La tercera pelicula a cargo de Guy Hamilton sobre la saga Bond se enfrentaba al desafio (por segunda vez) de reemplazar a Connery como espia inglés.
Para ello se contó con Moore, y con él se diluyeron definitivamente las pequeñas pinceladas de madurez que se habían bosquejado en ¨Al servicio secreto de su majestad¨, el futuro de las cuales aún estaba en el aire tras la vuelta (y posterior deserción) a casa de Connery en ¨Diamantes para la eternidad¨.
Con Moore como nuevo emblema de la serie, se asentó una personalidad mucho más simplona pero efectista, a caballo entre el rufioneo y la elegancia.
Combinación que no empezaría a desaparecer, mínimamente al menos, hasta la llegada de Dalton a finales de los ochenta.
Lo cierto es, que el nuevo actor soportó bien el embite de las comparaciones y pronto se estableció en la serie de peliculas, siendo inclusive el que hoy en día el que más entregas ha rodado.
Y es que, a pesar de estar un poco entrado en años cuando fue escogido, en sus últimas peliculas es más que evidente, el inglés tiene carisma y presencia en pantalla y pronto se yergue como protagonista absoluto.
Las entregas con Moore al frente mezclan en su protagonista esa elegancia característica de la saga con un aire de buscón que se infiere un tanto fuera de lugar, siendo estas entregas las que más se apoyan y abusan de infantilismos y humor barato que en ocasiones no resulta del todo conveniente y que se convertirían y exacerbarían como elemento constante en la saga.
Dichos momentos, aunque tampoco ennegrecen el resultado final si que resultan en ocasiones superfluos, sirva de ejemplo en la pelicula que nos ocupa, el momento en el que Bond se acuesta con la pitonisa:
un espia versado en toda clase de artes, lenguas y habilidades valiendose de una baraja que convenientemente contiene en todas y cada una de sus cartas la figura de los amantes. Como si de un trilero se tratase. Si eso no es chabacano e infantíl, pues ya me direís.
Centrándonos en la pelicula, ¨Vive y deja morir¨ cumple debidamente con el universo Bond, los personajes, a excepción del sheriff que resulta por momentos exasperante, son carismáticos dentro de la ficción de la pelicula y cumplen debidamente en sus papeles de malos malísimos o buenos buenísimos
Es evidente que los personajes son planos pero cumplen su función de hacernos entretener y sobre todo, ser simpáticos al espectador.
Por otro lado, la historia se observa bastante descuidada, desaprovechada y menos trabajada que en otras ocasiones, resultando en una esperpéntica mezcla de vodoo y tráfico de drogas, más que en una buena o profunda trama sobre el atractivo tema que se sustenta.
Es irrefutable, que la esperpéntica mezcla de ramplonería, drogas, glamour y acción, patente desde el minuto uno del largometraje, convierte a ¨Vive y deja morir¨ como una de las entregas más especiales y con más sello personal de la serie, habrá quien la disfrute y quien la sufra.
Quizás un enfoque más serio le hubiese sentado mejor, pero lo cierto es, que el escogido para esta ocasión tampoco desluce excesivamente el conjunto global, simplemente la transforma en una pelicula única entre sus hermanas.
Por lo demás, todos los postulados del mundo Bond, están presentes, los gadgets, las explosivas chicas, los geniales créditos de Binder, acompañados esta vez de Mccartney, las secuencias imposibles como el ¨paseo¨ (con dobles, pero real) sobre cocodrilos y mucho más.
Una entretenida cinta de acción de los setenta y una buena y sobre todo, muy personal aportación al universo Bond.
BODOM789
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La tercera pelicula a cargo de Guy Hamilton sobre la saga Bond se enfrentaba al desafio (por segunda vez) de reemplazar a Connery como espia inglés.
Para ello se contó con Moore, y con él se diluyeron definitivamente las pequeñas pinceladas de madurez que se habían bosquejado en ¨Al servicio secreto de su majestad¨, el futuro de las cuales aún estaba en el aire tras la vuelta (y posterior deserción) a casa de Connery en ¨Diamantes para la eternidad¨.
Con Moore como nuevo emblema de la serie, se asentó una personalidad mucho más simplona pero efectista, a caballo entre el rufioneo y la elegancia.
Combinación que no empezaría a desaparecer, mínimamente al menos, hasta la llegada de Dalton a finales de los ochenta.
Lo cierto es, que el nuevo actor soportó bien el embite de las comparaciones y pronto se estableció en la serie de peliculas, siendo inclusive el que hoy en día el que más entregas ha rodado.
Y es que, a pesar de estar un poco entrado en años cuando fue escogido, en sus últimas peliculas es más que evidente, el inglés tiene carisma y presencia en pantalla y pronto se yergue como protagonista absoluto.
Las entregas con Moore al frente mezclan en su protagonista esa elegancia característica de la saga con un aire de buscón que se infiere un tanto fuera de lugar, siendo estas entregas las que más se apoyan y abusan de infantilismos y humor barato que en ocasiones no resulta del todo conveniente y que se convertirían y exacerbarían como elemento constante en la saga.
Dichos momentos, aunque tampoco ennegrecen el resultado final si que resultan en ocasiones superfluos, sirva de ejemplo en la pelicula que nos ocupa, el momento en el que Bond se acuesta con la pitonisa:
un espia versado en toda clase de artes, lenguas y habilidades valiendose de una baraja que convenientemente contiene en todas y cada una de sus cartas la figura de los amantes. Como si de un trilero se tratase. Si eso no es chabacano e infantíl, pues ya me direís.
Centrándonos en la pelicula, ¨Vive y deja morir¨ cumple debidamente con el universo Bond, los personajes, a excepción del sheriff que resulta por momentos exasperante, son carismáticos dentro de la ficción de la pelicula y cumplen debidamente en sus papeles de malos malísimos o buenos buenísimos
Es evidente que los personajes son planos pero cumplen su función de hacernos entretener y sobre todo, ser simpáticos al espectador.
Por otro lado, la historia se observa bastante descuidada, desaprovechada y menos trabajada que en otras ocasiones, resultando en una esperpéntica mezcla de vodoo y tráfico de drogas, más que en una buena o profunda trama sobre el atractivo tema que se sustenta.
Es irrefutable, que la esperpéntica mezcla de ramplonería, drogas, glamour y acción, patente desde el minuto uno del largometraje, convierte a ¨Vive y deja morir¨ como una de las entregas más especiales y con más sello personal de la serie, habrá quien la disfrute y quien la sufra.
Quizás un enfoque más serio le hubiese sentado mejor, pero lo cierto es, que el escogido para esta ocasión tampoco desluce excesivamente el conjunto global, simplemente la transforma en una pelicula única entre sus hermanas.
Por lo demás, todos los postulados del mundo Bond, están presentes, los gadgets, las explosivas chicas, los geniales créditos de Binder, acompañados esta vez de Mccartney, las secuencias imposibles como el ¨paseo¨ (con dobles, pero real) sobre cocodrilos y mucho más.
Una entretenida cinta de acción de los setenta y una buena y sobre todo, muy personal aportación al universo Bond.
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