...Marcos y Clara...
La noche caía sobre la casa de Clara, el silencio resultaba un placer para un día tan ajetreado. Clara, que aún no podía creer lo que había sucedido, se sirvió una copa de ginebra con un poco de tónica. La espuma y el ruido efervescente de su bebida le hizo recordar lo ocurrido años atrás...
UN TIEMPO ATRÁS...
Clara era una niña ejemplar. Sus padres la exhibían como la hija perfecta, una chica a la que no le faltaba de nada, inteligencia, belleza y un don de palabra que ostentaban con orgullo. Sin embargo, todo lo que la fachada de sus vidas representaba en la sociedad, ocultaba una situación bastante escabrosa de puertas para adentro. Ramiro, el padre de Clara, había vuelto a beber desde hacia un tiempo, una situación que a su mujer, Rebeca, no le hacía ninguna gracia. Clara no podía soportar las disputas constantes que se producían todas las noches, desde su habitación y con la almohada sobre la cabeza, escuchaba a sus padres discutir, unos gritos que le taladraban los tímpanos y que le producían un estado de malestar que se agravaba con el paso del tiempo. Pasaron los meses y la situación fue empeorando. Ahora Ramiro no se conformaba con hostigar a Rebeca, su hija comenzaba a tener la forma de un dulce, un pastelito virgen que le despertaba sus mas bajos instintos. Fue así como empezaron las violaciones, un incesto que se convirtió en rutina. Era entonces el momento de voltear la situación.
Clara era una alumna aventajada, sus virtudes eran varias y sabía que algún día las necesitaría. Además de tener una inteligencia muy aguda, Clara demostraba tener agallas ante los problemas mas angustiosos. Así y sin pensárselo dos veces, una noche consiguió lo que quería. La rabia acumulada le había dado una fuerza impropia de una niña de su edad. Como todos los Sabados, Ramiro se había quedado dormido delante del televisor, mientras Rebeca yacía en la cama de matrimonio. Al lado de su padre, la copa de "Gin tonic" borboteaba sin acabar. Clara se aseguro de que su madre dormía y se dirigió hacia su padre.
- Papa.... - dijo Clara.
Ramiro se despertó sobresaltado y la miro fijamente. Clara vestía con ropa interior y se había pintado los labios de un negro intenso.
- Mmmmmm..., veo que esta noche te has disfrazado como la puta de tu madre - pero me gusta, creo que hoy nos divertiremos mucho - dijo Ramiro.
Clara se acerco a su padre, apoyándose en sus rodillas se sentó en su regazo y acerco sus labios a los de él, unos labios que hedían a alcohol como era de costumbre. Ramiro la agarro con fuerza y metió su lengua en la boca de su hija, un error que le costo demasiado. Clara le mordió la lengua, arrancándosela de cuajo, escupiéndole su propia sangre a la cara. Ramiro chillaba como un cerdo, momento en el que arremetió contra ella y la zarandeo hasta tirarla. Clara se volvió a levantar y saco de sus bragas un tenedor, un cubierto que le sirvió para atravesarle los ojos en varias ocasiones. Ramiro se levanto, tropezando con todo el mobiliario que tenía alrededor. Era el momento...Clara corrió hacia la chimenea, cogió el atizador que removía la leña encendida y se lo clavo en la cabeza. Ramiro cayo al suelo y el silencio se vio cortado por los gritos de su madre. Rebeca junto a la puerta tenía las manos en la cabeza. Clara la miro y dijo...
- Mama...yo...
Y VOLVIENDO AL PRESENTE
Clara escucho la puerta, alguien estaba golpeándola. Suponía que era Marcos. Claro dejo el vaso encima de la mesa y se dirigió hacia la entrada. De camino, sus recuerdos volvieron a fraguarse en su memoria, su chimenea estaba encendida y junto a ella brillaba como nunca el atizador que acababa de usar hacia unos minutos...



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