Cuando menos ¨Banderas de nuestros padres¨ resulta una pelicula interesante a la par que curiosa.
Explicación de una de las fotografías más famosas que se puedan encontrar sobre la guerra y de todo lo que supuso. Convertida en todo un símbolo atemporal sobre el orgullo y la valentia de la sociedad yanqui y sobre todo porque el señor Eastwood se sirve de la anecdota y particular historia que hay tras dicha foto para componer la visión americana sobre el conflicto de Iwo-Jima.
Curioso, por conocer que hay detrás de esa simbólica instantanea pero más interesante aún es como se ganan las guerras.
Uno de los frentes que se abren en cualquier conflicto y que paradojicamente suele ser el más abyecto de todos, es el político.
Supeditado al todopoderoso poder económico, el gobierno se sirve de dicho símbolo, para magnificarlo, controlarlo y manipularlo a su antojo.
Transformandolo en una herramienta para conseguir sus fines sobre la influencia en las masas.
Ese es el ¨quid¨ de esta historia.
El abandono, el egoismo, la vileza, la explotación a las que son sometidas las personas por parte de aquellos que conforman los estamentos más poderosos, una suerte de análisis de aquel viejo refrán: ¨el fín justifica los medios¨.
Una premisa harto interesante, pero por desgracia no del todo bien avenida.
El principal desacierto, es como se conduce esta historia, pues para poder hacerlo de una manera satisfactoria, carece del elemento más importante que una narración necesaria, el personaje.
En este caso son tres, y lo cierto es que son tan planos y esteriotipados en sus roles que resultan poco comunicadores con el espectador.
Encontramos aquel más interesado en el dinero (Bradford) de su porvenir que en la causa que ha defendido con el barro y la sangre de él y sus compatriotas
Otro (Beach) que no es capaz de superar el trauma de la guerra y se pasa media película ebrio, agonizando en una noble pero estridente espiral de sufrimiento por los compañeros caidos.
Y por último (Phillippe), que deviene como una especie de nexo, el elemento de cohesión entre ellos tres, una unión a través de la neutralidad más exacerbada para con sus compañeros que acaba por transformarse en la indulgencia más irritante y lo convierte con diferencia en el personaje más plano y aburrido de todos ellos.
En su vertiente más positiva, encontramos que los momentos en los que la cámara se situa en el conflicto son los mejor estructurados, los mejor realizados.
De ejemplarizante realismo y aderezados con una exquisita fotografía.
Y no es ya sólo el desarrollo de las batallas, el uso de los planos o la inmersión tan bien conseguida de la que hace gala, si no, que incompresiblemente, la naturaleza y personalidad de los personajes SÍ que resulta creible en dichos momentos.
Empatizamos con ellos y nos hacen creer que ellos mismos se creen lo que está pasando, que forman parte de la historia y son más que un mero recipiente a rellenar con las directrices prefijadas de un autómata.
El mayor problema que ostenta la oda de Eastwood, es que dichos momentos de la narración durante el combate, tan magistralmente filmados se van opacando y contaminando al intercalarse con aquellos de vuelta a casa, en los que misteriosamente los personajes parecen haberse idiotizados por arte de mágia, donde se vuelven tan reiterativos en sus motivaciones, con tan pocas otras facetas de sus caractéres por explorar o mostrar, que parecen más ovejas que humanos y acaban por conformar los pasajes más superfluos de todo el largometraje.
El infortunio va más allá de este (importantísimo) detalle, y es que, la pelicula se halla en continua progresión intercalando ambas lineas argumentales y claro, resulta una verdadera montaña rusa, entre los álgidos y sublimes momentos en Iwo-Jima, donde casi podemos oler el humo de las balas y los aburridos y mediocres (en el mejor de los casos) momentos de los soldados de vuelta en casa que devienen en un desarrollo cargado de vicisitudes en una pelicula que parece haber sido rodada por dos directores distintos.
Una verdadera pena, porque quizás con otros actores, o al menos con unos caractéres más complejos y mejor definidos estaríamos hablando de otra historia.
Menos mal que el viejo Eastwood tuvo a bien el redimirse con su opuesta, esa gran ¨Cartas desde Iwo-Jima¨.
BODOM789
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Cuando menos ¨Banderas de nuestros padres¨ resulta una pelicula interesante a la par que curiosa.
Explicación de una de las fotografías más famosas que se puedan encontrar sobre la guerra y de todo lo que supuso. Convertida en todo un símbolo atemporal sobre el orgullo y la valentia de la sociedad yanqui y sobre todo porque el señor Eastwood se sirve de la anecdota y particular historia que hay tras dicha foto para componer la visión americana sobre el conflicto de Iwo-Jima.
Curioso, por conocer que hay detrás de esa simbólica instantanea pero más interesante aún es como se ganan las guerras.
Uno de los frentes que se abren en cualquier conflicto y que paradojicamente suele ser el más abyecto de todos, es el político.
Supeditado al todopoderoso poder económico, el gobierno se sirve de dicho símbolo, para magnificarlo, controlarlo y manipularlo a su antojo.
Transformandolo en una herramienta para conseguir sus fines sobre la influencia en las masas.
Ese es el ¨quid¨ de esta historia.
El abandono, el egoismo, la vileza, la explotación a las que son sometidas las personas por parte de aquellos que conforman los estamentos más poderosos, una suerte de análisis de aquel viejo refrán: ¨el fín justifica los medios¨.
Una premisa harto interesante, pero por desgracia no del todo bien avenida.
El principal desacierto, es como se conduce esta historia, pues para poder hacerlo de una manera satisfactoria, carece del elemento más importante que una narración necesaria, el personaje.
En este caso son tres, y lo cierto es que son tan planos y esteriotipados en sus roles que resultan poco comunicadores con el espectador.
Encontramos aquel más interesado en el dinero (Bradford) de su porvenir que en la causa que ha defendido con el barro y la sangre de él y sus compatriotas
Otro (Beach) que no es capaz de superar el trauma de la guerra y se pasa media película ebrio, agonizando en una noble pero estridente espiral de sufrimiento por los compañeros caidos.
Y por último (Phillippe), que deviene como una especie de nexo, el elemento de cohesión entre ellos tres, una unión a través de la neutralidad más exacerbada para con sus compañeros que acaba por transformarse en la indulgencia más irritante y lo convierte con diferencia en el personaje más plano y aburrido de todos ellos.
En su vertiente más positiva, encontramos que los momentos en los que la cámara se situa en el conflicto son los mejor estructurados, los mejor realizados.
De ejemplarizante realismo y aderezados con una exquisita fotografía.
Y no es ya sólo el desarrollo de las batallas, el uso de los planos o la inmersión tan bien conseguida de la que hace gala, si no, que incompresiblemente, la naturaleza y personalidad de los personajes SÍ que resulta creible en dichos momentos.
Empatizamos con ellos y nos hacen creer que ellos mismos se creen lo que está pasando, que forman parte de la historia y son más que un mero recipiente a rellenar con las directrices prefijadas de un autómata.
El mayor problema que ostenta la oda de Eastwood, es que dichos momentos de la narración durante el combate, tan magistralmente filmados se van opacando y contaminando al intercalarse con aquellos de vuelta a casa, en los que misteriosamente los personajes parecen haberse idiotizados por arte de mágia, donde se vuelven tan reiterativos en sus motivaciones, con tan pocas otras facetas de sus caractéres por explorar o mostrar, que parecen más ovejas que humanos y acaban por conformar los pasajes más superfluos de todo el largometraje.
El infortunio va más allá de este (importantísimo) detalle, y es que, la pelicula se halla en continua progresión intercalando ambas lineas argumentales y claro, resulta una verdadera montaña rusa, entre los álgidos y sublimes momentos en Iwo-Jima, donde casi podemos oler el humo de las balas y los aburridos y mediocres (en el mejor de los casos) momentos de los soldados de vuelta en casa que devienen en un desarrollo cargado de vicisitudes en una pelicula que parece haber sido rodada por dos directores distintos.
Una verdadera pena, porque quizás con otros actores, o al menos con unos caractéres más complejos y mejor definidos estaríamos hablando de otra historia.
Menos mal que el viejo Eastwood tuvo a bien el redimirse con su opuesta, esa gran ¨Cartas desde Iwo-Jima¨.
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