Simona (también conocida como Yo soy la pasión) puede ser tomada como un ejercicio de simbolismo vacío o como una muestra interesante de cine con tintes transgresores. Es una especie de delirio erótico de Patrick Longchamps, inspirado libremente en la novela La historia del ojo de Georges Bataille. Longchamps, quien fue asistente de Fellini, intenta imprimirle una carga poética que se aleja del simple erotismo para adentrarse en un terreno más onírico.
Al inicio vemos a Simona (la guapa Laura Antonelli) asistiendo a una corrida de toros en España. El espectáculo de la arena detona una serie de recuerdos: su tórrida y destructiva relación con Georges, los descubrimientos sexuales compartidos y un triángulo amoroso que desembocará en tragedia. Es, en esencia, un melodrama gótico combinado con erotismo.
Laura Antonelli no era solo una actriz; era un fenómeno cultural. Venía de triunfar con Malizia (1973), que la consagró como un símbolo sexual de Italia. Aquí, Antonelli demuestra que era mucho más que una cara bonita; su Simona es etérea y melancólica. La guapa actriz dominó los años 70 y su talento atrajo a los grandes directores; trabajó con Luchino Visconti y con Ettore Scola. Lamentablemente, su vida posterior estuvo marcada por problemas con las drogas y una cirugía estética fallida que la alejó de las pantallas.
Simona es una película ambigua, pero visualmente interesante. Si te gusta el cine que explora los límites del deseo con una cámara lenta y un tono literario, vale la pena, especialmente por Laura Antonelli, una mujer que poseía una belleza seductora.
Miguel Arkangel
6
Simona (también conocida como Yo soy la pasión) puede ser tomada como un ejercicio de simbolismo vacío o como una muestra interesante de cine con tintes transgresores. Es una especie de delirio erótico de Patrick Longchamps, inspirado libremente en la novela La historia del ojo de Georges Bataille. Longchamps, quien fue asistente de Fellini, intenta imprimirle una carga poética que se aleja del simple erotismo para adentrarse en un terreno más onírico.
Al inicio vemos a Simona (la guapa Laura Antonelli) asistiendo a una corrida de toros en España. El espectáculo de la arena detona una serie de recuerdos: su tórrida y destructiva relación con Georges, los descubrimientos sexuales compartidos y un triángulo amoroso que desembocará en tragedia. Es, en esencia, un melodrama gótico combinado con erotismo.
Laura Antonelli no era solo una actriz; era un fenómeno cultural. Venía de triunfar con Malizia (1973), que la consagró como un símbolo sexual de Italia. Aquí, Antonelli demuestra que era mucho más que una cara bonita; su Simona es etérea y melancólica. La guapa actriz dominó los años 70 y su talento atrajo a los grandes directores; trabajó con Luchino Visconti y con Ettore Scola. Lamentablemente, su vida posterior estuvo marcada por problemas con las drogas y una cirugía estética fallida que la alejó de las pantallas.
Simona es una película ambigua, pero visualmente interesante. Si te gusta el cine que explora los límites del deseo con una cámara lenta y un tono literario, vale la pena, especialmente por Laura Antonelli, una mujer que poseía una belleza seductora.
Me gusta (0) Reportar