Inefable película del terrible Gonzalo Suárez, que ahora trata de gastar las subvenciones publicas en un bodrio infumable de Don Juan.
Una cosa no se le puede discutir a Gonzalo Suárez, no le tiene miedo a nada; es capaz de tratar todos los temas igual de mal y aburrir a los espectadores en todos ellos.
Lo único que se salva de esta es Guillén Cuervo
Críticas: 2
Pedro Otero Serrano
10
A partir de algunos diálogos de la versión de Moliere, el autor crea su propio discurso, sobrepasándolos y dotándolos de transcendencia. Es decir, que va mas allá de la reflexión moral para internarse en lo metafísico, conduciéndonos de lo epícureo a lo estoico a través de un personaje mítico que se nos muestra incapaz de sojuzgar su destino.
Como marco, una visión un tanto lóbrega de la España de Felipe IIº, como compañía unos aliados que también se muestran impotentes a la hora de evitar la tragedia. Ni la fidelidad de Esganarel ni el amor incondicional de Doña Elvira podrán librar a Don Juan de una muerte que le ronda desde hace tiempo… y que además de inminente deviene en buscada. De ahí el estoicismo. El personaje por fin, maduro y cansado, acepta su destino intentando ser consecuente con su propio ideario… y a la vez redimirse y reconciliarse con Dios, en cuanto a que realiza una buena acción y a la vez imparte justicia.
De una sobrecogedora belleza visual, destaca además por el elemento casi surrealista, - que evoca al autor en su primera época -, que suponen el caminante y su sombra… recorriendo las tierras de España con una caracola gigante. Los diálogos entre ambos suponen un verdadero misterio y dotan de poesía al relato. De alguna forma, pensamos que este “Don Juan” del señor Suarez forma una especie de díptico con su trabajo anterior, “Remando al Viento”, y explora una de las facetas menos evidentes de su propia personalidad, la de epígono reluctante del romanticismo. En “Remando” se nos muestra en plenitud, y en “Don Juan” en su fase de crepúsculo.
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