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Mad Warrior

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Vida conyugal sana Vida conyugal sana 18-12-2022
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Una botella de champagne a punto de estallar, pero con un tapón duro que lo precinta bien. Terapia de choque. Hacer que la espuma se reduzca hasta desaparecer. Que los instintos se calmen y las aguas vuelvan a su cauce, bien amparado en la serenidad. Moral y socialmente aceptable.

Así es como tenía que ser el cine en España hace 50 años, sin romper las reglas de una ética saludable para todos los ciudadanos, o por lo menos que les hiciera creer eso; pero los años pasan, las mentes se abren, la población quiere experimentar, y sus líderes se horrorizan, claro. Parece inconcebible que en los tiempos prolíficos de una comedia costumbrista muy sana y de ciertos apuntes eróticos que derivarán en el ¨destape¨ tuviera lugar el nacimiento de otro tipo de cine, pero era lo que el espectador pedía, ante tanta moralina y falsa realidad, porque eran los 70, y se necesitaba un cambio.
Como un milagro inesperado tres espíritus inquietos, libres y feroces se unen para cambiar un poco las cosas: por un lado José Luis Garci, que con 30 años despunta como guionista y más tras su colaboración en ¨La Cabina¨, por otro el también guionista, director y productor José Luis Dibildos, empeñado en apostar por un cine que siguiese mostrando intenciones comerciales como pretexto para exponer comentarios ácidos y críticos e innovación en las formas y narrativa; termina por unírseles el aspirante a director Roberto Bodegas. Todos ellos, madrileños, han tenido contacto con los modos y medios del cine extranjero, muy diferentes al patrio, del cual se han empapado bien.

Ya han dejado patente su nuevo estilo en un título de importancia como ¨Españolas en París¨, pero darán en el clavo de mejor manera con ¨Vida Conyugal Sana¨, contando con otra pieza esencial del movimiento: el siempre comprometido José Sacristán. Que en los primeros minutos se nos bombardee con un perfecto montaje de anuncios propios de la época no es extraño, sino que deja claro el objetivo de sus implicados desde el principio: ese era el bombardeo al que se sometían las gentes de la España ¨tardofranquista¨, esa aceptada influencia de las modas, las ideologías, la cultura occidental, en especial la estadounidense, ofreciendo un mundo de posibilidades, ilusiones, libertades y espejismos.
Los tiempos del consumo, la apariencia y la aspiración a una vida mejor incluso para la clase media-baja, y eso que era el momento de la crisis del petróleo. Cambio de mentalidad, y a través de la televisión, lo mejor en manipulación del individuo para despersonalizarle y hacerle parte de la nueva sociedad; Enrique es víctima de ello, desea permanecer en el seno de las buenas costumbres, la de su España tradicional, y a la vez no puede evitar la influencia constante que le llega de la pantalla, y más con el erotismo de arma principal, haciendo que las ética y los instintos choquen y salten chispas.

Cuando conocemos a este protagonista lacónico, escuálido y amargo, ya está afectado mentalmente bajo la temerosa mirada de su esposa Ana (jovencísima y no poco hermosa Ana Belén, con un aire a lo Diane Keaton). El televisor como monstruo devorador de la conciencia (que pareciera salido del episodio homónimo de ¨Historias para no Dormir¨) y su continuo ataque, que en su culminación se cuela el sueño ¨russmeyeriano¨ de un lecho conyugal en plena naturaleza salvaje ocupado por la ¨Miss España¨ Amparo Muñoz, termina desestabilizando a este hombre medio llevándole al lado más extremo y radical.
Visión rompedora la del trío Dibildos/Garci/Bodegas, quienes plantean la imposibilidad de mantener las costumbres y morales implantadas en una sociedad cuando una fuerza exterior (la del cambio) presiona para destruirla, disfrazada de comedia algo leve, algo absurda, la corrosiva sátira que con fuerza nos golpea (a las mentes dormidas del público de entonces) posee el espíritu reivindicativo de un Altman o un Mazurski cualquiera, en una mezcla extraña entre la negrura disparatada de Berlanga y la visión extrema que podría ofrecer Gonzalo Suárez. Ana y otros grandes secundarios (Alfredo Mayo, Tomás Blanco, Mari Carmen Prendes) tienen su peso y ayudan en el lado dramático y emocional de la trama...

Desde luego. Pero es Sacristán quien lo acapara en sus manos sin soltarlo, de la parquedad más rancia e irritante a la locura anarquista, de un extremo a otro lleva a su Enrique en su viaje de descubrimiento vital por los caminos de la liberación inconsciente, protagonizando momentos tan memorables como la sublevación reivindicativa en su propia oficina, la destrucción del mobiliario urbano o la desastrosa cena con sus familiares y amigos. Una radicalización que, en la España en la que aún vive el Generalísimo Francisco Franco debe ser controlada y detenida.
Sin recurrir a la encarnizada terapia de ¨La Naranja Mecánica¨ pero en base al mismo concepto, un Antonio Ferrandis brillante de psiquiatra tranquiliza a Ana (desfasadísimo papel el de la cantante/actriz de esposa abnegada hasta el sacrificio, pero eran otros tiempos...) mientras urga en los recuerdos de ese dr. Jeckyll/¨Mr. Hyde¨ a la española, donde se hace relevante la prohibición desde la infancia de una influencia occidental y lejana, nada acorde a la realidad patria, a la realidad tangible y lo peor de todo: ligada a la ficción de la fantasía erótica (nada menos que usando el icono por excelencia de la cultura de la belleza ¨made in U.S.A.¨, Marilyn Monroe).

Por lo tanto es necesaria una reeducación, volver a las costumbres sanas y éticas, si no Enrique se convertiría en un ¨antisocial peligroso¨. La elección de la esposa, entre seguir al marido a esa liberación de fantasía o preservar la gris tradición, queda en lo ambiguo (y es todo un acierto).
Por desgracia la película, compendio de la llamada ¨Tercera Vía¨, se queda coja y falla en su tercer acto, sin profundizar lo suficiente en el pasado del protagonista y desaprovechar de una manera tan horrible a Josele Román (bueno, es que eso es de guillotina...).


Clannad: La Película Clannad: La Película 18-12-2022
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Hay una ciudad, puede que como todas las demás, donde suceden cosas terribles pero donde a veces los sueños se cumplen si uno se sacrifica, donde los ángeles llegan en forma de una chica que nos enamora para toda la vida...

Ella es Nagisa Furukawa y esta es la primera oportunidad que tenemos de conocerla, y todo empieza cuando la compañía de diseño y animación KEY vuelve a dar en el clavo al crear otro videojuego de experiencia de romance/drama intentando repetir el éxito masivo que consiguieron con ¨Kanon¨ y ¨Air¨; en efecto en 2.004 es realizado ¨Clannad¨ en su primera versión para PC, sin embargo en un formato algo distinto de sus predecesores: el contenido adulto se elimina y aparece recomendado para todas las edades. Sus personajes, historia, elaborada evolución narrativa y banda sonora aseguran otro bombazo, no tardando en dar el salto a su liberación multimedia.
Al igual que con los dos anteriores, el juego pasaría a novela ligera, a cómic, a programa de radio y, cómo no, a su adaptación animada; pero en un gesto curioso, y antes de que ninguna serie viese la luz, se desarrollaría el largometraje presente, a cargo de Toei Animation y dejando la dirección en manos de Osamu Dezaki, nada menos, curtido veterano cuya carrera ya abarcaba cuatro décadas en la industria (¨Golgo 13¨, ¨Black Jack¨, ¨Ashita no Joe¨, ¨Remi¨ o ¨Lupin III¨ llevan su firma), además de haber sido el responsable de la película de ¨Air¨. El principal desafío radicaba en la fidelidad...

Eso es algo que el fan del material original puede ver traicionado a no mucho tardar; al menos en apariencia. Entraremos en la historia a partir de un sueño de Tomoya Okazaki, el cual es, en realidad, un extracto algo tergiversado de la subtrama perteneciente al ¨otro mundo¨, con él de absoluto protagonista y simplificándose la idea de comunión espiritual entre dicha realidad alternativa y la realidad tangible; entonces el mágico, milagroso encuentro, al principio de la cuesta que conduce a ese instituto donde aquél asiste cada día como una tediosa rutina para cumplir con resignación.
Y ahí, de pie y temerosa, tenemos a Nagisa, quien bendecida con la voz de Mai Nakahara pasa a convertirse en uno de los más hermosos, entrañables y afectuosos personajes de toda la Historia de la animación; el destino está escrito cuando estos dos seres, diametralmente opuestos pero unidos por los accidentes de la vida, se cruzan bajo el brillo violeta de los cerezos. El equipo de Toei y el director se esmeran recreando la atmósfera y la esencia del videojuego y el manga, combinando sus partes oscuras, tétricas y dramáticas con las más emotivas, sensibles y divertidas, pero cuyo guión debe ajustarse a la desgracia de un metraje muy corto: alrededor de hora y media...

Cuando por todos es bien sabido que se precisa algo más del séxtuple de tiempo para cubrir todas las dimensiones de la trama. Eso implica cosas como conocer a menos de la mitad del enorme elenco de personajes, quienes, o bien aparecen de soslayo o con sus papeles reducidos a unas intervenciones poco interesantes (no se entiende la presencia de Tomoyo...); pero la mayor peculiaridad del argumento de Makoto Nakamura es que se sostiene sobre un formato muy ¨cinematográfico¨, recurriendo a la narración desordenada, cuyas idas y venidas constantes pueden fácilmente confundir al espectador no experimentado en el universo ¨Clannad¨.
Y mientras sigue la subtrama con respecto al sueño de Tomoya (¿hay aquí influencias de Miyazaki?), la mayor parte del film se encarga sólo de relatar los años escolares de ambos protagonistas, su implicación emocional en la existencia de cada uno, la presentación de sus familias, los problemas personales con los que han de lidiar y la paulatina progresión de una amistad que deriva en amor incondicional. A partir de aquí el director (y todo su personal) toma la peor decisión posible: continuar con la ¨2.ª fase¨ de la historia (¨After Story¨) tras haberse extendido lo anterior hasta más o menos una hora...

Así que, en lugar de dejar mitad y mitad para cada una de ellas y desarrollarlas en un equilibrio comprensible, hemos de encarar en lo restante toda esa sucesión de acontecimientos donde temas tan importantes como la maduración y la despedida de la juventud, el inicio de la vida laboral, el matrimonio, la redención, el trauma, la paternidad e incluso la muerte son tratados de manera incoherente, a velocidad de vértigo, planteando una distancia incómoda con el espectador y dejando Nakamura por el camino unas lagunas en las que los personajes se ahogan sin remedio.
Dezaki hace por arreglar esto gracias a su magia para la narrativa dinámica y a sus tan características formas técnicas, que resultan en una mezcla visual muy atractiva, colorida, no pocas veces surrealista y conmovedora, algo a lo que también ayuda la banda sonora de Jun Maeda y las inolvidables canciones incorporadas, así como la labor de los seiyus, de Shoichiro Sugiura en la dirección artística y de Toru Yoshiyasu a cargo de los efectos visuales/digitales, que tan bien sabe unir la animación 2-D al 3-D de cuando en cuando (a pesar de que estas técnicas y los diseños siempre fueron motivo de controversia, sobre todo tras la aparición de la serie).

Y es que, tan sólo unos meses después, Kyoto Animation se propuso adaptar el trabajo de KEY haciendo énfasis en los detalles de la historia y empleando una animación más sofisticada, derivando así en el posterior anime de dos largas temporadas ya conocido en medio Mundo. Los fans que se hayan acercado a las aventuras de Tomoya y Nagisa a través de él encontrarán extraño y poco satisfactorio este (no obstante curioso) largometraje previo, el cual quiso el destino que fuese el último de la larguísima carrera del director.
Lo que aquéllos quizás no perdonen (yo tampoco, que conste...) es la primera y tan distinta versión que podemos escuchar de esa ya legendaria nana ¨Dango Daikazoku¨, que regularmente canta la heroína.


Atrapado Atrapado 18-12-2022
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¨Tomad la carga del hombre blanco,
para sufrir y ocultar con paciencia
la amenaza del terror y
poner esa ostentación de orgullo a prueba.
A través de un discurso ameno y claro,
por cien veces purificado,
para la ganancia de otros buscar,
y de otros en provecho trabajar...¨.

La famosa poesía de Joseph R. Kipling que aún sigue produciendo escalofríos en base a su idea del necesario colonialismo civilizador, ¿cabría la posibilidad de imaginarla en un contexto totalmente inverso?, ¿en un mundo desarrollado a partir de un proceso evolutivo que ha establecido a los esclavos como líderes?, sería la pesadilla de los imperialistas británicos. Y parece ser la realidad alternativa a la que nos empuja esta película casi desconocida que toma el nombre del poema del nacido en la Bombay bajo dominio inglés, donde lo que estaba arriba está abajo y lo que era blanco es negro.
Una curiosidad en el momento de realizarse, confluyendo la audacia de las producciones independientes norteamericanas con el ascenso de una estrella que se creía enterrada en el fango, ese John Travolta bendecido con la varita del recién proclamado genio de su generación Quentin Tarantino, quien, durante el rodaje de ¨Pulp Fiction¨, le alentó a aceptar el papel que tenía preparado Desmond Nakano, un señor que probaba en la dirección tras casi dos décadas de guionista (¨Luna Negra¨, ¨American Me¨ o ¨Última Salida: Brooklyn¨, por ejemplo, llevan su firma). Y como no hay nada mejor que un proyecto entre amigos, la financia Lawrence Bender.

Los primeros minutos ya nos ubican en el escenario, sin paliativos: una criada recorre temerosa una mesa llena de comensales negros que a juzgar por sus vestidos y trajes se sitúan en un alto escalón social; preside el gran Harry Belafonte, otro exiliado de la industria del cine que regresa debido al empeño y la fe que profesa Travolta por el guión. Sus palabras sobre el trato de inferioridad que hace de las personas blancas taladran el tímpano y sacuden la conciencia; estos son, pues, los EE.UU. que en secreto hubiese deseado Luther King, celebrándose la supremacía negra y colocando al resto en el escalón inferior, en la zona de los desheredados, huérfanos, delincuentes, pobres...los que son discriminados.
La ¨white trash¨ en su más literal representación. Un concepto curioso del que no tardan en brotar fallos; el director no cuenta con dinero para extenderse en la radiografía de su universo y en el aire quedan cuestiones históricas (cómo y cuándo el pueblo negro se hizo con el poder), la situación de otras razas (los asiáticos o nativos americanos, ¿también son considerados inferiores?) o una mayor profundización en los personajes, que, pese a su interesante descripción, se quedan en lo superficial, mientras la trama toma un modelo de ¨thriller¨ dramático manejado con eficacia a partir del secuestro de un magnate por el trabajador de una de sus fábricas cuando es despedido bajo su orden.

Belafonte y Travolta, sin esfuerzos para plasmar en pantalla su gran química, pero poco desarrollados en sus Thaddeus y Louis, y eso provoca una seria decepción. Conocemos a sus familias, la riqueza de una y la pobreza de otra, que goza de un mayor peso, al igual que los peligrosos ¨barrios blancos¨, más frecuentados por Nakano que la adinerada ¨zona negra¨ propuesta; y, ¿por qué no?, uno querría conocer la reacción de ese empresario racista al saber que su hijo se cita con una chica blanca (aunque pareciese un torpe homenaje a ¨Adivina Quién viene esta Noche¨...).
En lugar de eso, ¨White Mans Burden¨ se estanca en un nudo más bien tedioso y sostenido en idas y venidas con situaciones más o menos bien planteadas (toda la parte junto al hijo de Louis, que derivará en comedia, debería acortarse); en ellas el blanco, inferior, violento e imbécil (un Travolta poco agraciado), se ve en la necesidad de mostrar al negro, privilegiado, elegante e inteligente, el contraste intolerable que les separa, para aleccionarle sobre la injusticia, la diferencia de clases y la segregación que le ha llevado a esta situación, e incluso mostrarle que, llegado el momento, también puede rebajar su comportamiento al de los miserables (Thaddeus se ve obligado a entrar en una casa y atacar a su dueño).

Una lección de moralidad, una ¨educación¨ por lo tanto necesaria, como lo sería si se volvieran a cambiar los roles y el secuestrador fuese negro, pues lo importante es hacer escuchar la reivindicación. Se respeta, y es digno de elogio, la esencia del clásico cine de denuncia social por medio de no espectaculares, pero sí duras secuencias (buen ejemplo la repugnante actitud de los policías, que ni permiten a la esposa de Louis cambiarse de ropa en privado); sin embargo un título así, además de ingenuo (en palabras de Belafonte), no encuentra su lugar en unos años 90 más que avanzados socialmente (por mucho que los medios de comunicación y el cine nos hagan pensar lo contrario).
Podría imaginarse mejor siendo estrenado en los 70 o los 60, en plena época de protesta por los derechos civiles, la recordada Marcha de Washington de 1.963 con el discurso de L. King incluido o el ascenso de las ideologías del Poder Negro, tan comprensible y a veces peligrosamente extremista, y en manos de algún realizador ingenioso y crítico (Ralph Nelson, Bryan Forbes, Wyler, Cassavetes, Frankenheimer o Kramer). Como japonés-americano que sufrió el racismo en su propio país, Nakano es audaz, y hace lo que puede con el presupuesto y el material que tiene...

Por desgracia se despista en las vueltas de la historia y lo conduce todo, tras una terrible laguna narrativa que no sabe muy bien adónde dirigirse, hacia una conclusión previsible y pretendidamente moralista, pero también lógica en su visión de la igualdad: el blanco pierde y el negro pierde.
El primero habrá de ser condenado a desaparecer para que el segundo se marche reflexionando en que tal vez algo debe de cambiar para lograrse un cierto equilibrio social...¿sería posible?


El Temible Burlón El Temible Burlón 16-12-2022
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Aparece de un salto en pantalla, él, Vallo, el llamado ¨Pirata Rojo¨, y orgulloso nos impresiona con sus palabras, la obligación de que no pensemos y creamos lo que vemos, bueno, sólo la mitad de lo que vemos, dispuesto a conducirnos a la aventura de nuestras vidas.

A algunos les cuesta encajar una obra dentro de la filmografía de un director cuando se sale de los márgenes establecidos que él mismo ha adoptado, y si por algo destacó y destacará la carrera del mítico Robert Siodmak es por sus incursiones en el melodrama y el cine negro, de las más inolvidables de la Historia; pero la llegada de la década de los 50 y la poca atención que logra ¨Deported¨ parecen ser incentivos suficientes para desviarse hacia alguna ruta alternativa. Si ese era su objetivo no podría haber elegido, desde luego, una tan increíble y extraña como la presente.
El guionista de ¨Diez Valientes¨ y (la revitalizadora para los hermanos Marx) ¨Una Noche en Casablanca¨, Roland Kibbee, era un buen amigo y colaborador de la súperestrella Burt Lancaster, al igual que el productor Harold Hecht, quienes siempre intentaron repetir el enorme éxito de ¨El Halcón y la Flecha¨, aun con irregulares resultados, y la primera mencionada, donde todos ellos se dieron cita, es un buen ejemplo. Pero aún quedaba por ver ¨The Crimson Pirate¨, donde (no sé muy bien por qué ni deseo saberlo jamás) vino a inmiscuirse el natural de Dresden, en ese acto rebelde de dar la vuelta a su cine.

Es curioso que se concibiera la primera versión del guión de un modo mucho más violento, oscuro y con ciertas connotaciones políticas (de la mano de Lancaster), pero cualesquiera de esas intenciones se esfuman desde el primer momento en que le vemos realizando unas cabriolas en el aire al más puro estilo de Fairbanks o Flynn como carta de presentación de su personaje, un alegre y descarado bucanero, invitándonos al espectáculo. Y aún es más curioso que fuese el mismo Siodmak quien apostase por lo que parecía ser la vertiente más festiva y espectacular de un género muy prolífico en aquellos tiempos, el de capa y espada.
Sí, la introducción lo deja claro, pero nadie lo afirmaría con esos primeros minutos donde vemos en las aguas del Caribe a un navío británico acercándose a otro cuya tripulación a muerto de una epidemia; esto es lo único que debió quedar del guión original de Kibbee, estas secuencias tétricas que siguen exhalando el aroma del ¨noir¨ del cineasta, filmadas en la penumbra y fotografiadas con extrema belleza por Otto Heller. A poco que se puede se descubre la verdad, los muertos resucitan, la trampa a los ingleses ha sido un éxito, la aventura ha comenzado realmente...¿pero para bien o para mal?

La trama, impulsada por la captura de un influyente individuo enviado a eliminar una rebelión en una isla, con cargamento que traficar de por medio, daría para una buena intriga de bucaneros, oficiales, asesinos y motines; sin embargo, cuando el capitán y su segundo (Ojo, interpretado por Nick Cravat, viejo amigo íntimo y compañero de fatigas de Lancaster) parten solos a tierra, se adueñarán del film y su sentido de la lógica, que destruyen a base de interminables ¨gags¨ más cerca de Dean Martin y Jerry Lewis o los Marx, estableciendo que todo lo sucedido debe ser tomado como una parodia disparatada del género al que se está rindiendo tributo...
Y poco puede apelar al humor del espectador que pase de la pubertad e incluso de la infancia; ¨The Crimson Pirate¨ se pierde por los siete mares de la incoherencia queriendo ser más divertida de lo que se puede permitir, presentando estereotipos terriblemente desarrollados a lo largo de una historia que es un ir y venir continuo de los protagonistas, cuyos viajes siempre acaban en fracaso o grandes peleas, sin lograrse nada. La venta de armas se cruza con la historia de Consuelo (Eva Bartok, lo único hermoso aquí), y la de su padre, el rebelde que todos quieren asesinar, de ahí al obligatorio romance, rebajando el papel de ella a lo más plano e imbécil, y de golpe un motín y un aparente cambio de atmósfera, más dramática y oscura...

Pero la velocidad no ayuda a la cantidad de sucesos y secundarios que se presentan en esa primera mitad de metraje, todos con sus propias tramas a desvelar. En realidad es Bellows (un genial Torin Thatcher) quien debiera ser el protagonista desde el principio, con sus aires traidores, rastreros y miserables, como los de los piratas auténticos y no estas caricaturas descerebradas; con la chica pasando de manos cual baratija nunca sabemos en qué historia ni villano nos hemos de centrar, mientras Lancaster se va a vivir la suya, colaborando para derrocar a los repugnantes oficiales y rescatar (¡pues para eso está!) a la damisela en apuros.
Siodmak rueda una monumental hazaña de capa y espada, en Technicolor y abusando del presupuesto (lo que daría problemas a Warner), pero en lugar de tomar ejemplo de Haskin, Murphy, Curtiz o Walsh, culpables de revitalizar y sofisticar este cine que se creía olvidado (el último estrenaría unos meses después la imprescindible ¨El Pirata ¨Barbanegra¨ ¨), se sale por la tangente y deja a Lancaster y Cravat a su aire, apropiándose de la función, al igual que deja reinar el absurdo más infantiloide, y es clara su incapacidad para filmar comedia y aventura y mezclarlas como es debido...

Aun prolongándose el despliegue de medios y las dimensiones de la aventura, el sentido común de los personajes descarrila así como el ingenio del humor, que ya pasa al insoportable delirio; el colmo de los colmos es ver al protagonista en globo, luego manejando explosivos, e incluso travestido (¡!), todo sea para salvar a la chica.
Lancaster se lo pasa muy bien en su gusto ilimitado por la pendencia y la chulería, pero tanto a él como al director (y a todos los implicados si hiciese falta) habría que pasarlos por la quilla y echarlos a los tiburones. Así termina éste, de tan mala manera, su idilio norteamericano, para regresar a Europa...


El Jinete Loco El Jinete Loco 16-12-2022
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Hay que apostar al caballo ganador, y hoy va a ser el día de ganar porque lo presiento hasta en los fondillos de mi pantalón. Sin embargo, con los dos ejemplares que aquí se nos presentan es imposible perder.
¿Se apuesta a favor o en contra de Dean Martin y Jerry Lewis...de nuevo?

Quien sí apostó por ellos fue el legendario productor Harold Wallis, de manera independiente; en concreto ésta resulta una entrada especial en el universo de la pareja, juntos una vez más, y por 11.ª vez, ya que los espectadores podrían verles bajo las vivas tonalidades del Technicolor, mientras se quiso probar a filmar en el formato 3-D y usando banda stereo (logrando una extraña combinación que no volvería a repetirse en la Historia del cine). Como valor añadido, tras la cámara se halla el competente artesano, más prolífico en comedias y ¨westerns¨, George Marshall.
Interesante conjunción de elementos, volviendo éste a reunirse con la pareja tras algunos años desde que los dirigiera en su debut (¨Mi Amiga Irma¨); escogió el momento adecuado para hacerlo, desde luego. ¨Money from Home¨ nos introduce en el New York de los años 20 a través de un narrador omnisciente bastante sarcástico que se burla de la pésima situación social del momento, y estas notas de humor, paródicas, afiladas, ya establecen el tono a seguir, en esta historia que lleva a la gran pantalla un cuento de Alfred Damon Runyan y se convierte por obra y gracia en el vehículo perfecto para seguir explotando el éxito de Martin y Lewis.

Ya aparece el primero interpretando su clásico papel de embaucador encantador y caradura, no en vano le apodan Herman ¨Honey-talk¨, pero el juego se lo chafan los gángsters de turno, aquí presentados en su versión más idiotizada y excesiva, que le obligan a saldar una serie de deudas si sabotea con éxito una carrera de caballos en Maryland. Todo ello corresponde al imaginario del autor y cronista de Kansas, que con su moral relajada y siendo amigo de mafiosos, chicas de alterne, ases del deporte y todo tipo de truhanes, supo captar como nadie el lenguaje callejero en pequeñas comedias cotidianas que solían generarse en ambientes catalogados de peligrosos y ofensivos.
Así, las carreras de caballos y los matones, un poco torpes y en el fondo entrañables, vuelven a aparecer y se funden con el esquema arquetípico de las aventuras de los cómicos, cuyo nivel, en mi opinión, baja al aparecer ese Lewis histriónico, patoso, gesticulante y, en última instancia, forzado e insoportable, como Virgil, ayudante de veterinario que ama a los animales (muy conveniente ya que la intriga gira alrededor de un caballo que no debe correr) y primo de Herman. Esquema el cual se basa en el planteamiento de una situación absurda y, a partir de ahí, generar pequeños episodios donde los cómicos puedan lucir su química y humor.

Así lo harán, uno con sus aires de galán y arte para la canción mientras el otro se cae, pone caras raras y dispara chistes más rápidos que las balas. Y es que la trama de ¨Money from Home¨ no se diferencia, por ejemplo, de la de ¨Una Herencia de Miedo¨, con ellos en un embrollo gangsteril y uniéndose, cómo no, a una muchacha (si antes era Lizabeth Scott ahora es la no menos hermosa Marjorie Millar), pero el guión es benevolente regalando al chico torpe un interés romántico (Pat Crowley, nada mal), proponiendo, a la vez, unos años 20 desde la perspectiva de los 50, con curiosos detalles anacrónicos como la defensa por los animales y el vegetarianismo, o los perfiles femeninos independientes, carismáticos y fuertes.
Todo ello entre notas cómicas picantes, diálogos ágiles y una rica y variopinta galería de personajes que contribuyen a añadir color al delirio desplegado en los diferentes ¨gags¨ y ¨episodios¨ (que por su insistencia se volverán repetitivos y tediosos), como el desarrollado en el tren con el jeque árabe, la fiesta de etiqueta con hormigas incluidas, las numerosas peleas con los gángsters de ¨Jumbo¨ o la disparatada competición final (que termina recordando a ¨Un Día en las Carreras¨, de los hermanos Marx, de quienes nuestros amigos son unos aventajados herederos).

Marshall concede su peso a los secundarios (buenos Richard Haydn de borracho perpetuo, Sheldon Leonard de imbécil sin escrúpulos y Romo Vincent de árabe) y dirige eficazmente a la pareja, dejando que pongan en práctica su gran baza: la improvisación (de la cual, como era de esperar, abusan, para mi gusto).
La fotografía en color, la banda sonora llena de números musicales y el ritmo veloz que el director imprime a la historia hacen el resto para lograr el éxito y volver a contentar al público, tanto más cuanto que a los héroes, por una vez y sin que sirva de precedente, el destino tendrá a bien proporcionar un final feliz y romántico a la altura de sus necesidades.


El Bueno, el Feo y el Malo El Bueno, el Feo y el Malo 16-12-2022
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Allá donde los recuerdos se pierden y la arena apesta a carne podrida, donde no quedan hombres en pie y un silencio de duelo perpetuo llena de desolación el entorno, tres individuos soportan el calor, cada uno frente al otro separados por varios metros.
Cualquiera que por allí pasase no tendría ni idea de la razón de este enfrentamiento...

Nosotros sí. Tuvimos tiempo de conocerles; a este punto del trayecto, en que los tres aguardan el momento idóneo para desenfundar sus revólveres y acabar con el otro, imaginen que ya han cruzado ríos, páramos, pueblos y montañas, se han quemado bajo el sol y tragado polvo, les han traicionado, apuñalado, disparado, torturado y casi colgado, les ha caído metralla y pólvora, incluso se han visto obligados a cruzar una guerra para llegar aquí, entre cuerpos de hombres en descomposición, el restallar de los cañones, las balas de los fusiles...
Pero ahí están, movidos no por el honor, ni la gloria, ni la esperanza, únicamente por una sola cosa: el oro. A este punto dos balas les separa de su destino, marcado en cada una de las 200.000 monedas que bajo una tumba sin nombre esperan a su próximo dueño...y nosotros en medio de las miradas dubitativas, las facciones contraídas, los últimos alientos exhalados antes de tensar los tendones de las sucias manos, un aire viciado que a modo de soga les aprieta la garganta manteniendo sus deseos de supervivencia entre la vida y la muerte, inmortalizados en la poesía de la más desesperante incertidumbre y auspiciada por los graznidos de los buitres, que también esperan su carroña desde lo alto...

Y nosotros ahí, sufriendo, ahogándonos, los pelos de la nuca erizados; Sergio Leone, al otro lado del plano, lo sabía años y décadas antes de transmitirnos todas estas emociones. Entonces sólo era una tentativa de proyecto, tras el éxito que generó ¨La Muerte tenía un Precio¨, la cual superó en mucho a su predecesora; un éxito internacional que, animado por las ofertas de United Artists, dio a Luciano Vincenzoni una razón para continuar imaginando hazañas en ese Far West inventado (o mejor dicho, ¨reinventado¨) por el director, llevando así a la creación de una trilogía que ya ha pasado a la Historia.
Rodada a medio camino entre los estudios Cinecittà y nuestras tierras de Burgos y Almería como enclave vital del allí inaugurado ¨spaghetti¨, esta historia abre en un terreno árido donde un puñado de tipejos espera a reunirse; la técnica de alargar el silencio y hacer del tiempo algo relativo para mimetizar al espectador en el escenario y el ambiente está llevando a un perfeccionismo que Eastwood describirá como ¨verdaderamente agotador¨, y sin embargo sirvió para crear un estilo propio. Unos primeros minutos de muda y alargada tensión no sólo presagian el final del presente film, sino el inicio del posterior ¨Once Upon a Time in the West¨...

Primeros minutos que no conducen a nada salvo conocer a los diferentes protagonistas que se cruzarán y separarán a lo largo y ancho de la historia; el guión recoge así, poco a poco, con suma paciencia, tres experiencias independientes, dos de ellas unidas por conveniencia o casualidad, para más tarde formar parte de un todo, un conjunto donde una no podría sobrevivir sin la presencia de la otra. Es ¨Sentenza¨ quien se inmiscuye en primer lugar, abandonando Van Cleef al trágico y romántico coronel Mortimer para encarnar a una de las bestias más pérfidas y frías del Oeste; la mención del escondite de una caja de dólares por una más que probable víctima de su revólver inicia la aventura.
A Tuco, que ya conocimos, viene a unirse ¨Blondie¨, siguiendo el de San Francisco la línea de sus dos previos anti-héroes sin nombre y el oficio de cazarrecompensas. Y mientras ¨el Malo¨ continúa sus propios pasos en el desconocimiento del espectador, el guión elabora una relación de amor-odio con ¨el Feo¨ y ¨el Bueno¨ que será, hasta bien entrado el 2.º acto, el tema central de un argumento a punto de volver la vista hacia el tesoro apenas antes mencionado a ¨Sentenza¨; pero para ello hemos de soportar una larguísima escena de tortura en el desierto, donde Leone y Vincenzoni desafían nuestros nervios y, por medio de un gesto de ácida ironía, nuestra moral y piedad. Y esto es esencial.

En su concepción de la brutalidad humana y la caracterización, ni uno ni otro desean apelar a tales emociones cuando nos hacen testigos de las decisiones y actos de sus personajes, sino a nuestro irremediable desprecio; ¨Blondie¨, Tuco y ¨Sentenza¨ son guiados por la ambición, la codicia, y sus maneras de proceder emergen desde lo profundo de un alma podrida y corrupta. De este modo algo de lástima sentiríamos por el primero, con la cara tostada por el sol, si él, en escenas previas, no hubiese ejercido el mismo castigo sobre el segundo; una violencia, por tanto, desquiciadamente absurda, y practicada por la mera creencia de ostentar un poder superior al del otro, que rebatirá en una venganza aún más cruel...
El trío se enzarza así en un infinito círculo vicioso de traición, cinismo y odio mientras buscan el gran tesoro de la Confederación, la única cosa que une sus caminos. Porque sí, todo este potaje de mezquindades, idas y venidas y persecuciones suceden durante una Guerra de Secesión que se observa en la distancia, que no pertenece a la historia pero la llena y da un significado más allá de las trifulcas por el beneficio material, y la razón es que el director quiere subrayar la idea de la crueldad y de la guerra sin motivo alguno. Sus pensamientos en boca de Eastwood: ¨Jamás había visto morir tan estúpidamente¨.

Y en su intento por despojar definitivamente el ¨western¨ de toda su gloria y falsos oropeles, deja tanto a los sudistas como a la caballería unionista al mismo nivel de miseria, patetismo y vulgaridad; impensable con Ford, que hubiera dignificado a éstos últimos, o en manos de Hawks, que con su clásico humor apelaría a la amistad masculina para vencer unos males los cuales atentan contra la justicia tan arraigada a la conciencia norteamericana.
Aquí ni hay amistad, ni justicia, ni conciencia; todo eso lo devoraron los buitres hace tiempo, y los protagonistas no pueden acabar con los males porque ellos mismos los engendran.

Protagonistas que, en su odisea, atraviesan el muro de la guerra cuales fantasmas, observando de lejos, cavilando en silencio y eligiendo una ruta alternativa por donde seguir avanzando su propio camino, y eso que la guerra les da un verdadero nombre de importancia para los tres: Tuco será Bill Carson y ¨Sentenza¨ será Sad Hill, si bien el personaje de Eastwood (para no romper la dinámica) no tendrá nombre alguno, correspondiéndose a la tumba que guarda los dólares. No obstante, al margen de los dos últimos, definidos por sus acciones y ocultos en el misterio, el guión se esmerará en construir una identidad, la que menos esperaríamos: la de Tuco.
Eli Wallach, actor de carácter y una presencia peculiar ya curtido en la industria, es elegido para el papel más enigmático, uno aparcado en un extraño registro cómico y grotesco, pero que, contra lo que podríamos pensar, evoluciona hasta el instante, demoledor, del reencuentro con su hermano perdido Pablo, un fraile dedicado a ayudar a los heridos de guerra; pese a su perfidia Leone quiere poner el corazón del público de su parte al darle un pasado y un motivo para ser como es, tomando el lugar ocupado por Mortimer en la película anterior. Tuco es de este modo el romántico, el que debe salvarse.

Pero hasta los últimos segundos estarán empeñados en hacernos sufrir con su destino. El destino determinado por el simple beneficio, describiéndose la enorme parábola del personaje, quien acaba en el mismo lugar donde empezó (con la soga al cuello), después del legendario duelo compartido entre su fastidioso compañero de viaje y el perseguidor de ambos. Llegar hasta aquí pasada la gran secuencia del derribo del puente (una situación obligatoria del ¨western¨), es un tour-de-force para el italiano, quien orquesta esta última parte en tres enormes momentos, tres cúspides del argumento y el cine.
En ellos se conjuga de un modo milagroso la técnica precisa del montaje, la interpretación de los actores, el poder visual de las imágenes, la iluminación y fotografía, y la atmósfera, cuya tensión emocional realza el desolador paisaje almeriense y magnifica la música de Morricone, hasta alcanzar un nivel de abstracción más allá de toda realidad vinculada al género, desgarrado y cambiado. En los duelos clásicos se disputaban el valor o el honor, aquí es la codicia y la supervivencia: si se presta atención al estudiado montaje, Leone, tras situarse los tres frente a frente, nos coloca detrás de ellos, en su habitual plano ¨americano¨, y entre la mano y el revólver de cada uno se distingue a lo lejos la silueta del contrario...

Sólo la muerte garantiza el éxito, la muerte de otro; los planos de la tumba sin nombre se intercalan de vez en cuando subrayando qué mueve definitivamente al hombre, qué hace avanzar la civilización, el progreso y las guerras: el oro sin dueño, ni más ni menos. Si Ford fue el hombre que mató a Liberty Valance llevando el ¨western¨ a una era de negrura y desmitificación, Leone es el hombre que mata el ¨western¨ de Ford llevándolo a los infiernos de su propia mitología, por ello es tan aplaudido como criticado cuando presenta al Mundo el inmenso ¨canto del cisne¨ de su Trilogía del Dólar...
Y mientras el ¨spaghetti¨ ya puede figurar en los libros de Historia como género por derecho propio, Eastwood, con los dólares en la mano y el éxito ganado duramente, cabalgará hasta llegar a las Américas, y se lanza a un nuevo comienzo, en las mismas tierras áridas, sí, pero ya desde otro punto de vista y otros ideales. La leyenda sin nombre se queda en Almería.


Balas sobre Broadway Balas sobre Broadway 16-12-2022
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Los locos años 20. Mientras Mickey Mouse se presenta al Mundo, Chaplin divierte al público con su maravillosa ¨El Circo¨, y un pollo asado cuesta 42 centavos, los gángsters recorren las calles tiñéndolas de sangre y las viejas divas del teatro son olvidadas por jóvenes artistas de cine que toman su lugar.

Vivir de escapadas milagrosas, cuando se tiene la oportunidad, el poder y sobre todo el dinero para llevarse a cabo, es un placer. Eso es lo único que deseaba Woody Allen allá por principios de los 90, desatado el huracán de polémica debido a las graves acusaciones de incesto y pedofilia que Mia Farrow predicaba allá donde fuese, poniendo así a toda la opinión pública contra él, incluido el periódico The New Yorker, al cual el director confiaba regularmente sus textos. Por eso se refugia, como siempre había hecho, en la magia atemporal del cine; el feliz reencuentro con Diane Keaton en ¨Misterioso Asesinato en Manhattan¨ sirve de perfecto ejemplo.
Pero en TriStar quieren evitar que la mala prensa les afecte, así que suspenden su contrato; será junto a su vieja amiga Jean Doumanian, propietaria de Sweetland Films, y su hermana Ellen Letty con quienes emprenda otro gran proyecto, y que le sirve, como no podía ser de otra forma, para huir del turbulento presente, hacia un paraíso imaginado en un pasado alegre y ensoñador. Y ése es el Broadway al final de los elegidos 20, esplendorosos, llevándonos al corazón de la industria del espectáculo al lado de David, personaje que habría interpretado de ser más joven, por lo que la labor recae sobre John Cusack.

En su presentación este individuo aparece con los rasgos que caracterizan a uno de los arquetipos obligatorios del director: el del artista autoproclamado y convencido de su genio; una conversación (pseudo)intelectual en el bohemio Greenwich entre David y sus amigos (donde sobresale el genial Rob Reiner) vuelve sobre los pasos de la secuencia con la que se iniciaba ¨Manhattan¨ destacando este tema, cuya concepción de lo que significa ser un auténtico artista resultará vital en el transcurso de los hechos que Allen nos tiene preparados, fraguados a partir de una ambiciosa obra escrita por el protagonista, que harto de sus fracasos por las intervenciones de terceros, desea dirigir él mismo sin cambiar una coma.
Asistimos, durante esta primera parte, a la preproducción y la reunión de un reparto coral de altura, desde Jim Broadbent, Tracey Ullman y Jack Warden a Dianne Wiest, Jennifer Tilly y Joe Viterelli, piezas vitales éstos tres últimos: mientras una, con un excéntrico y exagerado comportamiento, parodia a las enormes divas del teatro y actrices del mudo, los otros dos encarnan a una pareja extraña, el jefe mafioso productor de la obra y su chica Olive, una verdulera desagradable ansiosa por convertirse en estrella (y versión moderna de la Lina que Jean Hagen interpretó en ¨Cantando Bajo la Lluvia¨, más que reconocida influencia).

Los pensamientos que David transcribe a su diario son los únicos sinceros, pues toda la situación le tiene atado de pies y manos, restringido y censurado, la muerte del verdadero arte para alcanzar el éxito. Allen despliega el enredo, lúcido, afilado, a veces absurdo y muy entrañable, pagando su deuda con la ¨screwball comedy¨ y la comedia italiana clásica, pero su criatura despega al mediar un extraño que asiste a los ensayos; cuando Chazz Palminteri, de Cheech, el guardaespaldas de Olive, interviene durante un ensayo, toda la fantasía de David se derrumba, todo su mundo construido alrededor de la figura intocable del artista americano.
El mundo real entra cual apisonadora, el de la sangre, la violencia, los golpes y las frases directas, el de la calle, y el efecto es recíproco: Cheech inyecta vida a la obra, ¨The God of our Fathers¨, y a la vez Palminteri inyecta vida al film, una energía arrolladora que lo pone todo patas arriba, liberando de cada uno de sus protagonistas/personajes, en el torbellino de conflictos y romances cruzados, sus verdaderos ¨yo¨. Helen (transmutada en la Norma Desmond de ¨Sunset Boulevard¨) va atenuando su arrogancia y altivez al ganar su papel el entusiasmo y la sexualidad que deseaba, y que sólo puede darse gracias a la reescritura de Cheech.

David, mientras tanto, sólo recibe órdenes de ella (ese famoso ¨¡No hables!¨), perdiendo cada vez más voz y opinión en toda la situación. La parábola que describe el director con respecto a esto es una genialidad se mire por donde se mire, cuando al matón, que en absoluto entiende de literatura o dramaturgia, le dan ínfulas de gran autor y, en un intercambio de roles que nadie podría esperar, rechaza los principios de su vida gangsteril y de todo su mundo real en favor de proteger la integridad de su creación (incluso si eso significa depararle un destino trágico a la novia de su propio jefe, quien sólo arruina la obra).
Así se cumplen las palabras de Sheldon, el amigo de David: ¨el artista puede crear su propia moral¨. Y así lo hace Cheech, arrastrado a la fantasía del teatro y despojado de las reglas de su mundo real, se cree con el derecho de imponer las suyas propias, mientras David, que desde su colaboración con él ha ganado en humanidad y perdido su idealismo ingenuo, no aprueba ahora las acciones que antes le hubiera gustado llevar a cabo. La muerte del artista, resignada y sincera, que proclama finalmente, es lo que buscaba Allen, a fin de acabar con el falso arte y dar crédito al que lo merece.

Y de por medio las gotas que aderezan a la comedia clásica que Allen homenajea, en una exquisita recreación del viejo New York de clase media-alta y su entorno burgués/bohemio.
Ello se lo debemos a la inagotable inventiva de Tom Warren y Santo Loquasto y al operador maestro Di Palma y su especial trato del color, añejo y cálido, y que hace de las secuencias filmadas en interiores un deleite visual único.


Ladrones de Mentes Ladrones de Mentes 24-11-2022
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Ahí está Dean, corriendo sin parar, a lo Dustin Hoffman en ¨Marathon Man¨, huyendo de todos: agentes de policía, mercenarios traficantes de drogas, miembros de la C.I.A., la D.E.A. y el F.B.I....
Aun más importante, está tratando de huir de su pasado.

Le da vida Wesley Snipes, de manera imparable, haciendo honor al título del film, que en mala época llega. Hay una regla indiscutible para las estrellas del cine de acción: si empiezan a protagonizar producciones que van a parar directamente a las estanterías de los videoclubs, y sobre todo si están realizadas en tierras de Europa del Este, ya es la confirmación de que su momento ha terminado, la estrella se ha quedado sin luz. Muchos pasaron por ello, desde Van Damme y Dolph Lundgren a Steven Seagal e incluso más recientemente Bruce Willis...
Al entrañable nativo de Florida no le sentó bien la llegada del siglo XXI, donde empezó a encasillarse sin remedio en el rol de ¨action hero¨, y en productos cada vez más barateros; poco antes de aparecer en la última entrega de la insoportable saga de ¨Blade¨ se metió de por medio, no deseo saber por qué, en uno de escasa financiación donde se reúne un reparto mediocre y un guionista sin talento bajo la batuta del televisivo y competente David Carson, cuyo mayor momento de gloria lo tuvo al dirigir la 7.ª parte de la infinita saga Star Trek, ¨La Próxima Generación¨. No estamos ante la crème de la crème, pero se atisba algún intento de esfuerzo...

Snipes está en su salsa interpretando a Dean Cage, destilando compasión y haciendo que el espectador empatice rápidamente con él, este estereotipado veterano de guerra traumatizado por el pasado, en el cual tuvo lugar la muerte de su mejor amigo; antes de conocerle, sin embargo, somos testigos de un prólogo tan alucinatorio como ultraviolento con unos ladrones fuertemente armados y una especie de droga experimental. Pero el guión es sumamente descuidado con ellos y ya desde entonces decide arrebatarles el beneficio de la inteligencia, incluso del sentido común.
De hecho la premisa se apoya en los errores que esta panda de villanos de última tecnología comete una y otra vez, empezando por confundir al pobre Cage con un agente especial (que ya sabemos quién es una hora antes de que la película nos lo revele...) en conocimiento de dicha droga. Así que el álter-ego de Snipes se mete en la trama como él se debió meter en este proyecto: por accidente; al estilo de los personajes de Willis, el suyo está en el lugar menos oportuno cuando llegan los malos, a quienes les importa tres pimientos ir armados e incluso liarse a tiros en lugares públicos (como sucedía en las comedias de acción de los 80).

Lo mejor que este guión aderezado de pésimos ingredientes ofrece es que Cage, pese a ser un estereotipo, no resulta estar tan mal construido, y sorprende la forma en que la droga manipula su cerebro devolviéndole a uno de los más terribles episodios de su vida; plasmado ésto en pantalla cruzando la línea de lo real y el inconsciente, ¨Unstoppable¨ (o cualquiera de sus mil títulos alternativos) juega al ¨thriller¨ psicológico y recuerda a ciertos instantes del clásico de Frankenheimer ¨El Mensajero del Miedo¨. Particularmente original cuando vemos a través de los ojos del protagonista y la realidad se desintegra y transforma en el escenario de la guerra de Bosnia donde aún cree seguir...
Emerge así el recuerdo de una zona oscura de su memoria, con el que batalla (similar situación a la del Quaid de ¨Desafío Total¨). La idea, por tanto, resulta atractiva, pero no tiene cabida en el argumento de Tom Vaughan...pues todo lo demás, lo que hay alrededor, es 100% desechable: los personajes secundarios, el desarrollo, los giros inesperados, las mal dirigidas secuencias de acción y sus vergonzosos efectos digitales, es ni más ni menos que lo que podemos esperar de una producción destinada al mercado del vídeo (aunque tuvo un estreno limitado en cines, no se crean).

Finalizado lo más interesante la trama se sostiene en las clásicas carreras desplegando la destrucción material como si la ciudad fuese un mero escenario de videojuego, y la droga queda relegada a un segundo plano, sin profundizarse todo lo que se debiera en ella; mientras, los agentes federales de turno peleando como colegiales con los policías (también de turno), una Jacqueline Obradors de tipa dura a la que dan ganas de hacer picadillo su cara de imbécil, siempre gritando al soso de Adewale Akinnuoye, y todos yendo de aquí para allá sin hacer nada.
Sin embargo en la cúspide de la mediocridad se encuentra el grupo de villanos, de los más inútiles que un servidor haya visto, muy buenos para una comedia de los hermanos Farrelly, pero no es esta la ocasión; en especial los matones de dicho grupo (uno Kim Coates, siempre en el mismo insufrible papel), dos subnormales homólogos de Mortadelo y Filemón que allí donde van arman el desastre sin lograr ningún éxito, pero es de esperar teniendo un jefe (Stuart Wilson, impertérrito y ridículo) al que hace falta explicarle las cosas 150 veces para que las entienda (¿cuánto tiempo se pasa el doctor intentando hacerle entrar en razón sobre el error de haber secuestrado a Cage?).

El ir y venir constante al tiempo que se repiten los ¨flashbacks¨ de guerra sólo lleva al tedio y a una sucesión de vueltas de tuerca y decisiones de los personajes algo incongruentes (¿son más ridículos los buenos o los malos?, no queda claro).
Entre tanto gilipollas, frase sin sentido y efecto chapucero, Snipes se esfuerza lo que puede para salir airoso en su carrera contrarreloj con la droga dentro, como hacía ¨Snake¨ Plissken; sin embargo va a trompicones hasta un clímax de tiroteo y artificio que tiene la mala pata de concluir en un absurdo ¨happy ending¨. Y es que ni siquiera al final nos da un respiro este Vaughan; qué mente más retorcida la suya...


El Malvado Carabel El Malvado Carabel 24-11-2022
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Afirmaba un tal Jean-Jacques Rousseau que es bueno y superior el hombre hecho a la civilización, pero quebrado por su progresismo y corrupción moral.
Nuestro héroe Carabel desea mantener su naturaleza intacta, pero esa sociedad no le deja.

Aun viéndose conectada con el periodo en que se publica, justo cuando se instaura la Segunda República, la lectura de ¨El Malvado Carabel¨ que provee Wenceslao Fernández Flórez no permanece inmóvil en un periodo concreto de la Historia de España, sino que podría servir de ejemplo en todas las épocas, sociedades, contextos y culturas; Amaro, el eterno perdedor de sus obras, aplastado por el mundo que le rodea y su derrotista condición y que, llegado a cierto punto, no tiene otro remedio que encarar todas las injusticias volviéndose contra sus principios morales, es una figura universal y perfectamente comprensible.
Fernando F. Gómez, aun tierno como cineasta pero eficaz tras la cámara y con un punto de vista muy particular del drama, sus personajes y su sociedad, deja la tragedia de época de ¨El Mensaje¨ y se sumerge en la pura y dura era actual por medio del relato del gallego, modificando en el progreso algunas de sus partes junto a su colaborador Manuel Suárez Caso para aclimatarla a la realidad de la España de mitad de los 50. Una España que puede engañar en plano general, el ofrecido por el propagandístico NODO, cuya industria y economía crece gracias al Plan de Ayuda norteamericano de 1.953, se da un aumento en los avances científicos, prosperan las reformas agrarias y se promueve la unión con países extranjeros...

Sin embargo, pese a que ya formábamos parte de la O.N.U. y el aislamiento autárquico empezó a tomar oxígeno, no se habla de la pobreza general, la crisis laboral o los incidentes a causa del levantamiento de los universitarios de Madrid contra el régimen, todo ello queda tan solapado como la figura de Amaro entre el bullicio urbano cuando la cámara se eleva por encima de la ciudad y registra ese flujo continuo de transeúntes medios que parecen caminar bajo una opresión y desasosiego constante. Mientras tanto F. Gómez adopta de maravilla el papel protagonista.
Hace de la banca original una empresa inmobiliaria a sabiendas del progreso económico que vive el país; su ataque es tanto más directo y mordaz cuanto que la convierte en un imperio del terror, regido por dos jefes explotadores que usan a sus empleados como marionetas para alimentar su egolatría y poder; una metáfora, sangrante, del gobierno en ese momento. Aun acogiéndose a los patrones clásicos del sainete y el absurdo, su visión posee la negrura del neorrealismo, hasta imprimir un aura deprimente a la atmósfera: Carabel no puede sobrevivir en un entorno tan cínico y brutal, que priva al hombre, acostumbrado a su viciada atmósfera, de poder disfrutar del aire puro exterior (terrible esta secuencia de Cardoso, vuelto a la vida con el humo del tabaco).

Eliminando los relatos secundarios más oscuros de la obra (que involucran al policía Ginesta, su desagradable esposa y la pobre Germana, fallida prostituta), la trama, expuesta por un narrador omnisciente de afilado sarcasmo que a menudo participa en calidad de conciencia interior del personaje, sigue su voluntaria transformación en favor de su propio bienestar sin buscar cambiar la sociedad exterior; desea luchar contra ella sin ataduras morales ni ningún tipo de consuelo que le reprima, ni laboral ni amoroso, encarnado en Silvia (la hermosa María Luz Galicia, madrileña de tomo y lomo).
Ésta, una zorra de amante a las órdenes de su castrense madre, sucumbe al orgullo, la ambición y la cruel exigencia, minando aún más la autoestima del pobre Amaro y empujándole al delito; pero de nuevo, aun encerrándonos en escenarios y situaciones de puro cine negro gracias a una estilizada puesta en escena (subrayando ésto con la relación de aquél y Silvia, convertida en ¨femme fatale” del género), F. Gómez no se inclina hacia el lado más despiadado que sugeriría la historia. El periplo de su personaje se recoge en diversas farsas, deprimentes, pero también atenuadas por el humor ligero, y a veces lo surrealista.

El episodio en el que Amaro se disfraza de ladrón de sainete y se queda observando atónito un pase de modelos es un buen ejemplo. Y aun así no se desprende nunca esa mirada llena de rabia, desesperada (la que lanza al transeúnte que se burla cuando intenta atracarle o al niño tras fracasar su plan de mendicidad), hacia una sociedad siempre erigida en contra del buen ciudadano, resignado a su amargo destino por ser incapaz de cambiar su condición, sociedad demasiado preocupada de su propio crecimiento colectivo que toma todos sus esfuerzos individuales a chufla.
Por desgracia el gesto final que elige F. Gómez resulta ambiguo, paradójico, comprensible al tratarse de un film de 1.956, pero que deja insatisfecho. Después de tanta derrota, humillación y penuria, resulta increíble que la estabilidad pueda regresar a la vida de Amaro, laboral e incluso emocional, un equilibrio además producto de una mala acción (la decisión de los repulsivos jefes de corregir el despido pero robando una parte del sueldo); le veremos a él y a Silvia fundirse de nuevo entre el gentío tras ser castigados por la sociedad simplemente por hacer algo bueno (para más inri) y aceptando que seguirán siendo los mismos aplastados y sufridores ciudadanos de a pie de siempre...

Pero si las intenciones del actor/director eran señalar la terrible situación del español de clase media-baja en su sociedad oprimida por el régimen no debería existir ningún equilibrio, ningún atisbo de futuro, ni siquiera una reconciliación, sino conservarse un mensaje mucho más pesimista y menos piadoso y moralizante.
Me sentiría más aliviado de saber que, aun sin poderlo exhibir precisamente debido a la época en la que se encontraba, ese final se rodó. Quedan en la memoria, por otro lado, las grandes actuaciones de Julia Caba Alba, Rafael Somoza, Joaquín Roa, Carmen Sánchez y Manuel Alexandre.


Hot City Hot City 24-11-2022
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Hay mucho negro malo suelto en Gary, y la ciudad se está yendo al Infierno, o más bien, ya es un infierno.
Los únicos que pueden lidiar con este problema son sus protectores de antaño. Se reúne la vieja guardia, los viejos hermanos...

Poco antes de que Quentin Tarantino usara la novela de Elmore Leonard ¨Rum Punch¨ para hacer su propio homenaje al ¨blaxploitation¨ (aunque relacionar esto con ¨Jackie Brown¨ no es en absoluto acertado), se produjo un pequeño milagro a mitad de los 90 que sí podría ser considerado un verdadero intento de resurrección. Porque en ese momento ya no quedaba ni rastro de lo que en su día fueron aquellas ultraviolentas, coloridas, comprometidas y reivindicativas aventuras callejeras protagonizadas casi en su totalidad por elencos negros.
Entonces Fred Williamson, que ha vuelto al ojo del espectador medio gracias a ¨Abierto Hasta el Amanecer¨, contacta con Larry Cohen (de los principales reyes del subgénero junto a Gordon Parks, Jack Hill y Arthur Marks) para colaborar, tras décadas separados, en un proyecto muy personal del primero, que una vez más financia bajo su firma Po Boy Productions y desea realizar en su propia ciudad natal, Gary. Esto dio como resultado grandes problemas, desde meter a pandillas reales en el casting a las trifulcas entre los anteriores debido a los costes de producción, muy elevados para lo que estaba acostumbrado Williamson...

Por tanto la visión que lanza el film sobre dicho escenario es la suya: nostálgica, melancólica y áspera, soñando con un tiempo que definitivamente fue mejor. La Gary de 1.996 sucumbe a una violencia salvaje, la sumisión de los buenos habitantes, el exilio de la mayoría de éstos a lugares mejores, el desentendimiento por parte de las autoridades; donde antes había una humilde población de trabajadores del acero ahora sólo un agujero de cadáveres andantes y dictadores callejeros del terror, que lo despliegan sin concesiones nada más empezar la historia sobre dos familias, asesinando al hijo de una y maltratando al padre de otra.
Brutalidad entre el desasosiego, la inseguridad y la incompetencia de unos agentes que ni se atreven ni tienen ganas de atreverse a solucionar nada, de ahí que la aparición de Robert Forster extrañe a algunos (su tiempo en pantalla es tan efímero como el poder de su personaje, un detective en mitad del caso, y entiende perfectamente que no es su película). Durante estos primeros minutos ya apreciamos que el característico humor negro de Cohen se halla fuera de combate; es el sello y la crudeza de Williamson lo imperante, y más aún al hacer acto de presencia, cual soldado de regreso al hogar.

Cuando esto sucede está más que claro a favor de quién se va a inclinar la balanza. No tarda el viejo icono de la acción en ejercer de aquello que el público desea ver en esta película y que la emparenta directamente con otro tipo de cine muy anclado en los 70 y los 80 y en el íntimo círculo del ¨grindhouse¨: el de justicieros. Si hacemos memoria el espíritu reaccionario, la venganza y la violencia por bandera, la amarga crítica social y la reparación del sistema a base de quebrar su espina dorsal era lo que lo distinguía, ¿verdad? Pues en ¨Original Gangstas¨ se siguen esos conceptos a pies juntillas.
Una fábula setentera/ochentera realizada, con todo lo que conlleva, a mitad de los 90 (pero en lugar de ¨funky¨ suena ¨hip-hop¨); Williamson y Cohen quieren que el público se horrorice con el salvajismo, se ponga de parte de unos buenos muy buenos, ansíe que se retuerzan en el asfalto esos malos tan malos y, sobre todo, poder soñar con participar en el ajusticiamiento como el primero y los demás personajes, quienes están encarnados (y ese es el gran atractivo del proyecto) por otras tantas leyendas del ¨blax¨, haciendo las delicias del nostálgico fan. Vendrán a unir sus fuerzas nada menos que Jim Brown, Richard Roundtree, Paul Winfield, Ron ONeal y, por si fuera poco, la diosa Pam Grier, convincente en su dramático papel.

Y ni que decir tiene que las ganas de verles sacudiendo las vértebras de esos indeseables que día sí, día también, doblegan el espíritu de los pobres ciudadanos son inevitables, aun dándose en un guión plagado de incoherencias, elementos auxiliares (el niñato que negocia con todos), acciones y reacciones excesivas y disparatadas (la destrucción de la avenida con cócteles molotov) y una profundización en los protagonistas que no se desvía, como la historia, de lo tópico (Brown como el boxeador fracasado que abandonó a su familia...). Pero queremos seguir ahí, en el centro del peligro.
Sobre todo porque la premisa se basa en que aquellos que abrieron las primeras heridas en el entorno social las vuelvan a cerrar empleando los mismos métodos que sus herederos, más violentos y deshumanizados (esos Rebelds ignorantes de la amenaza que les acecha al atentar contra el pasado de su propia banda...y el pasado siempre vuelve para vengarse). Pese a un rodaje intenso debido a temperaturas insoportables, accidentes varios durante las secuencias de acción, el miedo a los delincuentes locales y las incomprensibles decisiones de Williamson (despedir a Brown antes de finalizar o su negativa a gastar más de lo necesario...), la sensación que deja ¨Original Gangstas¨ es de placer y júbilo por medio de la fuerza bruta.

¿Qué mejor que contemplar a este quinteto de vigilantes (suprimimos a Winfield pues al final no tiene cabida aquí) eliminando los males de su sociedad cuando no hay políticos que defiendan las leyes ni agentes que protejan a los desvalidos? Así deberíamos hacer, por mucho que el mensaje esté hoy día desfasado y mal visto (que ya lo estaba en 1.996): armarnos con lo que pudiésemos y lanzarnos a por las lacras sociales que a cada instante nos amenazan, desde fuera o desde dentro.
¿Es un atentado contra los derechos humanos pensarán algunos? No si esas mismas lacras han atentado contra los nuestros, responderían Williamson y compañía, y yo les apoyo de manera incondicional.


Si la Cosa Funciona Si la Cosa Funciona 24-11-2022
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Las cosas suceden con un fin, aparentemente ilógico y que puede llevar a todo un sistema a la ruina total, y el intentar reestablecer el orden sólo conduce a un desorden mayor, pero por el camino algo se arregla...¿verdad?

Entropía, en su más pura forma dentro de los esquemas de neurosis, fobias, ilusiones, esperanzas y amores de la existencia humana, enclaustrada una vez más en el vasto panorama neoyorkino, la isla gris donde nadie duerme ni nadie está en paz consigo mismo. Escenario conocido por todos, una vez más volvemos a sus enormes avenidas y atravesaremos sus pintorescos parques de la mano de su mayor patrocinador, el sr. Allen, que nos dejó en él con el sabor mitad amargo, mitad leve de ¨Melinda y Melinda¨, cuando la promesa de marcharse de su tierra natal era algo más que un secreto a voces.
A la edad de 75 años cruzó el Mundo y vivió un breve romance con Europa, siendo la culminación un título que encantó a los críticos y tuvo sus galardones, claro, e incluso funcionó en taquilla...pero ha terminado siendo ignorado por casi todos (en especial los fans españoles, y nuestras razones tenemos): la tediosa ¨Vicky, Cristina, Barcelona¨. Gracias a Dios regresa al lugar al cual pertenece, y rebuscando en su baúl da con un guión concebido en aquellos tiempos en que el éxito teatral se conjugaba con la reciente aclamación en la industria del cine, y para tener a su colega Samuel Mostel de protagonista, pero cancelado debido a la inesperada aneurisma que le provocó la muerte.

Su reemplazo, tres décadas después, no es otro que Larry David. Uno se imagina esta secuencia inicial, que incluye un diálogo de tres minutos, casi sin cortes, entre el siempre asombroso cómico experto en la improvisación y el público, siendo interpretado por el propio Allen en el escenario de un teatro cualquiera del centro de Manhattan a mitad de los años 70, si bien ha afirmado que no escribió el papel para él. Lo podría haber hecho; su presentación nos deja claro que Boris no es sino la versión más radical y furiosa de otros personajes del director, pero no tocada por la autocompasión ni el deseo de victimización.
Antiguo profesor de física y mecánica, se regodea en su egolatría sin límites, su misantropía insoportable, su desprecio universal; quizás una evolución oscura de los ya feos y tortuosos Alvy Singer, Larry Lipton, Isaac Davis o Gabe Roth, sin alcanzar la rabia autodestructiva de Harry Block...y es que Boris no desea destruirse, pues hasta en eso ha fracasado, sólo rechazar cuanto le rodea y un retiro a su paulatina descomposición. Pero el destino, como siempre en Allen, media para equilibrar las fuerzas del cosmos, y se lo manda a ese cínico de tomo y lomo en forma de belleza sureña desamparada con el nombre de Melody y el hermoso y sencillo rostro de Evan Rachel Wood.

Se produce el milagro, no deseado al principio, y la maniobra que los protagonistas de ¨Annie Hall¨ y ¨Manhattan¨ llevaban a cabo con Annie y Tracy tiene otra vez lugar; maniobra de Pygmalion: moldear a la paleta inocente que no es de Chippewa Falls, sino de Mississippi, hasta transformarla en la escultura idealizada de la que enamorarse luego. Sucedió antes y con los mismos errores; Boris transmite un conocimiento y visión de la existencia tan triste como el de Isaac y tan oscuro como el de Alvy, incapaz de hacer mella en Melody, que desea ser parte del Mundo y la sociedad.
Todo destruido por ese destino que llama a la puerta con la Sinfonía n.º 5 de Beethoven, y la inesperada llegada de una madre presagiando el caos que se arremolinará alrededor de la chica, en quien se centra el film dejando en un segundo plano al protagonista. En realidad el intento de Pygmalion tiene que sobrevivir a la presencia de la entropía por cuyos largos brazos pasan todos los protagonistas; y Allen, en la sobria técnica típica y ese escenario urbano repleto de los elementos que han ido llenando y distinguiendo su universo único, nos alecciona, sobre el poder del azar, la casualidad, contra los actos voluntarios y los deseos de cada uno.

Y cómo ese azar les manipula y atrapa, o más bien la fuerza de la misma entropía. En este entorno cosmopolita, frívolo y estéril, a la vez excitante y sorprendente, es inevitable que pasen por una fase de reconstrucción de sus vidas sin que algo en ellas se desestabilice y nada pueda volver al estado anterior. Magistrales Patricia Clarkson y Ed Begley en sus papeles de Marietta y John como ejemplo de tal evolución, cuyos principios religiosos, conservadores y morales se deben venir abajo, en este caso a través de la corrupción y hedonismo que ofrece New York, para liberar sus auténticos ¨yo¨.
Aunque a simple vista el cambio producido en el sistema (la vida, en el contexto humano), tan cuidadosamente construido, sólo ha generado un caos irremediable sin otro fin, es que algo debe perder cada personaje en dicho caos para, por medio de un duro proceso, hallar más tarde una compensación vital, un reparo, y aceptarlo y convivir con ello. La ironía de Allen siempre excusada con una justificación razonable y universal, y servida con su habitual humor afilado entre los pliegues de una comedia romántica a menudo demasiado leve, a menudo indulgente, pero para nuestro deleite dentro de su idiosincrasia y estilo.

Si quiere ser así es porque la nota final no es tan negra como la de ¨Delitos y Faltas¨, ¨Maridos y Mujeres¨, ¨Desmontando a Harry¨ o ¨Manhattan¨. Ni Boris ni los demás tenían nada a lo que aferrarse, pero lo logran, remitiendo a una de sus ideas: aferrarse a algo si ello lleva a la felicidad aun cuando el caos lo devora todo; la acción no ha de guiarse por la lógica de la ética como promulga Bentham, qué demonios.
La película funciona bien, una agridulce, algo desfasada, pero agradable vuelta a las raíces, gracias a un David imponente que escupe como nadie las lúcidas frases de Allen, quien a partir de entonces, en mi opinión, se ha dedicado a ofrecernos trabajos menos emocionantes...


Two Wives Two Wives 20-11-2022
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¨Limpio, brillante y hermoso¨, reza el eslogan de un espacio que, como reflejo del matrimonio y el hogar conyugal, ha de promover esta visión pura, honesta fuera de toda duda.
Al menos eso cree Michiko, la hija del jefe...

Hasta que empiece a percatarse de que nada a su alrededor es tan limpio y hermoso como imaginaba, y de que las relaciones humanas, sobre todo entre hombres y mujeres, se alimentan de la mentira, la traición y la ignorancia tras una cuidada fachada. Es un mundo muy adecuado para ser descrito por alguien como Kaneto Shindo, en uno de sus muchos guiones, que adapta de la novela ¨The Man with Two Wives¨, del autor Hugh Wheeler (uno de los miembros del legendario grupo Kelley/Webb/Wheeler/White, quienes a veces lanzaban sus obras bajo pseudónimo de Patrick Quentin).
Se hace cargo Masumura tras la obra maestra ¨Red Angel¨, y por supuesto vuelve a contar con la presencia de su musa Ayako Wakao; se les une por primera vez una Mariko Okada retirada al trabajo independiente junto a su marido Yoshida, en lo que es la unión de dos de las mejores actrices del cine nipón. Así, de la Manhattan de la posguerra se nos introduce en el Japón del resurgimiento económico y las grandes empresas, aunque el primer encuentro entre los protagonistas se da en un bar cualquiera; aquí el Bill del libro es Kenzo y Angelica es Junko, la novia de los tiempos de la universidad.

Como se irá viendo, los encuentros entre hombres y mujeres son realmente importantes y en cada uno de ellos se expone un aspecto crucial de su carácter; Kenzo es un buen ejemplo de la reestructuración social y económica que ha experimentado el país tras la guerra: de autor idealista y sincero a directivo de oficina ambicioso y sin escrúpulos, pero nunca los hombres de los ¨thrillers¨ de Masumura enmarcados en el universo empresarial estuvieron modelados a la manera de los héroes. Aquí confluyen dos de los escenarios más visitados de su obra: el mencionado y el melodrama íntimo y fatalista dominado por el peso femenino, algo que ya hiciera en su anterior ¨With my Husbands Consent¨.
Así que, a pesar de que el poder y la codicia la monopolizan los hombres, son las mujeres las que harán virar el destino de todos con sus actos y decisiones; la Betsy literaria es Michiko, puesta al otro lado del espejo de Angelica/Junko, una pleno modelo de la tradición japonesa, tan decente y altruista como autoritaria, la otra una pobre maltratada llevada por el amor pasional...pero las dos con el profundo anhelo de ser amadas. Es irónico que la historia se cimente en los interiores de una compañía que promueve con tanto afán la honestidad cuando alrededor de la protagonista pululan los individuos más indignos, quienes se usan, chantajean y manipulan a su antojo.

Una pareja de empleados (Junkichi y Masae) que malversan fondos, un padre viudo que tiene una aventura con la mujer del anterior y una hermana menor (Rie) que viene a encarnar la inevitable rebelión contra el autoritarismo moral; este reducto de silenciosa corrupción podría haber seguido existiendo de no ser por la aparición de un monstruo, Shotaro, amante actual de Junko y un doble de Kenzo aún más egoísta. En la historia se germina un intermedio de conflicto y súbita revelación por su parte hasta que las manos de Michiko, en defensa propia, se alcen contra su crueldad.
Como MacKendrick, Masumura y Shindo dan un valor especial al poder de destrucción de los inocentes, y crea, al igual que éste, otros instantes de una incómoda sordidez y violencia, física y psicológica, casi todos filmados en interiores claustrofóbicos, impidiendo la huida a los personajes, cada vez más acorralados, y envueltos por una fotografía de suaves tonos ocres que ofrece, a éstos y al espectador, una falsa seguridad. Cuando el crimen sucede y el Mal es ajusticiado, todo se revuelve en varios sentidos (ya prefigurados en las flechas pintadas en la calzada de los créditos iniciales...flechas cuyo destino eran las alcantarillas).

Durante toda esta segunda parte el asesinato es sólo la progresión de la corrupción humana que se venía gestando, pero el que derriba los cimientos de la acomodada vida de los personajes, y a través de la cual Kenzo puede abrir los ojos y contemplar el mundo que le rodea y del que es parte; también habitual de los anti-héroes del cineasta, éste llega muy tarde a tal revelación, sin embargo luchará contra las fuerzas que le oprimen. Sorprendente y retorcida la evolución propuesta: cuando por fin decide operar por medio de la sinceridad, aquellos antes ocultos en las apariencias se defienden con constantes calumnias y mentiras, cerrándole todas las puertas...
Y en especial Michiko, que resulta no ser mejor que los demás. Caen las máscaras y sale la auténtica verdad, muy sucia; y la verdad es que, salvo Junko, la víctima sacrificial a todos los niveles, nadie merece salvarse. A una manera muy europea, siempre con música melodramática de fondo, Masumura va encadenando pacientemente las piezas del suspense y sacando de la oscuridad a sus cobardes protagonistas, de una extrema fealdad, hasta ese momento amargo y significativo, milagroso, en que las dos mujeres se encuentran y son capaces de apreciar tanto sus diferencias como sus similitudes; un cara a cara que alcanza un grado superlativo por la maestría de las atrices, elevadas al nivel de Andersson y Ullmann en ¨Persona¨.

En sus intrigas en el seno empresarial, la corrupción, manejada por el poder masculino, infecta y destruye a todos, incluso a veces al heroico protagonista; en este caso, al mediar mujeres entre dicho poder, Masumura permite a la honradez y el honor tomar parte y la resolución propuesta, si bien dañina para unos, es satisfactoria para aquellos que lo merecen.
Prevalece el sentido de la justicia: Ayako en ¨A Wife Confesses¨ no pudo salvarse y fue sacrificada, pero Junko puede salir a la calle, respirar y dejar atrás a esos demonios y su oscuro pasado, mirando el Sol en busca de alivio...y así nosotros.


Danko: Calor Rojo Danko: Calor Rojo 18-11-2022
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Uno es el capitán más duro y tenaz llegado de las lejanas tierras soviéticas, el otro es el sargento más lenguaraz y poco ortodoxo que ha pateado las calles de Chicago.
Juntos no van a detenerse hasta que el flujo de droga de un país a otro quede cortado para siempre...si es preciso derribando la ciudad o cubriéndola de cadáveres.

Como toda cinta de Arnold Schwarzenegger, ¨Calor Rojo¨ (su título en realidad) se ganó hace ya mucho tiempo un hueco especial en la estantería del salón junto con otras igual de míticas protagonizadas por él en aquellas fechas. Estrenado en 1.988, el film fue un compendio de personalidades: las de James Belushi (que venía de hacer ¨El Rector¨), Walter Hill (que había realizado la interesante pero olvidada ¨Traición sin Límites¨) y por supuesto el austriaco, en la cúspide de su popularidad tras ¨Depredador¨.
El caso es que éste último quería trabajar con el segundo en una película de acción donde resultase lo suficientemente convincente, así que le dio el rol de agente de la ley soviético a partir de un guión concebido a seis manos que no cesaría de reescribirse durante la producción, parte en Chicago, parte en Austria y parte en Moscú, siendo Hill el primer director estadounidense que logró filmar en la Plaza Roja (aunque camuflando el rodaje como el de una película independiente para evitar problemas con las autoridades). Allí, entre las calles de aquellas heladas tierras tras el Telón de Acero, tiene a bien comenzar la intriga.

Porque aunque de primeras parezca que encarnando a ese Ivan Danko se nos pone delante un Schwarzenegger muy duro y serio (más que de costumbre) y que imita sin pudor las expresiones de Clint Eastwood (a quien se le rendirá tributo de una forma muy especial), el prólogo de ¨Calor Rojo¨ bien podría inscribirlo entre esa estirpe de oscuros ¨thrillers¨ con la Guerra Fría y las tensiones político-sociales como principal temática que tanta popularidad acumularon desde mediados de los 60 y tenían aún en los 80. Intriga bañada de violencia y un gran sentido de la acción y el ritmo como siempre ha acostumbrado el bueno de Hill.
Pero en una decisión pésima, tras los combates en la nieve, los tiroteos en pequeños bares moscovitas y una trama construida alrededor de la persecución entre el protagonista y el peligroso traficante de drogas Viktor, la acción se desplaza a las atestadas avenidas de Chicago, y todo lo que podría haber sido esta historia se desmorona como un castillo de naipes. Ahora sigue habiendo intriga y suspense, sí, y mucha acción y violencia fantásticamente bien filmada, pero el fondo no es el mismo...y ahora se mira a esas típicas ¨buddy movies¨ que tanta popularidad acumularon en los 80 y que se dispararía gracias al propio Hill con ¨Límite: 48 horas¨.

Ya se habían dado muchas combinaciones de agentes, ahora tenemos al socarrón y arrogante Ridzik y al estoico soviético Danko tras Viktor, quien se verá atrapado entre ambos de manera demasiado conveniente (al estar el primero tras la pista de unos traficantes de drogas que deciden hacer negocios con éste último). Pues se escapa y entonces comienza la aventura, correctamente desarrollada entre las trepidantes andanzas y recogida de pistas a pie de calle y las paredes de la oficina, donde sobre todo se reciben sermones y broncas; y por cuenta del simpático sr. Belushi, que vuelve a interpretarse a sí mismo, el humor se eleva sin que parezca haber un límite.
Sin embargo, la introspección psicológica y emocional que nos brindara ¨Arma Letal¨ o la sensación de ruda aspereza que exudaba la misma ¨Límite: 48 horas¨ aquí no está presente, y el ambiente en esa Chicago tan revestida de un estilizado uso de las luces de neón, los vapores y el negro de la noche, se vuelve más frío que cuando la historia tenía lugar en Moscú. Si bien los diálogos y situaciones íntimas entre Belushi y Schwarzenegger funcionan a un nivel cómico decente (y de ahí no pasa), el film destaca realmente en otro aspecto, además de en la acción, claro (bien queda demostrado a lo largo de esa persecución en autobús que permanece como una de las más originales de la década, y del género).

Y es en la caracterización de los dos protagonistas extranjeros. Por un lado ese fuerte y expeditivo policía que aterriza como un alienígena en una sociedad donde la incomprensión es recíproca; desde luego es un acto de audacia el de Hill el situar, en una época donde todavía permanecía la huella de la Guerra Fría, a este hierático Danko en unos EE.UU. corruptos, sucios y violentos donde los criminales poseen los mismos derechos que los inocentes (la burla a las leyes y la burocracia americana es impagable al intentar equipararla con la sociedad comunista soviética). Por otro lado tenemos a un carismático villano encarnado de manera muy convincente por Ed ORoss, y que es de lejos el mejor personaje del film.
Y un elenco que sin duda merece la pena recordarse, desde ese genial Peter Boyle a la jovencísima y preciosa Gina Gershon (soy de los que prefieren verla de actriz secundaria en sus primeras películas) pasando por Richard Bright, Oleg Vidov, Brion James (un malo obligatorio de la época) y un buen Brent Jennings como el ciego Elijah, sin olvidar el cameo de Peter Jason (al que tantas veces hemos podido ver junto a John Carpenter). Todo ello sirvió para que ¨Calor Rojo¨ lograse unos beneficios en taquilla que no cumplieron precisamente las expectativas del director y sus acólitos...

Sí, el film funcionó en el mercado del vídeo, pero ni por asomo fue el bombazo que todos esperaban, y más grande fue la sorpresa (o la decepción) al estar protagonizada por Schwarzenegger en el mejor momento de su carrera.
Queda para el recuerdo como un entrañable y entretenido ¨thriller¨ que pudo ser mucho más de haber tomado la dirección adecuada. En realidad aquí hay una gran película: dura un cuarto de hora, se sitúa en Moscú y es una de las mejores cosas que ha rodado Hill en su carrera (...eso y la mencionada persecución en autobús).


El Aventurero de Medianoche El Aventurero de Medianoche 14-11-2022
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Recorrer las carreteras polvorientas, patear bares de mala muerte, dormir en viejos moteles, y dar tumbos, desde que el Sol salga y empiece a quemar las tierras de Nevada hasta que se esconda tras las montañas de Oklahoma...
un viaje sin fin, sin retorno, esa es la vida de un aventurero de medianoche.

Esa recién iniciada década de los 80 va a representar toda una reinvención de ideales, valores y formas para Clint Eastwood, va a probar cosas ahora que tiene libertad y poder para hacerlo, a abstraerse aún más en sus deseos y aspiraciones personales, sin terminar de abandonar a su público; al igual que Scorsese, también estructura su filmografía en obras dedicadas a sus fans y otras a él mismo, por eso tras el fracaso comercial pero sueño cumplido de ¨Bronco Billy¨ invierte mucho dinero para la irregular y extraña ¨Firefox¨, incursión en el ¨thriller¨ de espionaje con complejos efectos visuales.
Cuando ve recompensado su esfuerzo regresa entonces a su universo íntimo; lo lleva a cabo interesado por otra novela, esta vez del compositor y autor Clarence Carlile, quien tiene la misma edad del nativo de San Francisco y un gusto especial por la intrahistoria norteamericana. Es un nuevo cambio de registro que lo sitúa en los parajes de Philo Beddoe o el malparado Bronco, filmando en lugares reales, empleando a extras pueblerinos y reduciendo los gastos (de sus más de 20 millones empleados en su peripecia de espías a unos humildes 2 millones), además de enrolar a su hijo Kyle en su primera y única interpretación oficial.

Una declaración de intenciones. En ¨El Aventurero de Medianoche¨ Eastwood, si bien experto del ¨jazz¨, se esforzará por volver a encontrar una huella de origen en la Historia de su país y desfigurarla a través del ¨country¨ a la vez que otorgándole un valor más allá de la vida y la muerte; la época es la que lo asola por culpa de la Depresión. Los Wagoneer sobreviven en su granja como cualquiera en ese momento, entonces se levanta una polvareda de mil demonios y de ella emerge Red, recordando a los forajidos llegados de ninguna parte a quienes aquél ya dio vida, concretamente a su emisario de la muerte en ¨Infierno de Cobardes¨.
Como aquél, éste parece un despojo sin rumbo, pero más cansado y borracho, todo un antecesor de Ben Shockley (es increíble lo mucho que se distancian y a la vez que se acercan los diversos personajes de su carrera). Este Red, espectro deambulante, vive de su guitarra, y ya llega con un propósito: una prueba en un famoso auditorio de Nashville, tal vez la última oportunidad de su vida para demostrar a todos y a sí mismo que es alguien. Se empieza a perfilar el sueño en esa tierra de hambruna tan bien conocida por Carlile, quien incluyó elementos autobiográficos en la historia (al contrario de la familia Eastwood, que no llegaron a conocer la gran pobreza ni el destino de los campesinos expulsados de sus tierras).

Y, al mismo tiempo, expuesta bajo una paleta de colores, luces y sombras del maestro de la fotografía Surtees que llegan a alcanzar una belleza pictórica y confieren una atmósfera de cercana naturalidad pero también de pura abstracción a las imágenes. El sueño, como en toda obra de Eastwood, es vivido en comunidad; se descarta a los Wagoneer, cuyo ideal, la del áspero patriarca, es la de tener los pies en la tierra, pero se retiene al abuelo y al hijo, conformándose un trío masculino que une de manera hermosa y romántica el nostálgico pasado, el duro presente y el futuro iluso e inocente.
En este viaje de introspección y evolución por carretera aquél deja volar su imaginación, dedica tiempo a los personajes y al gran escenario que ocupan, con la fascinación infantil de ¨Duro de Pelar¨; pero para desgracia de algunos (de un servidor) es un viaje irregular, atravesado por pasajes que conjugan drama y ese humor tan ¨costumbrista¨ que gusta a Eastwood, funcionando mejor, ni que decir tiene, el primer elemento de la mezcla (ni por asomo calan los instantes del falso atraco, el incidente con el toro, la fuga de la cárcel o esas trifulcas con unas autoridades paletas que se regodean en su ineptitud...).

Uno de los mejores pasajes (y de los más memorables momentos de la filmografía de Eastwood) está centrado por entero en el abuelo (John McIntire, veterano del ¨western¨) y en el relato que nos brinda al observar los páramos de Oklahoma, donde nació Carlile. El niño abre mucho los ojos para observar lo invisible, una leyenda norteamericana verídica dibujada por la narración melancólica del viejo, quien evoca en el ocaso de su vida este recuerdo, el de ¨la mayor carrera de la Historia del país¨, de una esperanza de juventud en la que se unían el gesto fundador de la conquista del Far West, la llegada a la ¨tierra prometida¨, el sueño de un espacio virgen y de un futuro que acabará cubierto por el polvo y los fantasmas.
El sueño se rompe en pedazos (¨Mírala ahora...¨, ¨...Soy demasiado viejo para soñar¨), pero pese a la amarga confesión el abuelo sigue soñando (con llegar a Cainsville, su pueblo natal), y así los demás. Nashville es la ciudad prometida de Red, y al parecer también de la desgraciada Marlene, que se encuentra cual esclava a las órdenes de un perverso mentiroso; pero este personaje cuya ilusión es ser cantante me resulta tan irritante, molesto e innecesario en la historia como al propio Red, que sin ningún encanto completa y da variedad al grupo masculino pero a la vez lo quiebra, al pertenecer a un origen distinto.

Ojalá el guión hubiese convertido a Marlene en esa supuesta hija perdida de Red, pero no fue así. Lo que le sucede es un síntoma del desencanto que impregna Eastwood en su obra; de algún modo los personajes viven de ilusiones que se ven impedidas por el aciago destino, y no obstante prosiguen su camino.
En los EE.UU. de la guerra civil, Josey Wales perdía a su familia y su oportunidad de vivir en paz, mientras Bronco era incapaz de ganar en una tierra marcada por el cinismo y el materialismo; la barrera del protagonista de esta aventura la marca la tuberculosis, y con él se desnuda mucho más.

De hecho su propia vida se confunde con la de Red: amante de la música y la canción siempre recibió malas críticas cuando probó en dicho negocio, no impidiéndole seguir esforzándose en ello (su participación en el extraño musical ¨Paint your Wagon¨ o los ¨singles¨ que ya empezaba a lanzar desde el inicio de su carrera de actor) e incluso alcanzando el éxito gracias a su asociación con el mítico Merle Haggard en 1.980. Aquí su álter-ego se ha visto impedido a lo largo de su vida por las malas conductas de sus otros personajes: egoísmo, ego, mal temperamento, afición al alcohol y a las mujeres, etc....y, no obstante, prosigue su camino.
La historia, que sigue de cerca el paso de la infancia a la edad adulta de Whit, quien absorbe constantemente la transmisión de su abuelo y su tío (aunque la de éste sea más perjudicial que otra cosa, iniciándole en la bebida, el sexo y los ambientes menos recomendables para un niño, al final persiste la mejor enseñanza de todas: luchar hasta la muerte por un sueño), se encauza tras desaparecer Marlene, gracias a Dios, y regresar el primero junto a Red, en una secuencia brillantemente dirigida y fotografiada en un club de reubicados afroamericanos rebosante de magia ¨soul¨.

Nashville no es, como se pensaba, la ¨tierra prometida¨. Por fin escuchamos a Eastwood en el gran escenario entonando con un suave y particular deje la canción estrella del film (a la vez la más complicada), imaginada a medias por el personaje del sobrino, pero la enfermedad también llega, inmisericorde, y el sueño vuelve a hacerse añicos; a partir de aquí y hasta el final Surtees ocultará mucho más en las sombras al protagonista y el pulso del anterior tras la cámara nos golpeará con momentos de gran intensidad dramática sin caer en el vago sentimentalismo. Asistimos así a la degeneración total de un moribundo mientras inmortaliza su paso en la Historia.
Si el espectador medio sólo podía comulgar con la falsa figura de tipo duro que se había construido el de San Francisco gracias a (o por culpa de) tipos como Harry Callahan, el ¨Hombre sin Nombre¨ y similares, aquí derriba para siempre tal mito a través de una secuencia brutal de perdición y debilidad en la que vemos a Red vencido por su tos tuberculosa en el estudio y en mitad de la interpretación de ¨Honkytonk Man¨; ha de ser otro (la leyenda del ¨country¨ Martin Robinson, fallecido, qué ironía, poco después del rodaje) quien termine la canción que él había empezado.

Ése, seguido de los últimos segundos de Red, son de los más desgarradores instantes que haya protagonizado Eastwood en pantalla, y una confirmación blindada de su talento interpretativo; y a pesar de todo la muerte, la misma que han tenido que encarar Wales, Callahan, Jed Cooper, el pistolero vengativo de ¨Infierno de Cobardes¨ y su futura contraparte, el pistolero piadoso de ¨El Jinete Pálido¨, no impide cumplir la fantasía, la cual parte con Whit y Marlene hacia otra dirección, California, otra de tantas ¨tierras prometidas¨.
Para Eastwood esa fantasía se cumple a medias...

La película es un nuevo fracaso comercial y casi de crítica, pasa desapercibida por la inmensa mayoría en EE.UU. y en el resto del Mundo; pero el tiempo, del mismo modo que a su protagonista, la pondría en el sitio que corresponde.
Kyle no sigue los pasos cinematográficos de su padre y se convierte en un gran músico, y éste volverá a reconciliarse con los fans de antaño trayendo de vuelta a uno de los iconos de su carrera en ¨Impacto Súbito¨, una de sus mejores aventuras...


Misión de Audaces Misión de Audaces 14-11-2022
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Desde Tennessee los hombres de los uniformes azules se abren camino a través de Mississippi, unos 1.700 soldados a caballo con una misión suicida: hacer picadillo a la civilización sudista en el camino y llegar a Louisina de una pieza.
Y como toda hazaña histórica, ésta tuvo su recreación.

La Edad de Oro del ¨western¨ está presta a acabar con la década de los 50, y no falta mucho; va ligado a tan inevitable hecho el que la última obra de John Ford de 1.959 esté enmarcada en dicho género, y a su vez sea todo un canto del cisne a las ¨gloriosas¨ hazañas de los caballeros de la Unión, quienes ya ocuparon un lugar especial en su filmografía en forma de trilogía, una última aventura sobre aquellos ¨héroes¨ del Norte la cual, en un gesto de auténtica ironía, se mantiene como la única vez que el director pone el dedo en la llaga de la Guerra de Secesión.
A partir de un libro de Harold Sinclair que narra, a su modo ficticio, la incursión a principios de 1.863 del coronel Benjamin Grierson y los suyos en las tierras rebeldes del Sur para finalizar henchidos de gloria en Baton Rouge, el dios del Oeste encaró otra enorme producción llena de problemas, desde malas relaciones con sus actores y elevados costes a trágicos accidentes, destacando la muerte del mítico ¨stuntman¨ Fred Kennedy, y tanto su prohibición de alcohol por razones de salud como el intento de suicidio de la esposa de John Wayne sólo tensaron el ambiente más de lo que ya estaba...

La premisa queda establecida en una corta secuencia inicial, con los auténticos Ulysses Grant y William Sherman; Wayne interpreta a John Marlowe, el álter-ego duro y expeditivo, a la medida del actor, del histórico Grierson (y donde uno era profesor de música el presente es un ex-ingeniero de ferrocarriles, muy irónico). Su contrario tiene el rostro rudo pero amable de William Holden, y pese a que iban a ser Clark Gable y James Stewart quienes se vieran las caras, la rivalidad entre sus personajes, de las mejores bazas del film, resulta tanto más creíble cuanto que la relación de los actores no era la mejor.
Típica situación del bélico: frente a la brusquedad del oficial de turno, la humanidad del doctor, que participa en la batalla por causas no ideológicas, aun viéndose arrastrado por su importancia, la que expone esa comunidad de hombres tan fuertemente unida, clásico de la idiosincrasia ¨fordiana¨; las intenciones están claras observando esos créditos iniciales tan pretendidamente épicos. Por enésima vez Hollywood se presta a la mitificación del lado unionista, si bien el director se esfuerza, durante el desarrollo de la trama episódica, en mostrar la cara más cruda, violenta y patética de la guerra, y de cuando en cuando en uno y ambos bandos (no hay muchos, pero los instantes junto a los confederados son memorables).

¨Episódica¨ ya que su avance, el de la caballería hasta su destino, se ve atravesado de incidentes argumentales, que de alguna manera resultan claves en la evolución, aparentemente invisible, de los personajes. El más innecesario involucra a Hannah, la obligatoria fémina de esta clase de títulos, mitad florero, mitad contrincante de una guerra de sexos con el protagonista (Wayne antipático y amargo como nunca), pero aun extendiéndose el cara a cara a cuestiones más profundas ya que media el origen ideológico-político, el guión de John Mahin y Martin Rackin no concede oportunidad a la presencia de una lucha de puntos de vista. La unionista es la que cuenta.
En todo caso Constance Towers no es sino el contrapunto dramático-romántico a la melancolía de Kendall y la brutalidad y recelo de Marlowe (luego justificado en una perturbadora secuencia donde el de Iowa puede demostrar sus buenas capacidades más allá de la fachada de cemento con la que siempre se cubre). No satisface, de igual forma, la visión de Ford: frente a la estrategia, dignidad y buenos modales de la caballería, la incompetencia, falta de escrúpulos y mal juicio de los confederados, unos traidores, sucios y maleantes que mandan a niños a primera línea de combate y se lanzan a cara descubierta contra el enemigo (esta escena, la de su intento de asalto a la ya tomada Newton, es ridícula...).

Refuerza esto el uso constante (e irritante) del himno de la caballería para marcar el tono grandilocuente y heroico de sus actos...esa clase de detalles que sé que provocan el orgasmo al cineasta. Sorprende además que un demócrata como él, que exigió la misma remuneración a los extras negros que a los blancos, que accedió a cambiar ciertas partes ofensivas de los diálogos de Althea N. Gibson (la célebre deportista en su único papel para el cine), no haga partícipe a su caballería de la liberación de esclavos, cosa que sí hicieron los hombres de Grierson en su paso por Mississippi (quizás la actitud conservadora de Wayne tuvo aquí más peso).
Al margen de todo esto, ¿qué queda? Pues lo que un fan del ¨western¨ clásico y de Ford espera ver en pantalla: un increíble uso logístico del medio natural y del paisaje, el equilibrio tan delicado entre aventura, drama y humor que no cualquiera logra, un despliegue de medios espectacular, a la altura de la Mirisch, esa eficacia única para rodar excitantes y enormes escenas de acción, ya sea a caballo o a pie, donde el espectador, abrumado por la sensación de aventura épica, se deja arrastrar a ella sin remedio. La camaradería y amistad entre los personajes contrasta no obstante con la tensión y dificultad del rodaje...

En el colmo de los obstáculos, la muerte de Kennedy durante las recordadas secuencias climáticas del paso por el puente obligaron a Ford a finalizar su obra con una conclusión menos triunfal (no hay llegada a Baton Rouge) y más oscura, ciertamente extraña, pues parece que la historia se quedase a mitad de todo.
Para la productora ¨Misión de Audaces¨ fue un éxito efímero cuya estrella se apagó pronto, para Ford una experiencia bastante traumática quedando en última instancia como obra menor en su amplia carrera...


Mentiroso Compulsivo Mentiroso Compulsivo 14-11-2022
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De lo mil millones de momentos que este film ofrece, arrastrados por el desenfreno humorístico de un Jim Carrey que volvía a casa completamente exhausto después del rodaje, hay uno en particular que parece que no, pero sobresale entre los demás.
La frase estrella: ¨¡Soy un miserable cerdo!¨.

Imponente momento, justo cuando Fletcher está perdiendo los nervios al no poder practicar su afición favorita: mentir; no sabe por qué, pero debido a esto se empieza a derrumbar y una anterior secuencia excesiva con un peligroso bolígrafo azul lo confirma. Entonces, en el colmo de su angustia su dulce secretaria Greta le recuerda que debe ir a buscar a su hijo Max al colegio; y aquella es la respuesta que le da...y queda mudo, mirando extrañado a un lado, pues ha dicho la pura verdad. Es un golpe no sólo al estómago sino a los principios éticos de un terrible padre que no los tenía, y que había moldeado su existencia con la forma del cinismo más sinvergüenza.
Necesita de todos esos incidentes para que, aun por unos segundos, se muestre como es realmente, y ya sin capas lo diga a la pantalla a voz en grito, una delicia de secuencia; ojalá todos y cada uno de los individuos que existen se concedieran esos instantes para expresar lo que son, con la honestidad en un puño, sin prejuicios. Pero es el sr. Carrey quien lo hace, otra vez de ¨héroe¨ anónimo el cual debe pasar por unos hechos estrafalarios y fantásticos para plantearse un cambio vital, tras el pequeño desvío que supuso en su trayectoria cómica la negra, ácida e igualmente exitosa ¨Un Loco a Domicilio¨.

¨Mentiroso Compulsivo¨, concebido a principios de los 90, es uno de esos proyectos que uno no sabe cuánto ha de pasar para llevarse a cabo; al principio destinado a Steve Martin o Eddie Murphy, luego a Mike Myers, quien resultará estar muy ocupado con ¨Austin Powers¨, el nativo de Ontario se mete a conciencia en este papel (la broma de ¨la garra¨ la hacía su propio padre), que versa sobre una desastrosa desprotección paternal por parte de alguien que ha preferido dedicar su empeño en labrarse un prestigio en el trabajo, y es tanto más mordaz ya que sucede en el seno del mundo de los abogados, los jueces y los palacios de justicia.
Aquél sorprende al combinar sus clásicos ¨tics¨ del ¨slapstick¨ con un enfoque más maduro, y los primeros veinte minutos son los que ofrecen esa mayor carga dramática, sobrevolando el espíritu de John Hughes o Chris Columbus, ganando importancia el pequeño Max y enlazando con ese cine al hacerle responsable del giro ¨fantástico¨ que va a tomar el guión y del control sobre la existencia de un adulto (esta obra no habría desentonado en los años 80). Cuando esto sucede se convierte en un vehículo para las locuras de Carrey, sí, pero sin perder ese trasfondo oscuro sobre la presencia de la mentira y su poder de manipulación y destrucción en todos los aspectos de la sociedad.

Al actuar la ¨maldición¨ de Max la existencia del padre, meticulosamente construida alrededor de la apariencia y la falsedad, se viene abajo, y así su cordura, incapaz de aceptar su nueva condición, que no encaja con la del sistema al que pertenece (un bufete de abogados, nada menos, imperio de corrupción, calumnia y mentiras; casi siempre ha sido así representado). Y hay que aceptarlo: ello da pie al actor a revolverse sobre sí mismo plasmando con cada espasmo de su cuerpo el desmoronamiento del personaje, algo alejado de los individuos más simpáticos de Carrey.
El Stanley de ¨La Máscara¨ era un perdedor por quien se debía sentir compasión, al igual que los futuros Truman Burbank, Charlie Baileygates o Bruce Nolan, pero Fletcher es un tipejo desagradable, insoportable y ambicioso, necesitado de un cambio radical a puñetazos, por ello a la película le parece genial que el público se ría de sus continuas desgracias e intente hacer que simpatice no con él, sino con el niño, harto de tanto cinismo adulto; y se logra, pues ponerse en su piel y entender su dolor, si se han tenido unos padres similares, no es nada difícil (en mi ejemplo personal mi madre, mentirosa de tomo y lomo, así que hablo con conocimiento de causa...).

En el colmo de la desfachatez, Fletcher lucha por mantener a flote un juicio donde una repugnante mujer (Jennifer Tilly haciendo de Jennifer Tilly, y dándosele de maravilla) ha de ser declarada ganadora de un divorcio sin pies ni cabeza, en la cual podrá reflejarse una vez los hijos medien en todo ello. Por suerte Tom Shadyac comprende las posibilidades ilimitadas de su colega Carrey y le deja el espacio suficiente para desatar sus payasadas mientras se dedica a condenar la corrupción (o más bien ignorancia) del sistema de justicia y analizar el daño de una mala paternidad en los hijos, la pareja y el propio individuo.
Las contrapartes elegidas no dejan de ser un apoyo del protagonista, siempre a su sombra: Maura Tierney como una madre sosa y sin sangre, Cary Elwes de mameluco amable y derechazo a la envidia del anterior (mientras uno es un abogado que vive de la desgracia ajena el otro trabaja en un hospital ayudando a los demás), Justin Cooper justo y creíble en su papel y Amanda Donohoe desaprovechada en extremo (habría sido una enorme ¨femme fatale¨). Sólo Anne Haney y Jason Bernard sorprenden gracias a sus sutilmente humorísticas interpretaciones.

Pese a pecar, igual que podría haber ocurrido de estar Hughes tras la cámara, del tan típicamente norteamericano ¨happy ending¨ para lograr la mueca mojigata del público y tal vez alguna lágrima fácil (que nadie se traga ni quiere tragarse ya que es una gilipollez como una casa), la película hace olvidar la controversia de ¨Un Loco a Domicilio¨ y supera en tres veces su recaudación en taquilla.
Por otra parte, si uno atiende a sus desvíos más dramáticos, porque los hay, sirve de trampolín a Carrey para hacerle dar un salto cualitativo en su carrera: ¨El Show de Truman¨, la que todo lo cambiaría.


Hermanos de Fuego Hermanos de Fuego 14-11-2022
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A partir de que ambos hombres se separen sabes que el destino de cada uno irá por su lado, que deberán cruzarse, por supuesto, pero como barcos que navegan en direcciones distintas...
siempre y cuando no interfieran la venganza, la amistad y el honor.

Porque es desde luego lo que marca el escenario del cine hongkonés, tan conocido hoy día, aquel cine de acción que viró cual peonza con la llegada de ¨A Better Tomorrow¨, bombazo masivo e influencia seminal para abrir todo un nuevo estilo. Cuando el efecto del trabajo de John Woo aún está fresco surgen otros similares, algunos mejores y peores, pero todos dentro de una cierta dignidad; ¨Flaming Brothers¨ corre a cargo del productor y leyenda de la acción Alan Tang, deseoso de capitalizar el éxito de su compatriota, para lo cual se asocia con su estrella Yun-Fat Chow, perfecto reclamo en taquilla.
Otros cuatro nombres importantes toman parte: el joven guionista Kar-Wai Wong, poco antes de lanzarse a la dirección, y el prolífico veterano de origen nipón Tung-Cho Cheung, amigo y colaborador de Tang, mientras dos artistas convertidas también en auténticas heroínas del cine de acción se reparten los papeles íntimos y dramáticos: Patricia Ha y Jenny Tseng. Pero la historia no empieza con todos ellos; elemento habitual de este tipo de cine, el melodrama impera, por eso se nos presentará a los protagonistas en plena infancia, donde se percibe el gusto por lo emotivo de Wong, su fijación en la piedad y la religión.

El director se esfuerza al hacer este prólogo creíble entre niños huérfanos por las calles de Macao y los alrededores de una escuela católica, emergiendo el romanticismo dado por el lazo que une a un bala perdida (Ho-Tien) y a una dulce niña dispuesta a ayudarle (Ka-Hsi), con una buena enseñanza y moraleja para desenvolver en el futuro: la conducta honrada es lo que determina el camino recto de la existencia. Se podría haber hecho más hincapié en ello, pero el guión va hacia adelante (muy pronto), y ahora Ho-Tien es socio de Alan, con quien también compartió su desgraciada infancia.
Y hasta que la película no decida separarles para centrarse en sus respectivas historias, esto se inscribe en las maniobras del nuevo ¨thriller¨ hongkonés, y de manual, con ellos como célebres dueños de negocios ilegales (pero siempre dentro de lo legal y lo respetable) seguidos de cerca por la policía y sus rivales, liderados por Kao, el clásico y despiadado señor del crimen (tanto más cuanto que es Patrick Tse quien lo interpreta...) cuya ambición no conoce límites. Pero encajar el argumento en sus clichés implica hacerlo con todo lo malo que eso conlleva, y Cheung lo sigue a pies juntillas, tanto que es difícil discernir su trabajo de otros de las mismas fechas.

Un clásico ¨made in Hong Kong¨: mezclar en un extraño cóctel la ultraviolencia y la acción visceral con el melodrama e instantes de humor, ese humor tan nativo al cual no me acostumbro: absurdo, mojigato, histriónico y que llega de manera inoportuna. Esto se refuerza a la mitad del metraje, al ir los ¨hermanos de fuego¨ en direcciones opuestas, uno (Alan) hacia un presente peligroso en Tailandia, entre armas, prostitutas, sangrientos enfrentamientos y caros hoteles; otro (Ho-Tien) hacia su propio pasado en Macao, haciendo frente a sus demonios.
Éste se reencuentra, qué casualidad, con la niña que un día le salvó mientras el anterior conoce a una cantante algo irritante. El caso es que ahora drama y humor ganan terreno, Cheung se desenvuelve bien en este tema y Chow saca su lado más galán y tontorrón, solapando a su compañero, quien con cada intervención en solitario pulveriza su carisma un poco más, rematando el tremendo egoísmo al que se aferra al no permitirle salir del sucio y violento estilo de vida en el cual se han hecho un nombre, regresando la inspiración de ¨A Better Tomorrow¨ (se da la misma situación de los hermanos Tse-Ho y Kit). Y como era de esperar esa violencia vuelve, para trastocarlo todo.

Gracias a esto se encauza el guión de Wong, un tanto perdido, aunque sea a base de maniobras tan previsibles; hace falta ir tensando la atmósfera entre villanos y héroes para atraparnos en la consabida batalla climática, y se hace por todo lo alto. El director vuelve así con la rabia de sus colegas Johnnie To, Ringo Lam y Tsui Hark pero sin las florituras visuales de Woo; la dirección artística y el montaje ayudan a dar estilo y fuerza a sus coreografías de peleas a patadas y puñetazos y tiroteos sin fin, con géisers de sangre de por medio y un grado de escabrosidad poco corriente (¿asesinar a un niño en pantalla de un disparo en la cara?, habráse visto).
Aquí es cuando por fin el binomio Chow-Tang funciona como un reloj, en un homenaje nada disimulado a ¨Dos Hombres y un Destino¨, al ¨western¨ en general (otro recurso de la acción hongkonesa), cargado de giros inesperados (incluso demasiados, diría yo) y dentro de un establo que presagia, con todas las de la ley, el clímax de ¨The Killer¨ (si bien no con el mismo nivel de espectacularidad y técnica tras la cámara). Por otro lado, ni Ha ni Tseng toman parte en la acción y quedan relegadas a papeles típicos, los que dan énfasis al romance y el recargado sentimentalismo.

Todo esto se podría equilibrar de mejor manera, sin embargo hay dos inconvenientes: ni Wong es tan buen guionista como se cree (nunca lo ha sido) ni Cheung tan infalible como cineasta; el plantel cumple, pero ninguno por encima de otro, ni tan siquiera Chow, que repite los ¨tics¨ de todos sus personajes anteriores (no es óbice para dejar de amarle ahora y siempre).
¨Flaming Brothers¨ queda así clavada en su década, un producto 100% de su tiempo (y que no le falta ni la balada ¨cantopop¨, oigan...), un regalo a medias para los fans del género, aunque se presenta una duda: de no contar con varios nombres conocidos en sus créditos, ¿sería la mitad de famosa, o ¨de culto¨, de lo que ha terminado siendo?


¡Maderos 091! ¡Maderos 091! 14-11-2022
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Miami se convulsiona, se estremece, se pueden escuchar las llamadas de socorro, los casos de urgencia...para rogar que los nuevos policías que han llegado a la ciudad y que la están convirtiendo en un infierno se larguen de una vez.
Y no son unos cualquiera, sino el atajo de inútiles de Reno, ¡así que mucho cuidado!

Me acerqué a ellos tras conocerlos en esta patochada rematadamente imbécil que me tragué una tarde cuando podría haber visto alguna hazaña samurái de Akira Kurosawa, algún drama existencial de Ingmar Bergman o alguna peripecia fantástica de los 80; y tal vez hizo desperdiciar casi una hora y cuarto de mi vida...pero la pasé carcajeándome, y la mayoría del tiempo por incredulidad y asombro. ¨Reno, 911!: Miami¨ y sus protagonistas tienen un antecedente televisivo creado en 2.003 por varios de los cómicos del célebre programa ¨The State¨, y tal fue el éxito que soportó seis años emitiéndose a través de Comedy Central e incluso ser nominada en muchos festivales...
Parodia directa del antiquísimo programa ¨Cops¨, tras la 4.ª temporada surge el deseo de conceder una aventura especial a los ocho miembros del departamento bajo la habitual dirección de Robert Garant, uno de sus creadores, y contando con Danny DeVito de productor. A él le vemos, de hecho, durante un espectacular prólogo que pareciera haber sido concebido por Shane Black en una noche de fiesta cocainómana, pero esa secuencia inicial de unos minutos (en la que deben haberse gastado cientos de miles de dólares) es una coña descarada en forma de sueño, y deja claro la esencia de esta película para no inducir a error.

Revisada después de verles en acción en su formato original he de decir que las chaladuras ofrecidas por Jim (Thomas Lennon), Jones (Cedric Yarbrough), Junior (Garant), Wiegel (Kerri Kenney), Williams (Niecy Nash), ¨Clemmy¨ (la espectacular Wendy McLendon), Kimball (Mary Birdsong) y García (Carlos Alazraqui) son mejor recibidas por los valientes que han llegado a convertirse en sus fans (lista en la cual, y pese a avergonzarme, puedo ahora incluirme). El elenco, herederos de tomo y lomo de los patanes de ¨Loca Academia de Policía¨, es presentado de forma concisa mientras somos testigos de sus estupideces como sucedía en la serie, hasta que el escenario cambia a Miami al ir todos a una convención policial.
Si bien la justificación que fabrica el argumento para dar a esta pandilla el cargo de ocuparse de la ciudad no tiene ni pies ni cabeza, las posibilidades de tal cosa son ilimitadas. Hubiera sido más excitante verles rescatar a los oficiales secuestrados por los terroristas en la convención, pero eso no se lo tragaría nadie...por tanto les vamos a seguir del mismo modo que en la serie: de patrulla por los variopintos y peligrosos lugares de ese soleado paraíso de féminas voluptuosas, armas de gatillo fácil y drogas duras, cruzándose en el camino de individuos a cada cual más demente.

Lo malo del guión es que, al ser un producto para fans experimentados, deja a sus protagonistas como vacías caricaturas, bocetos superficiales, pues todo lo que teníamos que saber de ellos ya lo aprendimos en la serie. ¿Qué queda? La locura, dosificada en ¨sketches¨ autoconclusivos de telerrealidad donde cada actor lucha por sacar su lado más idiota y una maraña de diálogos que da pie a elevar los ¨gags¨ al absurdo surrealista para rematarlos un final impactante; bromas ofensivas sobre drogas, sexo, racismo, violencia, prostitución, pederastia, homofobia y abuso e incompetencia policial. No hay nada que no se haya hecho antes.
Lo políticamente incorrecto llevado al paroxismo grosero en la mejor tradición autoparódica norteamericana; situaciones como la de la fiesta de negros en la que se cuelan Jim y Junior, la ballena encallada en la playa (inspirado en un hecho real, señores), el secuestro de Jones y García en el yate o la secuencia de masturbación de todos los agentes en el motel arrastra el bochornoso mal gusto de Sacha B. Cohen, Jay Chandrasekhar, David Wain, Johnny Knoxville y el dúo Jason Friedberg/Aaron Seltzer, pudiendo hacer las delicias de gente como Adam Sandler, los hermanos Farrelly, Kevin Smith y Greg García, a quienes imagino retorciéndose en el suelo de la risa ante las grotescas subnormalidades de Garant y su troupe.

Así que, si el espectador hace el esfuerzo de rebajarse al nivel de tales personajes, seguro que conecta con su humor negro tan zafio, burdo e inframental...pero no por ello, amigos, menos ingenioso. Aunque es cierto que más allá no queda absolutamente nada: un desarrollo irregular, algo tedioso, una solución argumental para niños de 10 años y sufrimiento desesperante para quien no consiga superar esa primera barrera.
La película aun así es todo un éxito y asegura la posición imbatible de la serie, retomada al año siguiente y con una base de fans más amplia, sin embargo no tendrá la secuela que el director deseaba. A todo esto, las apariciones de David Koechner, Patton Oswalt, Paul Rudd y Dwayne ¨The Rock¨ Johnson son impagables.


Las Pistolas Cantaron a Muerte Las Pistolas Cantaron a Muerte 09-11-2022
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Tiempo de masacre en el Far West, asqueroso, pringado de pólvora y arena fina, que únicamente sopla en dirección a las casas de los pobres, los trabajadores, los desgraciados.
Los privilegiados, como el sr. Scott, se refugian en la ostentación...hasta que alguien llegue y los saque a tiros.

Y llega a partir de la participación de tres hombres cuyas vidas van a cambiar gracias al ¨spaghetti western¨. Es el año 1.966 y éste es el género que más se explota, no sólo en Italia, sino en Europa, desde que Sergio Leone crease al anti-héroe sin nombre usando la icónica figura norteamericana de Clint Eastwood, y mientras él perfecciona lo esbozado con ¨La Muerte tenía un Precio¨ otros le imitan...le imitan hasta la saciedad pues ése es el motivo de ser del cine de explotación. Pero jamás hubiera pensado Lucio Fulci pisar este terreno.
Está por cumplir 40 años y sus esfuerzos en la industria se limitan a encargos irregulares y de baja calidad, en especial dentro de la comedia y sin generar casi ningún éxito de público; quizás de continuar por ese camino se habría retirado y dedicado a escribir guiones. Fernando di Leo, colaborador de Leone, llega con uno y por primera vez el anterior prueba suerte en el emergente ¨spaghetti¨; destaca la violencia en una premisa brutal y oscura a la que llevará un tiempo ser aceptada en alguna productora. Los otros dos hombres son: el joven argentino Jorge Hill Acosta (o George Hilton), recién llegado a Italia y preparado para el estrellato, y Francesco Sparanero.

Éste ya es una estrella. ¨Django¨ y Sergio Corbucci han hecho de él uno de los mayores (anti-)héroes del género y de la acción, y ese año resulta muy fructífero para él; ¨Tempo di Massacro¨ es otra más de la larga lista que protagonizará, no la mejor, es cierto. Lo verdaderamente interesante de ella es quién está detrás y cómo será su visión del salvaje Oeste; los que le conocen saben que dicha mirada transmite salvajismo, siempre lo ha hecho, pero aún no había tenido oportunidad de demostrarlo. La primera secuencia nos pone sobre aviso: tortura y sangre, los animales como futura ¨marca de la casa¨, en los límites del sadismo de Peckinpah.
Fulci evoca un Oeste de dolor y miedo, y lo precipita a un agujero de pesimismo adelantándose a la fase crepuscular del ¨spaghetti¨ (a la que contribuirá más tarde). Sin embargo Nero no construye aquí un personaje tan negro, nihilista, tan carismático como Django, su Tom Corbett más bien se deja llevar por los acontecimientos al volver al rancho familiar; la premisa ha formado parte del universo del ¨western¨ desde tiempos remotos, donde el protagonista, separado tantos años de los suyos, pretende regresar como hijo pródigo a lo que una vez fue su ¨tierra prometida¨.

Pero no la va a encontrar, aquí esa tierra se cultiva con la sangre de inocentes y las cenizas de los cadáveres son su abono, mientras que la familia se mantiene con la cabeza agachada ante las órdenes de un cacique que lo ha cambiado todo y su panda de asesinos. Di Leo aglutina algunas ideas de la obra maestra de Walsh ¨Perseguido¨ y la secuela de ¨Una Pistola para Ringo¨, que él mismo escribió, intercambiando los papeles de Giuliano Gemma y Fernando Sancho por los de Nero y Giuseppe Addobbati, sin la presencia de una mujer pero sí de un hermano (Hilton) que obtiene mayor atención, y el obligatorio amigo del héroe (en este caso añadido bizarro: un chino caradura que no deja de burlarse de Confucio...).
Sí, el nativo de Parma se halla en el centro de la trama, indaga, se cruza con villanos, se quiere creer el héroe, etc., y sin embargo actúa alejado de ella, ¿por qué? Ahí está el mayor error y a la vez la mayor curiosidad: el film se desentiende del protagonista (una impertérrita fotocopia del ¨Hombre sin Nombre¨ donde podemos ver el carisma y la sangre del actor fuera de combate) y de una figura paterna patética basada en el principio de que ¨los emperadores débiles no pueden dominar su imperio¨ y modela dos personajes opuestos que logran destacar por encima del resto.

Ellos son los dos hermanos situados a un lado y al otro de Tom, Jeff y Jason, el primero un alcohólico caído en desgracia, el segundo un psicótico trastornado por un amor filial enfermizo; son a quienes más afectan los virajes dramáticos de la historia y quienes responden en consecuencia con arrebatos emocionales de pura visceralidad. Es lógico que uno termine dando más crédito a los secundarios Hilton y Nino Castelnuovo (esforzado por crear uno de esos extraños individuos que han poblado el ¨spaghetti¨, definiendo a la perfección su crueldad y desesperanza) que al héroe de Nero.
De hecho no le veremos pegar un solo tiro hasta llegado el clímax de violencia sin concesiones que nos prepara Fulci y cuando ya ha tenido lugar ese notable giro argumental tan parecido al de ¨Adiós, Texas¨, película del actor realizada el mismo año. Dejando al margen unos ribetes narrativos más que explotados y predecibles, aquél, que nunca había sido un cineasta de acción, sabe desenvolverse en este campo y ofrecer momentos trepidantes y tan inscritos en el clasicismo del género como el asalto a la pequeña casa de piedra (la sombra de Hawks planeando por todas partes) o el duelo final en el rancho del villano.

Y pese a no estar interesado en continuar en las tierras de los cowboys, los caballos y las espuelas, debe a ellas su trampolín al ansiado éxito, del mismo modo que Hilton, quien no comprendía su pésimo carácter y relación malsana con el equipo, cosa que le hizo saber siempre de mala manera, dificultando un rodaje lleno de accidentes y tensiones.
Y nos podemos deleitar con un instante alucinatorio: Nero ejecuta una pirueta sobrehumana y acaba con sus enemigos en un santiamén como en un film de la Shaw Brothers. Detalles así, tan fuera de lugar (el personaje del chino es otro), acabarían llevando al ¨western¨ mediterráneo hacia terrenos menos serios y autoparódicos...pero no debería suceder aquí.


El Detonador El Detonador 08-11-2022
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Comprado a granel en un otrora videoclub de mi pueblo ahora convertido en lavandería, pocas expectativas tuve con este DVD cuyo ridículo precio supuse iba a equipararse a su calidad...

Y aun así lo compré, para saborear esa mediocridad que sólo el cine de acción ¨B¨ de principios del 2.000 sabe ofrecer, poniendo de manifiesto una vez más mi sadomasoquismo cinematográfico. ¨El Detonador¨ es desde luego una muestra pura de mediocridad, empezando por la que vivía Welsey Snipes, cuya carrera se resintió con la demanda a New Line Cinema por el montaje basura de la 3.ª entrega de ¨Blade¨; y tras quedar relegado a títulos de bajo coste donde básicamente explotar su figura de héroe de acción, ese mismo 2.006 se las vería con la justicia por su continua evasión de impuestos y fraudes fiscales.
Algo tenía que hacer para ganarse el pan mientras tanto, y era esto, donde se encuentra con otro caído en desgracia, el chino de origen inglés Po-Chih Leong, de los estandartes del cine hongkonés de la Nueva Ola anclado en la misma situación y rodando tales bazofias, una vez más en Europa del Este para ahorrar presupuesto (típico de la acción ¨B¨ de principios del 2.000), al igual que su obra previa, la terrible ¨Rescate al Límite¨. Lo cierto es que hay mucha esencia ¨seagaliana¨ pululando en el ambiente, ya que Snipes se metió a hacer películas tan malas como las suyas; para echar más leña Martin Wheeler, responsable del libreto de ¨Golpe al Amanecer¨ (y del de otra del anterior, ¨7 Segundos¨), es otro hilo conector.

Sabemos a qué atenernos, ¿a que sí? De nuevo narración, vaya, muy grave, reflexiva y a veces mordaz del protagonista Sonny, y aparece nuestro querido negro de Florida de homosexual amanerado entre traficantes de armas rumanos; no importaría si lo hiciera con la dignidad que demostró en ¨A Wong Foo, gracias por todo, Julie Newmar¨, pero más bien intenta imitar al Eddie Murphy de ¨Beverly Hills Cop¨, en lo que son instantes de vergüenza ajena corrosiva (empiezo a alabar el humor de Wheeler...). Y entonces una trama apropiada para Lundgren, Van Damme y sobre todo Seagal, al meterse Snipes en la piel de una especie de agente de la C.I.A. con alma de héroe renegado y perseguido por la justicia estadounidense (curioso presagio de lo que le esperaría en la realidad unos meses después).
Agente a la vez manipulado por sus jefazos y perseguido por gángsters locales al servicio de un todopoderoso de los bajos fondos que no se sabe muy bien quién es y qué hace (adoro la buena estructura narrativa de Wheeler...); éste, Tim Dutton, se supone es mitad mafioso, mitad presidente de un club de football (como todos ellos), y su actuación es poco menos que alucinatoria. El guión, siguiendo su coherencia argumental, mete a un personaje que ya habíamos visto, una señora que debe escoltar Sonny fuera del país, abriéndose otra historia, independiente, sin ton ni son, al menos por ahora, y que desde antes de darse el encuentro entre ambos ya sabemos que van a terminar juntos...

Máxime al tener ella el físico explosivo de Silvia Colloca (la Verona de ¨Van Helsing¨...venía de proyectos de prestigio, la chica), el cual no duda en ir mostrando sin tapujos. Sí, me podrían explicar los señores Wheeler y Leong su forma de entender el cine de acción, ya que, mientras parece indispensable que la italiana exponga sus senos durante todo el metraje (¿para recalcar los orígenes ¨escortianos¨ del personaje?, ¡qué importa!), los villanos se lanzan a por los buenos (si bien cuesta distinguir el papel de cada uno debido a su cinismo y habilidad para el engaño) al estilo americano: a plena luz del día e improvisando, a base de tiros, peleas, explosiones y carreras, filmadas en pantalla de croma, muchos cortes y donde resulta difícil apreciar qué narices sucede.
Una Rumanía no muy distinta de los escenarios de Michael Bay por la cual la pareja corre, se esconde, es traicionada, se enamora y tiene de cuando en cuando unos minutos para abrir sus emociones y hablarnos de su pasado...estas introspecciones en las que tanto se esmera el guión encajan con la incapacidad de los actores para transmitir nada como es debido (al fin y al cabo todo ello será irrelevante en la historia). Introspecciones y dramáticas reflexiones que se dan de tortas con absurdos diálogos llenos de ¨punch-lines¨ y soltados en los momentos más inoportunos.

Es admirable, de nuevo, la habilidad cómica de Wheeler, ¡ni la de Terry Jones! A ello sumado la desgana y la falta de coherencia por las que suelen caracterizarse estos títulos; no importa si de repente la chica o el amigo del protagonista (muy originales ellos) no son quienes decían ser...se puede intuir tres cuartos de hora antes. Lo más incomprensible es que el chiflado gángster de turno quiera utilizar una bomba nuclear si tiene poder, dinero y en especial un equipo de football querido por todos en el país (por Dios, es cosa imposible seguir el hilo de este guión...jodido Wheeler...).
Podemos deleitarnos con las habilidades de kickboxing, jiujitsu y karate de Snipes (aunque mejor las mostraba en años anteriores), el escote en tres dimensiones de Colloca (porque no posee nada más que admirar) o ese clímax en el estadio que recuerda al de ¨Muerte Súbita¨ y nos da instantes impagables (Dutty pegando tiros y maltratando a la chica frente a los asustados espectadores como si tal cosa, ay...), tanto o más que la secuencia en el metro de la ciudad o el rebuscado ¨happy ending¨; viendo esos despropósitos es preferible recordar los buenos tiempos de ¨U.S. Marshals¨, ¨Pasajero 57¨, ¨Sol Naciente¨ o ¨Asesinato en la Casa Blanca¨...tiempos que no volverán.

Mi alabanza una vez más para el ingenio de Wheeler, que me ha dado una frase inolvidable para la Historia: ¨Cuando haces un trato con el Diablo no te sorprendas si pisas una mierda descalzo¨.
Sencillamente magistral.


Casi Famosos Casi Famosos 08-11-2022
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Los grandes escenarios, el clamor de la masa, la emoción del tour, las caras habitaciones de hotel, drogas y alcohol en cantidades, hermosas y fáciles chicas, las portadas de las más prestigiosas revistas, ser escuchado en la radio de forma constante, y el dinero, para gastar sin preocupaciones...

Se lo dice Jeff a Will con toda sinceridad: ¨¡Eso es el puto colocón!¨. Para él sí, claro, porque es el artista, ¿pero qué nos queda a nosotros, los fans?, ¿y a los fans que no hemos podido vivir en el instante en que tales palabras son pronunciadas? Quienes hemos nacido demasiado tarde, en una época donde la música es almacenada en maquinitas gracias a la fría y despersonalizada tecnología, sólo podemos recrear otra muy anterior donde dicha música es tocada, olida, acariciada, gracias a los viejos vinilos, cuyo tacto y aroma logra hacernos vivir la fantasía, transportarnos a lugares y momentos únicamente soñados, cada uno con su propia historia.
Como cuando Will descubre por primera vez los discos de su hermana; embelesado, pasa las yemas por encima con la inocencia de un bebé que acaricia la piel de su madre. A esa misma temprana edad descubrió Cameron Bruce Crowe la música, un niño rechazado en el instituto, enfermo, engañado sobre su edad por su madre, una paranoica y reaccionaria profesora de psicología y ferviente activista por la paz, un niño que optó por refugiarse en la fantasía musical para escapar del mundo y tuvo la decisión de dedicarse al periodismo para estar, unos años después, siguiendo el rastro de los más prestigiosos artistas, contratado en la más prestigiosa revista del ramo: la Rolling Stone.

Así que, pese a su bastante dura infancia, uno sólo puede sentir envidia hacia él, por llegar a cumplir un sueño que para otros sería imposible, y en especial por haber vivido en una época que ya se ha ido para no volver. Teniendo en cuenta que empezó su carrera de director en el cine en 1.989, tardó mucho en trasladar sus experiencias, pero al fin, tras el enorme éxito de ¨Jerry Maguire¨, puede aspirar a hacer realidad su ambición; desde los títulos de créditos, con unos aires ¨indie¨ de los 90, escritos frente a la cámara, ¨Casi Famosos¨ ya deja claras sus intenciones de realizar un homenaje cariñoso y pleno de nostalgia a una época muy concreta de la vida y la Historia.
No duda Crowe en hacer de Will un álter-ego poco o nada desdibujado y situarlo en el centro de una familia disfuncional, donde la autoridad de la madre (Elaine) ha provocado la ausencia total del padre, y la presencia de la hermana mayor es una luz intensa en esa atmósfera oscura de moralina barata, prohibición, paranoia y temor social (por muy entrañable que pueda parecer Frances McDormand su personaje es realmente inquietante). Ana (la bellísima Zooey Deschanel), que no tarda en abandonar el aislado nido, sirve de guía al niño a través de su música y todo cambia para siempre.

Y se abre 1.973, pero se sigue haciendo, curiosamente, desde la misma perspectiva ingenua, emotiva y dulce que la época de la infancia; Oliver Stone lo habría representado de otra manera, esos años en que la Guerra de Vietnam por fin termina pero la inflación y la crisis del petróleo hacen mella en la economía, tanto como el que el aborto se convierta en derecho constitucional o las todavía no finalizadas acciones contra Nixon y su inútil encubrimiento del caso Watergate. Pero todos esos temas no importan nada al de California, quien tenía entonces 16 años, y su mirada es la de los ojos inocentes y soñadores del protagonista, ahora con la apariencia del debutante Patrick Fugit.
Unos ojos sólo para la música. Y más valía hacerlo; 1.973, año brillante en el ¨rock¨, de supremacía del género y gloriosa perfección a la vez que encaminado a nuevas formas de expresión y comercialización, lo cual ponía en peligro su esencia más tradicional y pura. Coinciden los mastodontes Sabbath, Tull, Zeppelin, YES o Heep con sus propuestas ¨SABBATH, BLOODY SABBATH¨, ¨A PASSION PLAY¨, ¨HOUSES OF THE HOLY¨, ¨TALES FROM TOPOGRAPHIC OCEANS¨ y ¨SWEET FREEDOM¨, mientras un soplo de aire fresco llega con QUEEN, Aerosmith, Bad Company, Lynyrd Skynyrd y New York Dolls...

...y por ahí los restos de los Beatles mantienen decentes sus carreras en solitario, la formación de Deep Purple tardará años en volver a reunirse y el poder hipnótico de ¨THE DARK SIDE OF THE MOON¨ y ¨BILLION DOLLAR BABIES” conquista el Mundo entero.
Ese es el ambiente, nada menos (igual que el nuestro actual, ¿eh?), donde crece y aprende Will, haciendo buenas migas con Lester Bangs, editor de CREEM y un padre que le forma sobre las luces, sombras y decadencias del negocio de la música, tan seductor como depredador y desolador (papel al que Philip S. Hoffman imprime su carisma único y gran naturalidad).

El director sigue entonces al chico en una experiencia vital que le permitirá evolucionar a todos los niveles, pero soportando los males de hacerlo por medio de ese negocio, de esa industria cínica y sin conciencia, de los largos viajes por carretera que son como paréntesis existenciales donde brotan las confesiones más íntimas sin vergüenza, de las juergas llenas de drogas, bebidas y preciosas jóvenes sin cerebro que van pasando de mano en mano como la cerveza, aglutinando aquél a cada una de las superestrellas que entrevistó en su adolescencia en un monstruo ficticio, Stillwater, grupo característico de los 70 (formado por el siempre impecable Jason Lee, Billy Crudup y los músicos reales Mark Kozelek y John Fevedich).
En dicha creación reposan los recuerdos y vivencias extremas con Zeppelin, Neil Young, algo de Clapton, Fleetwood Mac, los Eagles y Allman Brothers (el megalomaníaco Russell, inspirado en Duane Allman y Glenn Frey); son las palabras que escuchó Crowe en boca de ellos, las miradas recelosas por tratarse de un cronista, lo expresado a través de Will. La realidad pasada también trae a Penny, una ¨jefa de las ¨groupies¨ ¨ aunque ella lo niegue, interés romántico del chico y romance de saldo de Russell y otros, encarnada por la sensual y delicada Kate Hudson (aunque yo siempre preferí a la morbosa Fairuza Balk).

Sin embargo, incluso cuando llega la hora de dejar el escenario, salir entre bastidores y adentrarse en ese microcosmos tan hermético, sucio, competitivo y violento bajo los falsos oropeles del glamour y la fama, el director lo hace con una indulgencia autoconsciente, la que da el recuerdo de la adolescencia; y es que su visión es la del niño recién salido del cascarón que aún está descubriendo el mundo y a la gente, pero pese a las dolorosas experiencias y desengaños, esa mirada no se endurece, permanece estable en la benevolencia. De hecho así se lo reprocha Penny a Will (¨Eres demasiado tierno para el ¨rock¨...¨).
Crowe lo sabe, sabe que es un pánfilo acaramelado a quien le encanta divagar por los ríos de lo entrañable y lo sentimentaloide, lo lleva demostrando desde su debut ¨Say Anything...¨; para más inri la película se produce bajo el auspicio de DreamWorks, firma de Spielberg, dando la nota final de mojigatería que faltaba al conjunto. No es necesario salir con comentarios de índole sociopolítica ni mucho menos (todos salen de la boca de la madre y suena tan ridículo que dan ganas de partírsela), pero el mundo del ¨rock¨, máxime el de los 70, debería plasmarse con cierta amargura, un toque más sucio y escabroso, de peligro, mordacidad y crudeza.

No se puede pensar eso del tipo que poco antes hiciera ¨Jerry Maguire¨, quien lo inunda de piedad y compasión; sencillamente no es la recreación que esperaría ver el auténtico Bangs. Ya que, en mi caso, Will no consigue atraparme como debiera, sí lo hace el cuarteto de artistas, los falsos Stillwater que como toda banda ha de lidiar con sus propios problemas, mil veces vistos y oídos (a veces en la misma liga de ¨This is Spinal Tap¨).
Esto es: el compromiso hacia los fans, el sumo cuidado con sus enemigos los periodistas, las disputas por el ego, el precio de la fama, las obsesiones y manías, los romances pasajeros, el cambio de management o los accidentes en el escenario...

Sobresalen los duelos entre las volátiles personalidades de los papeles de Lee y Crudup además del estupendo repertorio que compone para ellos nada menos que Peter Frampton, Mike McCready y Nancy Wilson. Pero el exceso de azúcar, culpable de empañar un final que merecía unos cuantos cortes antes de los créditos en la sala de montaje, no empañó el éxito, al fin y al cabo el público norteamericano que acude en masa a las salas para pasar un buen rato no va buscando ni finales tristes ni ambiguos. Tampoco es correcto eso; ¨Casi Famosos¨ no amortizó su elevado presupuesto y sin embargo, como estaba previsto (Spielberg está detrás, ¿recuerdan?), fue alabada por la crítica y en numerosos festivales.
A modo de confesión diré que, al amar tanto la época y la música del film, no me importan sus errores, ya que la nostalgia me invade como si yo mismo lo hubiese vivido. Y llego a ponerme en la piel del blando Will: mi familia no es millonaria, estamos anclados en una clase media-baja que sufre como todas las de su estirpe, y lo único que mi padre puede dejarme en herencia son sus cientos de discos cuidados con tanto esmero a lo largo de las décadas; es un legado y un patrimonio que debe permanecer intacto contra el paso del tiempo y las odiosas modas...

Espero cuidarlo bien.


Alerta Máxima Alerta Máxima 08-11-2022
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Duelo en el Pacífico a bordo de uno de los acorazados de la marina más legendarios de la Historia que no nos podemos perder: un implacable cocinero de extraordinarias habilidades de combate y un desquiciado ex-agente de la C.I.A. en posesión de varios misiles nucleares.
¿Quién ganará?

Entre las muchas cintas que llenan la estantería del salón, en ese preciado hueco destinado a las películas de acción de antaño, reposa ¨Alerta Máxima¨, que de cuando en cuando se desempolva para volver a disfrutar tanto de lo bueno como de lo malo que pueda ofrecer. Perteneciente al mejor momento para el género en que la violencia gratuita, la ilógica palomitera, el despliegue hollywoodiense y los héroes de acero aún se disfrutaban como placeres culpables, llegó este mastodonte que reunió al bueno de Andrew Davis con Tommy Lee Jones, tras la intensa ¨The Package¨, y Steven Seagal, a quien lanzó al estrellato cuatro años antes.
Un guión que se reescribe debido a su propuesta excesiva y carísima, idea de Jonathan Lawton, interesado en el anuncio de retirada definitivo del USS Missouri BB-63 después de casi medio siglo de vida; primero convencen a Seagal, que ya se ha convertido en una de las personas más repudiadas de EE.UU. debido a sus denuncias por acoso sexual y su presentación del mayor desastre de la Historia de ¨Saturday Night Live¨, y luego al director (confesando que deseaba trabajar de nuevo con Jones, no con el arrogante nativo de Michigan). Pues ahí tenemos al acorazado, en toda su gloria, en alta mar, preparado para jubilarse.

Davis filma desde el aire, desde dentro, desde la cubierta, cubre todas las dimensiones de este atractivo escenario que será presa de la tragedia...pero no hay que engañarse, no volveremos a ver al Missouri, pues ya había sido cesado; en su lugar se utiliza el USS Alabama. Seagal, ejerciendo de productor y retocando el guión a su gusto, hace su entrada sin la coleta que le ha distinguido desde el principio (sería una tontería tratándose de un miembro de la marina), y resulta una incógnita al interpretar a un cocinero (huele a trampa a un millón de kilómetros eso) que cae bastante simpático, después de cuatro roles de áspero policía.
Gary Busey no necesita presentación porque es Gary Busey en su papel de Gary Busey; sí mejora el film con el aterrizaje en cubierta de una banda de música liderada por L. Jones, descarado, extravagante y genial, y junto a él la ardiente ex-playmate (haciendo de ella misma) Erika Eleniak, y la fiesta ya no puede animarse más. Uno desconfiaría al saber que Lawton fue responsable de escribir ¨Pretty Woman¨ y realizar ¨Las Mujeres Caníbales de la Selva del Aguacate¨, nada menos, pero aquí plantea una intriga sólida, y Davis le da las abultadas dimensiones que requiere.

En menos que canta un gallo el barco pasa a ser un ¨Delta Force¨ en el océano y base de ¨techno-thriller¨ al estilo Tom Clancy, con el delicioso pedigrí terrorista y catastrofista que redondea Jones como el supervillano loco Strannix, o tal vez una revisión moderna de ¨El Enigma se llama Juggernaut¨ siguiendo el patrón de ¨Jungla de Cristal¨ al revelarse ese cocinero todo un experto en artes marciales y tácticas militares de combate. Es la primera vez que el actor encarna a un tipo de identidad sospechosa y pasado misterioso, la pérdida total para sus oponentes, quienes le subestiman al no saber nada de él, un papel del cual ya jamás se desprendería (ni en la ficción ni en la vida real, oigan...).
Davis, como habrían hecho McTiernan, Scott, Noyce y demás contemporáneos expertos del género, orquesta la escalada de violencia y la destrucción material de forma dosificada, sin recurrir al desvarío caótico de Woo ni desaprovechar el suspense, y con más muestras de inteligencia de las que el público había visto en los trabajos previos de Seagal, si bien los toques de humor permanecen (al fin y al cabo esto no es un drama), y todos dados por el personaje que mayor atención acapara y paradójicamente muy innecesario (no sólo en este film, sino en la Historia del cine).

No es Busey, porque uno se ríe con él, no de él, se trata de la srta. Eleniak, mi Shauni de ¨Los Vigilantes de la Playa¨, quien, tras un momento estelar de desnudo que a todos se les quedaría grabado para siempre en el cerebro, pretende pasar de chica-florero sexy y asustada a protagonista de la acción así por las buenas, dándose estupideces e incongruencias típicas de las producciones de coña de los 80 (la escena del villano siendo acribillado por casualidad y por la espalda para salvar al héroe le hace a uno clavarse las uñas en los ojos de vergüenza ajena).
Intentando pasar por alto tan tremendo error del guión, el mayor atractivo de ¨Alerta Máxima¨, aparte del nombrado escenario, testigo de explosiones, carreras y peleas cuerpo a cuerpo con desmembramientos varios, reside en la batalla de ingenio y posesión del terreno disputada entre Ryback y Strannix, clásico juego del gato y el ratón bien estructurado por Lawton donde, por raro que parezca, no es el héroe quien goza aquí de verdadera atención, pues el carisma de L. Jones, lo que ha sido la baza de su longeva carrera (al contrario que el encasillamiento en el cual quedó Seagal atrapado), le da para crear un antagonista repulsivo a la par que complejo y extrañamente simpático.

Lo que un servidor no esperaba era verle desquiciado en el último tramo y terminando por enzarzarse en una brutal pelea a cuchillos, perdiendo así credibilidad y terminando por volverse una patética parodia de sí mismo.
No importa el final de la aventura porque la conocemos de sobras, sino los estallidos de acción y sangre y la atmósfera de tensión que la conducen, y Davis maneja estos factores con blindada destreza. Ello hizo del film uno de los grandes éxitos de la temporada, y el trampolín de aquél para ser llamado a dirigir su siguiente obra, la cumbre de su filmografía...


Emmanuelle Emmanuelle 08-11-2022
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¨Hay que creerlo, hay que pensarlo, hay que imaginarlo...eso es el erotismo¨. La filosofía del desposeimiento de prejuicios morales o conformismo social en búsqueda no sólo del placer emocional o físico, sino de la más plena lucidez espiritual.
Y mientras ella, su piel rosada, su carita de ángel, sus sensuales movimientos, abriéndose paso a un éxtasis sin límites...

Ella es Emmanuelle, la única, sinónimo de la pasión, la liberación, el mito, que aún hierve en lo profundo de la mente de muchos desde su creación hace décadas. Es todo un cuento de inmoralidad, donde una joven nacida en Bangkok en el seno de una familia rica cuya vida dará un vuelco tras poner sus ojos sobre un diplomático francés catorce años mayor durante una fiesta en el prestigioso internado académico LeRosey de Suiza; Marayat Bibidh se casa con él, viajan a Tailandia y se convierten en la pareja más célebre dentro de los entornos burgueses occidentales asentados en el país, sobre todo gracias a su obsesión hedonista y experimentación sexual...
El problema es que ella es una amante (también) del cine, la fotografía y la literatura, y decide expresar su arte por medio una novela en colaboración con su marido que será publicada a través de círculos clandestinos en 1.959, y más o menos relata sus propias experiencias transmutándose en la parisina desinhibida Emmanuelle. Al hacerse legal su distribución a finales de los 60, las ideas y filosofías sobre el erotismo y la liberación carnal/espiritual de Bibidh ya habían calado en lo profundo de la cultura moderna francesa, dando pie a una saga de lo más lucrativa.

Tal vez sin la aceptación popular de la escandalosa ¨El Último Tango en París¨ no hubiese sido posible (o más tiempo tendría que haber transcurrido para) ver la luz una adaptación en el cine; por suerte se hizo el milagro, y las mentalidades cambiaron. Yves Rousset-Rouard se percató y fue a explotar el filón de este fenómeno liberal haciéndose con los derechos del libro, cuya dirección entregaría, curiosamente, a un hábil fotógrafo del Vogue y Elle sin experiencia en el 7.º Arte llamado Just Jaeckin, dejando al cineasta y habitual guionista de Truffaut, Jean-Louis Richard, a cargo del libreto.
A la mujer la conocemos preparada para marcharse a Bangkok y reunirse con su nuevo marido Jean (mal disimulo del diplomático Rollet-Andriane) bajo las cálidas luces de un apartamento moderno al más puro estilo francés, un estilo de revista de moda que bien subraya los orígenes de quien está tras la cámara; la modelo de los Países Bajos Sylvia Maria Kristel vio recompensada su derrota ante Maria Schneider en el casting para Bertolucci dando vida, aun por la casualidad más tonta, a la heroína de Bibidh, dispuesta a aventurarse a lugares exóticos y conocer a los personajes más variopintos y curiosos.

En esta Tailandia cambiada por la Guerra de Vietnam, las bases norteamericanas, el constante flujo de extranjeros occidentales, los sangrientos levantamientos populares en exigencia de una democracia y la reciente inflación por la crisis del petróleo es donde Emmanuelle va a parar, pero, ni que decir tiene, dentro de la seguridad y comodidad que le brinda la posición de prestigio de su esposo. Alejada de los barrios más pobres, de los vagabundos y las prostitutas, podrá refugiarse en entornos idílicos, elegantes y sugerentes practicando la afición favorita de los burgueses inmigrantes; y esa es, a falta de un esfuerzo real, el vicio...
Richard respeta la visión decadente, tan corrupta moralmente, tan vaga e irritante, que trataba la autora, a la cual se acercó y perteneció; en este ambiente ostentoso de vestidos caros, falsos oropeles, glamour ajado y valores enterrados entre los gusanos de la vergüenza, las mujeres son unas infieles ninfómanas y los hombres consideran la promiscuidad otro entretenimiento más de sus aletargadas vidas, que intentan avivar, sin ningún éxito verdadero, con alguna que otra tórrida aventura sexual en el jardín de atrás. Un ambiente que contamina a todos cual virus, y tal vez Emmanuelle llegue aquí como otra más del grupo, pero lo hace siendo incapaz de situarse al mismo nivel.

Sus tontos ¨affairs¨ no pueden compararse con la depredación de Ariane o la fiera sexualidad de la jovencita Marie-Ange, por ello es considerada poco menos que una ingenua sin sangre para todas sus amistades femeninas que tan bien saben entregarse al sexo sin compromiso, mientras es deseada por unos y otras como si se tratara del próximo jarrón a estrenar. No para un servidor. La figura de Kristel, tan francesa, con su cara aniñada, cuerpo escuálido y pechos pequeños, se halla muy lejos de mi gusto; es hermosa y perfecta para modelar, sí, pero también carente de todo morbo en una historia tan erótica, y ese es un gran inconveniente para encender la libido...
Y más aún por el modo en que la filma Jaeckin, quien no se separa de su acostumbrada técnica fotográfica provocando que los actos sexuales, incluso los más brutos y violentos, resulten artificiales en pantalla, artísticos pero fríos, incapaces de plasmar auténtica pasión, y en última instancia mediocres y tediosos (¿por qué no escogieron a Masumura como director?). Así de tedioso es el desarrollo narrativo, sin una trama a la que aferrarse, sólo siguiendo las experiencias ¨educativas¨ de la protagonista, quien va ganando en audacia, liberación e independencia.

Destaca entre todas ellas la vivida junto a la arqueóloga ¨Bee¨, extendiendo Richard en un contexto mucho más romántico y bucólico una aventura inexistente en el libro, y que terminaba de manera abrupta; este afán de Emmanuelle de hacerse dueña de sus deseos más allá de las ataduras del matrimonio es uno de los grandes mitos arraigados a la tradición que desea derribar el film.
Y antes la autora, quien deja al marido irritado en su impotencia al ver cómo su juguete, pues eso era ella para él, ha aprendido a experimentar por sí misma sin necesidad de su guía y de esa falsa libertad que decía concederle en un principio.

Este personaje raya en lo patético y Daniel Sarky expone dicha incapacidad masculina de maravilla. Por desgracia va perdiendo peso en la historia y quedará relegado a un segundo plano, al igual que otros secundarios más interesantes (los criados tailandeses; Ariane, que termina convirtiéndose en una parodia de sí misma; Mari-Ange, que desaparece sin dejar rastro y yo preguntándome todo el tiempo dónde se había metido), subrayándose, por si no había quedado claro, la irregularidad del guión (increíble que el tipo detrás de él sea el mismo que escribió ¨Fahrenheit 451¨ o ¨La Piel Suave¨...).
Lo que acontece se sitúa en paralelo a los derroteros que decide tomar la novela en su último tramo, y peca de utilizar sus mismos recursos y maniobras. Finalizadas las tontorronas locuras de la protagonista, es necesario que conozca de una vez por todas el verdadero significado del placer sexual, el erotismo y el deseo; esta ¨educación¨ forzada que aquí se plantea, contra la voluntad de la mujer, recuerda a la japonesa ¨Flower & Snake¨ (basada también en una novela, posterior a la de Bibidh, este clásico maldito del ¨roman porno¨ se estrenaría no obstante antes que el título que nos ocupa).

En ella se relata la iniciación brutal que un hombre traumatizado y reprimido lleva a cabo con su típicamente tradicional esposa por medio de otro hombre, un experto en sadomasoquismo. La misma situación tenemos aquí al regresar el misterioso Mario, a quien conocimos mucho antes; basado en la fea interpretación del veterano Alain Cuny (siempre alejado de todo interés con respecto al film...hasta que llegó su inesperado éxito, claro), el personaje, un italiano de clase noble, acaba por conducir la historia a una serie de enseñanzas del maestro al alumno farragosa y cargante, tal cual sucede en la versión literaria.
El problema es que es imposible comulgar con lo que dice y transmite a Emmanuelle, y su modo de hacerlo. Mientras el guión se hunde en una pretenciosidad pseudointelectual cuya clave es destruir los conceptos de erotismo y morbo en los que tanto se había esforzado, las divagaciones acerca de la inutilidad del matrimonio, la confusión entre placer sexual y éxtasis espiritual y la aceptación de la poligamia, la ninfomanía y el masoquismo como vías útiles para derribar los tabúes y represiones sociales quedan en una inútil y desesperante palabrería de filosofía barata.

¿Cómo demonios va a aspirar a la libertad, a la auténtica liberación, cuando está siendo forzada a experimentar situaciones que no desea? A partir de aquí sus pulsiones nacerán de lo enseñado, lo aprendido, para ser mecánicamente expuesto; este gesto repulsivo y asqueroso no sólo no es ni la mitad de escabroso que en las páginas, sino que queda en una nota de contradicción confusa y amarga.
Y para más inri dejando a la película sin conclusión, sin clímax, sin un último gran suspiro. Se nos priva de ese arrebato final del libro, ese enorme ¨¡Estoy enamorada!¨ que tres veces lanza ella en la cúspide de su gozo carnal y deleite espiritual, como si el guión censurase lo que pretendía defender. Un desastre, la verdad...

Pese a todo, y tras un importante cambio en el Gobierno francés que por fin elimina la censura, los récords se baten a escala nacional en poco tiempo, la polémica leyenda de ¨Emmanuelle¨ cruza fronteras y deja su influencia en otras culturas tanto por su erotismo salvaje como por sus ideales modernos.
Así llega otra era al cine, más abierta y provocativa, gracias a una pequeña y mediocre obra en la que en un principio nadie creía y todos detestaban; a Kristel, por su parte, el papel le iría persiguiendo toda su vida, para no abandonarla jamás, pero así lo quiso ella...


Spun Spun 08-11-2022
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La pupila de un ojo contraída en plano-detalle. ¿De quién?, no importa, es un plano que lo explica todo: subidón, éxtasis, un estado mental distinto que es mejor no conocer.
No cabe ninguna duda de que la persona que ideó ¨Spun¨ se encontraba bajo sus efectos.

William de los Santos provoca auténtica inquietud si se le observa un par de segundos, ya desde su aspecto estrafalario a lo Alan Moore, y eso que asistió a la universidad como cualquier chaval...pero se metió en el mundo de las drogas de una forma espantosa, ejerciendo de chófer para un fabricante de metanfetaminas a lo largo y ancho de Oregon. Aquellas experiencias le convierten a mediados de los 90 en un adicto a esa droga, le trastocan la cabeza y le marcan de por vida, y ello lo irá a reflejar en un guión psicotrópico, ininteligible y basado en todo lo que ha vivido.
Es asombroso hasta donde puede llegar el ahínco humano cuando se cree en algo, y este chiflado lo demostró marchando a Los Angeles y acosando a una gran cantidad de individuos que de algún modo u otro estaban en el negocio del cine. Su empeño resultó en cruzarse con Hans Jonas Åkerlund, un sueco de mucho prestigio relacionado con el universo musical y los videoclips (Madonna, Ozzy Osbourne, Metallica, Smashing Pumpkins e incluso McCartney han estado a su servicio...) que sin embargo trató de evitar lo posible hasta el momento en que accedió a leer su alucinada historia. La producción, totalmente independiente, tardó en ponerse en marcha y sufrió varios periodos de estancamiento.

El concepto de ¨Spun¨ es curioso: la historia ni empieza ni termina, simplemente sigue, al igual que la vida de los personajes implicados en ella. Y entramos con la naturalidad de un documental, una vida colapsada por la locura, la miseria, la pobreza, la ruina humana de frente y sin paliativos, en un lugar perdido que perfectamente puede ser la Eugene de Ontario; y Akerlund nos empuja a ella, a esa atmósfera malsana con la fuerza de un ciclón, gracias a su urgencia visual y montaje tan ¨ritchiano¨ de ritmo taquicárdico y experimental, que comparte junto a Johan Söderberg.
Jason Schwartzman como una versión perversa, desagradable y no tan simpática del Nicky de Adam Sandler, más o menos con la misma capacidad neuronal, es el álter-ego del guionista y casi todo lo que le sucede en el transcurso de varios días se relaciona con la realidad. Y somos obligados a saborear, contemplar y escuchar el universo pútrido y consumido en metanfetamina en el que él está ya metido hasta el cuello, y que lo simboliza el interior de la casa de ¨Spider¨ Mike, primera de muchas referencias cinematográficas (donde un John Leguizamo haciendo lo que mejor sabe (el loco) suplanta al Eric Stoltz de ¨Pulp Fiction¨ mientras Mena Suvari podría ser la cara más fea, grasienta y lánguida de Rosanna Arquette).

Bien integrados todos ellos en el vértigo técnico-visual servido sin pensar en los nervios del espectador; es el efecto que desea el cineasta: la condición física y mental de alguien que ha sido forzado a probar esta droga y empieza a sufrir las consecuencias de una subida de la presión arterial, agitación psicomotriz, esquizofrenia paranoide y alucinaciones, y antes de llegar los créditos iniciales ya nos sentimos así. Por ello no es tanto el énfasis que se le da a la trama como a la forma del film y al carácter de su troupe, todos trastornados, inocentes a su modo, algunos malvados...
Aun así no se ofrecen moralejas absurdas acerca de la drogodependencia, ni se profundiza mucho en los anteriores, al contrario de Boyle en su ¨Trainspotting¨. Esto es un día a día de colocón y efectos, lógica de reiteración y delirio como la de ¨Miedo y Asco en las Vegas¨ sin alcanzar las dimensiones del fascinante imaginario de Gilliam, y sin plantear las oscuras reflexiones ni la caída en desgracia (ni nada mínimamente trascendente) de ¨Réquiem por un Sueño¨, a la cual Akerlund ha echado el ojo y pretende imitar en estilo, forma y riesgo, pero quedando su sinsentido más cerca de la horrible ¨Cookers¨, realizada un año antes.

Sin embargo Brittany Murphy, quien traslada sus propias adicciones (la cocaína y la (terapéutica) metanfetamina, culpables de llevarla a la tumba unos años después) a Nikki (clásica zorra con el corazón de oro, versión drogadicta de Vivian Ward), destaca entre los imbéciles adictos, clubs de striptease, terribles suburbios, policías corruptos y el ¨villano¨ ¨The Cook¨ (ese Rourke en un mundo muy acorde a su vida en aquel momento, sin importarle el guión ni el reparto, a su aire, de cowboy arrogante, como de costumbre...), en definitiva: una luz de esperanza en mitad de tanta negrura de la que para todos es imposible escapar.
Es quien representa el cambio frente a la debilidad de Ross, la paranoia de ¨Spider¨ Mike, la irritación constante de Cookie, la falta de compasión de ¨The Cook¨ o la asquerosa existencia de ¨Frisbee¨ (¿quién iba a pensar que encontraría al tierno Patrick Fugit de ¨Casi Famosos¨ en semejante papel?). Tal vez el primero desea reunirse con su ex-novia, pero se ve incapaz de afrontar un cambio vital; Nikki, por suerte, es una criatura de puro candor y afecto, la única bocanada de aire en este agujero ahogado con el humo de los químicos de las anfetas, la única que, aun atrapada en él, intenta huir hacia un destino mejor. Un puro sustitutivo femenino de Mark Renton.

Más allá de este increíble personaje sólo queda: frenesí desde todos los ángulos, estridencia, humor escatológico, violencia cruda, experimentación bizarra, absurdo basado en el cómic y la animación grotesca, imitación barata de otras obras, una trama sin principio ni final.
Pero también hay un asombroso desfile de caras conocidas: de Eric Roberts, Ron Jeremy y los artistas Billy Corgan, Deborah Harry y Rob Halford, símbolo de la influencia musical de Akerlund, a Peter Stormare y Alexis Arquette de pareja policial ¨exploit¨ (y enormes en las, de lejos, mejores escenas de la película, homenaje absoluto a Tarantino).


La Caza del Octubre Rojo La Caza del Octubre Rojo 20-10-2022
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El sonido de la osadía, la rebelión, la traición, la guerra, es el sonido del silencio.
Tan monumental en su tamaño como en su sofisticación, el submarino más imponente de tierras soviéticas zarpa hacia Norteamérica, el Mundo entero echa a temblar, pero sólo un hombre comprende sus intenciones y las de su capitán...

De esta manera no sólo se nos introducía en la primera de las muchas y suicidas misiones protagonizadas por el sagaz analista y asesor de seguridad nacional para la C.I.A. John P. Ryan (quien para mí siempre tuvo el físico de Michael Caine), sino en la primera de las muchas obras que pondrían a Thomas Clancy en las listas de los autores más reconocidos y prestigiosos de todos los tiempos. Resulta increíble que un tipo rechazado por el ejército por su mala vista y que pasaba horas trabajando en una agencia de seguros, propiedad de la familia de su esposa, pusiera de los nervios a un considerable número de militares y civiles con ¨The Hunt for Red October¨.
La razón fue su tremenda labor para documentarse, alimentado por su pasión por la historia naval y todo lo referente a tácticas militares, elementos técnicos y avances dentro del universo de defensa y bélico; la época hizo el resto, pues su debut, que incluso pasó a ser elogiado por Reagan, llegó en un momento extraño con respecto a la Guerra Fría, apareciendo un año después de que la tensión entre EE.UU. y la U.R.S.S. creciera hasta temerse un definitivo ataque nuclear, con la flota estadounidense llegando al Báltico y poniendo en alerta a Andropov y sus camaradas. Por fortuna esta ¨reaganiana¨ ¨Guerra de las Galaxias¨ de tácticas psicológicas se enfrió antes de que estallara del todo...

Un curioso clima de insatisfacción para proponer la hazaña del capitán de un submarino soviético en pos de la huida de su país y de la solicitud de asilo político en terreno enemigo, relato que parece inviable llevar al cine pero que termina sucediendo tras un largo proceso de preproducción, donde se ha reunido un presupuesto millonario, un John McTiernan que gracias a ¨Jungla de Cristal¨ ha quedado entre los más eficaces directores de acción del momento y un sólido reparto con el hacía poco resucitado Sean Connery, de casi 60 años, a la cabeza, encarnando a ese Marko Ramius que a finales de 1.984 escapa en el Octubre Rojo, presentado en una introducción perfecta para el escocés, solemne y consciente de sus actos.
Es por tanto que pese a ser la primera aventura de Ryan y de demostrar madera de héroe aun siendo una rata de oficina de la C.I.A., nunca roba el protagonismo al anterior; Alec Baldwin aporta credibilidad y simpatía al analista de 34 años, a quien ya encontramos junto a Caroline y Olivia y a las órdenes de Greer, preparado para entrar en acción. McTiernan hace buen uso de los más de 30 millones de presupuesto y de la ayuda especial del ejército y la marina, lo que asegura un despliegue de medios colosal durante el desarrollo de esta historia con cierto sabor británico, cocinada a fuego lento y avanzando gracias a las interacciones/intervenciones de los personajes.

A fuego lento aun con los cambios oportunos ante la tarea de adaptar una novela que casi llega a las 400 páginas; Donald Stewart y Larry Ferguson tienen que condensar las muchas disertaciones del nativo de Maryland, con gusto por la profundización a base de monólogos interiores y la extensión en las operaciones para llegar a una conclusión. En lo primero se acierta de pleno, pues aquí no hay tales monólogos, sería una maniobra ridícula; las primeras páginas dejaban al descubierto el objetivo de abandono y deserción de Ramius...los guionistas, sin embargo, lo presentan como el aparente villano, cuando no lo es.
Pero su postura ante la tripulación que comanda y, cómo no, todos los del exterior, es la de un extremista chiflado que desea desencadenar una guerra, apropiado para el marco de mitad de los 80 en el que se ubica la acción, dando pie a aflorar con intensidad (no cuando se estrena el film, pues el muro de Berlín acababa de ser derribado y esto no representa ningún peligro) el tan antiquísimo pánico arraigado al poder de invasión comunista. Aun esbozando a un grupo de soviéticos, enemigos por definición de EE.UU., desde lo humanista e íntimo, ese pánico de las páginas se traslada al film.

Ese pánico hace saltar alarmas en todos, incluso el embajador soviético (lo que no sucede en el libro) contacta con el Gobierno para informar, en una bien urdida treta, del suceso.
Ese pánico que también estuvo a punto de desatar una auténtica guerra en Noviembre de 1.983, debido a la posesión de armas nucleares y a las erróneas suposiciones. Gracias a que está Ryan, la cinta adhesiva entre la ignorancia de su propio Gobierno y las sospechosas acciones del ¨enemigo¨, la trama promueve la gran sorpresa de los ¨thrillers¨ situados durante la Guerra Fría.

Y es que, al menos para a un servidor, lo más atractivo del debut de Clancy no es su verborrea tecno-científico-militar, ni de las estudiadas estrategias marinas, ni de la exposición tan detallada de armamento avanzado que debería estar en posesión de un secretario de la marina y no de un agente de seguros (luego resulta que todo era un invento suyo), sino la idea de que, en un punto tan peliagudo de la longeva Guerra Fría, militares de uno y otro bando pudiesen llegar a un acuerdo, a dialogar en la misma sala sin tener previamente que abrir fuego o dejar por el camino unos cuantos cadáveres, a confraternizar.
El papel de Ryan es vital: no es militar propiamente dicho, sabe ruso, conoce personalmente al ¨invasor¨ (aunque todo el pasado acerca de la mujer de Ramius, que incluye tráfico de influencia política, quede sin revelarse, una lástima...), y aplica sus conocimientos en logística y su poder para el diálogo a la emoción humana. Un estadounidense que justifica los actos del enemigo y que desea convencer a todos de su buena intención, haciéndole un blanco indudable de miradas recelosas por parte de los que están a su alrededor, desde los funcionarios del Gobierno a los oficiales que se hacen cargo de la situación bajo el agua, como el capitán Mancuso (Scott Glenn en su habitual pero solvente interpretación).

Ante todo, dentro de estos espacios de soledad, sudor, aire irrespirable, claustrofobia y mínima capacidad de movimiento a los que el director nos arrastra como hiciera poco antes con McClane en el Nakatomi (similar e intenso duelo libra Ryan contra un saboteador entre los estrechos pasillos del Octubre) destaca su acercamiento psicológico, que se podrá expresar en una interacción memorable entre Sam Neill (un Borodin mucho más ¨emocional¨ que en el libro) y Connery, dando su visión desesperanzadora sobre el Mundo, sujeto a los hombres que a su vez se hallan sujetos a los conflictos.
La desilusión de un individuo por su patria soviética que no podría ir con peor sentido en la novela, presente en el guión: el de situar a los militares americanos en la mejor posición, la de la más infalible respuesta naval, mejor preparación y toma de decisiones, y pronunciada hospitalidad frente a las autodepredadoras maniobras soviéticas; lejos del agua y los submarinos está el entramado de conspiraciones, secretos, intrigas político-militares, medias mentiras, medias verdades y traiciones disfrazadas entre miembros del mismo bando, ambos presas del terror ante esas misteriosas intenciones de Ramius.

Traiciones las cuales dejan al descubierto una enorme brecha de seguridad interior, y mayor en el bando soviético, claro. Pobres rusos, que quedan como incompetentes y desamparados cuando ellos siempre han sabido marcar la ofensiva.
En un momento dado, para reforzar ese afán por la humillación y ya concluido el argumento, el embajador habla de otro percance en su flota, a lo que el consejero de seguridad nacional responde divertido ¨Andrei...no me dirá que han perdido otro submarino¨. Vence el Tío Sam al lobo de la estepa, y a Clancy y a toda la marina de EE.UU. esto le tiene que encantar.

Y la película rompe récords de taquilla y confirma la maestría absoluta de McTiernan para el ¨techno-thriller¨ de intriga de alto voltaje, sin por ello tener que atarse a los típicamente recargados efectismos de Hollywood; a cada paso que da la trama, sobrio e inteligente, más es nuestro deseo de sumergirnos a bordo del Octubre Rojo junto a sus protagonistas, y más cosas descubrimos en cada visionado.
Por otra parte, Baldwin demuestra ser un buen Ryan, y ello hizo despegar su carrera, pero Harrison Ford, que curiosamente había rechazado el papel en primera instancia, tomaría el relevo en sus futuras aventuras...


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