Como con todas las suyas, tengo que comenzar la crítica declarándome incondicional de la obra de Woody.
Ésta, sin embargo, no acaba de funcionar del todo. El planteamiento es muy básico, y -como siempre por otra parte- no deja de ser un refrito de los ingredientes mil y una veces usados por Woody. En este caso, la magia, la fe, la ciencia, todo aderezado con otra improbable relación sentimental.
La primera media ahora se atasca, pues no hace más que reiterar la idea principal: El gran mago quiere desenmascarar a la embaucadora medium.
El nudo y desenlace son simplemente aceptables, simpáticos. Realmente no hay mucho más en lo que toca a la historia. Es Colin Firth quien verdaderamente sostiene la película con su interpretación, perfectamente creíble. El resto del elenco le acompaña decentemente.
Las localizaciones son realmente bonitas. El sur de Francia es un gran emplazamiento para una historia de esta clase.
Llego ahora al gran problema de la película. Que en gran parte es el super-problema del último Woody Allen. Me explico:
Woody ha sido siempre adornado con las siguientes etiquetas: Su amor a Nueva York , su ¨alma europea¨ y un cierto intelectualismo. En sus libros él desmiente abiertamente su carácter de ¨intelectual¨. Reconoce saber solo un poco de aquí y de allá. Pues bien, eso ha quedado bien a las claras desde que Woody dio el salto a Europa. Es evidente que solo conoce realmente bien París (de ahí su obra maestra ¨Medianoche en París¨). Del resto no sabe casi nada.
Ahora nos explicamos su ¨amor por Nueva York¨. Su cultura, simplemente, no funciona fuera de ella. Esto queda especialmente patente en la música. Ya sabemos hasta qué punto la música es importante en su cine. Pues bien, en la mayor parte de su ¨cine europeo¨ ha cometido el mismo error: Incrustarle música inapropiada, especialmente jazz a todas horas. Es un grave error. El jazz nos evoca fácilmente a su querida New York, jamás a Londres, Roma, Barcelona o Francia, por más que en los años 20 el jazz hiciese furor entre los galos. Es muy enojosa esa insistencia en querer meter fondos de jazz en las calles de Londres o París. Simplemente, te roba totalmente la inmersión en el escenario.
Igual ocurre con la elección de personajes. Es evidente que en toda su filmografía europea, la introducción de personajes estadounidenses es forzada. Parece como si no pudiera haber una posible historia sin su americano-a por medio.
En Magia a la luz de la luna, riza el rizo. Además del personaje americano (la falsa medium), introduce casi al completo un elenco inglés, viviendo en el sur de Francia como si fuese lo más natural del mundo, y por supuesto, sin relacionarse con franceses.
En resumen, me parece muy loable la admiración y amor que Woody siente por la cultura europea, pero es evidente que no la lleva tan dentro como para hacer una película que realmente pueda etiquetarse como ¨europea¨.
Andaluzz
6
Como con todas las suyas, tengo que comenzar la crítica declarándome incondicional de la obra de Woody.
Ésta, sin embargo, no acaba de funcionar del todo. El planteamiento es muy básico, y -como siempre por otra parte- no deja de ser un refrito de los ingredientes mil y una veces usados por Woody. En este caso, la magia, la fe, la ciencia, todo aderezado con otra improbable relación sentimental.
La primera media ahora se atasca, pues no hace más que reiterar la idea principal: El gran mago quiere desenmascarar a la embaucadora medium.
El nudo y desenlace son simplemente aceptables, simpáticos. Realmente no hay mucho más en lo que toca a la historia. Es Colin Firth quien verdaderamente sostiene la película con su interpretación, perfectamente creíble. El resto del elenco le acompaña decentemente.
Las localizaciones son realmente bonitas. El sur de Francia es un gran emplazamiento para una historia de esta clase.
Llego ahora al gran problema de la película. Que en gran parte es el super-problema del último Woody Allen. Me explico:
Woody ha sido siempre adornado con las siguientes etiquetas: Su amor a Nueva York , su ¨alma europea¨ y un cierto intelectualismo. En sus libros él desmiente abiertamente su carácter de ¨intelectual¨. Reconoce saber solo un poco de aquí y de allá. Pues bien, eso ha quedado bien a las claras desde que Woody dio el salto a Europa. Es evidente que solo conoce realmente bien París (de ahí su obra maestra ¨Medianoche en París¨). Del resto no sabe casi nada.
Ahora nos explicamos su ¨amor por Nueva York¨. Su cultura, simplemente, no funciona fuera de ella. Esto queda especialmente patente en la música. Ya sabemos hasta qué punto la música es importante en su cine. Pues bien, en la mayor parte de su ¨cine europeo¨ ha cometido el mismo error: Incrustarle música inapropiada, especialmente jazz a todas horas. Es un grave error. El jazz nos evoca fácilmente a su querida New York, jamás a Londres, Roma, Barcelona o Francia, por más que en los años 20 el jazz hiciese furor entre los galos. Es muy enojosa esa insistencia en querer meter fondos de jazz en las calles de Londres o París. Simplemente, te roba totalmente la inmersión en el escenario.
Igual ocurre con la elección de personajes. Es evidente que en toda su filmografía europea, la introducción de personajes estadounidenses es forzada. Parece como si no pudiera haber una posible historia sin su americano-a por medio.
En Magia a la luz de la luna, riza el rizo. Además del personaje americano (la falsa medium), introduce casi al completo un elenco inglés, viviendo en el sur de Francia como si fuese lo más natural del mundo, y por supuesto, sin relacionarse con franceses.
En resumen, me parece muy loable la admiración y amor que Woody siente por la cultura europea, pero es evidente que no la lleva tan dentro como para hacer una película que realmente pueda etiquetarse como ¨europea¨.
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