pasé bien, que ya es más de lo que puedo decir de muchas últimamente.
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