Críticas de Sukeban Deka The Movie 2: Counter-Attack from the Kazama Sisters (1)
Mad Warrior
12 Mar 2023
5
Son tres, mujeres, valientes y muy fuertes, y aunque trabajen para una misteriosa organización no, no son los Ángeles de Charlie, sino las hermanas Kazama, ¡preparadas para hacer justicia frente a todos aquellos que atenten contra la seguridad del país y sus ciudadanos!
Regreso a los confines del más delicioso ¨trash¨ ochentero de factoría nipona, y de la mano de las más queridas heroínas del momento. Cuando en 1.987 Toei llevó a las pantallas las hazañas de la popular ¨Sukeban Deka¨, que cada tarde millones de adolescentes disfrutaban en televisión, desde luego sabían lo que tenían en las manos en términos de beneficios; y mientras se extendía la 2.ª temporada con la ¨idol¨ Yoko Minamino al frente en sustitución de Yuki Saito, una 3.ª estaba en marcha como resultado de combinar ¨Ninja Hisho¨, de Shinji Wada (también autor del manga en que se basó la serie), y las influencias de ¨La Venganza del Ninja¨ (la de la Cannon) con la propia idiosincrasia de ¨Sukeban¨.
Y el resultado fue mejor de lo esperado, ya que esta vez no presentaron a una heroína que se encargase de los malvados, sino a tres, Yui, Yuka y Yuma, quienes incluso gozarían de una aparición estelar en la versión cinematográfica, por eso de ganar más publicidad. La buena respuesta no dejó dudas a Toei para repetir la jugada, apenas un año después, partiendo otra vez de la serie; de hecho, para aquellos que quizás no la hubiesen visto, al principio se hace un recuento de todas las protagonistas que pasaron y sus respectivas misiones, concluyendo en el trío de hermanas Kazama.
Una de las ventajas de esta ¨Kazama San-shimai no Gyakushu¨ no sólo es la configuración de tres chicas guapas y fuertes en uniformes escolares y lanzando esos letales yo-yos metálicos, sino su premisa, que arranca con un grupo de jóvenes simulando un cuerpo policial y limpiando la basura habitual de las calles en una Tokyo alternativa, futurista, con afán por la violencia; en esto se ha convertido la organización secreta ¨Sukeban¨: en un escuadrón de la muerte neo-fascista típico de estas historias, comandado por ese también típico chulo-arrogante-intelectual que se sube las gafas a cada minuto y que sólo dan ganas de chafárselas en la cabeza (Sekine).
En este panorama Yui Asaka capta mejor nuestra atención que Minamino. Primero: porque el mal al que debe enfrentarse su personaje no procede de otro sitio, sino del interior del grupo al que pertenece; y segundo: porque en este caso las diferentes y duras situaciones que se le plantean ponen realmente a prueba su moral y su deber. La base de la trama se repite, sí (un fanático fascista que lava el cerebro a jóvenes y los convierte en soldados sin conciencia para hacer una ¨limpieza¨ de la lacra social), pero en la entrega anterior a Yoko le encomendaban una misión y ésta reclutaba a sus compañeras como si se tratase de la aventura del fin de semana...
Aquí a Yui la ponen contra las cuerdas de un sistema corrupto y terrorista liderado por los que fueron sus propios compañeros, transformados en seres despiadados, además de ver la vida de sus hermanas amenazada a cada momento. Esto es idea del guionista Izo Hashimo, y el director Hideo Tanaka añade un plus de violencia y escabrosidad al asunto, en una línea más próxima al clásico cine de acción de Toei (sangre por los aires, niños golpeados y personas aplastadas por camiones, un espectáculo no recomendado para los adolescentes a quienes se dirigía un producto comercial como éste...).
La crudeza es la que domina en la historia de las Kazama; en contraste con la versión previa de ¨Sukeban Deka¨ es como comparar una fábula de yakuzas de Kinji Fukasaku con una de las súperaventuras de James Bond, que era el tono que parecía querer darse a la historia de Yoko y sus colegas. Ahora son un grupo de pobres y marginados los que ayudan a las protagonistas, sin toda esa tecnología cuasifuturista de la que gozaban las anteriores; no quiere decir, de todas formas, que no podamos disfrutar de la acostumbrada atractiva parafernalia y el exceso visual que lleva la serie a cuestas, y que la lanza al más disparatado ¨action festival¨ de serie ¨B¨.
Y es que a los conocidos yo-yos metálicos se suman ahora yo-yos con cuchillas, además de más armas, vehículos con lanzacohetes y metralletas incorporadas, ¡e incluso (y esto sí que es alucinante) un origami de acero y filos cortantes (el arma de Yuka) que regresa a lo boomerang cuando lo lanza contra los enemigos!; entre ¨A Sailor suit & A Machine-gun¨, el ¨trash¨ de ninjas ¨made in U.S.A.¨, las películas de superhéroes y agentes-secreto, las imitaciones de ¨Mad Max¨ y el ¨cyberpunk¨ callejero de Sogo Ishii. Un universo que entra por los ojos y oídos por cuyo sinsentido uno debe dejarse llevar para mayor goce del mismo.
Compitiendo contra Minamino, Asaka la supera en carisma y encanto, aunque su melodramatismo lastre tanto su entrañable actuación, más o menos como le ocurre al resto del elenco (en especial merecen nombrarse esa aborrecible Minako Fujishiro (su muerte se disfruta y mucho), el idiota de Kosuke Toyohara, quien extenúa con sus sobreactuadas reacciones y expresiones, y Masaki Kyomoto, compitiendo contra el anterior, si bien la palma se la lleva él por la repulsividad que exuda su personaje). Retorna Hiroyuki Nagato pero perdiendo la continuidad de su misterioso jefe Kurayami (que terminaba desvelándose como villano en la obra anterior y ahora nada de nada...).
La fama de esta segunda adaptación cinematográfica la terminó de redondear la millonaria promoción que empleó Toei en sus tres estrellas Yuka Onishi, Yuma Nakamura y Yui Asaka (sí, se llaman igual que sus personajes...), y el tema principal que ésta última canta para la película, todo un bombazo de ventas en la época.
Se terminan así las aventuras en versión real de las valientes de ¨Sukeban Deka¨. Harían falta casi dos décadas para que la leyenda resucitase, y de la mano de Kenta Fukasaku, el hijo del veterano cineasta.
Mad Warrior
5
Son tres, mujeres, valientes y muy fuertes, y aunque trabajen para una misteriosa organización no, no son los Ángeles de Charlie, sino las hermanas Kazama, ¡preparadas para hacer justicia frente a todos aquellos que atenten contra la seguridad del país y sus ciudadanos!
Regreso a los confines del más delicioso ¨trash¨ ochentero de factoría nipona, y de la mano de las más queridas heroínas del momento. Cuando en 1.987 Toei llevó a las pantallas las hazañas de la popular ¨Sukeban Deka¨, que cada tarde millones de adolescentes disfrutaban en televisión, desde luego sabían lo que tenían en las manos en términos de beneficios; y mientras se extendía la 2.ª temporada con la ¨idol¨ Yoko Minamino al frente en sustitución de Yuki Saito, una 3.ª estaba en marcha como resultado de combinar ¨Ninja Hisho¨, de Shinji Wada (también autor del manga en que se basó la serie), y las influencias de ¨La Venganza del Ninja¨ (la de la Cannon) con la propia idiosincrasia de ¨Sukeban¨.
Y el resultado fue mejor de lo esperado, ya que esta vez no presentaron a una heroína que se encargase de los malvados, sino a tres, Yui, Yuka y Yuma, quienes incluso gozarían de una aparición estelar en la versión cinematográfica, por eso de ganar más publicidad. La buena respuesta no dejó dudas a Toei para repetir la jugada, apenas un año después, partiendo otra vez de la serie; de hecho, para aquellos que quizás no la hubiesen visto, al principio se hace un recuento de todas las protagonistas que pasaron y sus respectivas misiones, concluyendo en el trío de hermanas Kazama.
Una de las ventajas de esta ¨Kazama San-shimai no Gyakushu¨ no sólo es la configuración de tres chicas guapas y fuertes en uniformes escolares y lanzando esos letales yo-yos metálicos, sino su premisa, que arranca con un grupo de jóvenes simulando un cuerpo policial y limpiando la basura habitual de las calles en una Tokyo alternativa, futurista, con afán por la violencia; en esto se ha convertido la organización secreta ¨Sukeban¨: en un escuadrón de la muerte neo-fascista típico de estas historias, comandado por ese también típico chulo-arrogante-intelectual que se sube las gafas a cada minuto y que sólo dan ganas de chafárselas en la cabeza (Sekine).
En este panorama Yui Asaka capta mejor nuestra atención que Minamino. Primero: porque el mal al que debe enfrentarse su personaje no procede de otro sitio, sino del interior del grupo al que pertenece; y segundo: porque en este caso las diferentes y duras situaciones que se le plantean ponen realmente a prueba su moral y su deber. La base de la trama se repite, sí (un fanático fascista que lava el cerebro a jóvenes y los convierte en soldados sin conciencia para hacer una ¨limpieza¨ de la lacra social), pero en la entrega anterior a Yoko le encomendaban una misión y ésta reclutaba a sus compañeras como si se tratase de la aventura del fin de semana...
Aquí a Yui la ponen contra las cuerdas de un sistema corrupto y terrorista liderado por los que fueron sus propios compañeros, transformados en seres despiadados, además de ver la vida de sus hermanas amenazada a cada momento. Esto es idea del guionista Izo Hashimo, y el director Hideo Tanaka añade un plus de violencia y escabrosidad al asunto, en una línea más próxima al clásico cine de acción de Toei (sangre por los aires, niños golpeados y personas aplastadas por camiones, un espectáculo no recomendado para los adolescentes a quienes se dirigía un producto comercial como éste...).
La crudeza es la que domina en la historia de las Kazama; en contraste con la versión previa de ¨Sukeban Deka¨ es como comparar una fábula de yakuzas de Kinji Fukasaku con una de las súperaventuras de James Bond, que era el tono que parecía querer darse a la historia de Yoko y sus colegas. Ahora son un grupo de pobres y marginados los que ayudan a las protagonistas, sin toda esa tecnología cuasifuturista de la que gozaban las anteriores; no quiere decir, de todas formas, que no podamos disfrutar de la acostumbrada atractiva parafernalia y el exceso visual que lleva la serie a cuestas, y que la lanza al más disparatado ¨action festival¨ de serie ¨B¨.
Y es que a los conocidos yo-yos metálicos se suman ahora yo-yos con cuchillas, además de más armas, vehículos con lanzacohetes y metralletas incorporadas, ¡e incluso (y esto sí que es alucinante) un origami de acero y filos cortantes (el arma de Yuka) que regresa a lo boomerang cuando lo lanza contra los enemigos!; entre ¨A Sailor suit & A Machine-gun¨, el ¨trash¨ de ninjas ¨made in U.S.A.¨, las películas de superhéroes y agentes-secreto, las imitaciones de ¨Mad Max¨ y el ¨cyberpunk¨ callejero de Sogo Ishii. Un universo que entra por los ojos y oídos por cuyo sinsentido uno debe dejarse llevar para mayor goce del mismo.
Compitiendo contra Minamino, Asaka la supera en carisma y encanto, aunque su melodramatismo lastre tanto su entrañable actuación, más o menos como le ocurre al resto del elenco (en especial merecen nombrarse esa aborrecible Minako Fujishiro (su muerte se disfruta y mucho), el idiota de Kosuke Toyohara, quien extenúa con sus sobreactuadas reacciones y expresiones, y Masaki Kyomoto, compitiendo contra el anterior, si bien la palma se la lleva él por la repulsividad que exuda su personaje). Retorna Hiroyuki Nagato pero perdiendo la continuidad de su misterioso jefe Kurayami (que terminaba desvelándose como villano en la obra anterior y ahora nada de nada...).
La fama de esta segunda adaptación cinematográfica la terminó de redondear la millonaria promoción que empleó Toei en sus tres estrellas Yuka Onishi, Yuma Nakamura y Yui Asaka (sí, se llaman igual que sus personajes...), y el tema principal que ésta última canta para la película, todo un bombazo de ventas en la época.
Se terminan así las aventuras en versión real de las valientes de ¨Sukeban Deka¨. Harían falta casi dos décadas para que la leyenda resucitase, y de la mano de Kenta Fukasaku, el hijo del veterano cineasta.
Me gusta (0) Reportar