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Flojísimo e inverosímil thriller, de los inicios del director Jonathan Demme que, al igual que su contemporáneo Brian de Plama, está altamente inspirado en el cine de Alfred Hitchcock.
Todo resulta muy engañoso. Al principo parece que vayas a ver un thriller de espionaje, pero poco a poco, la cosa da un giro radical y acaba por ser un psycho-thriller en el que se presenta la hilarante y absurda trama de venganza de la hija de una prostituta contra quienes explotaron a su madre en un burdel. Demencial y delirante como poco.
Además algunos diálogos rayan tanto el absurdo que al final, el poco interés que genera al principo la película, hace que todo se desinfle de manera estrepitosa.
Eso si, no hay que quitarle oficio a Demme, que a pesar de lo torpe del guión, hace que gracias a los buenos actores y su entretenido desarrollo, se deje ver.
Quizás lo más interesante o más bien curioso es su reparto, con Roy Scheider y Janet Margolin como protagonistas y la aparicion de secundarios como Christopher Walken o John Glover.
El resto es un film bastante simplón, cuya trama no llega a cuajar en ningún momento y cuyo final, además de previsible, no satisface.
Prescindible. De los thrillers de los años 70, hay films mucho mejores y más interesantes con los que pasar el rato.
Críticas: 2
Miguel Arkangel
7
Harry Hannan (Roy Scheider), un agente de la CIA, sufre una crisis nerviosa tras el asesinato de su esposa en un tiroteo. Al salir de una clínica psiquiátrica, Harry descubre que los problemas se ciernen sobre él: encuentra a una joven llamada Ellie viviendo en su apartamento de Manhattan y es perseguido por su cuñado, quien lo culpa de la muerte de su hermana. Sin embargo, el mayor peligro surge de una amenaza de muerte escrita en hebreo que recibe por correo. ¿Acaso un grupo judío quiere asesinarlo?
Tras dejar el estudio de Roger Corman, Jonathan Demme se volcó al thriller, género que lo llevaría a la gloria del Óscar en 1992 con El silencio de los inocentes. En Last Embrace, Demme aprovecha la influencia del género pulp —la cinta está basada en la novela The 13th Man— y se beneficia del carisma de Scheider (atención a sus icónicos trajes beige). Además, realiza un claro homenaje a Hitchcock utilizando una cámara inquieta y una banda sonora de Miklós Rózsa que evoca la era dorada del suspense.
La trama, a pesar de sus fallas de montaje, está llena de giros dramáticos, mensajes cifrados y una amenaza que emerge de las sombras del pasado. Scheider, tras el éxito de Tiburón, despliega aquí su talento para interpretar a hombres vulnerables pero decididos. Junto a Janet Margolin, el actor logra que la persecución, que culmina en una climática secuencia en las Cataratas del Niágara, se convierta en un ejercicio de intriga y suspenso.
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