Capítulo 3
Eran las 11.15 P.M. cuando llegue a casa. Saque el cuadro de la parte trasera de mi Ford y lo subí al piso con cuidado, vivía en un tercero y no me interesaba que alguno de mis vecinos me hiciera alguna pregunta comprometida. Metí la llave en la cerradura, abrí la puerta y cerré tras de mí.
Ya en casa, solté el cuadro encima de la mesa del salón y me quede mirándolo bajo la atenta luz de la lámpara que colgaba en el techo. Lo cierto es que me sentía inquieto, lo que Robert me había contado tenía sentido, sin embargo, mi cerebro no había dejado de maquinar en toda la tarde. Decidí darme una ducha y acostarme, mañana sería otro día.
A la mañana siguiente, Sean me paro por la calle. Sean era un joven que había conocido en los foros por los que solía moverme. Le encantaba la arqueología, y a sus 30 años aún no se había casado. Vivía con su novia, Michelle, un bombón de 24 que despertaba en mi algo más que simpatía. Sean era un buen tipo, aunque a veces resultaba demasiado pesado.
- ¡¡Eh Derry!! – dijo dirigiéndose a mi, cruzando la calle estrepitosamente.
- Hola Sean, que bueno verte. – respondí, intentando mostrar mi mejor sonrisa.
- ¿Qué tal te fue? ¿Conseguiste ver el cuadro?
- Bueno, la verdad es que no resulto fácil, pero si, he podido verlo con mis propios ojos y además lo tengo en mi casa.
- No me lo puedo creer – dijo Sean, - ¿Como has conseguido convencer a Robert?
- Pues verás. Después de una conversación acalorada, Robert me pidió que investigara por mi cuenta algunos aspectos que se le escapaban, ya que en breve quería exponerlo en sociedad y debía de tener todo bien atado, para responder eficientemente a cualquier periodista curioso – respondí, mostrando mi mejor cara de sinceridad.
- Es increíble… ¿y que tal es?, ardo en deseos de verlo. ¿Será terrorífico? – Sean no paraba de moverse.
- Si te parece bien, podemos quedar sobre las 15.00 P.M. en casa, y te lo enseñare.
- ¡¡Perfecto!! Allí nos veremos.
Sean me dio la mano y se alejo con prisa. ¿Me habría equivocado? De alguna forma, tal y como me dijo Robert, Sean no debía de saber que el cuadro era falso, por lo que era necesario llevar las cosas con la mayor naturalidad posible.
A las 15.10 P.M., Sean llego a casa. Tenía tantas ganas de verlo que dejamos a un lado los preliminares. Lo cierto es que esperaba esa reacción.
- ¿Y esto es todo? – dijo Sean, con una voz mas mesurada.
- Pues si, eso es todo. ¿Qué esperabas Sean?
- No se Derry, esperaba un cuadro espeluznante, un retrato del mas allá, algo impactante. Pero esto… jamás lo habría imaginado.
Sean se mostró molesto, como si lo hubiéramos engañado. Le explique que aun estábamos descifrando su verdadero significado, y que por eso Robert me había pedido ayuda. Sin embargo, Sean parecía enfadado. Volvimos al salón, el cuadro estaba en una habitación adyacente que usaba como despacho, y nos sentamos en el sofá. Le dije a Sean que si quería tomar algo, le serví una copa y le inste a esperarme unos minutos, debía bajar al coche a recoger unos libros que había sacado de la biblioteca.
Cuando subí, Sean había desaparecido. Su copa seguía en la mesa, prácticamente llena. Supuse que estaba demasiado decepcionado y se había ido sin decirme nada. Recogí la copa y volví a mi despacho para dejar los libros. Para mi sorpresa, el cuadro estaba destapado y se encontraba en una posición diferente. Pero lo mas inquietante era la imagen, la mujer parecía tener 5 años menos y la puerta del fondo se encontraba abierta, un palmo más o menos, dejando ver el interior de la habitación que guardaba, un amasijo de llamas que parecían querer salir por la abertura descrita. Note como sudaba, y me pase la mano por la frente. Volví a mirar a la mujer y parecía que me miraba, clavándome sus ojos negros, incluso sonriéndome. Decidí salir de la habitación.



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