El inspector Carella (Jean-Louis Trintignant) investiga una serie de implacables crímenes durante un verano en Niza.
Carella se embarca en una obsesiva investigación para descubrir el secreto que está en el origen de esta ola de asesinatos cometidos por un francotirador que se sube a los tejados para disparar a sus víctimas.
La serie de asesinatos misteriosos tiene su origen en la violación colectiva de la que fue víctima una joven, Juliette.
El guión es una adaptación de una joya de la literatura criminal: ¨Ten plus one¨ (1963), de Ed McBain.
Trintignant interpreta un Carella tozudo, de tenaz carácter llevado hasta la obsesión.
Thriller de misterio francés de los años 70 con la Riviera francesa perfecta como escenario y música del maestro Ennio Morricone, pero lamentablemente, no es de sus mejores obras.
Buena configuración y escenarios, pero no tan buena ejecución, ya que todo se vuelve demasiado lento.
Desafortunadamente, la película no atrapa completamente, como que nunca despega.
Igualmente no deja de ser un aceptable thriller francés con unas imágenes perfectas y que puede ser para coleccionar.
Críticas: 2
Miguel Arkangel
6
Sans mobile apparent es una amalgama del cine policíaco europeo de principios de los años 70 que combina la sobriedad del polar francés con dosis del noir moderno. Dirigida por Philippe Labro, la trama sigue al comisario Carella (Jean-Louis Trintignant) en su investigación sobre una serie de asesinatos perpetrados por un francotirador en la soleada Niza. Las víctimas, al parecer, carecen de vínculos evidentes entre sí —un empresario, un astrónomo y una viuda acaudalada—, lo que sumerge a la policía en un callejón sin salida donde, al parecer, no existe un móvil aparente.
Labro, gran admirador de la cultura estadounidense, adapta aquí una novela de Ed McBain, logrando un filme que es como un relato negro norteamericano trasplantado al Mediterráneo. La película se toma su tiempo y evita la acción frenética en favor de una reconstrucción del procedimiento policial. La banda sonora de Ennio Morricone aporta una música minimalista que queda bien, sumada a un uso impecable de la fotografía con el color y la luz de Niza.
No está exenta de defectos y el desenlace puede sentirse apresurado tras la acumulación de pistas. Es una película que prioriza la deducción y el estilo por encima de las persecuciones y los tiroteos. Cumple, sin mayores pretensiones.
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