Críticas de El Hombre que Mató a Liberty Valance (1)
Marcos
23 Jun 2012
9
Maravilloso y apasionante film de John Ford, que no por nada es uno de sus más conocidos y valorados. Nadie apostó por él en su día. En 1962, con el período de cine clásico finalizado, quién pensaría que llegaría alguien a rodar un western (género menos considerado en aquel momento) en blanco y negro y triunfaría de la manera en que triunfó.
Un éxito inesperado, eso fue ¨El hombre que mató a Liberty Valance¨, y como ya hizo Ford en su día con ¨La diligencia¨, supuso una novedad en el género. Se trata de un western crepuscular que rompe con tópicos y fundamentos, pues ya no tenemos grandes paisajes con alta profundidad de campo, tampoco aparecen personajes recurrentes como los indios o la caballería. Casi puede calificarse como una película de cámara al transcurrir mayormente en escenarios interiores y profundizar tanto en sus personajes. El aspecto psicológico es lo que más logrado está de éstos, con contínuos enfrentamientos entre la razón (Stoddard, interpretado por un excepcional James Stewart) y las armas, la ley del Oeste (Liberty, un acojonante Lee Marvin). Inolvidable y conmovedor es también, el sacrificio que hace Tom Doniphon (colosal John Wayne) por Stoddard y que marcará a éste el resto de su vida, cayendo Doniphon al más absoluto olvido.
Solo por esos tres personajes, esos tres actores, merece visionar las dos horas que dura ¨El hombre que mató a Liberty Valance¨. Eso, junto al aire de nostalgia que se desprende en todo el metraje y la sublime labor de Ford (cada plano tiene tanto detalle, por el espacio o los gestos de los personajes, que es digno de pararse a mirar detenidamente. Y el uso de los flashbacks es inmejorable), hacen de esta película una joya a ser considerada como uno de los mejores westerns de la historia.
Es difícil encontrar en un western y en una película cualquiera en general, cómo los aspectos técnicos y artísticos rozan la perfección sin decaer en ningún momento. Por último, resalto el simbolismo de la flor de cactus sobre el ataúd de Tom Doniphon. Sencillamente precioso.
Marcos
9
Maravilloso y apasionante film de John Ford, que no por nada es uno de sus más conocidos y valorados. Nadie apostó por él en su día. En 1962, con el período de cine clásico finalizado, quién pensaría que llegaría alguien a rodar un western (género menos considerado en aquel momento) en blanco y negro y triunfaría de la manera en que triunfó.
Un éxito inesperado, eso fue ¨El hombre que mató a Liberty Valance¨, y como ya hizo Ford en su día con ¨La diligencia¨, supuso una novedad en el género. Se trata de un western crepuscular que rompe con tópicos y fundamentos, pues ya no tenemos grandes paisajes con alta profundidad de campo, tampoco aparecen personajes recurrentes como los indios o la caballería. Casi puede calificarse como una película de cámara al transcurrir mayormente en escenarios interiores y profundizar tanto en sus personajes. El aspecto psicológico es lo que más logrado está de éstos, con contínuos enfrentamientos entre la razón (Stoddard, interpretado por un excepcional James Stewart) y las armas, la ley del Oeste (Liberty, un acojonante Lee Marvin). Inolvidable y conmovedor es también, el sacrificio que hace Tom Doniphon (colosal John Wayne) por Stoddard y que marcará a éste el resto de su vida, cayendo Doniphon al más absoluto olvido.
Solo por esos tres personajes, esos tres actores, merece visionar las dos horas que dura ¨El hombre que mató a Liberty Valance¨. Eso, junto al aire de nostalgia que se desprende en todo el metraje y la sublime labor de Ford (cada plano tiene tanto detalle, por el espacio o los gestos de los personajes, que es digno de pararse a mirar detenidamente. Y el uso de los flashbacks es inmejorable), hacen de esta película una joya a ser considerada como uno de los mejores westerns de la historia.
Es difícil encontrar en un western y en una película cualquiera en general, cómo los aspectos técnicos y artísticos rozan la perfección sin decaer en ningún momento. Por último, resalto el simbolismo de la flor de cactus sobre el ataúd de Tom Doniphon. Sencillamente precioso.
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