Porque si un asteroide gigante se acerca a La Tierra, si la única idea de la NASA es romperlo en dos con una explosión (¡!) y si se ha de convertir a un puñado de pendencieros perforadores de petróleo en astronautas (¡¡!!)...sí, señor, es un problema.
Vamos, que todo es un problema en esta película. De lógica, de sentido y de todo...aunque, eso sí, no de espectáculo.
Ver ¨Armageddon¨ tras tantos años me provocó una sensación similar a cuando revisioné ¨Godzilla¨, ¨Independence Day¨ o ¨Twister¨. De niño, esta megaproducción de ciencia-ficción y aventuras me dejaba pasmado, sin respiración, por su colección de brutales efectos especiales y sus momentos de acción, emoción y tensión, y me hacía reír con su humor tonto y de patio de instituto; ahora, ya con unos años más, pues no la he recibido del mismo modo, claro, por lo que creo que estas películas que uno ve de pequeño o en la preadolescencia deben quedarse allí, en el bonito recuerdo, pues se te puede derrumbar lo que tú creías que era un mito. Y ¨Armageddon¨ lo era, en serio.
Dos films hubo en 1.998 sobre un cuerpo del espacio que va a colisionar con el planeta, ¨Deep Impact¨ y esta que nos ocupa (ya se ha dado esto otras veces). La primera se estrenó en Mayo, la segunda en Julio; la primera es la cara dramática y emotiva de la moneda, la segunda es la cara bruta y desenfadada. Los señores Bruckheimer y Bay, que venían de hacerse multimillonarios después de colaborar en ¨La Roca¨, sabían bien como hacerle la competencia a la obra de Mimi Leder.
La jugada se inició cuando el presidente de Disney, Joe Roth, copió furtivamente el guión que Bruce J. Rubin estaba escribiendo para ¨Deep Impact¨ y decidió iniciar un proyecto de contraataque, al igual que hicieron los de la Fox para desbancar a ¨Dantes Peak¨, avalada por la Universal, sólo un año antes. Del guión de ¨Armageddon¨ (y ojo al dato porque esto sí es interesante) se encargaron nueve personas; pensarán que es increíble que para escribir esta basura estuvieran involucradas dieciocho manos, pero así es, y entre ellas nada menos que las de J.J. Abrams y Robert Towne (cualquiera lo diría...).
La historia es más bien sencilla: otra vez el Mundo va a ser destruido, no por una guerra nuclear o por un terremoto gigante, ni por una invasión alienígena, sino por un asteroide que viene a toda pastilla a estamparse contra nosotros, y ese rebaño de cabezas pensantes que es la NASA determina que hay que volar la piedra espacial. ¿Cómo? Poniendo una bomba atómica. ¿Dónde? Haciendo un agujero en la roca y echándola. ¿Quién lo hará? Un grupo de ocho perforadores del petróleo con las neuronas revolucionadas comandados por el durísimo Harry Stamper, un tradicional héroe americano de pies a cabeza, de esos que ya no quedan, vamos. El futuro de toda la Humanidad está en manos de estos magníficos del espacio, así que...que Dios nos coja confesados.
Como bien decía antes, películas como ésta suelen gustar más si se las deja en el entrañable recuerdo...y es que ese es el problema. A veces, ha habido directores de producciones de grandes presupuestos que han sabido compaginar perfectamente entretenimiento con sustancia y unas sólidas historias, pudiéndose citar a Ridley Scott, John McTiernan, Wolfgang Petersen o Jan DeBont (estos dos últimos cogidos por los pelos gracias a un par de títulos), sin embargo Michael Bay nunca se ha centrado en la sustancia o en la lógica de la historia, sino en el espectáculo, pues sus películas van dirigidas a adolescentes y adultos sin criterio que consideran el cine un medio con el que pasar el rato y poco más, dejando muy claro el objetivo del director: tratar al público como si fuesen niños.
Y ¨Armageddon¨ es espectáculo en el sentido más estricto de la palabra, en concreto 144 minutos de acción, efectos especiales a manta, personajes estereotipados, una trama con más agujeros que la superficie lunar y unos diálogos de ridículos para arriba donde el rigor científico se deja a cien metros bajo tierra. Después del entrenamiento del grupo de Harry, donde nunca he visto decirse tantas gilipolleces, y tan juntas (parece que cualquier capullo puede ser astronauta), la cosa parece mejorar un poco cuando suben al espacio, aumentándose la carga dramática y emotiva, aunque el nivel de chistes y bromas no decrece. Para adivinar como funciona el film sólo hay que fijarse en la escena inicial: cae el fragmento del asteroide en la ciudad y causa un destrozo de mil demonios pero, ¡ey!, ¡el perro del tipo que hemos visto antes está vivo dentro del boquete! Lo que yo diga, Michael Bay trata a su público como niños.
La tropa que tenemos aquí es un reparto estelar en la línea del ¨all-star system¨ de los clásicas de catástrofes donde hallamos caras tan conocidas como las de Bruce Willis, Will Patton, Steve Buscemi, Michael C. Duncan, Keith David, Owen Wilson, Peter Stormare, Ben Affleck, Billy Bob Thornton y muchos más cuyo carisma queda por los suelos y cuyos diálogos no se creen ni ellos (eh, ¡la narración del principio la hace Charlon Heston!). Liv Tyler, la hija del cantante de Aerosmith, siempre me ha parecido una horrorosa actriz; de hecho, hay un par de momentos serios en los que se ríe mientras dice sus diálogos.
De esta peripecia patriótica hasta el tuétano (¿cuántas veces sale la bandera de barras y estrellas?) a ritmo de videoclip que se convirtió en uno de los films más lucrativos de los 90 con casi 600 millones de dólares recaudados, se salvan un par de secuencias emocionantes (¿quién no lloró con la despedida de A.J. y Harry?), la música de Trevor Rabin, los impresionantes efectos visuales y Willis, porque es muy grande, qué coño, y porque si el planeta necesita un héroe pues quién mejor que él.
Ah, la mejor frase de la película se la lleva Owen Wilson: ¨Le diré una cosa que me cabrea cantidad: la gente que cree que Jethro Tull es sólo un componente del grupo¨. Impagable.
Mad Warrior
4
Houston, tenemos un problema...un grave problema.
Porque si un asteroide gigante se acerca a La Tierra, si la única idea de la NASA es romperlo en dos con una explosión (¡!) y si se ha de convertir a un puñado de pendencieros perforadores de petróleo en astronautas (¡¡!!)...sí, señor, es un problema.
Vamos, que todo es un problema en esta película. De lógica, de sentido y de todo...aunque, eso sí, no de espectáculo.
Ver ¨Armageddon¨ tras tantos años me provocó una sensación similar a cuando revisioné ¨Godzilla¨, ¨Independence Day¨ o ¨Twister¨. De niño, esta megaproducción de ciencia-ficción y aventuras me dejaba pasmado, sin respiración, por su colección de brutales efectos especiales y sus momentos de acción, emoción y tensión, y me hacía reír con su humor tonto y de patio de instituto; ahora, ya con unos años más, pues no la he recibido del mismo modo, claro, por lo que creo que estas películas que uno ve de pequeño o en la preadolescencia deben quedarse allí, en el bonito recuerdo, pues se te puede derrumbar lo que tú creías que era un mito. Y ¨Armageddon¨ lo era, en serio.
Dos films hubo en 1.998 sobre un cuerpo del espacio que va a colisionar con el planeta, ¨Deep Impact¨ y esta que nos ocupa (ya se ha dado esto otras veces). La primera se estrenó en Mayo, la segunda en Julio; la primera es la cara dramática y emotiva de la moneda, la segunda es la cara bruta y desenfadada. Los señores Bruckheimer y Bay, que venían de hacerse multimillonarios después de colaborar en ¨La Roca¨, sabían bien como hacerle la competencia a la obra de Mimi Leder.
La jugada se inició cuando el presidente de Disney, Joe Roth, copió furtivamente el guión que Bruce J. Rubin estaba escribiendo para ¨Deep Impact¨ y decidió iniciar un proyecto de contraataque, al igual que hicieron los de la Fox para desbancar a ¨Dantes Peak¨, avalada por la Universal, sólo un año antes. Del guión de ¨Armageddon¨ (y ojo al dato porque esto sí es interesante) se encargaron nueve personas; pensarán que es increíble que para escribir esta basura estuvieran involucradas dieciocho manos, pero así es, y entre ellas nada menos que las de J.J. Abrams y Robert Towne (cualquiera lo diría...).
La historia es más bien sencilla: otra vez el Mundo va a ser destruido, no por una guerra nuclear o por un terremoto gigante, ni por una invasión alienígena, sino por un asteroide que viene a toda pastilla a estamparse contra nosotros, y ese rebaño de cabezas pensantes que es la NASA determina que hay que volar la piedra espacial. ¿Cómo? Poniendo una bomba atómica. ¿Dónde? Haciendo un agujero en la roca y echándola. ¿Quién lo hará? Un grupo de ocho perforadores del petróleo con las neuronas revolucionadas comandados por el durísimo Harry Stamper, un tradicional héroe americano de pies a cabeza, de esos que ya no quedan, vamos. El futuro de toda la Humanidad está en manos de estos magníficos del espacio, así que...que Dios nos coja confesados.
Como bien decía antes, películas como ésta suelen gustar más si se las deja en el entrañable recuerdo...y es que ese es el problema. A veces, ha habido directores de producciones de grandes presupuestos que han sabido compaginar perfectamente entretenimiento con sustancia y unas sólidas historias, pudiéndose citar a Ridley Scott, John McTiernan, Wolfgang Petersen o Jan DeBont (estos dos últimos cogidos por los pelos gracias a un par de títulos), sin embargo Michael Bay nunca se ha centrado en la sustancia o en la lógica de la historia, sino en el espectáculo, pues sus películas van dirigidas a adolescentes y adultos sin criterio que consideran el cine un medio con el que pasar el rato y poco más, dejando muy claro el objetivo del director: tratar al público como si fuesen niños.
Y ¨Armageddon¨ es espectáculo en el sentido más estricto de la palabra, en concreto 144 minutos de acción, efectos especiales a manta, personajes estereotipados, una trama con más agujeros que la superficie lunar y unos diálogos de ridículos para arriba donde el rigor científico se deja a cien metros bajo tierra. Después del entrenamiento del grupo de Harry, donde nunca he visto decirse tantas gilipolleces, y tan juntas (parece que cualquier capullo puede ser astronauta), la cosa parece mejorar un poco cuando suben al espacio, aumentándose la carga dramática y emotiva, aunque el nivel de chistes y bromas no decrece. Para adivinar como funciona el film sólo hay que fijarse en la escena inicial: cae el fragmento del asteroide en la ciudad y causa un destrozo de mil demonios pero, ¡ey!, ¡el perro del tipo que hemos visto antes está vivo dentro del boquete! Lo que yo diga, Michael Bay trata a su público como niños.
La tropa que tenemos aquí es un reparto estelar en la línea del ¨all-star system¨ de los clásicas de catástrofes donde hallamos caras tan conocidas como las de Bruce Willis, Will Patton, Steve Buscemi, Michael C. Duncan, Keith David, Owen Wilson, Peter Stormare, Ben Affleck, Billy Bob Thornton y muchos más cuyo carisma queda por los suelos y cuyos diálogos no se creen ni ellos (eh, ¡la narración del principio la hace Charlon Heston!). Liv Tyler, la hija del cantante de Aerosmith, siempre me ha parecido una horrorosa actriz; de hecho, hay un par de momentos serios en los que se ríe mientras dice sus diálogos.
De esta peripecia patriótica hasta el tuétano (¿cuántas veces sale la bandera de barras y estrellas?) a ritmo de videoclip que se convirtió en uno de los films más lucrativos de los 90 con casi 600 millones de dólares recaudados, se salvan un par de secuencias emocionantes (¿quién no lloró con la despedida de A.J. y Harry?), la música de Trevor Rabin, los impresionantes efectos visuales y Willis, porque es muy grande, qué coño, y porque si el planeta necesita un héroe pues quién mejor que él.
Ah, la mejor frase de la película se la lleva Owen Wilson: ¨Le diré una cosa que me cabrea cantidad: la gente que cree que Jethro Tull es sólo un componente del grupo¨. Impagable.
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