Corre el año 1973 y el nunsploitation entra en su época dorada. Tras el éxito de Los demonios, de Ken Russell, los directores más atrevidos de toda Europa se apresuraron a aprovechar la fiebre por las películas de monjas. Uno de ellos fue el cineasta Domenico Paolella, quien rodó dos filmes consecutivos que abordaron este tema: Storia di una monaca di clausura y Le monache di Sant“Arcangelo.
Aquí tenemos una historia basada libremente en un relato de Stendhal, que se mantiene fiel a todos los elementos básicos del nunsploitation —monjas rebeldes, sexo, desnudez, lesbianismo, tortura y, por supuesto, la Inquisición—, pero Paolella evita caer en los excesos y la simple explotación, buscando darles sentido dramático y cierta seriedad con una narrativa sobria. Más que monjas desnudas en orgías, encontramos una implacable lucha de poder dentro de un convento y las consiguientes intrigas, profundamente mundanas. El director expone estructuras de poder y jerarquías disputadas entre hombres y mujeres, en las que el sexo también se convierte en un instrumento de dominio.
Los personajes —monjas atormentadas, sacerdotes hipócritas y figuras de autoridad corruptas— funcionan como una crítica a la institución eclesiástica. Destacan las interpretaciones de Anne Heywood y Ornella Muti, que aportan sensualidad, intensidad y carisma.
Miguel Arkangel
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Corre el año 1973 y el nunsploitation entra en su época dorada. Tras el éxito de Los demonios, de Ken Russell, los directores más atrevidos de toda Europa se apresuraron a aprovechar la fiebre por las películas de monjas. Uno de ellos fue el cineasta Domenico Paolella, quien rodó dos filmes consecutivos que abordaron este tema: Storia di una monaca di clausura y Le monache di Sant“Arcangelo.
Aquí tenemos una historia basada libremente en un relato de Stendhal, que se mantiene fiel a todos los elementos básicos del nunsploitation —monjas rebeldes, sexo, desnudez, lesbianismo, tortura y, por supuesto, la Inquisición—, pero Paolella evita caer en los excesos y la simple explotación, buscando darles sentido dramático y cierta seriedad con una narrativa sobria. Más que monjas desnudas en orgías, encontramos una implacable lucha de poder dentro de un convento y las consiguientes intrigas, profundamente mundanas. El director expone estructuras de poder y jerarquías disputadas entre hombres y mujeres, en las que el sexo también se convierte en un instrumento de dominio.
Los personajes —monjas atormentadas, sacerdotes hipócritas y figuras de autoridad corruptas— funcionan como una crítica a la institución eclesiástica. Destacan las interpretaciones de Anne Heywood y Ornella Muti, que aportan sensualidad, intensidad y carisma.
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