Dirigida por el veterano Manuel Mur Oti, nos presenta una trama de suspense clásico: una mujer joven (Marisa Mell) entra a trabajar en una mansión decadente con el objetivo oculto de hacerse con la fortuna. Sin embargo, bajo la dirección de Mur Oti —un cineasta que en los años 50 conocido por el exceso visual y el melodrama—, la trama se convierte en algo más denso y extraño.
La bella actriz austriaca, ya convertida en un icono de culto, aporta una sofisticación europea como una mujer que debe oscilar entre la frialdad calculadora y la vulnerabilidad fingida. Su sensualidad, su mirada felina y su porte dotan a su personaje de una ambigüedad moral que mantiene el interés incluso cuando la trama flaquea. La falta de química entre Mell y Richard Conte resultó positiva, pues aportó tensión.
Carece del sexo y de la violencia que uno esperaría, pero Mell luce deslumbrantemente bella y misteriosa; una seductora belleza asesina con un final inesperado.
Miguel Arkangel
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Dirigida por el veterano Manuel Mur Oti, nos presenta una trama de suspense clásico: una mujer joven (Marisa Mell) entra a trabajar en una mansión decadente con el objetivo oculto de hacerse con la fortuna. Sin embargo, bajo la dirección de Mur Oti —un cineasta que en los años 50 conocido por el exceso visual y el melodrama—, la trama se convierte en algo más denso y extraño.
La bella actriz austriaca, ya convertida en un icono de culto, aporta una sofisticación europea como una mujer que debe oscilar entre la frialdad calculadora y la vulnerabilidad fingida. Su sensualidad, su mirada felina y su porte dotan a su personaje de una ambigüedad moral que mantiene el interés incluso cuando la trama flaquea. La falta de química entre Mell y Richard Conte resultó positiva, pues aportó tensión.
Carece del sexo y de la violencia que uno esperaría, pero Mell luce deslumbrantemente bella y misteriosa; una seductora belleza asesina con un final inesperado.
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