Código de silencio es considerada la mejor película en la carrera de Chuck Norris. Originalmente fue pensada para ser interpretada por Clint Eastwood, pero finalmente el papel protagónico recayó en Chuck. En esta ocasión, Norris interpreta a Eddie Cusack, un sargento de la policía de Chicago atrapado en medio de una sangrienta guerra de bandas entre el clan italiano y el cartel colombiano de los Comacho. La película destaca por su realismo urbano y una buena dirección técnica, alejándose de sus entregas anteriores para ofrecer un thriller policial sólido, con una atmósfera gris y tensa que recuerda al mejor cine criminal de los años setenta.
La trama explora con acidez el “muro de silencio“ policial y la omertà mafiosa, equiparándolos. Cusack es marginado por sus propios compañeros tras denunciar la corrupción interna, lo que añade una capa moral muy efectiva. Desde las persecuciones por sórdidos barrios hasta el clímax final con el robot experimental “Prowler“, la película hace gala de una puesta en escena que anticipó el talento de Andrew Davis para el género, el cual perfeccionaría años después en El fugitivo. Norris demostró que podía sostener un relato cinematográfico más complejo sin perder su contundencia física.
Miguel Arkangel
7
Código de silencio es considerada la mejor película en la carrera de Chuck Norris. Originalmente fue pensada para ser interpretada por Clint Eastwood, pero finalmente el papel protagónico recayó en Chuck. En esta ocasión, Norris interpreta a Eddie Cusack, un sargento de la policía de Chicago atrapado en medio de una sangrienta guerra de bandas entre el clan italiano y el cartel colombiano de los Comacho. La película destaca por su realismo urbano y una buena dirección técnica, alejándose de sus entregas anteriores para ofrecer un thriller policial sólido, con una atmósfera gris y tensa que recuerda al mejor cine criminal de los años setenta.
La trama explora con acidez el “muro de silencio“ policial y la omertà mafiosa, equiparándolos. Cusack es marginado por sus propios compañeros tras denunciar la corrupción interna, lo que añade una capa moral muy efectiva. Desde las persecuciones por sórdidos barrios hasta el clímax final con el robot experimental “Prowler“, la película hace gala de una puesta en escena que anticipó el talento de Andrew Davis para el género, el cual perfeccionaría años después en El fugitivo. Norris demostró que podía sostener un relato cinematográfico más complejo sin perder su contundencia física.
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