Algo amargo en la boca es una de las películas más interesantes del inicio de la filmografía de Eloy de la Iglesia y, a menudo, una de las menos apreciadas. En ella, el director ya empezaba a diseccionar las instituciones “intocables“ de la España de la época —la familia, la religión y la moral burguesa— bajo una lente que se inspiraba en el melodrama turbio y el thriller psicológico.
La trama sigue a César (Juan Diego), quien llega a pasar la Navidad en una casa de campo para convivir con su tía y sus primas. Lo que parece una reunión familiar idílica pronto se transforma en un laberinto de tensiones sexuales, celos y secretos inconfesables que hace estallar la hipocresía moral imperante.
Comparte con otras obras del género europeo de la época esa atmósfera de erotismo malsano y unos personajes que esconden intenciones sórdidas. El título no es casual: ese “algo amargo“ es el regusto que deja la represión. La presencia constante de la moral católica actúa como el represor del deseo, lo que termina por corromper los vínculos familiares. Aquí ya se percibe al De la Iglesia que más tarde exploraría el cine quinqui y la marginalidad, pero en esta ocasión lo hace desde el corazón de la burguesía, atacando los cimientos de la “familia tradicional“.
La película desafió los límites de lo permitido en su momento. No logró pasar por debajo del radar de la censura del todo, viéndose obligada a modificar el desenlace que figuraba en el guion original, en el cual las tres mujeres terminaban matando a César.
Miguel Arkangel
6
Algo amargo en la boca es una de las películas más interesantes del inicio de la filmografía de Eloy de la Iglesia y, a menudo, una de las menos apreciadas. En ella, el director ya empezaba a diseccionar las instituciones “intocables“ de la España de la época —la familia, la religión y la moral burguesa— bajo una lente que se inspiraba en el melodrama turbio y el thriller psicológico.
La trama sigue a César (Juan Diego), quien llega a pasar la Navidad en una casa de campo para convivir con su tía y sus primas. Lo que parece una reunión familiar idílica pronto se transforma en un laberinto de tensiones sexuales, celos y secretos inconfesables que hace estallar la hipocresía moral imperante.
Comparte con otras obras del género europeo de la época esa atmósfera de erotismo malsano y unos personajes que esconden intenciones sórdidas. El título no es casual: ese “algo amargo“ es el regusto que deja la represión. La presencia constante de la moral católica actúa como el represor del deseo, lo que termina por corromper los vínculos familiares. Aquí ya se percibe al De la Iglesia que más tarde exploraría el cine quinqui y la marginalidad, pero en esta ocasión lo hace desde el corazón de la burguesía, atacando los cimientos de la “familia tradicional“.
La película desafió los límites de lo permitido en su momento. No logró pasar por debajo del radar de la censura del todo, viéndose obligada a modificar el desenlace que figuraba en el guion original, en el cual las tres mujeres terminaban matando a César.
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