Una obra que encierra una interesante metáfora. Resulta atractiva de verse porque contiene una ligera sugerencia lésbica, y eso no es fácil de verse en el cine mexicano de esa época. Una película del enigmático Carlos Enrique Taboada, que nos demuestra que no sólo manejaba el género del terror.
Críticas: 2
Miguel Arkangel
5
Dirigida por Carlos Enrique Taboada, esta es una pieza inusual dentro del cine mexicano de la época, que se aleja del horror gótico que consagró al director para adentrarse en un drama psicológico. Es la historia de una mujer madura y adinerada (Maricruz Olivier) cuya soledad la lleva a una relación llena de sospechas, con un hombre al que apenas conoce. Aunque no es una película de terror, maneja el suspenso emocional que caracteriza al autor, explorando temas como la represión social, el despertar sexual tardío y el tormento de los celos y la duda.
Cabe destacar que Olivier y Guillermo Murray logran transmitir la decadencia moral y la vulnerabilidad de sus personajes, así como la tensión lésbica apenas disimulada que hay entre las dos amigas. Aunque puede ser considerada un melodrama convencional, la dirección de Taboada acierta al mostrar los “monstruos“ internos que surgen cuando el deseo choca con las convenciones sociales.
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