Sara
05/03/2010, 16:18
Finalmente, y tras casi un cuarto de hora de no atreverse a mover un sólo múculo, abrió los ojos; el vagón estaba vacío, tal y como lo había estado desde que ella subió a la Barca... maldito trasto, tenía que descarrilar ahora, y estaba claro que el accidente era provocado, las malditas bestias eran cada vez más listas, o es que el instinto es más poderoso de lo que parecía.
Ana era una de tantas personas que corrían riesgos a diario, su profesión era su único medio de vida y no podía permitirse el lujo de renunciar a su empleo, y no es que Ana fuera policía, ni bombero... Ana trabajaba en una fábrica textil, una gran nave industrial que estaba a las afueras de la ciudad y que le había permitido sobrevivir desde que la abandonó Jon... por unos momentos retrocedió mentalmente hasta hacía seis meses, recordó aquel día, eran las 9 de la mañana, Jon regresaba a casa de una de sus juergas, -porque estaba claro que se iba de fiesta con los amigotes, ¿qué más podía hacer durante toda la noche fuera de casa?-, ella le esperaba con una sonrisa forzada, gesto que se esfumó del todo cuando él le anunció que se iba de casa, que la abandonaba... ¡no quería pensar en ello!, pero no podía evitarlo; Ana le preguntó entonces si había otra persona y él le respondió que si, que en cierto modo, había alguien más, y que no quería hacerle daño...
... estaba a punto de estallar de nuevo en llanto cuando oyó aquel golpe en la puerta de acero del vagón, una sacudida, fuerte y violenta, seguida de un rugido grave y profundo... ¡Dios mío, estaban ahí!. De nuevo los recuerdos volvieron a su mente, evocó el momento en que los medios de comunicación hacían eco de la última noticia: la ciudad estaba siendo atacada por alguien, o algo, que estaba dejando víctimas por todas partes, las personas eran atacadas de noche, siempre en la oscuridad, y la mayoría no sobrevivían para contarlo, quedaban completamente destrozados en medio de charcos de sangre, o con sus órganos semi devorados; hacía casi 4 años de aquello y pasaron varios meses hasta que se descubrió que se trataba de lobos, de hombres lobo, para ser más exactos... difícil de creer, ¿verdad?; no se sabía dónde se había originado el contagio, ni de dónde provenía el "animal" que había iniciado aquella epidemia, lo malo es que había personas que habían resistido el ataque de aquellas bestias, eran heridas, pero no morían, con lo cual poco despues se veían afectadas por el mismo mal. El gobierno ordenó ajusticiar a todo el que fuera infectado por los lobos y desde entonces, hubo un antes y un despues en la vida de Ana; hubo niños que fueron fusilados por culpa de los ataques, ante la horrorizada impotencia de sus padres, que no podían evitarlo, adultos, ancianos y jóvenes, pero sobre todo, personas cuyo horario laboral era nocturno; la franja horaria era muy peligrosa, pero muy bien pagada y Ana no se lo pensó dos veces cuando le ofrecieron aquel puesto, que anteriormente pertenecía a un hombre joven que había sido atacado y muerto en una de sus idas y venidas al trabajo. Y eso que estaba la Barca. La Barca de Caronte era un medio de transporte, usaba las mismas vías que el metro, pero era el único tren que circulaba de noche, estaba hecho de acero y plata, para detener y repeler el ataque de los licántropos, y era bastante seguro, aunque para subir y bajar de él había que salir al exterior, ahí estaba el verdadero riesgo. Ana llevaba trabajando en la fábrica textil casi cuatro meses y hasta la fecha, nunca había tenido problemas para subir a la Barca, lo que no significaba que no tomara sus precauciones... cuando se casó con Jon, hacía ya 10 años, su tía Eva le había hecho un regalo que en aquel momento le pareció cursi: una cubertería de plata; no sabía la tía Eva lo útil que le resultaban ahora los cuchillos de ese regalo, y eso que ya había perdido dos, uno de ellos le cayó a la vía una madrugada que regresaba a casa, y el otro lo debió extravíar en aquella carrera atolondrada desde la estación hasta la puerta de la fábrica; no había bestias cerca de allí, pero vio una extraña sombra y ya se sabe que la sugestión puede ser...¡¡¡!!!, aquellos golpes violentos en la puerta del vagón volvieron a sobresaltarla, sacándola de sus pensamientos... se levantó, medio magullada y dolorida, y se acercó temerosamente hasta una de las ventanillas, el lobo debió verla desde el exterior, porque, advirtiendo sus movimientos, se abalanzó contra el cristal blindado, mostrando su terrorífica rabia a la joven, que se estremeció y gritó sin saber por qué, ya que nadie podía ayudarla; por lo visto su vagón era el único que no se había abierto con el golpe, los gritos de los demás pasajeros habían dejado de oirse, -gracias a Dios- y el cadáver del conductor yacía en el andén, entre otros, hechos pedazos... la enorme bestia empezó a golpear el vidrio tratando de entrar, embestía con fuerza la pared del vagón que se sacudía con fuerza, y así estuvo durante media hora, sin perder ímpetu, con aquellos agudos colmillos manchados de sangre y el brillo de unos ojos que no eran humanos, por mucho que en el fondo lo fueran... Ana gritaba sin parar, ¿por qué tenía que pasarle aquello?, cuando estaba a punto de volver a casa del trabajo, ¿serían esos sus últimos minutos de vida?, el enorme animal estaba ya a punto de lograr su cometido, la ventana empezaba a quebrarse y el viento empezaba a colarse por las fracturas del cristal... Ana dejó de gritar y tanteó el bolsillo interno de su abrigo buscando el cuchillo de plata de la tía Eva, se cortó con él y lloró de dolor y de pena pensando en que todo esto no le estaría pasando si Jon no la hubiera dejado, y que el lobo iba a atacarla aún con más furia cuando viera la sangre en su mano... entonces la ventana estalló en mil pedazos, y ante los aterrados ojos de Ana, el hombre lobo entró en el vagón rugiendo salvajemente y destrozando todo cuanto encontraba a su paso... pero entonces, cuando ella creyó que era su final, la luz del alba se coló tambien por las rendijas de la ventana... ¡estaba amaneciendo!... el lobo de repente se encogió en doloroso gesto, parecía agonizar, aullaba de dolor, pero Ana no le había atacado con el cuchillo, lo blandía en la mano dispuesta a defenderse, pero sin haberle dado tiempo de ello... el lobo estaba cambiando, volvía a su forma humana y ella contemplaba con aprensión aquella transformación...
... no lo olvidará jamás, han pasado 20 años y aún va a poner flores en su tumba, ya no llora por las noches, pero no le ha olvidado, porque cuando se encontró con el humano que había tras la bestia, no pudo por menos que llorar amargamente, arrodillada en el suelo y ante la triste y demacrada figura del que antes fue un hombre joven y vital.
Dios... Jon.
Sara
Ana era una de tantas personas que corrían riesgos a diario, su profesión era su único medio de vida y no podía permitirse el lujo de renunciar a su empleo, y no es que Ana fuera policía, ni bombero... Ana trabajaba en una fábrica textil, una gran nave industrial que estaba a las afueras de la ciudad y que le había permitido sobrevivir desde que la abandonó Jon... por unos momentos retrocedió mentalmente hasta hacía seis meses, recordó aquel día, eran las 9 de la mañana, Jon regresaba a casa de una de sus juergas, -porque estaba claro que se iba de fiesta con los amigotes, ¿qué más podía hacer durante toda la noche fuera de casa?-, ella le esperaba con una sonrisa forzada, gesto que se esfumó del todo cuando él le anunció que se iba de casa, que la abandonaba... ¡no quería pensar en ello!, pero no podía evitarlo; Ana le preguntó entonces si había otra persona y él le respondió que si, que en cierto modo, había alguien más, y que no quería hacerle daño...
... estaba a punto de estallar de nuevo en llanto cuando oyó aquel golpe en la puerta de acero del vagón, una sacudida, fuerte y violenta, seguida de un rugido grave y profundo... ¡Dios mío, estaban ahí!. De nuevo los recuerdos volvieron a su mente, evocó el momento en que los medios de comunicación hacían eco de la última noticia: la ciudad estaba siendo atacada por alguien, o algo, que estaba dejando víctimas por todas partes, las personas eran atacadas de noche, siempre en la oscuridad, y la mayoría no sobrevivían para contarlo, quedaban completamente destrozados en medio de charcos de sangre, o con sus órganos semi devorados; hacía casi 4 años de aquello y pasaron varios meses hasta que se descubrió que se trataba de lobos, de hombres lobo, para ser más exactos... difícil de creer, ¿verdad?; no se sabía dónde se había originado el contagio, ni de dónde provenía el "animal" que había iniciado aquella epidemia, lo malo es que había personas que habían resistido el ataque de aquellas bestias, eran heridas, pero no morían, con lo cual poco despues se veían afectadas por el mismo mal. El gobierno ordenó ajusticiar a todo el que fuera infectado por los lobos y desde entonces, hubo un antes y un despues en la vida de Ana; hubo niños que fueron fusilados por culpa de los ataques, ante la horrorizada impotencia de sus padres, que no podían evitarlo, adultos, ancianos y jóvenes, pero sobre todo, personas cuyo horario laboral era nocturno; la franja horaria era muy peligrosa, pero muy bien pagada y Ana no se lo pensó dos veces cuando le ofrecieron aquel puesto, que anteriormente pertenecía a un hombre joven que había sido atacado y muerto en una de sus idas y venidas al trabajo. Y eso que estaba la Barca. La Barca de Caronte era un medio de transporte, usaba las mismas vías que el metro, pero era el único tren que circulaba de noche, estaba hecho de acero y plata, para detener y repeler el ataque de los licántropos, y era bastante seguro, aunque para subir y bajar de él había que salir al exterior, ahí estaba el verdadero riesgo. Ana llevaba trabajando en la fábrica textil casi cuatro meses y hasta la fecha, nunca había tenido problemas para subir a la Barca, lo que no significaba que no tomara sus precauciones... cuando se casó con Jon, hacía ya 10 años, su tía Eva le había hecho un regalo que en aquel momento le pareció cursi: una cubertería de plata; no sabía la tía Eva lo útil que le resultaban ahora los cuchillos de ese regalo, y eso que ya había perdido dos, uno de ellos le cayó a la vía una madrugada que regresaba a casa, y el otro lo debió extravíar en aquella carrera atolondrada desde la estación hasta la puerta de la fábrica; no había bestias cerca de allí, pero vio una extraña sombra y ya se sabe que la sugestión puede ser...¡¡¡!!!, aquellos golpes violentos en la puerta del vagón volvieron a sobresaltarla, sacándola de sus pensamientos... se levantó, medio magullada y dolorida, y se acercó temerosamente hasta una de las ventanillas, el lobo debió verla desde el exterior, porque, advirtiendo sus movimientos, se abalanzó contra el cristal blindado, mostrando su terrorífica rabia a la joven, que se estremeció y gritó sin saber por qué, ya que nadie podía ayudarla; por lo visto su vagón era el único que no se había abierto con el golpe, los gritos de los demás pasajeros habían dejado de oirse, -gracias a Dios- y el cadáver del conductor yacía en el andén, entre otros, hechos pedazos... la enorme bestia empezó a golpear el vidrio tratando de entrar, embestía con fuerza la pared del vagón que se sacudía con fuerza, y así estuvo durante media hora, sin perder ímpetu, con aquellos agudos colmillos manchados de sangre y el brillo de unos ojos que no eran humanos, por mucho que en el fondo lo fueran... Ana gritaba sin parar, ¿por qué tenía que pasarle aquello?, cuando estaba a punto de volver a casa del trabajo, ¿serían esos sus últimos minutos de vida?, el enorme animal estaba ya a punto de lograr su cometido, la ventana empezaba a quebrarse y el viento empezaba a colarse por las fracturas del cristal... Ana dejó de gritar y tanteó el bolsillo interno de su abrigo buscando el cuchillo de plata de la tía Eva, se cortó con él y lloró de dolor y de pena pensando en que todo esto no le estaría pasando si Jon no la hubiera dejado, y que el lobo iba a atacarla aún con más furia cuando viera la sangre en su mano... entonces la ventana estalló en mil pedazos, y ante los aterrados ojos de Ana, el hombre lobo entró en el vagón rugiendo salvajemente y destrozando todo cuanto encontraba a su paso... pero entonces, cuando ella creyó que era su final, la luz del alba se coló tambien por las rendijas de la ventana... ¡estaba amaneciendo!... el lobo de repente se encogió en doloroso gesto, parecía agonizar, aullaba de dolor, pero Ana no le había atacado con el cuchillo, lo blandía en la mano dispuesta a defenderse, pero sin haberle dado tiempo de ello... el lobo estaba cambiando, volvía a su forma humana y ella contemplaba con aprensión aquella transformación...
... no lo olvidará jamás, han pasado 20 años y aún va a poner flores en su tumba, ya no llora por las noches, pero no le ha olvidado, porque cuando se encontró con el humano que había tras la bestia, no pudo por menos que llorar amargamente, arrodillada en el suelo y ante la triste y demacrada figura del que antes fue un hombre joven y vital.
Dios... Jon.
Sara