Diana (Rita Calderoni), una chica rica y mimada, lleva a su novio al suicidio. El tipo espera inculparla por su supuesto asesinato y, en lugar de llamar a la policía, Diana intenta ocultar el cuerpo. Desafortunadamente para ella, un tipo raro lo ha visto todo y pretende chantajearla...
Hablar de Renato Polselli es entrar en el cine oscuro y psicodélico de Italia, donde priman el delirio, el erotismo y el esoterismo. La verità secondo Satana es, posiblemente, una de las obras más «polsellianas» que existen: caótica y visualmente extraña. Según Polselli, él no hacía películas para contar historias lineales, sino para provocar estados de trance. En esta ocasión, el director se aleja del terror gótico de sus inicios para sumergirse en una amalgama de humor negro simplón (de hecho, los personajes «cómicos» son desagradables), crítica social y vanguardia visual, con zooms agresivos, luces de colores saturados y una edición extraña.
Una película bizarra, muy lejos de las recomendables Delirium o La reencarnación de Isabel; solo la presencia de Rita Calderoni (con ropa y sin ella) me mantuvo atento hasta el delirante final con hippies semidesnudos y pintarrajeados, incluidos.
Miguel Arkangel
5
Diana (Rita Calderoni), una chica rica y mimada, lleva a su novio al suicidio. El tipo espera inculparla por su supuesto asesinato y, en lugar de llamar a la policía, Diana intenta ocultar el cuerpo. Desafortunadamente para ella, un tipo raro lo ha visto todo y pretende chantajearla...
Hablar de Renato Polselli es entrar en el cine oscuro y psicodélico de Italia, donde priman el delirio, el erotismo y el esoterismo. La verità secondo Satana es, posiblemente, una de las obras más «polsellianas» que existen: caótica y visualmente extraña. Según Polselli, él no hacía películas para contar historias lineales, sino para provocar estados de trance. En esta ocasión, el director se aleja del terror gótico de sus inicios para sumergirse en una amalgama de humor negro simplón (de hecho, los personajes «cómicos» son desagradables), crítica social y vanguardia visual, con zooms agresivos, luces de colores saturados y una edición extraña.
Una película bizarra, muy lejos de las recomendables Delirium o La reencarnación de Isabel; solo la presencia de Rita Calderoni (con ropa y sin ella) me mantuvo atento hasta el delirante final con hippies semidesnudos y pintarrajeados, incluidos.
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