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El nombre de la rosa es una de las piezas clave del thriller, tanto la novela como la película. Ambas son obras importantísimas, ambas fueron polémicas en su día por su mensaje y ambas son totalmente disfrutables, cada una a su manera.
Me encanta esta película. La época, la ambientación, la propia investigación, el concepto del libro prohibido, la presencia de la Santa Inquisición, los personajes, la mini historia de amor entres el fraile novicio y la chica... la disyuntiva que se genera entre la creencia de que existe algo maligno que está matando a los frailes en contraposición con el razonamiento y la causa real, el enfrentamiento real que existía entre franciscanos y el papado debido a los votos de pobreza (que el clero se ha pasado a lo largo de la historia por la bragueta). La película está cargada de historia y misterio, y además consigue sintetizar de forma bastante lograda la obra de Umberto Eco (hay algunas cosas que para mí faltan, como por ejemplo la importancia de Dulcino y su doctrina, que se menciona pero no se le da gran importancia)
Para mí es una película cánon en mi modo de disfrutar del género thriller.
El reparto es espectacular, los dos frailes protagonistas derrochan carisma e interés, respaldado por las grandes actuaciones de Connery y Slater.
En definitiva, una de las grandes.
Interesante película clásica de los 80 que narra la novela de Umberto ECo...
la ambientación es correcta y una buena actuación entre SEan Connery y un joven Christian Slater
Tambien está Rol PErlman pero es que la poca aparición es un personaje interesante.
Una buena historia con un guión parece sacado de un misterio como Sherlock Holmes con unos personajes interesantes para ver en el cine
Simplemente genial esta adaptación de la obra literaria del italiano Umberto Eco, un fraile franciscano llamado Guillermo de Bakersrville(Sean Conery) llega a una abadía junto a un novicio que le hace de ayudante llamado Adso de Melk(Cristian Slater) ni bien arriban se produce un misterioso asesinato de un monje, ahi es donde comienza lo bueno, una trama de intriga, suspenso y varias muertes más, en un ambiente religioso muy cerrado, la estetica medieval es un lujo y la calidad de actores sin dudas eleva el producto, una maravillosa historia para los amantes del buen suspenso.
Guillermo de Baskerville y su fiel novicio Adso de Melk se dirigen hacia una abadía benedictina en la que deberán resolver el misterio del cruel asesinato de varios monjes. El pecado y el crimen acechan entre las sombras y las paredes de la siniestra y alejada abadía, y el sabio monje franciscano y su acompañante deberán enfrentarlos, al mismo tiempo que deberán defenderse de las acechanzas de la Inquisición, las acusaciones de herejía y de los interminables debates filosóficos sobre la pobreza de la Iglesia.
El nombre de la rosa es una estupenda obra de intriga, un sólido thriller policial medieval, un enigma que resolver en su vertiente más clásica. Su estupenda estructura es tan efectiva como atrapante, convirtiéndose en una gran película a la altura de la gran novela de Eco.
Interesante pelicula con una historia que hace referencia a los oscuros secretos que guarda la iglesia durante un periodo medieval ,muy bien ambientada y llevada con un misterio que mantiene al tanto por los asesinatos que van aconteciendo , tambien llama la atención por su buen reparto , actores como sean connery o ron perlman y un adolescente christian slater ,tiene grandes escenarios e interpretaciones de nivel lo unico que me desagrado fue la escena de maltrato animal al inicio muy innecesaria por lo demas es una pelicula que sobresale en varios de sus apartados
Extraordinario thriller medieval dirigido por el ganador del Oscar a la Mejor Película Extranjera, Jean-Jacques Annaud (“La Victoire en chantant”, 1976), protagonizado por Sean Connery, F. Murray Abraham y Christian Slater.
Tras el éxito de la superproducción franco-canadiense “La guerre de feu” (1981), el director Jean-Jacques Annaud se embarca en una nueva travesía cinematográfica al decidir adaptar la inmortal y grandiosa novela “Il nome della rosa” (1980) del escritor y filósofo Umberto Eco, bestseller ganador de múltiples galardones entre ellos, el Premio Strega (1981) y el Premio Médicis Extranjero (1982). Una misión, por lo demás, tan compleja como pretenciosa de ser llevada a cabo, pero que terminaría en buen puerto con la colaboración de las productoras Neue Constantin Film France 3 (Francia), Les Filmes De Ariane Cristaldi Film y RAI (Italia), y Constantine (Alemania Occiental). A menudo, los críticos y especialistas de cine señalan que Annaud es un verdadero “suicida artístico”, por su tendencia a embarcarse en proyecto complejos en donde los riesgos y el tiempo pasan a ser enemigos implacables. Basta con señalar que el proceso de pre-producción del film duró 5 años (1981-1985).
Uno de los desafíos más grandes del film, y que a la postre sería uno de sus principales fuertes, fue la redacción del guión, a cargo de Abdrew Birkin, Gérard Brach, Howard Franklin y Alan Godard. Y aquí resulta pertinente detenerse un tanto en la novela de Eco para entender ciertas decisiones sobre suavizar (o mutilar, según como se vea) excluir la esencia filosófica y teológica del argumento desarrollado por el legendario ensayista y novelista italiano.
Como sabemos, “Il nome della rosa” (1980) es una novela policíaca que narra la investigación de un monje medieval y su discípulo sobre unos abominables crímenes en una abadía, sin embargo, está lejos de ser un mero relato de misterio en una época oscura. Así e inspirado en el histórico monje franciscano y pensador inglés William de Ockham (1288-1349) y su defensa de esta doctrina ante el Papado y la Orden Domínica, Eco presentaría no sólo a un avesado y brillante William de Baskerville en tanto “detective medieval” en busca de un asesino tanto o más brillante que él, sino también una irreconciliable lucha ideológica en el interior de la Iglesia Católica, con la Orden Franciscana representada por William defendiendo esta doctrina y practicándola y el Papado y la Orden Domínica contradiciéndola y condenándola como un pensamiento herético, que atentaba directamente con la supuesta autorización divina a la Iglesia de ostentar riqueza, en tanto heredera “legítima” de Cristo. Sin embargo, en el relato, Eco además deja entrever que hay otros intereses, en este caso, imperiales en la disputa con el Papado. Así, esta polémica y otras que tienen que ver con el papel de la risa y “la lujuria de intelecto” como el mismo Eco llama en su novela, serán introducidas con verdaderos monólogos y diálogos que hacen gala de la compleja estructura argumentativa de la Escolástica Medieval.
Los guionistas, no obstante, lejos de dejarse llevar por lo más fácil que hubiese sido centrar la historia casi exclusivamente en el misterio de los asesinatos en la abadía –que para efectos prácticos hubiese sido la tendencia- otorgan la misma importancia a estas polémicas filosóficas, haciéndolas totalmente dinámicas y complementarias al trasfondo del asesino medieval. De esta forma, con diálogos sencillos e inteligentes, el espectador siempre tendrá claro que las cuestiones filosóficas acerca de la pobreza, el conocimiento, la lujuría, la risa y el ejercicio del terror psicológico como forma de dominación son elementos trascendentales para no sólo comprender el misterio de la abadía, sino también la psique del hombre del Medievo.
Vale la pena detenerse en las escenas en que magistralmente Annaud da cuenta de las cuestiones filosóficas claves para Eco en el film. En primer lugar, el trasfondo religioso de la disputa sobre la doctrina de la pobreza de la Orden Franciscana. La investigación sobre la muerte del monje benedictino transcurre en la víspera del encuentro entre la Delegación Papal y la recién fundada Orden Franciscana encabezada por Michele da Cesena, y no resultará extraño que al abad benedictino haya llamado al monje franciscano William de Baskerville a visitar la abadía, ex inquisidor, para presionarlo de alguna forma por el debate filosófico, que tiene a la Iglesia Católica prácticamente declarando hereje y apóstata al segmento franciscano conocido como “los espirituales”. La escena en la que el fanático monje domínico e inquisidor Bernardo Pui contrarea a William de Baskerville en el juicio contra el monje Remigio da Varagine y lo obliga a pronunciarse ante la acusación al “espiritual”, refleja una lucha ideológica brutal que encontrará desempate en aquellos que se alínien a los intereses del Papado. La Iglesia, hasta ese momento, tiene el descaro de no preocuparse por ostentar y vanagloriarse de la riqueza, aunque la miseria esté en la vereda de en frente.
En segundo lugar, el notable diálogo entre William de Baskerville y Jorge de Burgos acerca del efecto malicioso de la risa en el hombre, en el que el octagenario monje no vidente reflexiona sobre el apocalíptico escenario que supondría que el legendario libro “Poética” de Aristóteles fuese conocido. Sin ninguno tapujo, Burgos advierte que este libro y otros de ese tipo pueden incitar a los hombres a perder el miedo al infierno y en tal caso no necesitar de Dios, y en consecuencia, a la Iglesia Católica. Y aunque William le recuerde a Jorge que la risa ha sido utilizada para reírse de los infieles, para éste último no es sinónimo de otra cosa que no sea el pecado.
En tercer lugar, está la lucha por el poder político de la época. En el film e históricamente, el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Ludovico IV de Baviera (1282-1347) y el papa Juan XXII (1244-1334), segundo papa del Pontificado de Aviñón, mantenían una áspera disputa por la hegemonía política de Europa. Juan no había reconocido a Ludovico como emperador del Sacro Imperio y éste en respuesta había nombrado al antipapa Nicolas V (1260-1333) en 1327, siendo excomulgado por Juan, quien además denunciaba al emperador como protector de herejes, entre ellos William de Baskerville y Michele da Cesena. Por lo tanto, el apoyo del emperador a la causa de “los espirituales” también tenía como objetivo cuestionar la autoridad papal con la excusa de atacar su repugnante y lujurioso estilo de vida.
Habrá otros elementos filosóficos menos tratados, pero igualmente interesantes. Cuarto lugar, el film no tiene empachos en denunciar los poderes fácticos de la Iglesia Católica y toda su inmundicia, su manipulación ideológica por medio del terror psicológico, su monumental hipocrecia y su brutal aprovechamiento económico y espiritual a costa de las masas ignorantes y controladas. El film también ofrece una perspectiva bastante realista y cruda del poder e influjo de la Inquisición, representada brutal y genuinamente por el personaje del histórico inquisidor domínico Bernardo Pui (1261-1331), un tipo fanático y enfermo que encontró en la Inquisición un motivo más para liberar sus instintos perversos. Son pocos los films que se han atrevido a mostrar sin tapujos el abuso de la Inquisición, como la escena del juicio a Remigio da Varagine y su ejecución en la hoguera sin caer en el desprestigio artístico por su calidad, entre las que podemos nombrar la checoslovaca “Kladivo na carodejnice” (1970) de Otakar Várvra y la alemana “Hexen bis aufs blut gequält” (1970) de Michael Armstrong, pero sin duda que “Der name der rose” (1986) destacará por su brillantez técnica, como veremos más adelante.
En quinto lugar, un elemento que se reflejará especialmente en la recreación social de aquellos tiempos, la tensa relación de la Iglesia no sólo con los poderosos nobles, más aún con las clases más bajas. Aparte de tratarlos como descerebrados y controlar los aspectos más elementales de su existencia, como el miedo crónico al diablo y al infierno, sus pocas pertenencias (en el caso de que las tuvieran, siendo optimistas) y su vida sexual, los grupos más bajos de la jerarquía social están en un constante y creciente estado de excitación y rechazo por el abuso, que la escena del escape de Bernardo Pui de seguro pudo haberse dado realmente en aquellos tiempos.
Finalmente, y en sexto lugar, la propia hipocresia y mutilación intelectual de la Iglesia con sus propios miembros. El film es generoso en varios ejemplos visuales, cuando nos muestran monjes seducidos por la autosatisfacción sexual; la lujuria homosexual; la lujuria intelectual (que insisto, señala Eco); la imposición ideológica brutal de los más fanáticos y ancianos, supuestamente más sabios, por sobre los más jóvenes; los intentos de éstos últimos por acceder a ese conocimiento prohibido y mortal (literalmente, como veremos con los libros) y ese comportamiento antinaturalmente humano que es renunciar a tener una familia y autoflagelarse ante la irrupción de pensamientos “pecaminosos” y lujuriosos en un lugar “santo” en donde no hay otro objetivo y razón de existir que cultivar y controlar el conocimiento para “llegar” a Dios. Una de las escenas más emblemáticas de este aspecto y de la película completa es la aquella en la que Adso pierde la virginidad con la campesina en medio de un destartalado granero, en medio de paja y cerdos.
Otro de los elementos brillantes del film es su atmósfera. Existen pocas películas ambientadas en la óscura Edad Media que logren conmover, incomodar y sensibilizar al espectador sobre aquellos difíciles y miserables tiempos, a la postre, la oscuridad más negra del oscurantismo medieval. El espectador puede sentir en su propia piel la mugre y la peste de la pobreza más extrema y el contraste más brutal de las clases sociales jerarquizadas, incluso dentro de la estructura eclesiástica, constituyendo una de las críticas visuales y explícitas más contundentes –y, a la vez, sutiles- que ha hecho el cine a este período en que Iglesia Católica ejercía su poder más hipócrita, cruel e inmundo. Esta realidad, por ejemplo, es palpable en el vestuario, reflejando la pobreza de las aldeas aledañas a la abadía, la opulencia del Papado y el Arzobispado y la vida privada de lujos que los monjes pretendían seguir.
Y para ello Annaud se hizo rodear de un notable equipo técnico, encabezado por el diseñador de producción y futuro ganador de 3 Premios Oscar Dante Ferreti (“El Aviador”, 2004; “Sweeney Todd”, 2008), la diseñora de vestuario y también futura ganadora del Oscar Gabriella Pescucci (“Las aventuras del Barón Munchausen”, 1988; “La edad de la inocencia”, 1993) y el legendario fotógrafo Tonino Delli Colli (“El bueno, el malo y el feo”, 1966; El Evangelio según San Mateo”, 1964; “Los cuentos de Canterbury”, 1972; “La vida es bella”, 1997). Las escenas iniciales de William y Adso llegando a la misteriosa abadía ubicada en ese imposible enclave, la continua exposición de elementos climáticos hóstiles –niebla, nieve y un frío quebrantador- y la miseria en los exteriores de la abadía, con los estratos sociales más pobres recogiendo la basura y pudredumbre de esa abadía severa e inaccesible, para alimentarse, son brutales y reflejan la maestría de estos tres profesionales por recrear postales de un realismo que realmente conmueven.
Annaud y su equipo técnico recrearían el imponente edificio monical construyendo uno de los decorados más grandes desarrollados en Europa desde la filmación de “Cleopatra” (1963), en las afueras de Roma. Además, se recreó el espectacular y angustioso laberinto de escaleras que da hacia la biblioteca escondida de la abadía en base a maquetas y técnicas a distancia/escala que le confirieron un realismo destacable, en especial en las escenas en que William y Adso intentan llegar a la biblioteca y más aún en la escena en que logran escapar de la biblioteca en llamas, tras la trampa de Jorge de Burgos. Cabe señalar que la angustiosa escena del incendio casi cobró la vida de Sean Connery (William de Baskerville) y el veterano actor Feodor Chaliapin (Jorge de Burgos), el primero cuando se prendió su hábito de monje y el segundo cuando una viga casi le cayó en la cabeza.
Para los interiores de la abadía y la recreación de las actividades cotidianas de los monjes benedictinos, se utilizó la Abadía de Eberbach en Alemania, fundada en el siglo XII por San Bernado de Claraval (1090-1153), en donde podemos ver a los monjes cocinando, limpiando, tomando un baño, orando, estudiando y copiando manuscritos, así como los pisos subterráneos de un restaurante italiano en Roma que sirvieron para las escenas en que se lleva a cabo el juicio de Remigio da Varagine, Salvatore y la campesina. También conviene señalar que todos los manuscritos que aparecen en la película fueron efectivamente elaborados por expertos, teniendo algunos de ellos un tiempo de realización de casi un año.
Otro elemento a todas luces destacable es la música, compuesta por el notable y malogrado músico estadounidense, ganador del Oscar, James Horner (“Braveheart”, 1995; “Titanic”, 1997). En una de las partituras más conmovedoras que he escuchado, los acordes de Horner permiten que cada escena fluya con la intensidad y el realismo que debieran, destacando la solemnidad de los cantos gregorianos de “Beata viscera” y “Kyrie”, el dramatismo de “Traicionado” y la conmoción de “Epilogue”. Cabe señalar que aunque no utilizó instrumentales musicales medievales, Horner logró un trabajo muy sofisticado y pertinente a través de instrumentos clásicos y sintetizadores.
Finalmente, otro gran acierto de Annaud es la elección del reparto, a pesar de que no sería el que inicilamente el director tenía contemplado. Sean Connery nunca fue el favorito del director para interpretar a William de Baskerville, quien contempló para el papel a Jack Nicholson, Michael Caine, Ian McKellen, Marlon Brando, Paul Newman, Donald Sutherland y Robert DeNiro, éste último su mejor candidato, que curiosamente declinó porque no se incluyó en el guión, por petición suya, una escena de enfrentamiento a espadas entre Baskerville y Pui. Además, habría que agregar que la Columbia Pictures se negó a financiar el film por considerar a Connery un actor anti-taquilla. Finalmente, Annaud apostaría por Connery, quien respondería con una impecable interpretación, criminalista e investigador, intelectual empírico, de profundo razonamiento analítico y creativo, un hombre sensato, compasivo y sabio, evidentemente inspirado en William de Ockham y Roger Bacon, en una de sus mejores interpretaciones y que lo llevaría a obtener el Premio BAFTA al mejor actor.
El principal antagonista de William de Baskerville es el fanático inquisidor francés Bernardo Pui, interpretado por el brillante actor, ganador del Oscar, F. Murray Abraham (“Cara cortada”, 1983; “Amadeus”, 1984). A pesar de que aparecerá en pantalla más bien en la segunda mitad del film, cuando se realice en juicio a los acusados de herejía, Murray Abraham encarnará a un irascible e intolerante monje, símbolo de la oscuridad del fanatismo y abuso y represión de la Iglesia Católica y su brazo judicial, la infame Inquisición.
Un jovensísimo Christian Slater (“Robin Hood”, 1991; “Entrevista con el vampiro”, 1994) encarna eficazmente a Adso de Melk, el novicio discípulo de William de Baskerville, que relata la historia como un recuerdo de su adolescencia. Con sólo 16 años, Slater derrocha carisma y una muy buena química con Sean Connery, para interpretar al hijo de un noble austríaco al servicio del emperador Ludovico IV de Baviera. Comentar que Eco se inspiró en el histórico Adso de Montier-en-der, abad francés nacido hacia 920 y que escribió “De nativitate et obitu Antichristi”, una biografía sobre el Anticristo en la Alta Edad Media.
Con el objetivo de mostrar el lado más deforme de la Edad Media incluso en los detalles más pequeños, Annaud reclutaría a un grupo de poco agraciados actores para interpretar a ciertos personajes, muchos de ellos de siniestra apariencia. El más emblemático y carismático sería el siempre efectivo Ron Perlman (“Cronos”, 1993; Saga “Hellboy”, 2004-2008) quien encarnaría al conmovedor jorobado y retrasado mental, Salvatore. El personaje es el epítome del desgraciado tratado como animal y eliminado por una sociedad que lo desprecia por su origen y apariencia, un lastre emblemático de muchos que perecieron bajo las garras de la Inquisición.
En la misma línea, tenemos al gran actor ruso Feodor Chaliapin Jr. (“Inferno”, 1980; Moonstruck”, 1987; “Stanley & Iris”, 1990), quien interpreta notablemente al intolerante monje no vidente Jorge de Burgos. El veterano actor contaba con 81 años cuando rodó “Il nome della rosa” (1980) y sabe impregnar de un sólido carácter a su personaje, que lo convierten en un ícono de la intransigencia de los dogmas más ortodoxos, si bien es venerado y respetado al mismo tiempo por los otros monjes. El actor austríaco Helmut Qualtinger (“Das Schloß“, 1968) interpreta al monje Remigio da Varagine, recordado por su notable respuesta a la acusación de Pui en el juicio por herejía, en la que se muestra orgulloso de ser hereje y cuestionar el abominable dogma católico.
Completan el reparto “monical”, el actor letón Elya Baskin (“Avión Presidencial”, 1997; “Spiderman 2”, 2004) que interpreta al monje Severino; el actor alemán Volker Prechtel (“El enigma de Gaspar Hauser”, 1974; “La tragedia de Franz Woyzeck”, 1979) al horrible monje Malaquías, encargado de Biblioteca; William Hickey (“Puppetmaster”, 1989; “Tales from the darkside”, 1990) personifica al histórico monje Ubertino da Casale, mentor de William de Baskerville; el actor alemán Michael Habeck al afeminado y tímido monje Berengario; el actor suizo de origen africano Urs Althaus (“Warbus”, 1985) interpreta al monje negro Venancio; y el francés Michael Lonsdale (“Lo que queda del día”, 1993; “Munich”, 2005) como el abad.
La única actriz del reparto fue la chilena Valentina Vargas (“El gran azul”, 1988), quien interpretó a la campesina anónima que desvirga a Adso y que simboliza la fuerza sexual natural y salvaje, en ninguno caso desde una perspectiva misógina, pero sí mostrando la ideología misógina de algunos monjes. Annaud insinúo que la campesina era en la práctica “la rosa” a la que alude el film y la novela, sin embargo, Eco nunca a confirmado estas declaraciones.
“Der name der rose” (1986) ganó 16 premios en distintos festivales y otras instancias de premiación, entre ellos el César al mejor film extranjero y el BAFTA al mejor actor y al mejor maquillaje.
En resumen, una obra maestra del cine clásico, una radiografía cruda y real de uno de los períodos más óscuros de la historia humana, que muestra lo más monstruoso del fanatismo y ceguera religiosos, pero que también muestra la esperanza y la luz de la razón por sobre la oscuridad ideológica.
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Basada en la novela del escritor Umberto Eco, esta película nos trasalada al siglo XIV, de un monje franciscano Fray Guillermo de Baskerville protagonizado por Sean Connery y su díscipulo Adso de Melk un joven Christian Slater. Una película entretenida, si bien se acaba haciendo un poco larga. Las actuaciones correctas, al igual que la historia en la que se basa la película. Entretenida de principio a fin. La doy un 6.
Jean Jacques Arnaud dirige una adaptación bien lograda de notable fidelidad hacia la novela de Unberto Exmco (que en paz descanse), a pesar de algún que otro cambio sustancial hecho para a amenizar la trama y volverla mas hollywoodense. El guión de hecho resume a la perfección 700 paginas de ardua novela en 2 horas de metraje.
Sean Connery es Guillermo de Baskerville, una suerte de Sherlock Holmes franciscano y del medioevo que debe resolver unos crímenes acontecidos en una Abadia. Cristian Slater, F. Murray Abraham y Ron Perlman lo secundan en este elenco lúcido y talentoso.
La gran labor escenografica, de vestuario y utileria nos mete de lleno en la Edad Media, en la trama policial y la dirección de fotografía acierta con creces. Muy copados los interiores en la Abadía y la labertintica biblioteca, custodiada por un villanezco Jorge Luis Borges.
Puntuación personal: 7/10 (Buena).
No he leido la obra de Umberto Eco pero la película me ha parecido bárbara,es una satisfacción ver tan bien recreada la edad media que sin duda es uno de los puntos fuertes de la cinta,capaz de subyugar al espectador recreándose en esa lejana época.A mi incluso me llegaba el olor a estiércol...Bueno,sin más dilaciones,la película que ya la tenía algo olvidada me ha vuelto a gustar muchísimo,está compuesta por unos personajes oscuros que destilan mucho misterio y la trama está compartida en dos trozos,una se basa en averigüar quien es quien mató a un monje y el otro en buscar un libro sagrado,donde se introducen en un enorme laberinto que da hasta vértigo.Hacen referencias sobre Dios y filosofean adecuadamente,lo único que se me ha hecho pesado ha sido la parte del juicio que se me ha hecho algo pesada,pero en términos generales,la cinta aprueba sin problemas,entretiene y es interesante.
aunque se trata de un buen thriller, lo cierto es que no me acaba de enganchar del todo. creo que le falta un pelin de ritmo, a lo que no ayudan alguna que otra escena innecesaria, como la escena de sexo, si, muy bonito, pero no viene a cuento y corta la dinamica de la historia. pero bueno, parece que los cineastas creen que estas cosas estrategicas aumentan la taquilla.
a pesar de todo, el argumento es apasionante. y la puesta en escena ayuda a meterse en la pelicula, esteticamente es muy buena, ya solo la ambientacion crea una gran atmosfera de misterio.
en cuanto a los personajes, detecto alguna que otra artificialidad, pero en general, estan a un gran nivel.
el guion me parecio bueno, pero tal vez le falte algo de inspiracion.
en fin, me gustaria leerme el libro por que la historia es muy interesante. pero creo que la pelicula, siendo buena, no logra mantener la intensidad necesaria.
esta es solo mi ignorante opinion.
Excelente película donde las haya. Una ambientación increíble, un guión bien desarrollado, unos personajes bien definidos y creíbles. ¿Se puede pedir algo más a una película?Sí, por supuesto que sí o, al menos ésta, da mucho más que eso. Nos encontramos con una historia que te mantiene en vilo en todo momento, buscando el por qué o quién de ciertas cosas. Más que recomendada.
El francés Jean-Jacques Annaud es un director interesante, merece la pena echar una ojeada a su filmografía y visualizar sus películas porque son films bastante diferentes y y muy personales, que se salen de los formatos comerciales al uso que suelen caracterizar las grandes superproducciones.
¨El Nombre de la Rosa¨, libro del italiano Umberto Eco, es una obra de antología, donde mezcla muchos conceptos aparte de construir una trama de intriga y ambientarla en una época, la Edad Media, más misteriosa y opaca de la historia de la Humanidad. Un libro de 600 páginas que representaba todo un reto para Jean-Jacques Annaud, el hecho de convertirlo en película.
Visualizada y empapada de principio a fin, me queda la sensación de que no es un film redondo al cien por cien, pero si un grandísimo trabajo y una obra cinematográfica monumental. Técnicamente es impecable, a nivel visual fascinante... te traslada a la vida monacal de la Edad Media, era en la que está ambientada la película. Con una fotografía impecable...las luces y las sombras, los colores de los interiores y los exteriores...casi parece un film de corte fantástico en algunos momentos...fotografía de Tonino Delli Colli cuidada hasta el límite que dota al film de un aspecto formidable.
La mezcla entre decorados artificiales y lugares reales no se percibe...tanto los interiores del monasterio, como los exteriores son magníficos...de una riqueza visual admirable.
Los personajes principales, William de Baskerville (Sean Connery) y Adso de Melk (Christian Slater) forman una pareja cinematográfica perfectamente equilibrada, el experimentado William y su joven aprendiz Adso. Podríamos compararlos por ejemplo a Obi Wan Kenobi y Luke Skywalker de ¨Star Wars¨, como el maestro y el aprendiz...o sobre todo a Sherlock Holmes y Watson....los famosos detectives creados por Arthur Connan Doyle. Porque eso es lo que es esta película...una historia de de detectives que investigan unos extraños sucesos en un lugar donde se están produciendo inexplicables muertes.
Pero todo ello ambientado en la Edad Media, en un aislado monasterio, impregnado de una atmósfera opresiva, religiosa, e influenciado por el poder de la Iglesia y la amenaza de la Santa Inbquisición. En el monasterio conviven escribas, quienes transcriben libros (en aquella época aún no se había inventado la imprenta), para poder tener copias y transmitirlos a generaciones... Pero he ahí donde radica el misterio... ¿Hay libros secretos escondidos en algún lugar? ¿Quien tiene acceso a ellos? ¿Que puede provocar que ciertos libros sean leídos?
A lo largo de la historia se han perdido numeros documentos, tratados y libros, que hoy en día serían valiosísimos... este film explica parte del porqué se han podido perder esas escrituras.
Hay varias conversaciones muy buenas...la mejor de todas y clave en la película es la que sostienen William y Jorge de Burgos sobre la importancia del humor en la religión, y en própio Jesucristo....
Pero hay más...atención a la discusión entre los franciscanos y el legado papal acerca de si Jesucristo era o no un hombre pobre...
Todo esto no son sino mensajes y críticas de Umberto Eco ha las instituciones religiosas...sobre todo al catolicismo y su ostentosidad, que entronca directamente con la humildad y la pobreza que se supone que atesoraba Jesucristo en aquella época.
Hay muchas escenas a destacar...muchos matices y mensajes que el film muestra continuamente. La secuencia de Adso entrando en la cámara de las gágolas y rostros simiescos esculpidos en piedra es tremenda...es increíble como da la sensación de que se mueven....sin moverse.
La caracterización de todos los personajes es muy buena...el vesturaio, peinado y maquillaje son impresionantes, perfectamente ilustrados como los monjes de aquella época...rostros duros y muy bien caracterizados...la chica (único papel femenino en el film) es una campesina que no aparece maquillada y peinada, sino desaliñada y semi salvaje...a pesar de la belleza que poseía la actriz Valentina Vargas.
La secuencia de sexo de ella con Adso es erótica y mágica...dos personas que no se conocen de nada...y ni se hablan...pero ambos descubren el amor de forma casi inocente. Él, como algo novedoso ... y ella como algo bonito...un manantial...un ser tierno como Adso que cae en sus manos...después de tanto humillarse ante monjes viejos, obesos y feos...
Mencionar al magnífico Ron Perlman en el papel de Salvatore, al desconocido por aquel entonces Feodor Chaliapin Jr. haciendo el papel de Jorge de Burgos, que lo borda. F. Murray Abraham como el inquisidor Bernardo Gui...la ya mencionada Valentina Vargas...y en general todos y cada uno de los actrores en un trabajo magnífico.
Sin duda una película de una calidad muy alta, y uno de los films más destacados en el género de suspense que merece la pena disfrutar y recrearse en su increíble fotografía...y dejarse llevar por su trama...y estar atentos a todos los mensajes que muestra la película a lo largo de todo su metraje.
¿Quien no mataría por tener acceso a leer un libro que te hiciera sentir lo que es el placer de la comedia, en un lugar aplastado y resignado por el temor, la tristeza y el dolor?.
Una obra monumental de la historia del cine, ¨El Nombre de la Rosa¨, de Jean-Jacques Annaud.
Buena película, las actuaciones son muy buenas, la trama es pesada pero interesante, mantiene un buen ritmo, la ambientación es destacable, al igual que los logrados efectos... los paisajes, los personajes, su relacionamiento, la música, etc., son excelentes. Narrativamente es atrapante, pero tampoco genera mucha emoción; técnicamente es sobresaliente, tiene escenas muy bien elaboradas, así como por momentos brilla por su simpleza... es muy explicita.
Magnífica adaptación de la novela de Umberto Eco, ya de por sí estupenda. Increíble recreación de la vida monástica en un cenobio de la Edad Media en el norte de Italia. Muy buena en cuanto a escenografía y ambientación, guión adaptado, caracterizaciones e interpretaciones. Sean Connery grande, como siempre.
Simplemente extraordinaria. Jean Jacques Annaud nos volvió a sorprender con este thriller ambientado en el siglo XIV que lleva a la pantalla la erudita novela de Umberto Eco con un acierto total, y mira que era complicada la tarea.
Si había en esos años un director capaz de adaptar con éxito la obra de Eco al cine, éste era sin duda el director francés. Tras la exitosa En busca del fuego, Annaud, un apasionado de la Edad Media, se embarcó en el proyecto nada más leer la novela del autor italiano allá por 1982. Aparcó el proyecto de El Oso que retomaría años más tarde y movió Roma con Santiago hasta que consiguió que Bernd Eichinger se interesase por el proyecto y decidiera producirla. Intentó que Eco colaborase en el guión pero éste, a pesar de la amistad que unía a los dos creadores, no quiso involucrarse en algo que le era desconocido y dejó a Annaud las manos libres. El resultado fue que se escribieron hasta 17 guiones sucesivos y el rodaje no comenzó hasta enero de 1985.
Entre muchísimas anécdotas que tiene la película habría que recordar el tremendo sofocón que se llevó Umberto Eco cuando supo que el elegido para dar vida a su protagonista Guillermo de Baskerville no era otro que el escocés Sean Connery, un actor en horas realmente bajas en aquellos años que venía de filmar su último Bond en Nunca digas nunca jamás. Afortunadamente Eco quedó luego maravillado de la interpretación del actor y de toda la película en general.
Y tenía motivos para estar contento. El nombre de la rosa es una de las películas más convincentes y mejor realizadas de la década de los ochenta. La recreación de las costumbres y de las pequeñas cosas cotidianas, del comportamiento de las gentes y del modo de vida de una remota abadía de la Liguria italiana de principios del siglo XIV es insuperable y sirve de insospechado marco de una trama que incrementa su interés según avanza el desarrollo del filme. Es impresionante contemplar unos personajes tan excelentemente matizados y tan bien definidos en su papel: el abad (Michael Lonsdale), el venerable Jorge de Burgos (Feodor Chaliapin) y su siniestro ayudante Malaquías (Volker Prechtel), el herético Salvatore (Ron Perlman) y su mentor Remigio da Varagine (Helmut Qualtinger), el enigmático Ubertino da Casale (William Hickey) y tantos otros...
Como era de esperar no ganó ningún oscar de ése año aunque sí el césar francés y un merecidísimo premio Bafta para Sean Connery. Imprescindible de ver y tener siempre a mano.
Magnífica ambientación y dirección para esta adaptación de la novela homónima de Umberto Eco.
Muy variada, podemos encontrar misterio, erotismo, crímenes, etc...
Casi con 40 años en mi haber, estoy disfrutando nuevamente del ¨buen cine¨, grácias sobre todo a las reediciones en HD de maravillas como la que nos ocupa. De las pocas veces que una película está a la altura de la novela en la que se inspira. Y de las pocas veces(al menos tan explícito) que un buen trabajo de cine(guión, fotografía, interpretación y música)pone en su sitio a la religión, con sus absurdos y primitivos dogmas: intentando inmovilizar¨ algo¨que no para de moverse y evolucionar, privando para ello a la gente de la sabiduría de los libros.
Hablando de cine, esta peli lo tiene todo para ¨meternos¨en la historia de suspense que se nos cuenta:
Ambientada en una abadía supuestamente maldita, varios asesinatos serán investigados por un ¨franciscano¨ y su discípulo, utilizando la lógica deducción como herramienta principal en lugar de exorcismos y ritos, como cabría esperar de un hombre religioso.
Los protagonistas están bien escogidos al igual que los secundarios, aparecen ante nosotros personajes grotescos, como el que protagoniza maravilloso Ron Perlman, perturbador.
La música, otro acierto mas, inseparable del film.
En definitiva una pelicula que hay que ver, para aprender que el cine puede ser mucho mas que efectos especiales, reclamos sexuales y mensajes superficiales.
Estupenda adaptación de la novela homónima de Umberto Eco.
Buena ambientación, los decorados tanto exteriroes como interiores son impresionantes. Las actuaciones están a un gran nivel. Una estupenda película al más puros estilo de Sherlock Holmes pero en otra época más remota. Totalmente recomendable.
Genial pelicula de misterio, esta pelicula nunca me llamo la atencion pero al final la vi y nunca pense que esta pelicula me hiba a gustar tanto, tiene un buen guion, buenos crimenes, muy intrigante esta pelicula y cabe destacar que es muy bien ambientada.
Críticas: 62
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Mad Warrior
8
Como si imitase la narración colmada de melancolía y nostalgia del buen monje franciscano Adso Von Melk durante, tal vez, los últimos instantes de su vida, Jean-Jacques Annaud comenta “Aún recuerdo aquel día en que, tras leer la novela y enamorarme perdidamente de ella, hice todo lo posible para lograr que Umberto Eco me cediera los derechos; vi ahí no sólo una obra maestra de la literatura, sino un libro hecho a mi medida, que estudié griego, que adoro a Aristóteles y que siento enorme pasión por la Edad Media...“.
“Il Nome de“lla Rosa“ fue una obra única. No necesariamente por su originalidad (tal como su autor, historiador y profesor señaló en ella, “Los libros suelen hablar de otros libros. A menudo un libro es como una simiente“), pero la magnitud que se nos presenta a través de sus páginas desafía a cualquiera con sus elevadas disputas teológicas, su exhaustivo análisis socio-político-religioso de la Europa de inicios de 1.300, sus interminables reflexiones filosóficas y sobre todo el intrincado misterio salpicado de muerte que se engendra y va creciendo desde los oscuros pasadizos de esa abadía remota, inaccesible y no poco siniestra del Norte de Italia.
Un lugar que nuestro querido narrador, evocando los hechos que vivió en su juventud, describe ser “Capaz de infundir temor al viajero que se acercara poco a poco, [...] me sentí amedrentado, preso de una vaga inquietud“. Un lugar que, gracias al esfuerzo de un equipo enorme, prácticamente europeo, es trasladado con toda fidelidad del texto a la gran pantalla; Annaud, conocido por su exigencia en los más mínimos detalles, cuenta con unos expertos en el diseño de producción, diseño artístico, maquillaje y decorados, envueltos en la sombría fotografía del maestro Tonino de“lli Colli, para que seamos absorbidos en las esferas de un mundo aparte, tan aterrador como sugerente, tan repulsivo como fascinante.
Si Eco hacía uso de su rica prosa en interminables descripciones, Annaud visualiza cada rincón del escenario, y el crudo realismo de su puesta en escena nos devuelve a lo que debe ser la representación de la Edad Media. Técnica y formalmente hablando, esta adaptación es un triunfo a todos los niveles, siendo el mayor la concepción visual de aquel scriptorium que hacía a nuestro querido narrador no poder “contener un grito de admiración“ al entrar en él. En cuanto a la concepción del argumento, las diferencias asoman nada más empezar la historia.
Dicho narrador se desvivía por situarnos en el marco histórico de una Europa agitada por los conflictos políticos, desgarrada por las luchas entre las distintas facciones cristianas y el vil enfrentamiento entre Ludovico y el herético papa Juan XXII. Adso nos enseñaba y nos hablaba de su propia vida antes de la llegada a la temible abadía “una hermosa mañana de finales de Noviembre“ de 1.327. El guión, en el que muchas manos participaron, empieza con esa llegada; parece reinar un clima de conspiración ya que vemos, juntos al abad, al monje ciego Jorge y al bibliotecario Malaquías maquinando extraños planes, lo que no ocurría en las páginas.
Una lástima, el bonito pasaje del caballo perdido del abad y cómo William of Baskerville lo encuentra no es trasladado. Lástima, sobre todo, porque ya podíamos disfrutar del asombroso poder de deducción que posee el viejo franciscano, un personaje, especie de cruce cristiano-medieval de Sherlock Holmes y Hercule Poirot, que se revela una creación admirable, álter-ego del propio autor, infatigable investigador no de la verdad, sino de la mayor cantidad de teorías y posibles, que observa y se deleita observando los signos de la naturaleza e infiriendo a partir de ellos, ávido de la sabiduría y de su transmisión, partidario del progresismo y la evolución.
Un personaje que podría haber ocupado una extensa saga de novelas si el imbécil de Eco no lo hubiera hecho víctima de la peste negra, como se nos dice en las páginas, y si yo le ponía la cara de Christopher Plummer o Peter O“Toole, Sean Connery se gana mi beneplácito gracias a su maravillosa interpretación. No ocurre lo mismo, por desgracia, con el adolescente Christian Slater en la piel de Adso, aquí mucho más pasivo e ingenuo que su análogo, cuya participación en la resolución de los crímenes era de mayor importancia (algunos enigmas que confundían al buen William eran resueltos por éste) y su evolución de niño a hombre resultaba más creíble.
La diferencia más notable entre el texto y el guión está en las interacciones de la pareja y otros personajes secundarios comunes (el herbolario Severino, el cillerero Remigio, Jorge o el abad), que se desarrollan en larguísimos diálogos, a veces disertaciones, o teorías conspirativas, o bien densos monólogos.
La densidad dominaba, se analizan la teología y religión, la cultura y la risa contra el oscurantismo, dudas y conflictos interiores crean duelos de palabra sin duda interesantes e inteligentes...pero también redundantes.
Tan redundantes que de cuando en cuando (como si Eco lanzara una mordaz llamada de atención) un personaje anima a su interlocutor a no desviarse del tema que estaban tratando. Annaud casi prescinde de todo esto y se centra en los escabrosos asesinatos que de noche o de día atormentan el lugar, no desechando, gracias a Dios, las totalmente casuales profecías del Apocalipsis que planteaba el autor. Pero la trama se reduce inevitablemente, la investigación toma caminos más sencillos al desaparecer una gran parte de los diálogos e ideas que discutían William y Adso, y varios pasajes se mezclan o bien cambian de lugar, e igual los personajes (el monje Alinardo, por ejemplo, que era vital en la novela...).
Esto se refleja mejor en los viajes que la pareja hace al interior de la biblioteca prohibida (o el Edificio): muchos en las páginas, pocos en la película. La creación de esa fortaleza inexpugnable de libros que imaginaba Eco no puede plasmarse en pantalla porque, sencillamente, es imposible; sin embargo Annaud, gracias al milagro de la puesta en escena, nos arrastra de igual modo al corazón del misterio y de la aventura entre los confusos pasadizos en tinieblas que forman ese laberinto de obras literarias ocultas y perdidas. El matrimonio entre la fotografía de De“lli Colli y la música de James Horner no puede expresarse con palabras.
Como tampoco puede expresarse en el guión el pasaje que habla del encuentro entre Adso y la chica del pueblo. [Mi capítulo preferido del libro, he de decir que llena el alma esa descripción que intenta hacer el monje, muy avergonzado, de los sentimientos que experimentó en su juventud cuando se unió carnalmente a esa “Virgen Negra que se alzaba como la aurora, bella como la Luna, resplandeciente como el Sol“, y su unión y su posterior caída en el “pecado“ del amor, que le provoca ver a su amada en todos y cada uno de los rincones de la abadía, como si un halo de luz divino iluminara la oscuridad que se cierne sobre ese maldito lugar, tan lleno de violencia, codicia, intolerancia, lujuria, maldad y corrupción].
En cuanto a manipulación de personajes se refleja mejor en los de la chica, el vulgar y estrafalario Salvatore y el inquisidor Bernardo. Donde en el libro la primera era quemada en la hoguera por supuesta brujería sin que Adso pudiera impedirlo (claro), en la película, según la concepción del director, en contraposición a la más pesimista de Eco, consigue salvarse; donde en el libro averiguamos del segundo su oscuro pasado y ocupaba un lugar bastante secundario en las pesquisas de William y Adso, en la película el tremendo Ron Perlman le da vida propia al margen de lo creado y protagoniza momentos inventados por su querido amigo Annaud.
Y por último, donde en el libro Bernardo era un personaje que llegaba y con las mismas, casi imperceptiblemente, se marchaba de la abadía, en la película, interpretado por otro actor de carácter como Murray Abraham (cuyo comportamiento durante el rodaje no fue modélico ni mucho menos), refuerza su presencia y es, para satisfacción del público, ajusticiado con una muerte a la altura de su crueldad.
Irónico, pues el pasaje del juicio contra Salvatore, la chica y Remigio, que llega a provocar una sensación de agobio, cerca del terror, ante la tortura psicológica que aplica Bernardo, es despachado con demasiada rapidez y benevolencia en el guión...
Benevolencia es la clave del cineasta francés. El espectacular clímax de la novela que tenía lugar en la biblioteca y se extendía a toda la abadía en forma de incendio apocalíptico aquí está reducido considerablemente; su punto de vista es más luminoso y humano que el de Eco, y, la verdad, se agradece. Por la gracia divina del guión, no de Dios, se salvan quienes deben, son condenados los que se lo merecen, el destino de William es incierto, y nunca sabremos nada de los horribles conflictos que han cambiado la Europa de entonces.
En todos los aspectos (la historia principal, las dos subtramas de la chica y la lucha eclesiástica, los personajes, incluido el libro, la causa primordial de tanta desgracia) el film toma su propio camino y deriva en bifurcaciones que, a su modo, funcionan. Annaud logra su obra maestra, se gana el respeto de Eco, Connery resurge de las cenizas; esta es una pieza fundamental en los géneros histórico, de aventuras y de misterio, y el mayor placer de todos es que la “rosa“ a la que se hace alusión queda viva, aunque el buen Adso jamás conociera su nombre...
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