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Mad Warrior

Críticas de Mad Warrior

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Pat Garrett y Billy The Kid Pat Garrett y Billy The Kid 14-12-2018
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Echó abajo los cimientos del ¨western¨ clásico con ¨Duelo en la Alta Sierra¨, definió las pautas del crepúsculo con la apocalíptica ¨Grupo Salvaje¨ mientras que brindaba una melancólica y mordaz fábula al género en ¨La Balada de Cable Hogue¨.
La última obra de Sam Peckinpah en el cine del Oeste marcaría, de algún modo, el camino hacia el ocaso del mismo. Y queda conseguido con la épica tragedia de ¨Pat Garrett y Billy, ¨el Niño¨ ¨.

Uno nace como Henry McCarty en 1.859, pasará a llamarse William Bonney y todos le conocerán como Billy ¨el Niño¨ cuando su reputación de forajido ya esté en lo más alto. El otro nace nueve años antes bajo el nombre de Patrick Floyd Garrett, y de pistolero se recicla en sheriff; dos personajes míticos de los tiempos de los cowboys, los indios, las revoluciones y las espuelas que encuentran en el film de Peckinpah quizá la mejor de sus recreaciones, aunque de nuevas no venía el asunto.
Las aventuras de estos hombres en el mundo del cine se daban desde comienzos del siglo pasado, siendo la realizada por King Vidor una de las más logradas, aunque hubo otras buenas muestras como la de David Miller, o la de Arthur Penn (incluso hay una versión mediterránea dirigida por Julio Busch con Peter Lawrence como Billy). Tras el gran éxito de ¨La Huida¨, Peckinpah se disponía a vivir la etapa más difícil de su carrera, la cual iba a caer en picado por su cada vez mayor abuso del alcohol y las drogas y por la ruptura con su esposa. Sin embargo, aún tenía fuerzas para abarcar otro proyecto; esta vez tomaría la historia de Rudy Wurlitzer, que se suponía iba a dirigir Monte Hellman, para crear su ¨western¨ definitivo.

El resultado fue una colaboración entre ambos para escribir el guión que no acabó demasiado bien, ya que Wurlitzer quedó muy resentido con el director por el enfoque trágico y poco fiel que le dio a la historia y a los dos protagonistas, que acabaron convertidos en viejos amigos luego enfrentados. La historia se inicia en tierras tejanas y en la frontera con New Mexico (lugar favorito de Peckinpah para sus cruzadas de sangre, venganza y caballos) en 1.881, cuando ya se ha librado la batalla de Lincoln y Billy es perseguido, informado por Pat Garrett, cuyos días de convertirse en sheriff están muy próximos.
Más tarde se iniciará la caza. Garrett se unirá a dos hombres asignados por el gobernador Lewis Wallace y acosarán continuamente a Billy, condenado por asesinato, pero sus intentos serán en vano. De este modo, los dos olvidarán sus años de amistad y se enzarzarán en una violenta persecución; caerán tanto amigos del forajido como colaboradores del nuevo sheriff hasta que llegue el momento en que los dos se vuelvan a ver, y no para saludarse ni para decirse palabras bonitas, sino para probar las balas de sus respectivas armas.

¨Pat Garrett y Billy, ¨el Niño¨ ¨ es un canto al ocaso del género que llegó en un momento en que nadie confiaba en él, declarado moribundo; aunque la fiebre del ¨spaguetti western¨ estaba en su apogeo en aquellos años, en EE.UU. sólo Sam Peckinpah y Clint Eastwood le insuflaron vida al género decentemente a la par que se apartaban de los códigos clásicos. En 1.973, mientras que John Wayne seguía en sus trece al mando de Burt Kennedy en ¨Ladrones de Trenes¨ y Eastwood nos trajo con ¨Infierno de Cobardes¨ uno de los títulos más interesantes y extraños, Peckinpah daría vida al que consideraría su ¨western¨ definitivo.
Como siempre, el rodaje fue de todo menos apacible, condicionado por la mala relación entre el director y el presidente de la MGM, James Aubrey, y aunque más tarde los productores decidieran acortar el montaje original del director, cargándose la película por completo, hoy en día ya podemos disfrutar de su versión integra, y en ella Peckinpah nos brinda una descorazonadora, descarnada y cínica recreación de los hechos reales, con una poética rebosante de arena, sangre, moscas y muerte (lo que es su imaginario característico, vamos) y un tono fatalista, pues vemos que ninguno de los personajes de la historia puede huir de su aciago destino, adornado con enormes dosis de violencia, un aire de extrañeza y grandes secuencias donde vuelve a brillar el atractivo uso del ¨slow motion¨.

Brillando en los papeles principales tenemos a la estrella ¨country¨ Kris Kristofferson (previamente fue considerado Bo Hopkins para hacer de Billy), midiéndose en un intenso duelo interpretativo con el implacable James Coburn, fantástico en la piel de Garrett...aunque hay que decir que poco o nada tienen que ver estos personajes con los auténticos (Dylan se parece más al Bonney real que Kristofferson). Los dos ofrecen grandes actuaciones y están seguidos de los conocidos Charles Martin Smith, Harry D. Stanton, L.Q. Jones, Bruce Dern y hasta los propios Wurlitzer y Peckinpah en papeles muy secundarios, junto a colaboradores recurrentes de este último como Jason Robards, Emilio Fernández o el gran Slim Pickens.
Muy curiosa es la aparición de un jovencillo Bob Dylan encargado de esa magistral banda sonora que refuerza el tono dramático del film. Aunque es difícil de decidir, puesto que el director ha intervenido en el ¨western¨ con un puñado de obras inolvidables por igual, sigo creyendo que la mejor de ellas es ¨Grupo Salvaje¨...no obstante, ¨Pat Garrett y Billy, ¨el Niño¨ ¨ es la confirmación de que si alguien pudo marcar de mejor manera el camino del género hacia su crepúsculo ese fue Sam Peckinpah.

Dos escenas para el recuerdo: la de Garrett con las prostitutas en el hotel (una de las que fueron cortadas para su estreno en cines) y, por supuesto, esa en la que vemos a Baker dirigirse al río a morir bajo la triste mirada de su esposa y las notas del ¨Knockin on Heavens Door¨ de Dylan de fondo. Una secuencia magistral que pone los pelos de punta.


Ruta Suicida Ruta Suicida 14-12-2018
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Un policía fracasado y alcohólico. Una joven prostituta con muy mala uva. Un juicio al que han de asistir sea como sea. Una ruta suicida desde Phoenix a Las Vegas en la que se dejarán la piel.
De este modo, Clint Eastwood nos invita a acompañarle a través de pueblos, desiertos, montañas y carreteras en una de las más excitantes aventuras de acción realizadas en la década de los 70. Y a pesar de la similitud con los protagonistas no, esto no es ¨Leaving Las Vegas¨.

El sr. Eastwood ya se había convertido en el amo y señor del género policíaco más transgresor encarnando al ya inmortal inspector Harry Callahan. Hasta ese momento nunca había tenido la oportunidad de dirigir alguna de las tres aventuras del policía de San Francisco, y pasaría mucho tiempo hasta que lo hiciera finalmente con ¨Impacto Súbito¨, aunque ya había demostrado su valía como cineasta en propuestas tan originales y hoy memorables de su filmografía (para los que lo sepan apreciar) como ¨El Fuera de la Ley¨, ¨Licencia para Matar¨ o el rarísimo ¨western¨ ¨Infierno de Cobardes¨.
En 1.977 decidió ponerse tras las cámaras para llevar a cabo un ¨thriller¨ de acción hoy por hoy mítico: ¨Ruta Suicida¨, un proyecto escrito por Michael Butler y Dennis Shryack que abordó tras haberlo abandonado Steve McQueen y Barbra Streisand, quienes iban a encarnar a los protagonistas (qué diferente habría sido, ¿eh?). El detalle más importante, aunque estén todos los elementos que pudiéramos encontrar previamente en las de ¨Harry, ¨el Sucio¨ ¨ (estética, banda sonora, denuncia social, violencia...), es que el hombre al que aquí da vida Eastwood poco tiene que ver con Callahan.

La historia comienza cuando a Ben Shockley, un oficial de policía duro, sucio, fracasado, chulo, alcohólico y muy pasado de vueltas (pareciendo más bien un primo lejano del sheriff Coogan que el actor interpretó en ¨La Jungla Humana¨), le encargan trasladar a un testigo sin importancia desde Las Vegas hasta Phoenix para declarar en un juicio sin importancia, una tarea la mar de sencilla que el agente acepta a regañadientes. Pero al llegar a la ciudad del vicio, el juego y las apuestas descubre que el testigo es en realidad una testigo, más concretamente una prostituta con mala leche hasta decir basta llamada Augustina Mally.
Esa será sólo la primera de una serie de sorpresas las cuales harán ver a Shockley lo difícil que va a resultar llevar a la mujer de nuevo a Phoenix, pues a todos los efectos no se trata de una testigo sin importancia para un juicio sin importancia. Esta atípica pareja deberá unir sus fuerzas para cruzar el territorio evitando a los asesinos a sueldo de la mafia, a policías corruptos e incluso a unos vándalos motoristas (¡!), todo sea para demostrar que, pese a ser únicamente un borracho y una puta, dos individuos que han tocado fondo, pueden llegar a conseguirlo.

Uno de los más curiosos films situado en los inicios de una filmografía a la que aún le quedaba mucha vida. ¨Ruta Suicida¨ es una aventura de acción frenética que no da un respiro, que mantiene en tensión constante, que no para y que está tremendamente bien dirigida por Eastwood, quien logra lucirse tanto detrás como delante de las cámaras, en uno de los papeles más pasotas y grillados de su carrera y a la vez más interesantes: un hombre acabado, hecho polvo, sin futuro y que ve en esa misión suicida la oportunidad para probar de una vez por todas que es alguien. Si algo encontramos aquí que nos sería imposible en cualquier otra película de acción actual es esa esencia pura y dura del ¨thriller¨ de los 70, la cual alberga ese toque agresivo, seco, violento, cínico y nihilista tan de la época.
Por su trama y desarrollo, ¨Ruta Suicida¨ puede recordarnos a la ¨Fuga sin Fin¨ de Richard Fleischer, a la ¨América Violenta¨ de Michael Winner (¿qué tal habría estado Charles Bronson en ésta?) o a ¨La Huida¨ de Sam Peckinpah, de cuyo director Eastwood es un heredero directo...es decir, a las vertiginosas y violentas ¨road movies¨ y pelis policíacas de la década. A Sondra Locke, pareja de Clint por entonces, le queda de miedo el papel de Mally, sobresaliendo un genial William Prince que da vida al cabrón de Blakelock y mientras vuelven a repetir con el actor/director esos eficientes Bill McKinney, Michael Cavanaugh y Pat Hingle.

Puede que sea disparatada, inverosímil, soez y harto controvertida, pero qué demonios, es un clásico, tanto del género como de la filmografía de su director. Todo un éxito en taquilla que se saldó con más de 35 millones de dólares recaudados frente a un presupuesto de sólo 5 millones.
Además, no sólo posee ese gran póster que diseñó el genio Frank Frazetta, sino una de las escenas más espectaculares vistas en un film de la época, influencia directa para el guionista Graham Yost cuando escribió ¨Speed: Máxima Potencia¨. Hablo, efectivamente, de la impactante secuencia del autobús entrando a Phoenix...y siendo agujereado por miles de balas.

Desde luego inolvidable.


Casino Casino 13-12-2018
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¨Miedo y Asco en Las Vegas¨, debería ser el título de la novela de Pileggi en lugar de ¨Amor y Honor en Las Vegas¨, porque teniendo en cuenta los hechos y las consecuencias que se describen tampoco le queda tan mal. Scorsese tomaría esta crónica y daría vida, así, a su obra maestra.
Con ella nos sumerge, como sólo el sabe, en un mundo de violencia, drogas, lujo y toneladas de dinero, donde se representa, de la manera más excesiva, trágica y cruda posible, el ascenso, la decadencia y la caída en el abismo del ser humano.

El escenario es perfecto para tal epopeya: Las Vegas. Allí viajamos, a ese paraíso lleno de luces de neón, grandes hoteles y casinos de lujo, a ese monumento a la decadencia y a la corrupción que se erige en pleno desierto de Nevada como un faro en mitad de la oscuridad, sirviendo de guía a tramposos, corredores de apuestas, chulos y jugadores para ser desplumados por los peces gordos, porque al final, si hay algo que importa en esa gomorra moderna es el dinero...únicamente el jodido dinero.
A comienzos de los 70, Las Vegas no está controlada por empresas, sino por el crimen organizado italoamericano, unos tipos muy listos que manejan el tinglado desde Kansas City, así que los que creen que se mueven con libertad en la ciudad no tienen ni idea, como el sagaz corredor de apuestas Sam Rothstein, que consigue un puesto de director en el Tangiers, o el chiflado Nicky Santoro, uno de los matones de la familia que pretenderá sacar todo el provecho de Las Vegas. Se vivirán buenos tiempos, sí, pero la codicia, los engaños, los rencores, las traiciones y los miedos acabarán por descontrolarlo todo y convertir lo que una vez fue un paraíso terrenal, para aquellos que lo disfrutaron, en un auténtico infierno.

Nicholas Pileggi volvió a sus crónicas protagonizadas por familias de criminales recreando la situación que se vivía en Las Vegas en los 70, época en la que la mafia era dueña del dinero de los casinos antes de que todo se fuera a pique y pasase a estar controlado por grandes corporaciones. La historia se centraba, sobre todo, en la vida de Frank Rosenthal, que colaboraba estrechamente con los gangsters de Chicago, la esposa de éste, Geri McGee, y su compañero de fatigas y protector, Anthony Spilotro.
Tras el fracaso que supuso su experimento romántico ¨La Edad de la Inocencia¨, Scorsese iba a regresar a ese mundo que tan bien se le daba retratar, el de los gangsters, para deleite de los que cinco años antes se enamoraron de ¨Uno de los Nuestros¨, y lo haría colaborando nuevamente con Pileggi, quien le propuso llevar su crónica aún no publicada a la gran pantalla; entusiasmado con la idea, ¨Casino¨ se convirtió, al contrario de como suele suceder, primero en film y luego en libro, y el director comenzaría uno de sus proyectos más elaborados y ambiciosos.

La escena inicial del film nos da una clara imagen de lo que va a suceder a lo largo de sus casi tres horas de duración: un Sam Rothstein ya mayor, agotado, cuya suerte se le ha ido escapando de las manos a pesar de que lo poseía todo; representándose con una gran explosión, fruto, quizás, de una amarga venganza, podemos ver cómo su alma se precipita a su inevitable descenso a los infiernos. Es lo que ocurre en esta tragedia épica: todo acaba hundiéndose, tanto los personajes como la ciudad, mientras la opulencia, el dinero, los lujos y las luces lo disimulan en una cortina de humo cuidadosamente urdida.
¨Casino¨, con sus venenosos romances, sus amistades atravesadas de traiciones, sus grandes escenarios reflejo de una decadencia y corrupción infinitas, sus trifulcas entre hombres duros cuyas vidas está claro que no van a acabar bien, demuestra que Scorsese puede llegar más allá de lo que nadie creía, y todo esto repitiendo los mismos esquemas de obras anteriores. Como un maestro cirujano, destripa una vez más el mundo del crimen organizado ofreciendo un retrato desgarrador y descorazonador de sus personajes, obedeciendo algunas de las claves más conocidas del cine negro y de gangsters e imbuyéndonos en los entresijos, tejemanejes y secretos que se ocultan tras las mesas de juego de los casinos, los despachos de los bancos y las bonitas habitaciones de los hoteles.

Poniéndose en los pellejos de Sam Rothstein y Nicky Santoro (Frank Rosenthal y Anthony Spilotro en la vida real), Robert DeNiro y Joe Pesci vuelven a formar equipo con el director, cada uno magistral en su respectivo papel, por mucho que se asemejen sus personajes a otros que hubieran interpretado anteriormente; James Woods, una vez más, vuelve a hacer de James Woods, eso no se lo quita nadie, mientras que Sharon Stone consigue ganarse todo mi odio (bueno, a esta actriz nunca le he tenido un cariño especial) encarnando a esa zorra de marca mayor llamada Ginger McKenna (Geri McGee), cuyo final era, por qué no decirlo, de lo más previsible.
La troupe restante parece ya formar parte del universo Scorsese, destacando, entre las muchas caras que encontramos, L.Q. Jones, Kevin Pollack, Don Rickles, Frank Vincent, y los impagables Pasquale Cajano y Vinny Vella, aparte de que podemos ver de nuevo a la madre del director, Catherine, entre sus mafiosos, añadiendo esa sutil nota cómica que tan bien se le da a la mujer.

Salvaje y oscura a la par que elegante, excesiva y grandilocuente en todos los sentidos, y para rematar, adornada con una banda sonora brutal, un puñado de secuencias memorables (el épico final, con ¨House of the Rising Sun¨ de fondo...) y un humor negro de lo más retorcido.
Uno siente el aroma del dinero y el lujo dentro del Tangiers y se asfixia con el olor de las drogas, el alcohol, la basura y la sangre al salir a la calle; eso convierte a ¨Casino¨ no sólo en una de las más grandes películas de gangsters jamás realizadas, o en uno de los dramas más demoledores del celuloide, sino en toda una experiencia para los sentidos.


Bailando con Lobos Bailando con Lobos 13-12-2018
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1.863. Guerra de Secesión. El teniente Dunbar, herido en una pierna, ha llegado a un punto de hastío sin retorno. Su camino es el suicidio.
A lomos de su caballo se lanzará contra las líneas enemigas esperando acabar muerto a tiros instantáneamente...de esta manera, su vida cambiará para siempre.

Lo que ocurre, irónicamente, es que su gesto de desesperación es interpretado por el enemigo como un ataque en toda regla, y por sus compañeros como una exaltación heroica que consigue levantarles la moral de tal modo que se lanzan al campo de batalla arrollando a las filas adversarias. Tras esa batalla efímera y triunfal, Dunbar, que ha salido milagrosamente ileso, vuelve a tener la suerte de cara, esta vez al caer en manos de un cirujano que logra salvarle la pierna y la vida.
Sin recuperarse de su herida y su asombro, es premiado con la posibilidad de elegir un traslado, y en lugar de una posición desde la que cultivar honores militares, escoge una remota guarnición en el límite del Oeste, pues es obvio que la brutalidad, el miedo y la desolación de la guerra han hecho de ese teniente un hombre agotado que sólo será capaz de recuperarse a sí mismo en la monótona soledad de un páramo donde no existe eso que llaman civilización. Tras este prólogo que roza por momento el existencialismo más descarnado, ¨Bailando con Lobos¨ cambia por completo de registro para adentrarse en el terreno de la mítica de frontera que ha dado lugar a tantísimos ¨westerns¨.

Aunque desde los inicios del cine han sido muchos los actores que han pasado al otro lado de la cámara, no son tantos los que han sabido compatibilizar esa nueva actividad con su anterior condición de estrellas; por raro que parezca, ése fue el caso de Kevin Costner en 1.990, y es que para entonces, él era uno de los rostros más populares y de los actores más cotizados de la hornada del cine americano surgida a mediados de los 80. Sus papeles en ¨Campo de Sueños¨, ¨Los Intocables¨ o ¨Sin Salida¨ hacían concebir grandes expectativas respecto a su futuro, siendo considerado por muchos un cruce entre Errol Flynn y James Stewart.
Cuando decidió concederse lo que en apariencia era un año sabático, en realidad era la pre-producción y el rodaje de su primera incursión tras las cámaras, ¨Bailando con Lobos¨, basada en la novela homónima de Michael Blake, quien la adaptó para el film (aunque hubo diferencias entre una versión y otra); la sorpresa fue mayúscula, ya que, aparte de iniciarse como director, lo hacía recurriendo a un género como el ¨western¨, caído en desgracia ante el espectador mayoritario. Más aún, el suyo era un ¨western¨ intimista, y más cercano a la sobriedad de una línea clásica que al estilo crepuscular.

Al igual que el personaje encarnado por Costner, y después de esa gran narración que sirve de apertura para la historia, el espectador cambia el estruendo del campo de batalla por la desolada inmensidad, y en Fort Sedgewick, la nueva posición que ha elegido como destino, llena sus escasos momentos de ocio con un lobo acostumbrado a merodear por los alrededores del fuerte en busca de comida; su amistad con el animal marca el fin de su soledad y el principio de una leyenda en la que desempeñará un inesperado papel al convertirse, a ojos de los sioux y los pawnee, en un hombre extraño y un guerrero valiente, muy distinto del resto de rostros pálidos, al que bautizarán ¨el que baila con los lobos¨.
Ajeno a esa mitificación de la violencia del cine del Oeste y a la creación de personajes anclados en el tópico, Kevin Costner construyó una obra magna en la que no faltaban referencias al arrollador sinsentido de la civilización del hombre blanco, lo que lleva aparejada una reivindicación del carácter y la identidad de los indios, que al fin y al cabo son los únicos que muestran a Dunbar una forma de ver y vivir la vida mucho más acorde con el entorno que le rodea. Por si fuera poco, el film respira un aliento poético impregnado de un tono melancólico y pesimista.

A pesar de sufrir alguna que otra comparación con el clásico de Elliot Silverstein, ¨Un Hombre llamado ¨Caballo¨ ¨, el éxito, no sólo comercial (recaudó veinte veces más de su presupuesto), sino crítico y hasta sociológico (la nación sioux tiene a Costner como miembro honorario), fue tan arrollador que la noche de los Oscars de 1.990 nadie esperaba un veredicto contrario al que obtuvo el que sería el debut en la dirección más galardonado de la Historia del cine. Y siete estatuillas lo demuestran.
Lástima que ese gusto por la elaboración de personajes y esa sensibilidad, confundida con tedio por algunos, se agotaran en la primera y, hasta el momento, única contribución valiosa al Séptimo Arte de este actor reciclado en director empeñado a posteriori en proyectos de una megalomanía insultante...

...porque eso es lo que fueron, sencillamente, ¨Waterworld¨ y ¨Mensajero del Futuro¨.


En la Línea de Fuego En la Línea de Fuego 13-12-2018
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El hombre del presidente

Y no me refiero al puto Chuck Norris, por supuesto. En realidad hablaba de alguien que sí que tiene madera de héroe, porque...¿acaso Clint Eastwood no es suficiente para proteger al presidente de los EE.UU.?
Bueno, a quien se proponga, claro. Y es que los años poco importan para ese tipo duro, alto y de ojos como mirillas de persiana que en su día encarnó a Harry Callahan.

Esta vez da vida a Frank Horrigan, un agente del Servicio Secreto caído en desgracia que ha de vivir con los demonios de su pasado atormentándole, pues él era uno de los guardaespaldas del presidente John F. Kennedy y, en el momento del asesinato, fracasó a la hora de protegerle. Treinta años después, sigue siendo recordado por muchos por ese fatal error...sobre todo por un peligroso y astuto psicópata llamado Mitch Leary que se ha propuesto matar, a cualquier precio, al actual presidente de la nación.
Horrigan sabe que eso no puede pasar, no debe permitir que vuelva a suceder, lo que provocará que termine enzarzándose en un paranoico juego con el asesino donde ambos deberán medirse en inteligencia mientras una especie de extraña conexión empieza a unirles, pues al parecer Leary también tiene un pasado como agente secreto. Una carrera contrarreloj va a empezar, y Horrigan, con la ayuda de su compañero Al y de la atractiva guardaespaldas Lilly, hará todo lo que esté en su mano para evitar ver caer a otro presidente.

Para los que le conozcan, el alemán afincado en EE.UU. Wolfgang Petersen no es que haya contado con muchos logros en su filmografía; películas de éxito en taquilla sí ha hecho, desde luego, pero ninguna de ellas se distingue por ser algo más que el típico producto palomitero de consumo fácil (y títulos como ¨Estallido¨, ¨Air Force One¨ o la infame ¨Troya¨ lo atestiguan). Pasó algún tiempo desde que el director realizara la interesante ¨Enemigo Mío¨, su debut en tierras americanas, hasta ¨La Noche de los Cristales Rotos¨.
Tras esta última, acabó contratado para el que sería su mejor film en la década de los 90 y, fácilmente, uno de los más brillantes ¨thrillers¨ de acción americanos, ¨En la Línea de Fuego¨, cuyo concepto surgió allá por los 80 de la mente del productor Jeff Apple, que deseaba hacer una película centrada en un agente secreto que no pudo salvar la vida a Kennedy. La idea era buena, sí, pero el proyecto no terminó de cuajar, hasta que años más tarde se aproximó al guionista Jeff Maguire; poco después se dio luz verde al rodaje en el cual prestó su ayuda el mismísimo Servicio Secreto.

¨En la Línea de Fuego¨ es un musculoso ¨thriller¨ 100% americano, emocionante, que pone en tensión, y que a diferencia de otros donde sólo hay explosiones y dobles de acción, como dijo Roger Ebert, posee sustancia, inteligencia y una gran historia. Lo que viene a confirmarnos, aparte de lo anterior, es que si el cine necesita un héroe de acción ese deber ser Clint Eastwood, quien a sus 63 primaveras (en aquel entonces) puso de manifiesto que podía correr los mismos riesgos que sus competidores más jóvenes; si hacemos memoria, los 90 fueron los años de los Seagal, los Van Damme, los Willis, los Schwarzenegger, y nadie esperaría que un dinosaurio como Eastwood pudiera echar carreras, dar puñetazos o saltar por los tejados como ellos...¡pero vaya si puede!
Aquí vuelve a dar vida a un hombre atormentado, alcohólico y a la vez con sentido del humor, un tipo consciente de su edad en busca de una redención que nunca parece que le vaya a llegar, como ya le vimos interpretar en anteriores ocasiones (¨En la Cuerda Floja¨, ¨Ruta Suicida¨, etc.). Este es el aspecto más importante, que a pesar de los años se vea capaz de enfrentarse a un psicópata cuyo objetivo le trae recuerdos de ese momento histórico para la vida de los norteamericanos en que vio hundida su carrera, y el intenso duelo de astucia entre ambos es la clave de la trama.

Un magistral John Malkovich, cuya actuación me hace defender la teoría de que como mejor queda este hombre es de villano, se mide como actor ante el implacable Eastwood; atentos a las conversaciones telefónicas entre ambos, porque son escenas rodadas con los dos actores hablando realmente el uno con el otro. Muy correctos Dylan McDermott, Gary Cole, Fred Thompson y esa guapísima y dura Rene Russo, que añade el toque romántico pertinente a la historia.
Grandes dosis de acción e intriga, una esencia clásica que remite a los mejores ¨thrillers¨ de antaño, increíbles efectos especiales, imágenes de archivo únicas con un joven Eastwood incrustado en ellas gracias al milagro del CGI, además de la incomparable música de Morricone, redondean esta magnífica película, recaudando más del triple de su presupuesto en taquilla.

Una secuencia que ha pasado a la Historia: Horrigan identifica a Leary y, tras una carrera, acaba por interponerse en el camino de su disparo de un tremendo salto que para sí quisiera Van Damme. Mítico.


Toma el Dinero y Corre Toma el Dinero y Corre 13-12-2018
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¨Yo creo que mi trabajo es productivo y con suerte resulta agradable. Trabajas las horas que quieres, eres tu propio jefe, viajas mucho, conoces a grandes personajes y tiene más ventajas que inconvenientes en general y...oiga, ¿sabe si ahí fuera está lloviendo?¨.
Palabras de Virgil Starkwell, alguien que empezó a delinquir a muy temprana edad y cuya vida estaría marcada por el sufrimiento, la pobreza y la eterna huida de la justicia. Tras ser condenado finalmente a 800 años de cárcel se dispone a narrarnos su historia.

El 1 de Diciembre de 1.935 (fecha de nacimiento real de Allen), nuestro protagonista nace en el seno de una familia donde no encuentra el calor que desea: le pondrían de nombre Virgil, y de sexo varón, como su padre. Criado en los suburbios, de niño intentaría ir por el buen camino pero la delincuencia y la difícil vida acabarían por influenciarle, así que sus únicas compañías serían rufianes, golfos y ladrones de poca monta, con las cuales iría cimentando una juventud basada en los delitos...aunque, por supuesto, sin el éxito deseado.
Patoso, inocente y sin malicia, Virgil hará lo posible por llevar una existencia honrada junto a la dulce Louise, con la que tendrá un hijo (al que le pondrían de nombre Virgil, y de sexo varón, como su padre), pero las ansias de una vida mejor le seguirán empujando a atracar bancos, cometer múltiples delitos y fugarse de numerosas prisiones. Frustrado y más arruinado que nunca, preparará un lucrativo atraco que le permitirá retirarse definitivamente...pero falta que, por una vez en su vida, tenga algo de suerte.

Hay por ahí muchos que se declaran fans a muerte del cine de Woody Allen y, sin embargo, no simpatizan con sus primeras películas...eso sí, se deshacen cuando toca hablar de ¨La Rosa Púrpura del Cairo¨, ¨Hannah y sus Hermanas¨ o ¨Delitos y Faltas¨; muy buenos films, pero la trayectoria de Allen, por si alguien que no lo sabe, no empieza en 1.980, sino once años antes, en los cuales el neoyorkino daría rienda suelta a su faceta más humorística donde cosecharía algunas de sus mejores obras (aunque a alguno le pese oírlo).
Hace obras de teatro, aparece en comedias como ¨Whats new, Pussycat?¨, cuyo guión escribe, y ¨dirige¨ uno de los montajes más grandes de la Historia del cine, ¨Whats up, Tiger Lily?¨ (apropiación de la tercera parte de una popular serie de ¨thrillers¨ nipones llamada ¨Kokusai himitsu Keisatsu¨ con la rastrera intención de añadirle diálogos inventados y cambiar la estructura de la trama). Esto, por supuesto, ni es película ni es nada; Allen tendrá que esperar hasta 1.968 para convertirse en realizador, y lo hará rescatando un viejo proyecto escrito junto a Mickey Rose, aunque su idea principal era que lo dirigieran otros.

Jack Rollins y Charles Joffe, agentes del actor reciclados en productores, conseguirían la financiación suficiente para que Allen pudiera llevar a la gran pantalla esa especie de falso documental en el que ponía mucho de su propia vida y experiencia y con el que parodiaba el cine de atracadores, presidiarios y fugas. Según el propio director, deseaba realizar el film a modo de documental ya que ese formato sólo se usaba en base al drama o a la denuncia; puede que sea lo más sorprendente de su debut, la audacia visual con la que recurre a imágenes de archivo mezclándolas con escenas de ficción y testimonios la mar de realistas, anticipándose, en cierta manera, a uno de sus mejores trabajos: ¨Zelig¨.
El resto es exactamente lo que nos podemos esperar del Allen de la primera etapa, una sucesión interminable de imaginativos ¨gags¨ e irreverentes chistes (ya se atisba su humor judío) que demuestran que el absurdo imaginario del hombrecillo de gafas de pasta parece no tener límites, al tiempo que critica, por medio de la sátira, la situación de las prisiones y la política y las leyes de la América de los 60. Por supuesto, no olvida homenajear a los hermanos Marx o Chaplin, sus mayores ídolos, guardando una cita a este último con la relación de Virgil y Louise, variación de la pareja del clásico vagabundo y la bella, pura y generosa dama.

El amigo Woody se inventa con Virgil Starkwell el paradigma de personaje inepto, torpe, neurótico, inocentón, con mala suerte y algo caradura pero muy adorable que haría acto de presencia ya en todas sus posteriores películas (aunque con variaciones); Janet Margolin, a la que veríamos en ¨Annie Hall¨, clava su papel de mujercita cariñosa y leal que nunca abandona al protagonista.
Éstos son seguidos por una serie de personajes descacharrantes y memorables, destacando los padres de Virgil; hasta aparece fugazmente la segunda esposa de Allen por aquel entonces, Louise Lasser.

Editada a trompicones y de ritmo irregular, ¨Toma el Dinero y Corre¨ no es una obra maestra, pero sí una fascinante comedia satírica, avalada con momentos tan inolvidables como el atraco fallido por culpa de la caligrafía de Virgil, cuando se deshace la pastilla de jabón en forma de pistola por la lluvia o la huida en bicicleta de los presos encadenados mientras Virgil va andando.


Negocios de Guerra Negocios de Guerra 13-12-2018
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En un futuro no muy lejano, los gobiernos, los políticos y demás dictadores ni financiarán ni tomarán parte en los conflictos internacionales...¡lo harán las corporaciones privadas!
¿Ustedes se imaginan a una empresa subvencionando una guerra o a soldados conduciendo tanques con pegatinas de anuncios publicitarios? Pues ahora lo verán. Y es que la guerra no es otra cosa que un gran negocio.

Brand Hauser es un atormentado y solitario asesino a sueldo profesional que trabaja para la gran compañía privada Tamerlane y que tras terminar con éxito su último encargo, su jefe (otrora vicepresidente de los EE.UU.) le asigna una nueva e importantísima misión: matar a Omar Sharif. No, no se trata del actor, claro, sino del consejero delegado de la compañía Ugigas, quien intenta construir un gaseoducto alrededor de la ocupada Turaquistán sin el permiso de Tamerlane.
Hauser deberá volar hasta ese país árabe donde las batallas se siguen sucediendo, las bombas siguen cayendo y la democracia ha sido llevada por los americanos, quienes aprovechan al máximo los recursos del territorio sin dar importancia a la masacre que se vive allí cada día. La tapadera de Hauser será hacerse pasar por organizador de una feria de comercio patrocinada por Tamerlane que se supone ha de culminar con el bodorrio de la cantante de ¨pop¨ Yonica; Hauser tendrá que lidiar con un montón de problemas, aunque la guapa y descarada reportera Natalie Hegalhuzen acapare toda su atención.

De un tiempo a esta parte, en el panorama cinematográfico es difícil que salga un producto verdaderamente original y que no repita por enésima vez los mismos temas ni presente a los mismos estereotipos; pero de vez en cuando, muy de vez en cuando, aparecen fascinantes rarezas para deleite del espectador más exigente y cansado del poco imaginativo cine comercial actual. No hay duda de que ¨Negocios de Guerra¨ es una de esas tantas rarezas.
Joshua Seftel es quien se encarga de ella, un irregular director de documentales y guionista que estuvo metido en multitud de proyectos de la más diversa índole (en televisión, en la radio...) hasta que su experiencia escribiendo el guión de ¨Breaking the Mold¨ le animó para dar el salto a la dirección. Esto se produjo gracias a la ayuda de Alexander Payne (¨A Propósito de Schmidt¨, ¨Entre Copas¨, ¨Election¨), que puso en contacto a Seftel con el actor John Cusack y Mark Leyner, quienes habían escrito una sátira política bastante original y la mar de disparatada; además, Cusack no sólo ejercería de guionista y protagonista, sino también de productor.

Yo me pregunto si John Cusack y Mark Leyner, mientras concebían el guión, estaban viendo aquella entrevista que le hicieron a Terry Gilliam acerca de las primeras cosas que tenían los Monty Python en la cabeza para lo que luego sería ¨El Sentido de la Vida¨; según dijo, una de las ideas del grupo británico era un film sobre una 3.ª Guerra Mundial en la que los soldados llevarían cascos de motoristas y anuncios de varias compañías por todo el traje. Curioso, ¿verdad? Parece, en efecto, que el sr. Gilliam fue una fuente de inspiración para Leyner y Cusack. Parecidos y semejanzas aparte, el caso es que esta película destaca por su originalidad, en argumento, en personajes y, sobre todo, en inventiva.
Imaginen el mundo de los espías, asesinos y organizaciones secretas de James Bond confluyendo con el imaginario de Terry Gilliam y algunos retazos de Robert Rodríguez y los Coen más alocados y obtendrán, quizá, algo aproximado. ¨Negocios de Guerra¨, aparte de ofrecer grandes dosis de acción y entretenimiento, resulta tan absurda como mordaz y critica duramente aspectos muy serios como la financiación de las guerras, los conflictos internacionales, la política de ocupación y sometimiento norteamericana, la prensa amarillista, el terrorismo y hasta el negocio de la música ¨pop¨ actual. Vamos, que no deja títere con cabeza.

John Cusack está particularmente genial como Hauser, aunque admitió que su papel era muy semejante al de Martin Blank, el criminal al que daba vida en ¨Un Asesino algo Especial¨ (donde aparecían Dan Aykroyd y Joan Cusack); el actor considera, de hecho, ¨Negocios de Guerra¨ como la secuela no oficial de aquella. Acompañándole tenemos una galería de personajes del todo pintorescos, muy bien interpretados por Marisa Tomei, Joan Cusack, Lyubomir Neikov y Dan Aykroyd, destacando una desconocida Hilary Duff (je, por fin le dan el papel que se merece) y el siempre sorprendente Ben Kingsley.
Injustamente infravalorada e ignorada, se trata de una comedia descabellada e irreverente a más no poder que pone el dedo en la llaga de algunos de los temas mundiales más delicados sin compasión alguna. Como he dicho antes, una delicia para el espectador más exigente y cansado del poco imaginativo cine comercial actual.


Muerte de un Ciclista Muerte de un Ciclista 13-12-2018
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Arriba: la codicia, la hipocresía, la comodidad, la corrupción; abajo: la pobreza, la opresión, la resignación, el ostracismo. Dos mundos que no pueden hallar una vía de confluencia, aunque entre uno y otro hay más semejanzas de las que se cree...y es que el pecado está presente en todos lados.
Máxima de una de esas obras capitales de nuestro cine, incendiaria en su momento, inmortalizada con el paso de los años, un clásico del celuloide testigo de una época convulsa y extraña.

Un día como otro cualquiera. En mitad de una carretera solitaria se produce un grave accidente que trastocará la vida de todos sus implicados: Juan y María José atropellan a un ciclista; él aún vive tras la colisión, pero ambos, asustados, huyen abandonando al hombre a su suerte. Juan es maestro en una universidad, cargo que ha conseguido gracias al marido de su hermana, lo que le hace sentirse como un débil protegido, mientras que María José, casada con Miguel de Castro, un adinerado industrial, está inmersa en una vida de lujos.
Antes fueron novios, pero la Guerra Civil les separó. Lo que nadie sospecha es que ellos dos mantienen ahora un romance clandestino que bien se cuidan de ocultar; parece que los dos secretos están bien guardados, el del amorío y el del atropello, por desgracia Rafael, un cínico y chismoso crítico de arte que vio juntos a los amantes, chantajea a María José con la amenaza de contárselo todo a Miguel. El miedo a ser descubiertos atormenta a la mujer, pero el trato es no decir nada, esperar, aparentar que todo va bien ante sus amigos de la alta sociedad...algo muy difícil para Juan, ya que el sentimiento de culpabilidad empieza a apoderarse de él.

¨El cine español actual es políticamente ineficaz, socialmente falso, intelectualmente ínfimo, estéticamente nulo e industrialmente raquítico. Los españoles no están acostumbrados a ver su propia realidad. […] Nuestros talentos emigraron a países como Argentina en busca de los sueños perdidos¨. Palabras como afilados cuchillos lanzadas por un firme y valiente Juan Antonio Bardem a quien se le retorcía el hígado por la clase de cinematografía que imperaba en la década de los 50 en su país, nuestro país; siempre dispuesto a derribar los muros de la ignorancia y la falsedad de la cual se alimentaba el costumbrismo, este cineasta pegó un vuelco al panorama del cine nacional.
Construyendo una sólida reputación a base de colaborar con Luis García Berlanga, Bardem decidió cambiar de registro después de su comedia moral ¨Felices Pascuas¨, y lo haría en compañía del productor Manuel Goyanes, con quien había trabajado anteriormente; la base de la historia (el atropello de un ciclista anónimo) provenía de un argumento escrito por Luis Fernando de Igoa sobre un hecho real, aunque el director usaría aquello como el detonante de los fatales acontecimientos de su siguiente film, en el que por fin expresaría, y sin pelos en la lengua, sus opiniones con respecto a la alta sociedad de la España franquista, que se presentaba diametralmente opuesta al de las clases proletarias y humildes.

A partir del accidente que abre amargamente el film, Bardem nos introduce en un mundo dividido, el de los triunfadores y el de los pobres. El protagonista, Juan, es testigo de la decadencia y frivolidad reinante en esas fiestas de postín donde seres corruptos, cuya preocupación por los demás es un simple cliché de su estatus, ríen ante las desgracias ajenas reflejadas en la página de sucesos del periódico; ese entorno tan seguro revestido de oropel y comodidades empieza a venirse abajo por la posibilidad de los amantes de verse descubiertos ante sus familiares y amigos, algo que acaba preocupándoles más que el hecho de haber asesinado a un hombre, por ese caradura de Rafael que adopta el papel de maestro de ceremonias con la intención de dirigir el destino de los demás.
Al otro lado de la falta de ética y la ambigüedad moral de la clase alta, se nos revela de manera implacable un Madrid destruido por la posguerra, lleno de suciedad y gentes desamparadas. María José intenta olvidarse del asunto, no obstante Juan, al cruzar los límites que separan el mundo de los abandonados y el de los privilegiados, sabe que la única manera de salvar su alma es rechazar el cinismo al que se ha resignado; una revuelta de estudiantes descontentos (la intención de Bardem es más que obvia) le recuerda sus días de íntegro luchador. Dirá adiós a la hipocresía, a las apariencias, él confesará su pecado y se librará de esa culpabilidad que le corroe las entrañas.

Alberto Closas da vida de forma brillante al atormentado Juan, y esa bellísima Lucía Bosé se gana todo nuestro desprecio encarnando a la cínica María José cuyo fulminante final será más que justo; sorprende, igualmente, Otello Tosso, en una más comedida interpretación, pero es el gran Carlos Casaravilla, ese infeliz que guarda los pecados de los demás con el fin de aprovecharse de ellos, el que logra llevarse la atención. Bardem se nutre a partes iguales del neorrealismo italiano de Antonioni (la propia Bosé había colaborado con él) y del cine negro de Siodmak y Hitchcock, destacando en su obra grandes aspectos técnicos como una puesta en escena elegante a la vez que desoladora, la fotografía de Alfredo Fraile, el fluido montaje de Margarita Ochoa y esa dramática banda sonora de la que se encarga Isidro Maiztegui.
¨Muerte de un Ciclista¨ fue tildada de ¨gravemente peligrosa¨ por la censura del momento a causa de sus opiniones políticas, sus comentarios sobre la Guerra Civil, su crítica a la alta sociedad y temas como el adulterio y el asesinato. Tras unos tijeretazos inmisericordes, acabó proyectándose en Cannes donde ganó el premio FIPRESCI, además de gran reconocimiento a nivel internacional.

Juan Antonio Bardem se convirtió así en un símbolo vivo de la oposición artística a la opresión de la dictadura. Su denuncia sigue resultando ahora tan demoledora como entonces.


El Caso O'Hara El Caso O'Hara 12-12-2018
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En los años 50 podemos encontrar un mosaico bastante amplio de dramas judiciales enmarcados en el cine americano, algunos de ellos auténticos e inolvidables clásicos como ¨Testigo de Cargo¨, de Billy Wilder, ¨La Ley del Silencio¨, de Elia Kazan, o esa maravilla que puso a Sidney Lumet en boca de todos, ¨Doce Hombres sin Piedad¨; sin embargo, uno de los directores clave en la evolución que habría de experimentar el cine Oeste en años venideros también pondría su granito de arena en el género.
Hablamos de John Sturges, como no podía ser menos. Este hombre, para la mayoría, es sobre todo conocido por sus grandes aportaciones al ¨western¨, las cuales pudimos disfrutar en ¨El Último Tren de Gun Hill¨, ¨Duelo de Titanes¨ o esa legendaria ¨Los Siete Magníficos¨, pero sin duda, como buen artesano que era, supo inmiscuirse en una notable cantidad de géneros con la misma soltura, y uno de ellos fue el cine negro y policíaco, el cual incluyó de forma muy inteligente en sus fábulas de cowboys, indios y cuatreros.

Producida con un humilde presupuesto por parte de la MGM, la película, escrita por John Monks Jr., toma de base la novela negra homónima de Eleazar Lipsky, fiscal y escritor especializado en el género detectivesco y de suspense que poco antes vio su libro ¨El Beso de la Muerte¨ adaptado por Henry Hathaway a la gran pantalla, y además con mucho éxito. ¨El Caso OHara¨ cuenta la historia de cómo el joven Johnny OHara es acusado de matar a su propio jefe a punta de pistola de forma injusta.
El fiscal Louis Barra, que cree tener en sus manos el caso de su vida, no cree una palabra al muchacho, quien no desea declarar que estaba con la esposa de un peligroso gangster local la noche del asesinato, y las pruebas que ha reunido son suficientes para encerrarle de por vida; nadie se pone de su parte hasta que una voz se alza en su favor, la de James Curtayne, un sagaz abogado criminalista que había dejado atrás sus años de investigaciones hasta que se entera de que el acusado es vecino de su barrio. A pesar de la edad, de los buenos consejos de su sufrida hija y de su perjudicial afición al alcohol, Curtayne pondrá todo su empeño en demostrar que OHara es inocente.

Ese es uno de los más importantes elementos, la tormentosa situación del protagonista provocada por su alcoholismo, situación que acerca a la película a esos dramas de personajes caídos en desgracia y que hacen lo posible por seguir adelante, en la línea del clásico de Wilder ¨Días sin Huella¨, por poner un ejemplo; así, somos testigos del malestar que arrastra Curtayne y de las penas que le hace pasar a su sobreprotectora hija Ginny mientras intenta resolver el caso con total entereza y dedicación, pues se niega a dejar que el prestigio que ganó antaño como abogado se vaya al traste (décadas más tarde, volveríamos a ver el tema del alcohol haciendo acto de presencia en uno de los mejores dramas judiciales del celuloide, ¨Veredicto Final¨).
Ciertamente, ¨El Caso OHara¨ es un drama judicial bien construido, y su intriga, que bien puede recordarnos a la que practicaban Hitchcock, Lang o Preminger, con algunos de los más sonados clichés del género (el chico enamorado de la mujer del gangster es ya un clásico) se va resolviendo con el obstinado de Curtayne acumulando pistas y otras certezas del caso; en los últimos 25 minutos de metraje se produce un giro muy notable en base a un elemento clave: la maleta, con el detectivesco drama de juicios ya asumido por el espectador transformándose en un film que remite a los mejores clásicos del cine negro policíaco.

Muy correctos John Hodiak, Pat OBrien y la guapa Diana Lynn, destacando por su desparpajo y carisma Eduardo Ciannelli, que encarna al detestable mafioso ¨Knuckles¨ Lanzetta; como curiosidad, podemos ver fugazmente a un joven Charles Bronson haciendo de uno de los hermanos del asqueroso Korvac. Pero todos estos se quedan a la sombra del gran Spencer Tracy, un fascinante actor que se lleva toda la atención cada vez que sale en pantalla, y eso mismo consigue aquí poniéndose en la piel de James Curtayne.
El éxito del señor Sturges le vino dado por sus logros en el ¨western¨, sin embargo demostró una notable eficiencia en los terrenos del cine negro, y ¨El Caso OHara¨, con su inteligente combinación de drama, suspense y ocasionales dosis de humor, su excitante final y el excelente trabajo de fotografía de John Alton, es uno de los mejores ejemplos.


Resacón en Las Vegas Resacón en Las Vegas 12-12-2018
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Estos chicos no están en absoluto preparados para Las Vegas, sólo hay que hacer el recuento de líos en el que se meten y de barbaridades que les acaban ocurriendo.
Pero, aun con todo, tienen una boda a la que ir y no pararán hasta encontrar al desaparecido novio, manteniendo, por supuesto, la regla de oro: lo que pase en Las Vegas se queda en Las Vegas.

Una de las más grandes películas cómicas del 2.000 ha sido y será ¨Resacón en Las Vegas¨, de eso no hay duda, y el director Todd Phillips lo logró sirviéndose de uno de los recursos más usados de la comedia gamberra: la despedida de soltero. Todo el mundo sabe que en este tipo de films los protagonistas van a pasar por unas situaciones a cada cual más disparatada y peligrosa, ya que en una despedida de soltero, y eso es algo de sobra conocido, puede ocurrir cualquier cosa.
En ¨Very Bad Things¨ una stripper y un guardia de seguridad eran asesinados, en ¨Despedida de Soltero¨ un burro acababa muerto en el ascensor y en la española ¨Airbag¨ el novio se dejaba su anillo de compromiso en el culo de una puta. La de Juanma Ulloa, de hecho, parece haber influenciado mucho a ¨Resacón en Las Vegas¨, pero según Chris Bender, productor ejecutivo de ésta, la idea surgió a partir de un hecho parecido al que viven los protagonistas de la película que le sucedió a su amigo y productor Tripp Vinson en Las Vegas; el guión, escrito al alimón por Jon Lucas y Scott More, acabó en las manos de un Todd Phillips que se mantenía en paréntesis tras la no muy bien acogida ¨Escuela de Pringaos¨.

En esta ocasión, tres amigos, Philip, Stuart y Douglas, junto con Alan, el hermano de la prometida de este último, que no es que esté muy allá, se preparan para ir a Las Vegas a montar la despedida de soltero más salvaje de sus vidas...y sí, eso es precisamente lo que les ocurre. Tan salvaje fue que no se acuerdan de nada, pero el catastrófico escenario que presenta su suite a la mañana siguiente habla por sí solo. Lo malo es que el futuro novio, Doug, no aparece por ningún sitio, y sin novio no hay boda, claro está.
Haciendo un esfuerzo sobrehumano, Philip, Stuart y Alan tendrán que ir recordando los acontecimientos de la noche anterior y reunir todas las pistas posibles para hallar a Doug, pero no será lo único de lo que van a tener que preocuparse: a Stuart le falta un diente y se casó con una stripper, hay un bebé en la suite de los chicos y un tigre en el cuarto de baño, un mafioso chino de lo más pintoresco les persigue porque le robaron 80.000 dólares, han perdido el Mercedes del suegro de Doug, se apropiaron de un coche de la policía y, para colmo, todos fueron drogados con rohypnoles. ¡Ahí es nada!

Un viaje sin igual al corazón de la aventura por Las Vegas, ciudad americana del pecado y los desenfrenos por antonomasia, ahí mismo es donde nos lleva Todd Phillips, y qué mejor compañía que la de esos tres alocados protagonistas que se han pegado la fiesta de sus vidas y no recuerdan nada de lo ocurrido. El director sigue su línea de ¨Road Trip¨ y ¨Aquellas Juergas Universitarias¨ y nos deleita con una irreverente y frenética comedia de acción con la paulatina reconstrucción de los hechos como motor de la trama; el humor de ¨Resacón...¨ no se aparta mucho del de Kevin Smith, los hermanos Farrelly, Jay Roach o Tom Shadyac, y en ocasiones se aproxima al humor negro de Tarantino y los Coen, eso hace que resulte tan soez y descabellada como ingeniosa.
Una de las mayores bazas del film es la galería de extravagantes personajes que nos vamos encontrando, desde el mafioso chino al que da vida el loco de Ken Jeong hasta los policías que dejan fritos a los protagonistas, muy bien interpretados por Bradley Cooper, Ed Helms y Zach Galifianakis (quien se me hace del todo detestable, no sé a los demás...). A la zaga no se quedan la guapa Heather Graham, Rob Riggle, Justin Bartha, que aun saliendo poco está genial como Doug, el sr. Tyson, haciendo, como no, de él mismo, y hasta podemos ver aparecer al director con un ¨look¨ a lo David Starsky en el ascensor.

Quizá recuerde a ¨Colega, ¿dónde está mi Coche?¨ y ¨Airbag¨ en ocasiones, a ¨Very Bad Things¨ y ¨Despedida de Soltero¨ en ciertos momentos, e incluso a ¨American Pie 3: Menuda Boda¨ (eh, ojo al guiño que Phillips le hace a ¨Casino¨), pero su trama está muy bien construida, sus personajes son de lo más memorables y la diversión no se detiene ni un minuto...y para terminar, las fotos de la fiesta acompañando a los créditos, ¡el colofón perfecto!.
Todo esto hace que ¨Resacón en Las Vegas¨ aguante por méritos propios como una de las mejores y más exitosas comedias modernas (recaudando en taquilla trece veces más del presupuesto invertido). Un honor que ni de coña se llevaron sus dos innecesarias secuelas.


Convoy Convoy 12-12-2018
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¨Cause we got a great big convoy rockin through the night! Yeah!, we got a great big convoy, aint she a beautiful sight?! Come on and join our convoy, aint nothing gonna get in our way! We gonna roll this truckin convoy cross the U.S.A.!...”.
¡Sí, señor!, rodemos a través de la noche cruzando todo el jodido Estado siguiendo a ese duro rebelde de las polvorientas carreteras llamado Martin ¨Rubber Duck¨ Penwald, porque, demonios, ¡parece que tenemos un convoy!

Ay, los 70 y las ¨road movies¨ que uno se encontraba, y es que en ninguna otra época como aquella pegó tan fuerte el amor por el automóvil, estableciéndose una cultura que ya es sinónima de la década; pues uno de esos autos de los que era fácil quedarse prendado era el camión, y no hablo de nuestros Pegaso, sino de aquellas bestias de cientos de ruedas y miles de ejes que poblaban las desérticas vías de EE.UU.. Tanto apego se les cogió que en el cine gozaron de un buen tributo, con films inundando las pantallas desde mediados de los 70, algunos alcanzando el estatus de obras de culto, como ¨Infierno en la Carretera¨ o aquella mítica ¨Los Caraduras¨.
Divertidas y que encantaban al público, lo que las hacía muy lucrativas...eso es precisamente lo que buscaba Sam Peckinpah: hacer una película que reventase la taquilla como ocurriera seis años antes con ¨La Huida¨, ya que por aquellas fechas el éxito no llamaba a su puerta. ¨La Cruz de Hierro¨ es una gran película bélica, eso está claro, pero sus beneficios fueron más bien discretos (a ver, se puso en competencia con ¨Star Wars¨); el director decidió ponerse al mando del guión de B.W.L. Norton, que no le gustó nada, por cierto, inspirado en la épica canción de Bill Fries y Chip Davis (cuyas guerreras y rebeldes letras son de lo más significativas).

Aunque, según pensaban sus colaboradores, ello se debió a lo mal que discurría por culpa de su adicción al alcohol, que iba en aumento, y a la cocaína, que descubrió gracias a James Caan. De hecho, dirigió ¨Convoy¨ entre borracheras y trifulcas, como de costumbre, echándole James Coburn una mano como director de la 2.ª unidad (aunque acabó dirigiendo él más que Peckinpah). La historia sigue a ¨Rubber Duck¨, un caradura amante de la libertad que se siente poderoso al volante de su Mack RS7 12LST, atravesando carreteras sin descanso junto a sus compañeros Bobby ¨Love Machine¨ (o ¨Pig Pen¨) y ¨Spider¨ Mike.
Pero la tranquilidad se les va a acabar cuando se crucen con el sheriff Wallace, cuya única meta va a ser joderles. Tras unas palabritas acompañadas de unos cuantos golpes, Wallace pone en alerta a toda la policía del Estado, iniciándose una persecución en la que tomarán parte no sólo los amigos de ¨Rubber Duck¨, sino todos los camioneros del territorio. Será una alocada cacería de proporciones colosales que nadie olvidará, y para los que pensaban encontrar una película muy original, con una trama compleja o unos diálogos muy profundos, que metan la primera y se vayan por ahí, qué coño.

¨Convoy¨ es, simple y llanamente, una aventura frenética y 100% americana que nos lleva por abruptos caminos e interminables carreteras sin parar un minuto entre polvo, humo y olor a caucho, sangre y gasolina, siguiendo a un puñado de tiparracos tan pendencieros como simpáticos comandados por ese gran ¨Rubber Duck¨, cuyo destino no es otro que Nuevo Mexico (lugar preferido de Sam Peckinpah, como bien se sabe ya). Diversión asegurada, señoras y señores, sobre todo para aquellos que sepan apreciar la belleza y magnificencia de los camiones estadounidenses y su imparable rugir.
A pesar de hallarse elementos característicos de sus películas, como la amistad y sus peligros, el sentimiento de libertad y rebeldía, la crítica a la sociedad, siempre presentada de la forma más cínica posible, y las grandes dosis violencia, sin olvidar las impactantes secuencias rodadas a cámara lenta, ¨Convoy¨ es considerada el punto más bajo en la carrera de su director y un mero vehículo para ganar dinero...lo cual consiguió, embolsándose más de 40 millones de dólares frente a un presupuesto de 12, quedando así como su mayor éxito. Pero esto se la trajo muy floja ya que renegó de ella, y el motivo fue una pelea de órdago con los productores que terminó en despido para él y en una revisión completa del montaje (el original duraba más de tres horas y media...y eso no gustó a los ejecutivos).

A la cabeza de este divertido y entrañable despropósito tenemos a los geniales Kris Kristofferson, Ernest Borgnine, en uno de sus papeles más odiosos, Burt Young y Ali MacGraw, todos ellos habiendo colaborado anteriormente con el director, sin olvidarnos de Madge Sinclair, Franklyn Ajaye y el impagable Donnie Fritts; hasta podemos ver a Peckinpah haciendo un cameo de lo más curioso (es el que se ocupa del sonido cuando Arnoldi entrevista a ¨Rubber Duck¨). Para los amantes de los camiones, las ¨road movies¨ y las películas de los 70, ¨Convoy¨ será toda una joya.
De acuerdo, desde el punto de vista cinematográfico es uno de los más flojos esfuerzos del director, pero como producto de entretenimiento es del todo infalible. Ah, y todos atentos al mítico pato que adorna el capó del camión de ¨Rubber Duck¨, porque Tarantino lo pondría sobre el Dodge de ¨Stuntman¨ Mike en ¨Death Proof¨.


El Gran Lebowski El Gran Lebowski 12-12-2018
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A veces hay un hombre...que es el hombre de ese momento y ese lugar, y es de quien vamos a hablar. Un tipo que vivía allá, en el Oeste. Un tipo llamado Jeff Lebowski que se hacía apodar ¨El Nota¨, y ciertamente había muchas cosas de él que no tenían mucho sentido para mí. Su historia comienza a principios de los 90.
Lo digo porque a veces hay un hombre...no diré un héroe, porque, ¿qué es un héroe? Pero a veces hay un hombre...que está en su sitio, y ese es ¨El Nota¨.

Éste reside en la peligrosa y agitada ciudad de Los Ángeles, y su día a día se basa en fumar algunos petas, escuchar buena música, beber rusos blancos y jugar a los bolos junto con sus dos amigos Donny, un muchacho bastante tímido, y Walter, un gigantón con muy malas pulgas y obsesionado con sus días en la guerra de Vietnam. Todas las emocionantes aventuras que va a vivir comenzarán cuando dos matones irrumpan en la tranquilidad de su hogar.
Al parecer, Bunny, la joven esposa de un poderoso hombre de negocios también llamado Jeff Lebowski, tiene una considerable deuda con un magnate de la industria pornográfica; pero resulta que esos dos cenutrios que han pegado al ¨Nota¨ y le han hecho un destrozo en su alfombra han confundido a un Lebowski con otro. ¨El Nota¨ intenta que su millonario tocayo le compense y de repente se entera de que Bunny ha sido secuestrada; de este modo, se verá metido hasta el cuello en un montón de problemas (uno de ellos será el progresivo ¨deterioro¨ de su coche) y se las verá con infinidad de pintorescos personajes cuando Lebowski y su ayudante Brandt le contraten para pagar a los raptores.

Si hay para todo el mundo un héroe que sea sinónimo de los Coen ese es sin duda ¨El Nota¨. Mucha gente sabe que en la filmografía de estos hermanos se hallan joyas del cine como ¨Muerte Entre las Flores¨ o la oscarizada ¨Fargo¨, algunos conocen el peculiar debut con el que los cineastas se iniciarían en la industria, y hay quienes aman sus obras de culto menos famosas, pero todos han visto, o por lo menos han oído hablar, de ¨El Gran Lebowski¨, para la inmensa mayoría su obra maestra.
Resulta que concibieron la idea mientras estaban haciendo ¨Barton Fink¨ (y además, para quien no lo sepa, Joel y Ethan Coen se inspiraron en dos individuos para el personaje de ¨El Nota¨, concretamente en el productor y activista Jeff Dowd y en un amigo que fue veterano de Vietnam). La idea era nutrirse de la cultura estadounidense de los 50, los 60 y los 70 (todos conocen la afición de los Coen por escarbar en la América profunda y parodiarla, de algún modo), situarla en un ambiente moderno y poner a los personajes, en realidad caricaturas de estereotipos de cada época, en mitad de todo el jaleo.

El film no sólo destaca por el discurso político de su guión, por su enrevesada e ingeniosa trama que hereda a partes iguales de las novelas negras de Raymond Chandler, de ¨El Gran Miércoles¨, de Alfred Hitchcock (más que clara la referencia a ¨Con la Muerte en los Talones¨) y del estilo de Robert Altman, o por esa visión esperpéntica, excesiva y caricaturesca de América, además destaca por ser tremendamente divertida, dejando muy atrás el humor oscuro y ácido que presentaba ¨Fargo¨ y ofreciendo un espectáculo frenético, ensoñador, absurdo, atropellado y de inspiraciones carnavalescas.
Los Coen se aproximan a un humor de corte ¨tarantiniano¨, a un imaginario surrealista no muy distinto del de Terry Gilliam, pero sin duda logran mantener su propio y particular estilo (tal como yo lo veo, ¨El Gran Lebowski¨ es una combinación entre el suspense de ¨Sangre, Fácil¨ y ¨Fargo¨, el absurdo de ¨Arizona Baby¨, el universo de ¨Barton Fink¨ y una narrativa y espíritu que bien pueden recordarnos a los de ¨El Gran Salto¨). Es, en efecto, el compendio de todo lo que eran los Coen en ese momento antes de aventurarse en el nuevo siglo. Otra de las grandes bazas del film es la galería de descacharrantes personajes que van pasando por la pantalla, y que no tienen nada que ver con los de ¨Fargo¨, que eran del todo detestables; los que vemos aquí, aunque complicados e irritantes, acaban cayéndonos bien.

A la cabeza de los secundarios está el inimitable John Goodman dando vida a Walter (basado en John Millius), uno de los personajes más hilarantes que se hayan inventado los Coen, y quien en ocasiones le roba el protagonismo al ¨Nota¨. Steve Buscemi, aunque hable poco, ofrece una brillante actuación, al igual que Julianne Moore, Philip S. Hoffman, Peter Stormare, David Huddleston, Sam Elliott y ese Ben Gazzara que repite su papel de ¨De Profesión, Duro¨. John Tuturro está impagable como el loco de Jesús.
Pero todas las miradas recaen sobre ¨El Nota¨, al que da vida el siempre maravilloso y versátil Jeff Bridges. Paradigma del héroe ¨coeniano¨, ¨El Nota¨ es un espíritu libre, rebelde, con unas ideas muy particulares sobre el mundo que le rodea, sin embargo, su suerte en la vida no ha sido muy buena, sus irregulares experiencias han condicionado su pobre estado actual y, por una serie de casualidades, se va a embarcar en una hazaña de proporciones épicas, donde, seguramente, el destino de alguien esté en sus manos.

Excitante, divertido y alucinatorio viaje lleno de misterios, sorpresas y una genial banda sonora que viene a confirmar la maestría e inventiva de los Coen, esos genios que han establecido su propio estilo en el mundo del cine. Para rematar, el irreverente número musical con ¨Just Dropped In¨. Inolvidable, señoras y señores.
Por si fuera poco, la influencia de ¨El Nota¨ fue tan importante que una religión ha sido creada en base a él, el ¨dudeismo¨ (claro, es que ¨The Dude¨ es el nombre original del personaje), con lo que se puede decir que los Coen han trascendido más allá de la pantalla con su obra. Ante cosas así uno se queda sin palabras.


Negocios de Familia Negocios de Familia 12-12-2018
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¿Qué se puede hacer cuando uno pertenece a una familia de ladrones empedernidos? Pues nada, porque los genes son los genes, y cuando se tienen genes criminales la única solución es apechugar con ello.
Jessie, Vito y Adam McMullen lo saben de primera mano, y de mostrárnoslo se va a encargar el veterano Sidney Lumet, en una de sus menos conocidas y estimadas obras.

El director se disponía con ¨Negocios de Familia¨ a finalizar una década un tanto turbia para él. Su carrera en los 80 se divide entre algunos trabajos muy buenos (donde destacarían ¨El Príncipe de la Ciudad¨, ¨Un Lugar en Ninguna Parte¨ o la gran ¨Veredicto Final¨) y otros más irregulares y conducidos por una vena comercial que no beneficiaría mucho al hombre que el decenio anterior sorprendía con maravillas como ¨Serpico¨ o ¨Asesinato en el Orient Express¨. Sin embargo, el cineasta seguía al pie del cañón, y aunque ofreciese obras de menor calidad, no se puede negar lo interesante de sus propuestas.
Tras el drama ¨Un Lugar en Ninguna Parte¨, Lumet se prepararía a rodar en New York una historia de Vincent Patrick, autor que adaptó su novela ¨The Pope of Greenwich Village¨ al cine (¨Sed de Poder¨, dirigida por Stuart Rosenberg) además de escribir los guiones de ¨El Padrino III¨ y ¨Superdetective en Hollywood¨, basada en un libro suyo y que aunaba drama familiar y la clásica trama de ladrones.

El joven Adam McMullen ha dejado la carrera de biología molecular en contra de los deseos de su padre Vito, y la razón es que le dominan los genes que ha heredado de su abuelo Jessie, un terco y duro escocés que se siente muy orgulloso de su pasado como criminal, a quien idolatra en exceso; el problema es que Vito, que tuvo que sufrir los males y castigos de ese tipo de vida en la que le metió su padre por la fuerza, ha intentado llevar una vida honrada y, como es lógico, no quiere su hijo siga por el mismo camino que Jessie.
En eso no está de acuerdo este último, que se empeña en que su nieto conozca los peligros del mundo en el que vive y haga honor a su tradición familiar ganándose sus galones de criminal; en efecto, Adam ha preparado un plan brillante para conseguir una buena suma de dinero de manera sencilla, plan en el que Jessie se apunta sin pensárselo y Vito acepta a regañadientes: infiltrarse en unos laboratorios y robar un valioso compuesto químico en fase de investigación. Se supone que todo tiene que salir a pedir de boca, aunque a Adam le traicionará su inexperiencia...

En esta ocasión, aunque empiece como una película de Woody Allen, el director apuesta por un interesante drama en el que se entrecruza el cine de ladrones y atracadores con una aguda crítica social y ciertas dosis de humor. Este drama se construye en base a la ética, la lealtad y, sobre todo, los problemas familiares, generados por el choque entre esa tradición criminal difícil de olvidar y el deseo de llevar una vida honrada (lo que puede traer recuerdos de los dramas de gangsters de Scorsese). Una cosa bastante original, y quizá lo mejor de ¨Negocios de Familia¨, sea el atraco que imagina Patrick (ni un banco ni una joyería...¡un laboratorio!), sin olvidarnos de ese elemento característico que no puede faltar en el cine de Lumet: el juicio.
Sin embargo, hay fallos que lastran este film y que desaprovechan todo su potencial. El ritmo tan irregular, que se mueve parsimonioso entre peleas y nostálgicas anécdotas sin fin, es uno de los más grandes; además, el director no consigue aquí la intensidad dramática familiar de ¨Un Lugar en Ninguna Parte¨, sobre todo porque los tres protagonistas parecen viejos amigos más que familiares. Tampoco es que la trama ofrezca ninguna sorpresa en especial: sabemos que el atraco va a salir mal, que Vito intentará ayudar a su hijo poniéndose en peligro, que Adam continuará defendiendo a Jessie, y que éste acabará mal; todo parece bastante obvio y previsible, la verdad.

Pero si hay algo que no falla es el trío de actores principal, donde se reúnen los dos titanes Dustin Hoffman y Sean Connery, con quien ya había colaborado el director en anteriores ocasiones, y al joven Matthew Broderick, intentando superar el encasillamiento que le habían dado sus papeles de simpático adolescente. Los dos primeros se llevan toda la atención, claro está, pero también cabe señalar a Rosanna DeSoto, Janet Carroll y al genial Bill McCutcheon.
¨Negocios de Familia¨ es una de esas películas de Sidney Lumet que, aunque interesantes, se quedan a medio camino por A o por B y no terminan de funcionar. Tres grandes actores un tanto desaprovechados, para qué mentir.


Ran Ran 12-12-2018
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Todo está en calma, el apacible silencio sólo es interrumpido por la brisa del viento, que mece las hierbas de las verdes colinas, y las nubes empiezan a acumularse en el cielo mientras el Sol amenaza abrasador.
Cuatro jinetes pacientes y dispuestos según los ejes de los puntos cardinales acechan la llegada de algo procedente del exterior, sin ser capaces de predecir que un peligro vendrá del centro, del núcleo mismo de la figura que trazan sus siluetas...

Llegando a las 75 primaveras, nada menos, el director Akira Kurosawa no daba signos de flaqueza cuando estrenó a mediados de los 80 una de sus más grandes películas y la confirmación de su maestría absoluta para el género de la épica (ahí venía otra vez a demostrarlo por si a alguien no le había quedado claro con ¨Los Siete Samuráis¨ o ¨Yojimbo¨). Sería en 1.976, coincidiendo con el rodaje de ¨Dersu Uzala¨, cuando el director empezaría a escribir lo que al cabo de una maduración de siete años se convertiría en ¨Ran¨, adaptación libre de la tragedia ¨El Rey Lear¨, de William Shakespeare, y segunda revisión de un texto del autor después de ¨Trono de Sangre¨, basada en ¨MacBeth¨.
En un momento en que su cine se presentaba desfasado ante el público de la época, en que no podía encontrar financiación entre sus compatriotas y dependía de productores extranjeros, como ya le ocurrió con la anterior ¨Kagemusha¨ (George Lucas y Francis F. Coppola le ayudaron bastante), Kurosawa halló en el francés Serge Silberman la colaboración que necesitaba para llevar su proyecto a buen puerto, el cual acabaría siendo el más costoso de su filmografía hasta el momento. Pero la base del director no se halla enteramente en la obra de Shakespeare.

Hidetora, jefe del clan Ichimonji, está inspirado en Monotari Mori, daimyo que estaba en el poder en el periodo Sengoku y que legó su feudo en buenas condiciones a sus tres hijos; ¨El Rey Lear¨ se impuso más tarde, a la vez que las tres hijas de la pieza teatral, Goneril, Regan y Cordelia, se transformaban en varones en aras de la verosimilitud histórica (¿un señor feudal, y japonés, legando sus tierras y ejércitos a sus hijas? ¡ja!). De este modo somos partícipes de la gran locura cometida por Hidetora, quien, tras una pesadilla bastante premonitoria, opta por nombrar como sucesor a su hijo Taro, dejando algunas posesiones a sus otros vástagos, Jiro y Saburo.
Kurosawa, como ya hiciera en ¨Kagemusha¨, nos ofrece una epopeya épica de samuráis ubicada en el siglo XVI en la mejor tradición del género, rindiéndole un sentido homenaje a sus aspectos más clásicos a la vez que lo desmitifica; ¨Ran¨ se emparenta, de este modo, con los contestatarios ¨chanbara¨ realizados en los 60 por los directores de la Nueva Ola (así podemos ver a muchos de los guerreros dejando sus espadas para combatir con fusiles o esa secuencia como la de Kaede amenazando con un cuchillo a Jiro). Significativas también resultan las alusiones y metáforas que remiten a diferentes épocas de cambio social para el país nipón, no hay más que atender a las palabras del irascible Saburo hacia su padre (¨somos hijos de una época decadente, envilecida por la guerra¨) o el enfrentamiento entre éste, representante de los valores más tradicionales, contra Jiro y Taro.

Pero así como el rojo, el negro y el amarillo del fuego componen la sinfonía de ¨Ran¨, el director también fusiona múltiples elementos para crear un espectáculo visual sin parangón. La violencia descarnada de los combates se encuentra con la poética propia de la tragedia ¨shakespeariana¨ y con la belleza del teatro Noh, una de las formas principales del drama musical la cual integra mímica, canto, danza y un sentido espiritual basado en el budismo zen; cada secuencia de tensión dramática en el film evoca una escena teatral del Noh, con la economía de movimientos en las interpretaciones, la paciencia, precisión y elegancia del estilo y los conflictos de origen divino y existencial como características esenciales.
El inmenso Tatsuya Nakadai encarna a Hidetora, personaje sacado directamente de una obra Noh (ojo a su caracterización a partir de que enloquezca), incapaz de luchar contra el destino e incluso de suicidarse dignamente, que ha de descender a los infiernos para comprender los errores que ha cometido y el mal que ha causado al mundo; es decir, debe perder el juicio para recobrar totalmente la razón. Le acompañan Akira Terao, Daisuke Ryo y el tremendo Jinpachi Nezu como los tres hijos del daimyo. Mieko Harada aporta la fuerza necesaria a su vengativa Kaede (síntesis de los papeles femeninos de Asaji, de ¨Trono de Sangre¨, y la ¨Mantis¨ de ¨Barbarroja¨), extremo opuesto a la resignada y dulce Sue, a la que da vida Yoshiko Miyazaki. Impagable, por otra parte, Ikehata ¨Peter¨ Shinnosuke como el bufón, único cuerdo en un mundo de hombres locos.

En el plano técnico, ¨Ran¨ es todo un logro cinematográfico: la fotografía de Takao Saito, Masaharu Ueda y Asakazu Nakai encaja a la perfección con la puesta en escena, el diseño de producción, los fastuosos decorados de Yoshiro y Shinobu Muraki y la banda sonora de Toru Takemitsu. Ningún elemento puede sobrevivir sin el otro (por mucho que su título signifique ¨caos¨, todo el color, la composición, el sonido y la forma permanece en absoluta armonía en esta obra).
Compleja, elaborada y sorprendente, aunque no reconocida en su momento, se trata de una de las obras maestras del género de la épica. Kurosawa hace de la soledad y agonía del ser humano un viaje espiritual y ensoñador en eso que transforma la brutalidad y el horror en lirismo y arte; basta con fijarse en el espectacular asalto al tercer castillo, quizás la secuencia de batalla más emocionante y triste jamás rodada en la Historia del celuloide.


Estación Ardiente Estación Ardiente 12-12-2018
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Durante generaciones, miles de hombres fueron al Amazonas para recolectar el tan preciado caucho del bosque de Brasil, y los que comerciaban con este oro blanco se enriquecían. Los trabajadores amaban el bosque que les alimentaba y odiaban a los patrones, que les hacían esclavos.
Finalmente, nació un hombre que sabría luchar contra aquello. Su nombre era Chico Mendes.

Este brasileño nacido en 1.944 y asesinado en 1.988 en la misma puerta de su casa acabó convirtiéndose, por méritos propios, en un auténtico héroe para sus compatriotas. Puede que no supiera leer ni escribir antes de los dieciocho años, pero eso no le impidió adquirir conocimientos y, sobre todo, una ética y puntos de vista muy concretos con respecto a la tierra en la que vivía, la misma que sufría profundamente por culpa de ambiciosos especuladores, rancheros desalmados y políticos corruptos amantes del progreso.
Mendes formó parte de la Unión de Trabajadores del Caucho, creada a mediados de los 70, y luchó a la diestra del presidente Wilson Pinheiro desempeñando funciones de secretario. Su misión era defender el bosque del Amazonas de la constante tala y quema de árboles que iba consumiendo, día tras día, los hogares de los indígenas y las esperanzas de éstos de poder vivir en paz; tras el asesinato de Pinheiro, Mendes ocupó el cargo de presidente y se empeñó en proteger los bosques de las ideas tan cínicas y repugnantes de los ¨progresistas¨. Eso sí, nunca hizo uso de la violencia, sus armas eran las palabras y las usaba como nadie, y su deseo de triunfar y hacer ver al gobierno que su gente tenía la razón nunca se desvaneció.

Tomando de referencia la novela de William Revkin, William Mastrosimone, junto a Michael Tolkin y Ron Hutchinson, daría forma a la historia para la película que estaba preparando HBO sobre la vida del valiente Mendes. Por esa misma época, el veterano John Frankenheimer no atravesaba su mejor momento como cineasta, y es que desde principios de los 80 el tiempo de las grandes obras ya prácticamente había pasado para él; no obstante se mantuvo al pie del cañón como tantos otros de su quinta y siguió haciendo películas bastante interesantes, culminando su última etapa con ¨Ronin¨, con la que demostró a todo el mundo que aún podía embarcarse en espectaculares proyectos como lo harían jóvenes directores.
Tras la notable ¨El Año de las Armas¨, Frankenheimer prefirió retornar a sus raíces refugiándose en el más confortable mundo de la televisión, lo que le llevó a realizar dos films para la HBO, con la que ya había trabajado años antes (¨The Rainmaker¨ fue producida por la cadena), los cuales fueron muy aclamados por crítica y público y devolvieron, en cierto modo, el prestigio que el director había estado perdiendo desde hacía más de una década: ¨Contra el Muro¨, con Samuel L. Jackson y Kyle MacLachlan de protagonistas, y ¨Estación Ardiente¨.

Frankenheimer era, sin duda, el indicado para trasladar a la pantalla la vida, milagros y suplicios de Francisco Alves Mendes, y no hay más que echar la vista atrás en su filmografía. Los conflictos políticos e históricos, la concienciación, los problemas sociales y la lucha contra la corrupción siempre han estado presentes, de algún modo u otro, en la obra del director, quien siempre fue, además, uno de los que mejor retrataba el carácter de sus personajes, la mayoría de éstos defendiendo nobles ideales y enfrentados a grandes dilemas, tanto de índole personal como universal, y a sistemas cuya integridad brillaba por su ausencia (¨El Hombre de Alcatraz¨ es un buen ejemplo de ello).
¨¡¿Crees que puedo resignarme a luchar por una causa perdida?!¨, clama furioso Mendes, paradigma del héroe desinteresado que sacrificaría su vida orgulloso por defender aquello en lo que cree. No le preocupan los medios, ni el dinero, ni la fama, ni siquiera ese documental sobre los hechos que va realizando el personaje de Steven Kaye, el elemento extraño que no puede faltar en este tipo de dramas; son su patria, su gente y sus bosques lo que le insufla esperanza y coraje para proseguir su protesta contra la hipocresía y el afán de lucro de aquellos que se atreven a dejar sin hogar a miles de familias por atender al progreso.

Mientras tanto, Frankenheimer ofrece un intenso testimonio de los sucesos, trágico, descorazonador (sabemos que Chico morirá y se convertirá en mártir por la causa) y lleno de emoción, donde además no se corta al tratar de nuevo temas muy arraigados a su cine como la corrupción política, el activismo y el ecologismo. Un inmenso Raúl Julia borda una brillante actuación dando vida a Chico, uno de sus últimos papeles antes de que un cáncer de estómago se lo llevara, tristemente; él se come la pantalla, pero no desmerecen Sonia Braga (con la que ya colaboró en ¨El Principiante¨), Edward James Olmos, que encarna a Pinheiro, Tomas Milian o Kamala López.
La película goza de secuencias que, por su puesta en escena y dramatismo, realmente estremecen, como el linchamiento de los aldeanos en mitad del bosque bajo la lluvia o la marcha de éstos ante los agentes de policía, primero impasibles y luego resignados.


Contrabando (The Lineup) Contrabando (The Lineup) 12-12-2018
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Trece años antes de que los agentes Jimmy ¨Popeye¨ Doyle y Buddy Russo se pusieran a patear las calles de New York en busca de importantes alijos de droga provenientes del país francés, ya estaban los inspectores Ben Guthrie y Al Quine recorriendo San Francisco intentando dar con bolsas de heroína que llegaban de tierras asiáticas.
En su versión original este film bien podría haberse llamado ¨The Asian Connection¨, la verdad.

Pero la cosa no venía de nuevas. En realidad la historia era original de una popular serie homónima, primero retransmitida en la radio a comienzos de los 50 y más tarde trasladada con éxito a la televisión por la CBS desde 1.954 a 1.960; en efecto, la pequeña pantalla venía pisando fuerte en aquella década y ya había captado la atención de la gente como no nos podemos imaginar, tanto que se había convertido en una poderosa enemiga de la industria cinematográfica, y es que, ¿para qué iban a ir las familias al cine si podían disfrutar de espectáculo en el salón de sus hogares? (recordemos las palabras de aquel sabio refrán: ¨como en casa en ningún sitio¨).
Pues dos años antes de que terminara la serie, ésta sería llevada a la gran pantalla a partir de un argumento del gran Stirling Silliphant, laureado guionista de futuros títulos como ¨En el Calor de la Noche¨ o ¨El Coloso en Llamas¨, además de ser el creador de otra exitosa serie policíaca, ¨La Ciudad Desnuda¨. Y cosas de la vida, el encargado de adaptar ¨The Line-up¨ sería Don Siegel, quien ya había dirigido el episodio piloto de la serie y que venía de hacer la interesante ¨Balas de Contrabando¨.

Un barco recién salido de costas orientales hace un alto en la ciudad de San Francisco, pero pocos imaginan que algunos de los pasajeros transportan algunas cantidades de heroína, y la mayoría sin saberlo siquiera; uno de ellos es un hombre de negocios llamado Phillip Dressler, al que roban su maletín, el cual contenía una estatuilla de Hong Kong con droga en su interior. Como resultado, un policía acabará asesinado, y dos compañeros de éste, el teniente Guthrie y Quine, se encargarán del caso.
Mientras tanto, dos misteriosos criminales sin escrúpulos, Julian y Dancer, se dedican a recoger el cargamento de los pasajeros que desembarcaron del crucero con la intención de entregárselo al jefe de la operación; el trabajo debía hacerse con discreción, pero Dancer es un peligroso psicópata que no duda en matar a quien sea para llevarse la droga y devolverla a la hora señalada. Guthrie y Quine irán recogiendo pistas frenéticamente para averiguar la identidad de los culpables antes de que escapen además de cruzarse con el reguero de cadáveres que van dejando.

En ¨Contrabando¨, Siegel ofrece un ¨thriller¨ policíaco en la mejor tradición del género metiéndonos en el corazón de la acción desde el mismísimo comienzo, demostrando que pocos saben desenvolverse como él en este tipo de películas, y el mejor ejemplo es la fluidez con la que desarrolla la trama de Silliphant, en la que se entrelazan la poco eficiente investigación de esos duros agentes de la ley y el trabajo de los peculiares y despiadados Dancer y Julian, con estos últimos llevándose finalmente todo el protagonismo.
El film de Siegel, aunque se influencia de Sturges o Hathaway, muestra los cánones de su estilo: ritmo trepidante, diálogos agudos, humor negro, escenas de acción muy bien rodadas y un aire violento, seco y cínico (fijaos en los diálogos tan mordaces que mantienen los dos asesinos), amén de tratar con mucha audacia algo tan espinoso como el asunto del tráfico internacional de drogas (ese tema ya está aceptado hoy día, pero había que tener cuidado por aquel entonces). Clásicos elementos que identificarían el cine del director para la posteridad, sin olvidar, por supuesto, ese despliegue urbano tan espectacular que organiza Siegel por las calles de San Francisco, ciudad que trece años después se convertiría en escenario de uno de sus más legendarios ¨thrillers¨: ¨Harry, ¨el Sucio¨ ¨.

Warner Anderson y Marshall Reed repiten sus papeles de Guthrie y Asher, que ya estaban en la serie, salvo que esta vez Emile Meyer ¨reemplaza¨ a Tom Tully. De todas formas, el que se come la pantalla cada vez que aparece es ese genial Eli Wallach, que queda de miedo como asesino psicópata sin compasión, aunque hay que destacar la magistral interpretación, más comedida, del repulsivo Robert Keith, quien nos deleita con un discurso demoledor sobre el ser humano y la sociedad (y sobre la mujer, que revolvería las tripas a las feministas...).
Ameno y musculoso ¨thriller¨ de criminales y policías dirigido con nervio por Siegel que se anticiparía a futuros films propios (¨Código del Hampa¨, ¨Brigada Criminal¨) y sobre todo a los que dominarían en la década de los 70, como ¨The French Connection¨ o ¨América Violenta¨, apreciándose su influencia en el cine de Winner, Peckinpah o Eastwood.


El Pianista El Pianista 12-12-2018
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Hay olor a pólvora en el aire, los cadáveres forman grotescos cuadros sobre el empedrado asfalto, los muros se levantan impasibles, suena el repiquetear de las botas marchando en formación, irascibles rugidos alemanes hacen temblar los huesos de aquellos que escuchan.
Mientras tanto, un hombre permanece escondido, rezando por su salvación, siempre alerta pero ausente en cierto modo. En su cabeza no se oyen gritos, disparos o lamentos...sino bellísimas sonatas interpretadas en piano.

Ese hombre se llama Wladyslaw Szpilman, es ni más ni menos que uno de los mejores pianistas del Mundo y todos le conocen por su dedicación y talento, sin embargo, todo cambiará para él cuando el ejército alemán nacionalsocialista invada Polonia en Septiembre de 1.939. De tocar canciones para la radio pasa a formar parte, junto a su familia, de esos grupos compuestos por polacos de ascendencia judía que son trasladados a un gueto para ser apartados de los demás ciudadanos; la segregación por parte de los teutones es despiadada y nadie parece estar a salvo.
En Agosto de 1.942, mientras los judíos montan en un tren con destino a Treblinka, Szpilman es ayudado por un policía al que conoce, separándose, así, de su familia. Durante días, semanas y meses, al pianista no le queda más remedio que llevar una vida furtiva y clandestina, ocultándose gracias a la ayuda de buenos camaradas y esperando a que el ejército alemán caiga ante el ataque de los aliados al tiempo que la ciudad va reduciéndose a un puñado de escombros...

Tenía unos 15 años, estaba en 2.º de E.S.O.. Mi profesora de música trajo esa mañana un DVD con una portada del todo descorazonadora (una silueta se encontraba de pie en mitad de una calle en ruinas), en la que arriba que se podía leer ¨El Pianista¨ en letras grandes. No puedo describir el espectáculo tan desagradable y doloroso al que fuimos sometidos aquel día, tampoco sé por qué, de entre todos los musicales que hay en la Historia del cine, mi maestra tuvo que elegir esa película...el caso es que cuando terminó, salimos de clase como con un nudo en el estómago.
Ciertamente, la experiencia de Wladyslaw Szpilman encoge el alma a cualquiera. Con sólo 28 años el magnífico pianista se vio expuesto a una carnicería de colosales proporciones, que fue precisamente lo que se vivía en las calles de la Varsovia durante la ocupación alemana; su historia, la de un hombre que siguió en pie, que sobrevivió en el infierno, merecía contarse, y eso hizo en sus memorias, las cuales se vieron publicadas en 1.946. El libro vio su adaptación al cine en 1.950 de la mano del director Jerzy Zarzycki, aunque los censores del Gobierno Comunista dieron fuertes cambios al guión.

Dos años después de la muerte de Szpilman, sería el franco-polaco Roman Polanski, tomando el guión de Ronald Harwood, quien volvería a llevar a la gran pantalla su trágica pero inmortal leyenda; eso le daba la oportunidad al director de encontrar un punto de unión entre su cine y sus raíces. Para los que no lo sepan, él también sufrió de primera mano los desastres de la 2.ª Guerra Mundial cuando era sólo un niño, lo que hace que su visión de los acontecimientos sea demoledora e impasible; Polanski no hace sino mostrar el Holocausto objetivamente poniendo en mitad de él a un hombre corriente enfrentado al horror.
Szpilman no aparece retratado como un gran héroe, sino como un desgraciado superviviente más, alguien a quien no le queda más remedio que resistir entre ruinas y cadáveres; de principio a fin el espectador está sometido a la furia del conflicto sintiéndose tan aislado como el protagonista, a quien las esperanzas de seguir con vida se le agotan con cada disparo de fusil alemán. Sin embargo, no estamos ante una historia original precisamente (¿cuántos films de la guerra, el Holocausto Nazi y sus supervivientes hemos visto ya?) y hay que reconocer que a partir de la hora y cuarto el ritmo decrece bastante. Es la aparición de ese amable oficial alemán lo que hace recuperar el interés.

La primera opción del director para el protagonista fue Joseph Fiennes, aunque más tarde se decantó por Adrien Brody, un actor odiado por muchos (yo me incluyo en ese grupo) que, no obstante, dejó a todos con la boca abierta con su interpretación, lo que además le valió una estatuilla (pero Brody no tiene nada que ver con el Szpilman real físicamente; guarda más parecido con éste Ronan Vibert, quien da vida a Andrzej Bogucki). El resto del plantel ofrece unas muy notables actuaciones, destacando Frank Finlay, Ed Stoppard, Roy Smiles, la guapísima Ruth Platt y un brillante Thomas Kretschmann.
Muy dura, muy amarga, como los hechos reales que narra; lo cierto es que hay que tener estómago para verla hasta el final. Memorable la escena en que Szpilman toca el ¨Nocturno¨ de Chopin frente a Hosenfeld, una secuencia muy significativa con la que Polanski se revela de lo más objetivo: en la guerra, así como todos pueden quitar una vida, también puede haber alguien que se apiade de otra.


Fulltime Killer Fulltime Killer 12-12-2018
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Uno es profesional, metódico, calculador, impasible y viste con estilo. El otro es lanzado, soberbio, quiere ser el centro de atención y está más loco que una cabra.
Son diferentes en todo y, a pesar de ello, persiguen el mismo objetivo: el primer puesto de mejor asesino a sueldo del Mundo. No obstante, cuando se es tan habilidoso en un trabajo así, resulta difícil determinar quien será el campeón.

Lo recuerdo como si fuera ayer. Cuando mi obsesión por el cine chino de acción iba en aumento de repente me cayó del cielo esta película, convirtiéndose en la primera que vi de ese maestro del género que es Johnnie To; no puedo decir otra cosa salvo que me encantó, y a partir de ahí me hice fan del director y empecé a devorar su filmografía, aunque centrándome, obviamente, en sus obras de acción (este señor ha probado ya con todos los estilos).
A comienzos del nuevo siglo, To gozaba de una buena serie de títulos a sus espaldas, tanto desempeñando el papel de director como el de productor a través de su compañía Milkyway Image LTD Production; tras realizar junto a su inseparable Wai Ka-Fai la curiosa ¨Needing You¨ (que cualquiera diría que la hizo el mismo director de ésta que nos ocupa), To se encargaría de llevar a la gran pantalla el guión de Ka-Fai y Joey OBrien, el cual tomaba de base la novela ¨You & I¨ escrita por el director de cine Pang Ho-Cheung (¨Men Suddenly in Black¨, ¨Dream Home¨, ¨Tú Disparas, Yo Disparo¨), acreditado aquí como Edmond Pang.

La trama, que no es que tenga mucha enjundia, gira en torno a dos asesinos a sueldo que son los mejores de la profesión. ¨O¨ es muy formal, cauteloso y lo último que busca es hacerse de notar; en el extremo opuesto se encuentra Lok Tak-Wah, un joven con un ego más grande que el Nina Tower y amante de las películas de acción que, misión que se le encomienda, misión que tiene que convertir en un espectáculo de tiros y explosiones. ¨O¨ continúa invicto como el asesino más profesional de Asia, título que Tak desea arrebatarle a toda costa; encargo tras encargo, los dos irán desafiando sus cualidades hasta quedar, finalmente, enfrentados.
Por otra parte, el detective de la Interpol Albert Lee persigue sin descanso a los dos asesinos mientras que la guapa y discreta Chin, que más tarde descubriremos que es una buena pieza, trabaja en un videoclub frecuentado por Tak y, al mismo tiempo, de limpiadora para ¨O¨ en la casa que éste usa de tapadera; una situación un tanto complicada (sobre todo asumiendo el hecho de que ¨O¨ y Tak son asesinos profesionales), que acabará llevándola a verse atraída por ambos.

Una cosa es cierta: ¨Full-time Killer¨ no tiene sentido...¿pero acaso importa? Desde el mismísimo comienzo, que nos mete directamente en el corazón de la acción con la secuencia del asesinato en el metro, sabemos qué tono y ritmo tendrá la película, y, como podemos comprobar, se mantiene así durante todo el metraje; el tema principal no resulta nada original ya (dos asesinos son los mejores, se interesa el uno por el otro, empiezan desafiándose y acaban a tiros entre ellos), y sin embargo nos gusta verlo, porque, al tiempo que se va desarrollando el grotesco carácter de los personajes, podemos disfrutar de un espectáculo excitante, divertido y frenético, en el que las balas, las explosiones y la sangre salpicando la cámara nunca se detiene.
Lo mejor de todo es que, apoyándose en el irreverente guión de Ka-Fai y OBrien, el director toma ejemplo del método Tarantino y homenajea el cine de acción que le gusta, sin más, donde las referencias van desde los ¨The Killer¨ y ¨Hard Boiled¨ de John Woo (sabemos de dónde vienen esas secuencias a cámara lenta) y el ¨Full Contact¨ de Ringo Lam hasta títulos extranjeros, algunos literalmente mencionados, como ¨Le llaman Bodhi¨, ¨Crying Freeman¨, ¨El Profesional¨, ¨Boiling Point¨, ¨Le Samouraï¨, ¨El Mariachi¨ o ¨Asesinos¨, cuyo argumento no se separa mucho del de ¨Full-time Killer¨ (pero mil veces mejor los protas de ésta que los petardos de Stallone y Banderas...). De ahí que la parodia, el esperpento, la ilógica y la inspiración caricaturesca circule de principio a fin.

Takashi Sorimachi está genial, pero su oponente, al que encarna un Andy Lau más tonto que de costumbre, termina por resultar del todo irritante, esbozando esa sonrisa de capullo toda la película que acaba con mis nervios. El personaje de Kelly Lin no tiene precio, de verdad: un pan sin sal que curra en un videoclub y que acaba liada con dos asesinos a sueldo...y nada, tan normal la cosa; por el contrario, la historia del detective al que da vida el bueno de Simon Yam, aparte de no estar bien desarrollada, es que no encaja para nada en la película. Y cómo olvidarnos de Lam Suet, que es para To lo que Jack Nance para Lynch: el amigo al que siempre dará un papel de secundario.
Trepidantes secuencias de acción, unos diálogos de no creérselos, una trama cuya inteligencia brilla por su ausencia y un puñado de alusiones cinematográficas. No hay que pensar en absoluto para pasárselo bomba con ¨Full-time Killer¨, lo cual, por otra parte, se logra con creces..


La Jungla 4.0 (La Jungla de Cristal 4) La Jungla 4.0 (La Jungla de Cristal 4) 11-12-2018
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¨Jungla de Cristal¨, como para otros muchos, significó mucho en mi infancia/preadolescencia. Gracias a mi padre descubrí la primera en VHS y poco a poco me fui viendo toda la saga. McClane era mi héroe, le pasaba lo que no les pasaba a muchos protagonistas: recibía ostias hasta en el carnet de identidad, le disparaban y sufría con su situación personal, es decir, era humano, aunque podía hacer cosas increíbles (como saltar desde la azotea de un rascacielos con una manguera). Cuando fui a ver esta cuarta parte al cine, McClane, a mi entender, no podía subir más el listón...y, efectivamente, no lo hizo.
Las gracias hay que dárselas al guionista Mark Bomback, que tomando de base la historia de David Marconi, quien a su vez se inspiró en un artículo del Wired Magazine ¨A Farewell to Arms¨, decidió resucitar al neoyorkino policía tras estar ausente una década en pantalla; el guión se mantuvo en ¨stand-by¨ algún tiempo, modificándose en numerosas ocasiones, hasta que 20th Century Fox dio luz verde al proyecto, donde Bruce Willis ejercería de productor. La Fox terminó contratando al que fuera responsable de las dos primeras partes de ¨Underworld¨, el poco interesante Len Wiseman, quien recientemente se dedica a participar en series de televisión de dudosa calidad.

Ahora John es sólo un pobre policía que mantiene una mala relación con su hija Lucy, sigue trabajando con una pensión ridícula y hace las cosas porque hay que hacerlas; su última misión, llevar al joven ¨hacker¨ Matt Farrell ante el F.B.I. en Washington, se planteaba sencilla hasta que descubre que el chaval ha formado parte de un ataque informático a gran escala contra la infraestructura del país, perpetrado por Thomas Gabriel, empleado de la división de ciber-seguridad del mismo F.B.I. a quien sus ideas sobre la vulnerabilidad del sistema le llevaron al despido. McClane y Farrell deben formar un improbable equipo para terminar con el caos organizado por Gabriel y salir ilesos de multitud de peligros...
Las pasó canutas en el Nakatomi, en el aeropuerto de Washington e intentó salvar a New York de un chiflado que ponía bombas en todas partes. A sus 52 años, Bruce Willis regresa para encarnar a ese implacable detective que marcó un hito en el cine de acción. Según Wiseman, él era un gran fan de la franquicia, por lo que iba a respetar la esencia de la misma aunque la modernizaría, llevando a McClane a una era digital en la que se sintiera como un pez fuera del agua y tuviera que afrontar más obstáculos que antaño...mi eterna pregunta es si eso hacía falta, sinceramente. De un tiempo a esta parte se ha estado dando un ¨comeback¨ de iconos de los 80 (sobre todo gracias a Stallone) para demostrar que aún pueden hacer las cosas que hacían veinte años atrás.

Willis puede, claro, y su álter-ego también, pero el problema radica en lo que le rodea. Donde antes estaban los carismáticos Hans y Simon Gruber ahora tenemos a unos tipejos repelentes con ordenadores que se creen los más listos (Dios, como odio a los ¨hackers¨) y guiados por un patético villano cuya forma de hablar y gestualizar es enervante; McClane y Farrell deben permanecer juntos por necesidades del guión, así que como pareja protagonista no convence, la verdad, y aunque la premisa es interesante, el hecho de incorporar a McClane en ella lo estropea todo con respecto a las anteriores entregas de la saga.
Si eso no fuera suficiente tenemos un buen muestrario de incoherencias que no hay quien las aguante, como esos malos que no paran de dar saltos todo el rato, las tonterías que a veces se dicen Farrell y McClane, que se pasan de graciosos, lo de que haya una china que de patadas de kárate supermortales y para qué hablar de esos diálogos de la escuela de Michael Bay, algo a lo que Wiseman debería haber prestado más atención en lugar de centrarse sólo en la acción, que está pasadísima de rosca (¿un jet contra un camión?...venga ya). ¨La Jungla 4.0¨ es como todo el cine de acción actual: mucha explosión, mucha carrera, mucho guantazo, mucho efecto digital, pero todo se presenta demasiado ¨light¨ y artificial, sin sentimiento.

Pese a todo, aún resulta satisfactorio ver a McClane zurrando a los malos y salvándose en en último momento, como siempre, así que Willis hace lo que mejor sabe hacer, ponerse en plan duro, soltar frases lapidarias y repartir ostias; su personaje no cambia y eso es un gusto para los fans de siempre. No se puede decir lo mismo del cansino de Justin Long, del poco creíble Timothy Olyphant o de la odiosa Maggie Q, que está por estar. Mary Elizabeth Winstead pone su bonita cara y su nulo carisma a la hija del héroe, que en la primera parte interpretaba la pequeña Taylor Fry, y Kevin Smith nos honra con una curiosa e impagable aparición especial.
Entretenida es un rato largo, pero habría estado mejor si a Wiseman no le hubiera salido un producto tan vacío y tan poco auténtico. Dos momentos memorables, la paliza que McClane le da a la china y la aparición de Smith, consiguen hacer ganar a ¨La Jungla 4.0¨ unos puntos. Lo más sorprendente es que Willis dijo que esta cuarta parte le parecía la mejor de la saga (¡incluso que estaba a la altura de la primera!), lo que le hace dudar a uno de su buena cordura...


Érase una vez en América Érase una vez en América 11-12-2018
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Dudo que se pueda decir más de lo que ya se ha dicho sobre ¨Érase una Vez en América¨. 34 años después de su estreno aún continúa suscitando fascinación y admiración, por su complejidad, sus temas, sus casi cuatro horas de duración en su versión íntegra.
Se menciona ¨El Padrino¨ como el film de gangsters más grande de la Historia del cine, pero la obra de Sergio Leone posee suficientes cualidades como para ponerse a la altura de la de Coppola...y hasta para superarla.

El director italiano había dedicado siete años de su vida a un género del que acabó haciéndose pionero, el ¨spaghetti western¨, destacando títulos ya emblemáticos como ¨El Bueno, el Feo y el Malo¨ o ¨Hasta que Llegó su Hora¨. En 1.971 dio carpetazo a esto con ¨¡Agáchate, Maldito!¨, un film que tenía intención de producir dejando la dirección en manos de Peter Bogdanovich, aunque sus diferencias le llevaron a reemplazarle. Entonces decidió hacer realidad su sueño de trasladar a la gran pantalla la novela ¨The Hoods¨, escrita por Harry Grey (en realidad Harry Goldberg), que descubrió a mitad de los 60 y que le dejó completamente maravillado.
Esa fue la causa por la que no aceptase la oferta de Paramount Pictures de dirigir ¨El Padrino¨ (que cosas tiene la vida), porque estaba inmerso en conseguir los derechos de autor del libro, escribir la adaptación, lo que hizo en colaboración con otros seis guionistas (entre los que se encontraban los grandes Leonardo Benvenuti y Piero de Bernardi), y preparar la producción del film. Todo ello abarcó más de diez años de planificación; Leone ya podía empezar a cimentar la que sería su obra maestra por antonomasia.

¨Érase una Vez en América¨ nos lleva a través de tres décadas claves para la historia el país, los 20, los 30 y los 60, en eso que explora el ascenso y la caída de cinco jóvenes unidos por una profunda amistad que escogieron la vida criminal en una Norteamérica que comenzaba a levantarse gracias a la corrupción, la violencia, la codicia, la traición y, sobre todo, el dinero. Si Sergio Leone consiguió hacer historia con sus desmitificadores ¨westerns¨ que rompían con el estilo clásico y seguían una línea crepuscular, en esta ocasión se centra no sólo en rendir tributo de la manera más honesta y solemne al cine negro y de gangsters de toda la vida, sino que lo hace, al mismo tiempo, desnudándolo de su encanto.
Como si su cámara fuera un puñado de papel de lija, se dispone a escarbar en lo más profundo del cínico, descorazonador, peligroso, misógino y romántico mundo criminal, revelando tanto lo más fascinante como lo más repugnante, en el que nos metemos de forma trepidante y brutal desde el mismísimo comienzo. Pero la aventura épica de ¨Érase una Vez en América¨ se apoya en la visión tan trágica y poética que sostiene el director, enfrentando de manera constante, y a lo largo de toda la película, humor y drama, amistad y traición, lealtad e hipocresía, violencia y amor.

Leone usa esto sirviéndose de la estructura no lineal de la trama, vista a través de los ojos de ¨Noodles¨: vamos hacia adelante y la sensación es de melancolía y soledad, regresamos a los tiempos de juventud del protagonista (lo que evoca a la secuela de ¨El Padrino¨, cuando se nos narraban los comienzos de Vito Corleone) y predomina la nostalgia, el humor y la pérdida de la inocencia. El director no deja de lado su humor retorcido, sus recursos tanto técnicos como estilísticos ya clásicos (esos movimientos y ¨zooms¨ de cámara son sólo suyos) y su empeño en ofrecer una riqueza visual abrumadoramente bella y precisa hasta el extremo, ensalzada por la magistral banda sonora de Morricone.
Pero el film se diferencia de otros del mismo género por ese truco que lo impregna de extrañeza y misterio: ¿es el final un ¨flashback¨ donde ¨Noodles¨ recuerda que vivió tiempos mejores y más dichosos o quizá viene a indicar que todos los hechos sucedidos desde los años 30 en adelante son producto de una alucinación provocada por el opio? La incógnita aún se mantiene.

Memorable el reparto del que goza la película, con unos soberbios Robert DeNiro, James Woods, Elizabeth McGovern, Tuesday Weld, Larry Rapp y James Hayden, seguidos de los conocidos Joe Pesci, Burt Young y Treat Williams; increíble también la labor de los jóvenes Scott Tiler, Rusty Jacobs, Adrian Curran, Brian Bloom y una preciosa Jennifer Connelly que daba sus primeros pasos en el mundo del cine.
Desgraciadamente, como ocurriera con ¨Blade Runner¨ o ¨Dune¨, el film de Leone sufrió una serie de tijeretazos y modificaciones para su estreno en EE.UU. que acabaron desgraciándola por completo, provocando un fracaso de taquilla que hundió en la frustración a su director. Gracias a Dios hoy en día podemos disfrutar de ella en su versión original. El tiempo transcurre, pero ¨Érase una Vez en América¨ no envejecerá. Y es que es tan grande, tan épica, tan completa en todos los sentidos que se hace irresistible para cualquier amante del cine en general.

Leone nos dejaría a los 60 años a causa de un infarto, pero su legado sigue estando muy presente, sobre todo el que dejó su última película, una obra maestra absoluta del celuloide, y en mi opinión, con mis disculpas a Coppola, la mejor película de gangsters jamás realizada.


La Balada de Cable Hogue La Balada de Cable Hogue 11-12-2018
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¡Cable Hogue salió tropezando del desierto como uno de los profetas antiguos, y en los grandes horizontes abiertos hizo un reino para un hombre! Era tacaño como el que más, hay quien dice que era violento. No era en realidad un hombre bueno, y no era un hombre malo...¡pero era un hombre!
Amén a eso.

Uno de los más atípicos ¨westerns¨ que jamás se realizaron fue, sin duda, ¨La Balada de Cable Hogue¨. Y su responsable es, curiosamente, el mismo tipo que un año antes se convertía en apóstol del crepúsculo gracias a la apocalíptica ¨Grupo Salvaje¨, obra de toque con la que consagraba su demolición del cine del Oeste. Efectivamente, aquel film hizo que Peckinpah escalara hasta los primeros puestos de los más grandes cineastas del momento, ganándose el aplauso de crítica y público por igual y recibiendo reconocimiento mundialmente.
Tras esto, el hombre decidió cambiar de aires y se encargaría del guión de John Crawford y Edmund Penney, una especie de réquiem tragicómico que nada tenía que ver con su anterior propuesta. Y como no podía ser menos en la carrera de Peckinpah, los conflictos surgieron durante un rodaje dispuesto en los desiertos de Arizona y Nevada lleno de problemas, primero aquejado por las malas condiciones climatológicas y luego por la recaída del director en la bebida; el despido de varios miembros del equipo y los altos gastos de presupuesto, aparte de mantener viva su fama de pendenciero, provocaron importantes roces con la Warner Bros..

Abandonado a su suerte por Bowen y Taggart, dos tiparracos que creía sus compañeros, el obstinado y valiente Cable Hogue deambula por los ardientes páramos sin sustento alguno y con la arena y el Sol como única compañía; tras rogar varias veces a Dios en vano y darse por vencido su surte cambia radicalmente. La causa de esto es que en mitad del desértico territorio ha hallado una abundante cantidad de agua enterrada, de lo que sin duda se aprovechará, no sólo con la idea de sobrevivir, sino de comenzar un negocio.
Tras hacerse con la extensión del terreno, Cable irá construyendo poco a poco lo que más tarde será una posada para las gentes que crucen el camino, con la espontánea ayuda de Joshua, un pintoresco predicador con más cara que espalda y un gran apetito por las mujeres. Mientras tanto, Cable intentará conquistar a una prostituta tan bella como caprichosa llamada Hildy que ha conocido en una ciudad cercana, aunque si hay algo que no se va de su mente es la venganza que juró tomar contra aquellos dos bastardos que le dejaron tirado en mitad del desierto, y con los que espera encontrarse pronto.

A pesar de ese comienzo engañoso que a todas luces nos anuncia un salvaje ¨western¨ de venganza, ¨La Balada de Cable Hogue¨ va por unos derroteros que somos incapaces de imaginar. Peckinpah puede que no cambie de escenario, pero sí de registro. ¨Grupo Salvaje¨ era una aventura trepidante, llena de acción y violencia; ésta que nos ocupa, sin embargo, se revela como un drama muy humano con dosis de humor irreverente y puntualmente disparatado, que a veces incluso recuerda a los films de Russ Meyer, y con guiños al ¨spaghetti western¨, dejando a un lado esa descarnada violencia que tanto inundaba las obras del director y hasta sustituyendo su habitual ¨slow motion¨ por escenas a cámara rápida que acentúan el tono cómico.
De todas formas, no desaparecen ni su misoginia, ni sus personajes cínicos, ni su fuerte crítica a la ética y a la religión (bueno, aquí se queda a gusto con el personaje del predicador) ni, por supuesto, su poesía impregnada de amargura y melancolía, escenificada en ese Oeste donde las personas ya empiezan a abandonar los pueblos para ir a las grandes ciudades y en el que los automóviles, como aparecía en ¨Duelo en la Alta Sierra¨, empiezan a reemplazar a los carros de caballos (un coche será la causa de la desgracia del protagonista...).

Uno de los actores frecuentes del universo ¨peckinpahniano¨, Jason Robards, ofrece una de sus grandes actuaciones, tan divertida como dramática, y repitiendo, en cierto modo, el papel que hiciera dos años antes en ¨Hasta que Llegó su Hora¨. A éste le siguen la despampanante Stella Stevens, David Warner en un personaje impagable y otros habituales del director como L.Q. Jones, Slim Pickens o Strother Martin.
¨La Balada de Cable Hogue¨, pese a su narrativa confusa y su tremenda irregularidad, es una buena muestra, a la vez dura y poética, de esas obras crepusculares que anunciaban la muerte del cine del Oeste. Para mí permanece entre los ¨westerns¨ más extraños que he visto junto con ¨Infierno de Cobardes¨, de Clint Eastwood, y la italiana ¨Los Cuatro del Apocalipsis¨, dirigida por Lucio Fulci.


Estado de Sitio Estado de Sitio 11-12-2018
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El pánico cunde en las calles. Grandes explosiones reducen edificios a escombros, hay manifestaciones sin control y se incrementa el odio racial mientras la gente, horrorizada, contempla soldados y tanques invadiendo la ciudad.
El terrorismo es la razón de semejante caos. Y no se está dando en las típicas ciudades árabes que todos nos sabemos ya...sino en Brooklyn.

Cuenta la leyenda que la banda de ¨heavy metal¨ Dream Theater tenía pensado publicar su álbum ¨Live Scenes from New York¨ el 11 de Septiembre de 2.001...en cuya portada aparecía la ¨manzana¨ de la susodicha ciudad con las Torres Gemelas en llamas; lo de este disco podría ser sometido a estudios parapsicológicos o no ser más que una ¨broma¨ macabra del destino. Pero no sólo en el mundo de la música hallamos estas extrañas coincidencias, también en la Historia del cine encontramos películas que han resultado ser de lo más premonitorias (que se lo digan a Méliès, Lang o Kubrick), y una de ellas es, sin duda, ¨Estado de Sitio¨.
El guión de Lawrence Wright acabó interesando lo suficiente a Edward Zwick, director responsable de títulos como ¨Leyendas de Pasión¨ o ¨Diamantes de Sangre¨ y destacado, sobre todo, dentro del drama épico y del ¨thriller¨ político, para encargarse del proyecto, con la intención de llevar a una palpable realidad la descabellada idea de convertir Manhattan en zona de guerra a causa del terrorismo árabe, tema siempre controvertido en terreno norteamericano, en una época en la que aún seguían recordándose los trágicos sucesos del World Trade Center, ocurridos cuatro años antes.

La acción nos traslada al departamento del F.B.I., donde el agente especial Anthony Hubbard se ha de enfrentar, junto con toda su unidad, a un brutal ataque terrorista: la explosión de un autobús lleno de pasajeros que inicia el estado de alarma en toda la ciudad. Una de las teorías que se barajan sería conseguir la liberación del jeque árabe Ahmed bin Talal, pero nadie ha pedido nada todavía; Hubbard tendrá que colaborar con una poco fiable agente de la C.I.A. llamada Sharon Bridger para descubrir las distintas células terroristas y detenerlas.
Por desgracia, los ataques no dejan de sucederse y la nación empieza a hartarse de ver cadáveres, con lo que al presidente no le queda otra solución: declarar la ley marcial en plena ciudad de New York. Será el general William DeVereaux el encargado de poner orden, apresando a cualquier ciudadano de raza árabe hasta dar con los responsables de los ataques; este plan tan falto de ética que incluye la presencia de soldados y vehículos militares en las calles choca con los ideales de Hubbard, quien lo considera una locura. Mientras se prepara un último gran golpe que nadie espera, la desconfianza, el temor, las persecuciones y la sangre se extienden sin control por Brooklyn...

¨Estado de Sitio¨ nos pone delante de una estremecedora situación que cualquier persona desearía no presenciar: el asedio de una ciudad, opresión racial, la toma militar de casas, calles, avenidas, el incremento de las protestas con los derechos humanos como máxima. ¿Casualidad o un siniestro vaticinio? La película, que deja por los suelos las políticas del momento, se adelantó tres años al caótico escenario en el que se convirtió Norteamérica después del 11-S, y nos cuenta cómo el terror se puede apoderar de una nación y odiar a otra por culpa del terrorismo, quebrantando leyes y derechos constitucionales legítimos; un serio dilema pone a la paz y el patriotismo enfrentadas contra la moralidad (uno es un terrorista, todos son terroristas...), tema que tras el derrumbamiento de las Torres sería imposible criticar, ya que en el 2.001 los ojos de los americanos apuntaron, irascibles, a todos los árabes.
Entre tanto, Zwick nos brinda un ¨thriller¨ lleno de intriga y acción que por su argumento y temática evoca el estilo de las novelas de Tom Clancy y de aquellos films setenteros sobre terrorismo y espías internacionales, como ¨Domingo Negro¨ o ¨Pelham 1, 2, 3¨. Hay que reconocer que aparecen los convencionalismos típicos de esta clase de propuestas, que al final los personajes carecen de ambigüedad, o son malos o buenos y punto (excepto el de Samir), que el ritmo desciende en ciertas partes y que la conclusión es previsible y demasiado políticamente correcta comparado con el resto de la película, sin embargo ésta acaba ofreciendo un trepidante espectáculo que engancha de principio a fin.

Digno heredero de Sidney Poitier, Denzel Washington, de nuevo colaborando con Zwick, consigue otra muy notable actuación, aunque vuelva a hacer ese mismo papel que ya le hemos visto en otros veinte títulos anteriores. Tony Shalhoub, Annette Bening y un discreto Bruce Willis están bastante correctos en sus respectivos personajes, que por desgracia derivan entre lo estereotipado y lo predecible; destaca Sami Bouajila como Samir.
Entretenidísima de principio a fin a la vez que demoledora y muy realista si tenemos en cuenta lo que pasaría poco después en la ciudad de New York. Desolador retrato de hasta dónde puede llegar el odio, el malestar, la injusticia y el exacerbado patriotismo en nuestra sociedad cuando se viven tiempos de guerra.


Ocean's Eleven (Hagan Juego) Ocean's Eleven (Hagan Juego) 11-12-2018
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Aunque el viejo dicho afirma que la banca siempre gana, las reglas pueden cambiar de repente. Once hombres van a demostrar que eso es verdad. Su escenario: Las Vegas. Su objetivo: tres casinos y un montón de dinero.
Una de las películas de más éxito a comienzos del 2.000, tanto a nivel de público como de crítica, fue ¨Oceans Eleven¨. No es difícil adivinar que el sr. Soderbergh sabía que los 85 millones invertidos se iban a amortizar bien...y así sería: el quíntuple del presupuesto recaudado en taquilla.

Sin embargo, y hay gente que aún no lo sabe, lo de robar muchos casinos en Las Vegas al mismo tiempo no viene de nuevas. En 1.960, en plena gloria del ¨Clan Sinatra¨, conocido en Hollywood como ¨Rat Pack¨, el director Lewis Milestone reunió a sus integrantes (Frank Sinatra, Dean Martin, Joey Bishop, Sammy Davis Jr. y Peter Lawford) en ¨La Cuadrilla de los Once¨, cuyo guión firmaban al alimón Harry Brown y Charles Lederer con la inestimable ayuda de Billy Wilder.
En los últimos tiempos, la industria hollywoodiense ha retomado con entusiasmo la vieja costumbre de hacer nuevas versiones de películas que en su momento gozaron del favor del público, con lo que era el momento idóneo para que la Warner Bros. adaptara la obra de Milestone al siglo XXI. El proyecto cayó en manos de un Steven Soderbergh que renacía de sus cenizas con ¨Traffic¨ y ¨Erin Brokovich¨ tras algunos irregulares títulos; éste contó con el apoyo de su amigo George Clooney, con quien ya había trabajado en ¨Un Romance muy Peligroso¨, y que además participó en la producción a través de su compañía Section Eight Productions.

En esta revisión escrita por Ted Griffin sólo se mantiene el planteamiento inicial de la acción. Los que antes eran compañeros de armas en la 2.ª Guerra Mundial son ahora pintorescos individuos, algunos criminales, que dominan especialidades concretas. Los cinco casinos del robo original (el Sahara, el Riviera, el Flamingo, el Desert Inn y el Sands) ahora son tres. Y lo más importante: los demás personajes de la historia no son meras comparsas del protagonista, como pasaba con Frank Sinatra.
Tras estar una temporada en prisión, el criminal profesional Daniel Ocean ha planeado un golpe tan lucrativo como peligroso en Las Vegas: desvalijar en una noche, con mucha discreción, la cámara acorazada del Bellagio, que contiene más de 150 millones de dólares, recaudación de dicho casino y de dos más, el Mirage y el MGM Grand. Para ello, Ocean se hace con la ayuda de diez tipos: Rusty, su mano derecha; Linus, un joven carterista; Basher, experto en explosivos; Saul, un timador retirado; Frank, un croupier infiltrado; Livingston, un genio de la electrónica; Yen, un contorsionista circense; los hermanos Virgil y Turk, conductores profesionales, y Reuben, el millonario que financia la operación.

Con gran eficiencia y habilidad, Soderbergh ejecuta los numerosos giros, engaños y trampas de un argumento que en realidad no es sino la clásica película de ladrones, atracos, timos y estafadores, heredera de ¨Golpe Audaz¨, ¨Rififi¨ (más bien de ¨Rufufú¨) o ¨El Golpe¨. Sofisticada, elegante, llena de lujo y humor ligero, ¨Oceans Eleven¨ se desarrolla con rapidez en sus dos horas, ofreciendo lo que el director quería desde un primer momento: una película divertida, enfocada al éxito comercial, que no fuera enrevesada, sino asimilable para el público, y ante todo muy entretenida. En tres palabras: puro espectáculo hollywoodiense.
De ahí que los problemas que afrontan los protagonistas se resuelvan con una justificada sencillez que no merece la pena ni cuestionarse. Está claro que el grupo de ladrones no va a pasar por los trágicos hechos por los que pasan los personajes de ¨Atraco Perfecto¨ o ¨Los Reyes del Crimen¨. No se busca eso. Todo saldrá a pedir de boca para los buenos y el malo acabará jodido, es muy obvio. Para rematar se introduce algo muy típico de estas comedias: el amor entre el cerebro de la operación y la chica del hombre que va a ser robado, lo que da pie a la clásica guerra de sexos. Pero lo mejor para Soderbergh fue rodearse de un reparto coral para asegurarse aun más el éxito, todos sacando a relucir su faceta cómica y elegante.

Los Clooney y Pitt que aparecen aquí tienen más en común con los galanes del cine de antaño (el primero a lo Cary Grant, el segundo a lo Paul Newman) que con anteriores personajes suyos (nada que ver con lo que ambos hicieron en ¨O, Brother!¨ y ¨Snatch¨). Luego, los impagables Don Cheadle, Bernie Mac, Casey Affleck, Scott Caan, el tremendamente encantador Matt Damon, Andy García, que queda de miedo como el malo, y los veteranos Carl Reiner y Elliott Gould. Para rematar, el film cuenta con los cameos de Henry Silva y Angie Dickinson, dos de los actores de la versión de los 60.
Y en sustitución de la anterior una improbable Julia Roberts que se me hace del todo irritante (anda que no había buenas actrices para el papel...pues tuvieron que elegir a esta). De todas formas, eso es sólo una pequeña molestia para lo que la película asegura, que es pura diversión, vibrante y sin concesiones, y aunque todo suene a visto y oído, es imposible aburrirse con ella. La única verdaderamente potable de la inútil saga que después inició Soderbergh, sólo para tirar de la manta del éxito comercial.

Y acorde con las modas y las políticamente correctas ideas de hoy día, se ha estrenado una subnormalidad llamada ¨Oceans Eight¨, dirigida por Gary Ross (uf, el de ¨Los Juegos del Hambre¨...¡apaga y vámonos!) y con un reparto exclusivamente femenino.
Que cosas tan patéticas tenemos que aguantar en la actualidad, Dios mío...


Poder Absoluto Poder Absoluto 11-12-2018
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Luther Whitney es un astuto ladrón profesional que lleva operando muchos años y al que sólo han cogido tres veces, aunque nadie sabe nada de él desde hace tiempo, ni siquiera su hija Kate, con la que nunca ha mantenido una relación demasiado buena. A pesar de la edad él continúa desempeñando su lucrativo ¨trabajo¨ con la misma habilidad, cosa que va a demostrar cuando decida colarse en la mansión del millonario Walter Sullivan para sustraer todo lo que pueda y más; el robo le va perfectamente, Whitney encuentra dinero, joyas, relojes, pero no contaba con algo esa noche...
La joven esposa de Sullivan, Christy, aparece borracha en el salón con nada menos que el presidente de la nación, Alan Richmond; el ladrón no tiene más remedio que esperar oculto, aunque de repente se desencadenan hechos trágicos: el presidente es herido, la chica resulta muerta y en la escena se pierde un abrecartas con sangre de la víctima. Más tarde el detective Frank hará lo posible por resolver el caso, sin embargo Whitney ha sido testigo del atroz asesinato, y sólo en sus manos está desenmascarar al culpable, aunque ello ponga en peligro su propia vida.

¨Poder Absoluto¨ fue una de las primeras películas que descubrí del sr. Eastwood, mucho antes de que viera al actor como Harry Callahan, empuñando su mágnum y diciendo lo de ¨anda, alégrame el día¨, o con el poncho encima paseándose por nuestras tierras almerienses mientras le dirigía Leone; quizá la viera cuando contaba 10 años o así, lo que provocó que no le prestara la debida atención (...por aquella época yo estaba gilipollas perdido con el cine de acción de Seagal, Willis y Schwarzenegger), aunque con el tiempo y varias revisiones se le coge un cariño especial.
Los años 90 habían sido como una segunda juventud para el actor/director: consiguió su mayor ¨western¨, amén de una de sus obras más memorables, con ¨Sin Perdón¨, ¨En la Línea de Fuego¨ le devolvió su papel de hombre de acción y hasta dejó boquiabiertos a los más sensibleros con sus románticos puentes de Madison. Esa fue la última película que dirigió y protagonizó hasta que pensó en adaptar el best-seller de David Baldacci, ¨Absolute Power¨, el cual le había fascinado aunque estuviera en desacuerdo con ciertos puntos, y que iban a ser modificados, ni que decir tiene, para el guión cinematográfico, del que se ocuparía William Goldman.

Aparte de su más que evidente dominio del ¨western¨, Eastwood siempre ha tenido buena mano para el ¨thriller¨, cosa que viene demostrando desde el principio de su carrera, cuando debutó con la interesante ¨Escalofrío en la Noche¨, y que más tarde corroboró con títulos como ¨Impacto Súbito¨, ¨En la Cuerda Floja¨ (acabó rodando más metraje que el director Richard Tuggle) o ¨Un Mundo Perfecto¨; con ¨Poder Absoluto¨ regresa al género de forma elegante y eficaz. Una poderosa primera media hora mete al espectador en el corazón de la intriga, con el director dándoselas de Hitchcock: Whitney observa el crimen, paciente aunque con el corazón en un puño, sabe que no puede hacer nada y por lo tanto ha de esperar, y cuanto más espera más aumenta la tensión.
Al terminar la espiral de violencia se puede ir tranquilo, como nosotros, pero con un homicidio en lo más profundo de su inconsciente; asistimos, así, a una de las secuencias más asfixiantes e intensas que haya rodado Eastwood en toda su carrera. El resto sigue muy decentemente, aunque no a la misma altura, con el suspense desarrollándose entre engaños, traiciones, algunos buenos giros y el elemento clave que no puede faltar: el abrecartas ensangrentado; es como si DePalma y el mencionado Hitchcock (menudo guiño a ¨La Ventana Indiscreta¨) se dieran la mano con ese ¨thriller¨ de carga política tan propio de Sidney Lumet, aunque todo remite, al fin y al cabo, al mejor y más clásico cine negro.

Eastwood vuelve al papel de hombre solitario y mayor que ha de vencer toda adversidad si quiere proteger lo que más quiere, cosa que sus seguidores ya nos conocemos de sobra (pero resulta gratificante verle hacer de ladrón, tras tantos años llevando uniforme de policía). Gene Hackman, quien se enfrentaba a Eastwood en ¨Sin Perdón¨, sorprende en un personaje de lo más repugnante y patético, mientras que Ed Harris, Laura Linney, Judy Davis o Scott Glenn brindan unas muy notables actuaciones. Eso sí, brillante E.G. Marshall.
Una segunda parte mucho más previsible y convencional resta puntos a la película, sin embargo ¨Poder Absoluto¨ no deja de ser un gran ejercicio de intriga de principio a fin, con la suficiente inteligencia y estilo como para que al final sus dos horas hayan merecido la pena.


La Tormenta Perfecta La Tormenta Perfecta 11-12-2018
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¨La niebla se levanta, y entonces sueltas amarras, sales del canal Sur, pasas por Rocky Neck, cerca de la Isla Tenpound, te acercas a la altura del estanque Niles, haces sonar la sirena y saludas al hijo del farero de la Isla Thatcher. […]
Sale el Sol y navegas rumbo al Norte. Navegas a toda máquina. Los chicos faenan y tú estás al mando. Eres patrón de un maldito barco de pesca...¿hay algo mejor en el Mundo?¨.

Seguramente no para el capitán Frank William Tyne, pues su trabajo y su vida se hallan entre las olas del océano, entre gaviotas y aparejos, entre peces y cañas...por desgracia, el último viaje realizado en un pequeño pesquero donde ejerce de patrón, el Andrea Gail, no ha sido precisamente muy exitoso, cosa que desmoraliza tanto a la tripulación como al arisco dueño del barco, Bob Brown. Pero a Tyne no, ya que alberga la esperanza de regresar la próxima vez con un gran cargamento de pescado, y para conseguirlo no le queda más remedio que reunir a sus muchachos y embarcar otra vez.
Con la promesa de su patrón de obtener una gran recompensa, Bobby Shatford, Dale Murphy, Michael Moran, Alfred Pierre y David Sullivan, aceptan salir de su agradable pueblo de Gloucester a regañadientes; el objetivo del obstinado Tyne no es volver a los Grandes Bancos, sino a Flemish Cap, donde se hallan las mejores capturas. Es en ese momento cuando el huracán Grace se fusiona con un frente frío y una tormenta tropical en pleno Atlántico, poniendo a prueba a los seis hombres del Andrea Gail, quienes tendrán que enfrentarse a la furia de la naturaleza si quieren volver vivos a casa.

Todos estos acontecimientos tuvieron lugar desde el 28 de Octubre hasta el 2 de Noviembre de 1.991, cuando, en efecto, el mencionado huracán Grace aumentaba su intensidad dirigiéndose al Norte desde la costa atlántica mientras un frente frío que se precipitaba desde Canadá y un ciclón al Sur de la Isla de Sable aguardaban para encontrarse; ello provocó la llamada ¨Tormenta Perfecta¨, un devastador temporal como nunca antes se había registrado que azotó sin piedad la Costa Este de EE.UU., y cuyo avance coincidiría con el Andrea Gail, preparando para el barco y sus tripulantes un fatídico destino del que no podrían escapar. Testigo de los hechos, el escritor Sebastian Junger registró la historia de los valientes pescadores de Gloucester en su libro ¨The Perfect Storm¨.
Publicada seis años después de la tragedia, donde se añadía el mal trago que sufrieron los que iban a bordo del velero Satori (Mistral en el film) y el equipo de rescate de la Guardia Nacional que se encargó de salvarlos, la novela sería adaptada por William D. Wittliff a la espera de llevarse a la gran pantalla, en un momento en que el cine de catástrofes llenaba las salas de público (era la época de ¨Volcano¨, ¨Armageddon¨, ¨Un Pueblo llamado Dantes Peak¨...). Wolfgang Petersen, que venía de hacer fortuna con ese ¨thriller¨ de acción tan entretenido como absurdo llamado ¨Air Force One¨, sin duda era el indicado para dar vida a la novela de Junger.

Es bien sabido la fascinación del realizador alemán por el océano y sus peligros, lo cual demostró casi veinte años antes con la épica ¨El Submarino¨. Como en aquella, ¨La Tormenta Perfecta¨ habla de un grupo de hombres dispuesto a luchar contra los elementos y los aciagos reveses del destino para poder volver con sus seres queridos, hacinados en un pequeño barco, con la esperanza de que la tormenta amaine antes de verse devorados por su furia. Cuenta el director que en un bar del mismo Gloucester en el que su equipo rodó parte de la película, un borracho se le acercó, le agarró del cuello y le dijo ¨haz que sea real¨, así que ese fue su objetivo: retratar lo más fielmente posible la historia.
Petersen sabe combinar el cine de aventuras, el de catástrofes y la acción más trepidante con el drama y la emoción nacidos de los hechos reales, aunque el resultado no queda del todo bien, y es que la historia parece dispersarse demasiado con tanta subtrama (deberían haberse centrado sólo en el Andrea Gail), volviéndose, además, algo pesada a partir de la segunda hora de metraje, cuando vemos que Tyne decide navegar hacia la tormenta. Ahí patinó Petersen: según la verdadera Linda Greenlaw el Andrea Gail no se metió en el huracán antes de descargar sobre el océano, sino que le pilló de repente, después de tres días de viaje...

Un notable George Clooney, dando buena muestra de su versatilidad como actor, se pone a la cabeza de un competente equipo donde destacan los geniales John C. Reilly, William Fitchner y John Hawkes; en general, todo un reparto muy correcto, la verdad, exceptuando a Mark Wahlberg, que no lo soporto (su pasteloso romance con Diane Lane me recordó al de Affleck y Tyler en ¨Armegeddon¨).
Gran trabajo de música y fotografía por parte de James Horner y John Seale y, sobre todo, el de los impresionantes efectos visuales, los cuales acaban por convertirse en otro personaje más de la película. Podría haber ganado enteros si la trama hubiese estado enfocada sólo en el barco de Tyne, aunque eso no le impide disfrutar a uno de la tremenda aventura que es ¨La Tormenta Perfecta¨, a la vez trágica, intensa y muy entretenida.

Muy bueno el guiño a ¨Tiburón¨, por cierto.


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