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Es Todd Browning, hamijos, y esto significa frikismo puro y mondo bulldog en combinación con buen cine con un sello personalísimo y único. Y con Lon Chaney, Harry Earles y el que sería gran secundario en los años 30 y 40 Victor McLaglen acompañándole solo puede salir algo estupefástico y fantasendo.
Con esa sorna habitual en él, Browning hace a Chaney (extraordinario como siempre) caracterizarse esta vez como falsa abuela choriza y ventrílocua que pasea a su nieto, falso bebé sádico y fumapuros, y el fornido y taimado asistente Hércules. Junto a ellos, Rosie, la carterista con ciertas ideas honorables, y el pobre Hector, el bondadoso y honrado empleado de la pajarería que el Trío Fantástico usa como tapadera, el cual ignora el plan para apoderarse de la ciudad que ha tramado esa ¨abuelita¨... Y...Bueno, también hay un temible, TEMIBLE, quinto miembro de la banda que no desvelaré...(Aunque sin notáis cierta ironía en mi manera de escribir vais por buen camino).
En fin, como casi todo Browning: Bizarro, tétrico, gamberro, fascinante, divertido... Y con un Chaney a punto de dar su mayor paso: El Fantasma de la Ópera, su siguiente film.
Otra maravilla del dúo Browning-Chaney, esta vez con Harry Earles (el enano Prhoso de Freaks ) de bebé y con victor McLaglen de forzudo. Lon Chaney travestido de ancianita, un enano con pañales, un gorila y un final donde todo lo que pueda ir mal, irá mal. Una joyita viejuna pero bizarra como pocas.
Críticas: 3
Pedro Otero Serrano
8
EL TRIO FANTÁSTICO (Tod Browning, 16-08-1925) - * * * *
Tres freaks de carnet, procedentes de un circo, deciden reinventarse como ladrones de joyas, liderados por un ventrílocuo, que se hace pasar por una anciana que regenta una tienda de mascotas. Luego están el enano que se disfraza de bebé y el gigante forzudo, a los que se suman una chica enamorada y un dependiente sin culpa que les refuerzan la tapadera.
Sobre una premisa tan en principio inverosímil, se construye una perturbadora intriga en la que Chaney es el gran protagonista, por mucho que encuentre su perfecta némesis en Harry Earles, - luego protagonista de “Freaks” (1932).
Gracias a su ventriloquía ya en su faceta de anciana “honrada” vende loros que no hablan, - para ir tirando -, lo que ya da muestra del perverso sentido del humor de esta sentida pieza menor… que oscila entre el horror teratológico, el cine negro, y el drama romántico… sin, pese a su extremosa mezcolanza, mostrarnos un solo detalle que la aproxime a la parodia.
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