Gerard Damiano no era un simple realizador de cine para adultos; tenía ambiciones artísticas. A diferencia de los loops sin sentido de la época, Damiano dotó a sus películas porno de narrativa y humor. La premisa, una mujer cuyo clítoris está en su garganta, es tratada con un tono de comedia burlesca.
Damiano utilizó una producción que intentaba emular al cine comercial, lo que facilitó su aceptación en cines convencionales. Linda Lovelace tenía una imagen de “chica de al lado“, sana y entusiasta, algo radicalmente distinto a las actrices de cine porno anteriores; se convirtió en un icono de la libertad sexual y su famosa técnica oral fue lo que dio nombre al filme. Años después, en su libro autobiográfico, denunció que fue supuestamente obligada a participar por su marido, Chuck Traynor.
Se estima que la película recaudó cientos de millones de dólares con un presupuesto de apenas 25,000 dólares, convirtiéndose en una de las películas más rentables de la historia. Por cierto, el dinero para la película lo puso la mafia, que luego se llevó las ganancias. Provocó juicios por obscenidad que llegaron a los niveles más altos del sistema judicial norteamericano, definiendo las fronteras de la libertad de expresión en el cine.
Como película erótica es más o menos bufa, con malas actuaciones, mala fotografía y una cantidad desmesurada de vello púbico femenino. Hoy en día, el filme se estudia más como un fenómeno sociológico que cinematográfico. Representa el choque entre la revolución sexual de los 70 y la cultura pop, bajo la sombra de la cruda realidad de la explotación en la industria del cine para adultos.
Miguel Arkangel
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Gerard Damiano no era un simple realizador de cine para adultos; tenía ambiciones artísticas. A diferencia de los loops sin sentido de la época, Damiano dotó a sus películas porno de narrativa y humor. La premisa, una mujer cuyo clítoris está en su garganta, es tratada con un tono de comedia burlesca.
Damiano utilizó una producción que intentaba emular al cine comercial, lo que facilitó su aceptación en cines convencionales. Linda Lovelace tenía una imagen de “chica de al lado“, sana y entusiasta, algo radicalmente distinto a las actrices de cine porno anteriores; se convirtió en un icono de la libertad sexual y su famosa técnica oral fue lo que dio nombre al filme. Años después, en su libro autobiográfico, denunció que fue supuestamente obligada a participar por su marido, Chuck Traynor.
Se estima que la película recaudó cientos de millones de dólares con un presupuesto de apenas 25,000 dólares, convirtiéndose en una de las películas más rentables de la historia. Por cierto, el dinero para la película lo puso la mafia, que luego se llevó las ganancias. Provocó juicios por obscenidad que llegaron a los niveles más altos del sistema judicial norteamericano, definiendo las fronteras de la libertad de expresión en el cine.
Como película erótica es más o menos bufa, con malas actuaciones, mala fotografía y una cantidad desmesurada de vello púbico femenino. Hoy en día, el filme se estudia más como un fenómeno sociológico que cinematográfico. Representa el choque entre la revolución sexual de los 70 y la cultura pop, bajo la sombra de la cruda realidad de la explotación en la industria del cine para adultos.
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