The Kiss of Her Flesh es una pieza fundamental para entender el cine de explotación más crudo y transgresor de finales de los 60. Dirigida por Michael Findlay, esta película es parte de la Trilogía de la Carne (con The Take of Her Flesh y The Curse of Her Flesh), y representa fielmente el estilo visual y narrativo que lo convirtió en un nombre de culto en el grindhouse.
La escena inicial muestra a Findlay besando los pechos y torturando a una mujer con pinzas de cangrejo antes de electrocutarla. La trama sigue a un hombre que, tras ser traicionado por su esposa, se embarca en una sangrienta y sádica venganza contra prostitutas. Findlay se sumerge en una atmósfera de sordidez deliberada; el film mezcla el softcore más explícito de la época con un sadismo visual. Una fotografía en blanco y negro, la imagen granulada y la iluminación precaria acentúan esa sensación de estar viendo algo prohibido o clandestino.
El cine de Findlay es abiertamente misógino en su temática, donde el cuerpo femenino es un sujeto pasivo para la violencia y el placer retorcido. Es imposible hablar de Michael sin su esposa, Roberta Findlay. En esta película, mientras Michael dirigía y se enfocaba en la narrativa visual del horror y el sexo, Roberta era la figura técnica: directora de fotografía, operadora de cámara y editora.
Es, sin duda, la más ingeniosa de la trilogía en cuanto a depravación: a las habituales chicas atadas y torturadas se suma el semen envenenado, el sexo incestuoso entre hermanas y las perlas anales. El film ayudó a cimentar el subgénero roughie, donde la violencia sexual y el crimen se volvieron el atractivo principal para los cines de barrios bajos.
Miguel Arkangel
6
The Kiss of Her Flesh es una pieza fundamental para entender el cine de explotación más crudo y transgresor de finales de los 60. Dirigida por Michael Findlay, esta película es parte de la Trilogía de la Carne (con The Take of Her Flesh y The Curse of Her Flesh), y representa fielmente el estilo visual y narrativo que lo convirtió en un nombre de culto en el grindhouse.
La escena inicial muestra a Findlay besando los pechos y torturando a una mujer con pinzas de cangrejo antes de electrocutarla. La trama sigue a un hombre que, tras ser traicionado por su esposa, se embarca en una sangrienta y sádica venganza contra prostitutas. Findlay se sumerge en una atmósfera de sordidez deliberada; el film mezcla el softcore más explícito de la época con un sadismo visual. Una fotografía en blanco y negro, la imagen granulada y la iluminación precaria acentúan esa sensación de estar viendo algo prohibido o clandestino.
El cine de Findlay es abiertamente misógino en su temática, donde el cuerpo femenino es un sujeto pasivo para la violencia y el placer retorcido. Es imposible hablar de Michael sin su esposa, Roberta Findlay. En esta película, mientras Michael dirigía y se enfocaba en la narrativa visual del horror y el sexo, Roberta era la figura técnica: directora de fotografía, operadora de cámara y editora.
Es, sin duda, la más ingeniosa de la trilogía en cuanto a depravación: a las habituales chicas atadas y torturadas se suma el semen envenenado, el sexo incestuoso entre hermanas y las perlas anales. El film ayudó a cimentar el subgénero roughie, donde la violencia sexual y el crimen se volvieron el atractivo principal para los cines de barrios bajos.
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