Nadie en Warner esperaba que fuera una obra maestra. Se produjo como una película de presupuesto medio, con un guion que se escribía día a día y un final que ni los mismos actores conocían hasta el último momento. Con eso se consiguió una autenticidad que pocas películas han logrado replicar.
Logró un equilibrio entre el melodrama romántico (con el triángulo Rick-Ilsa-Victor), el cine político (con su llamado a la resistencia contra el nazismo) y el noir (con sus sombras expresionistas y sus diálogos inteligentemente escritos).
Antes de esta película, Bogart era el “tipo duro“ de las pelis de gánsteres. Casablanca lo transformó en el héroe moderno: un tipo vulnerable, valiente y con un código moral propio. La química con una estupenda Bergman, cuya mirada parece iluminar cada fotograma, es la clave que hace que el sacrificio final sea creíble y épico.
Miguel Arkangel
9
Nadie en Warner esperaba que fuera una obra maestra. Se produjo como una película de presupuesto medio, con un guion que se escribía día a día y un final que ni los mismos actores conocían hasta el último momento. Con eso se consiguió una autenticidad que pocas películas han logrado replicar.
Logró un equilibrio entre el melodrama romántico (con el triángulo Rick-Ilsa-Victor), el cine político (con su llamado a la resistencia contra el nazismo) y el noir (con sus sombras expresionistas y sus diálogos inteligentemente escritos).
Antes de esta película, Bogart era el “tipo duro“ de las pelis de gánsteres. Casablanca lo transformó en el héroe moderno: un tipo vulnerable, valiente y con un código moral propio. La química con una estupenda Bergman, cuya mirada parece iluminar cada fotograma, es la clave que hace que el sacrificio final sea creíble y épico.
Me gusta (0) Reportar