Una mente brillante, dirigida por Ron Howard, es mucho más que una película biográfica sobre el genio de las matemáticas John Nash. Es un viaje emocional hacia la esquizofrenia gracias a un guion ingenioso y, sobre todo, a las interpretaciones y el carisma de Russell Crowe y Jennifer Connelly.
Tras su éxito en Gladiator, Crowe demostró su calidad de actor —no siempre reconocida— al transformarse en John Nash. Su actuación está lleno de detalles físicos que logran capturar las distintas etapas de la vida de Nash: desde el joven brillante y torpe en la universidad hasta el anciano frágil que intenta recuperar su dignidad. El actor utiliza gestos mínimos —la mirada esquiva, la forma de rascarse la frente o el ritmo de su voz— para transmitir la constante lucha interna entre una mente prodigiosa y un mundo de alucinaciones que, para él, son totalmente reales.
Por su parte, Jennifer Connelly (como Alicia Nash) es quien mantiene la tensión emocional. Connelly evita el cliché de la mujer sacrificada y no duda en mostrar el miedo y la frustración de vivir con alguien que se va revelando como un loco potencialmente peligroso.
La dirección de Howard es estupenda al hacernos compartir el punto de vista de Nash, permitiendo que experimentemos su paranoia. Una mente brillante es una película que humaniza la enfermedad mental sin caer en el sentimentalismo barato. Aunque se toma muchas licencias históricas con respecto a la vida real de John Nash, emociona su mensaje sobre el poder del espíritu humano y el amor como la “variable“ que da sentido a nuestras vidas.
Miguel Arkangel
7
Una mente brillante, dirigida por Ron Howard, es mucho más que una película biográfica sobre el genio de las matemáticas John Nash. Es un viaje emocional hacia la esquizofrenia gracias a un guion ingenioso y, sobre todo, a las interpretaciones y el carisma de Russell Crowe y Jennifer Connelly.
Tras su éxito en Gladiator, Crowe demostró su calidad de actor —no siempre reconocida— al transformarse en John Nash. Su actuación está lleno de detalles físicos que logran capturar las distintas etapas de la vida de Nash: desde el joven brillante y torpe en la universidad hasta el anciano frágil que intenta recuperar su dignidad. El actor utiliza gestos mínimos —la mirada esquiva, la forma de rascarse la frente o el ritmo de su voz— para transmitir la constante lucha interna entre una mente prodigiosa y un mundo de alucinaciones que, para él, son totalmente reales.
Por su parte, Jennifer Connelly (como Alicia Nash) es quien mantiene la tensión emocional. Connelly evita el cliché de la mujer sacrificada y no duda en mostrar el miedo y la frustración de vivir con alguien que se va revelando como un loco potencialmente peligroso.
La dirección de Howard es estupenda al hacernos compartir el punto de vista de Nash, permitiendo que experimentemos su paranoia. Una mente brillante es una película que humaniza la enfermedad mental sin caer en el sentimentalismo barato. Aunque se toma muchas licencias históricas con respecto a la vida real de John Nash, emociona su mensaje sobre el poder del espíritu humano y el amor como la “variable“ que da sentido a nuestras vidas.
Me gusta (0) Reportar