Ygro
21/05/2006, 17:13
Ygro sabía que este era el último día en su vida. No necesitaba que nadie se lo recordase. Había dejado el trabajo, había dejado de querer a su mujer y a sus hijos y ahora estaba a punto de suicidarse psicológicamente.
Se paró un segundo a plantearse lo que de verdad estaba haciendo;¿Cómo demonios se iba a suicidar psicológicamente y por qué diablos tenía que hacerlo?.
De repente lo volvió a recordar delante de él. Tan pequeño, tan indefenso y adorable que hacía parecer insignificante cualquier cosa de este mundo comparada con la extrema humildad y bondad que emanaba de aquel extraordinario ser. Su tacto era suave y cálido, a la vez que reconfortante, y hacía que cuando estaban en contacto sus sentidos se disparasen hasta llegar a cotas altísimas de hipersensibilidad, lo que provocaba una expansión de su espíritu y una empatía universal hacia cualquier tipo de criatura, así como un amor hacia ÉL más allá de todas las fronteras de la imaginación.
Adoraba tocarlo, explorar cada rincón de su cuerpecito y hacer todas las cosas que Él le pedía. Al principio había mostrado un poco de resistencia, pero el cortejo dio sus frutos. Sabía que era un amor prohibido. Si la gente se enterase de esto...
Le necesitaba desesperadamente, y lo sabía; no podía vivir sin Él, y Él tampoco podría vivir sin Ygro. ¿Para que querría vivir en este mundo desgraciado y oscuro sin su ayuda? Se moriría en cuestión de segundos. Si Él no le tenía, no le tendría nadie más.
Había desaparecido, y no sabía dónde se encontraba. Sudores fríos recorrían la frente y la espalda de Ygro, y le embargaba el sentimiento de culpabilidad por haber perdido a la única persona que realmente había querido.
¿Dónde estaría? ¿Con quien se habría ido? ¿Es que no era lo suficientemente bueno?. Ygro lo había cuidado como a nadie más en este mundo; le había dado su cariño, su amistad y le había entregado su corazón, y Él se había escapado, dejándole en un estado de avanzada soledad. No había forma de sobreponerse a ello, así que allí se encontraba; en medio del salón de su casa, en la oscuridad de la noche, con su familia durmiendo sin saber el terrible dolor que había tenido que soportar y la terrible carga que les dejaría a ellos si todo esto saliese a la luz después
de haber muerto.
¿Cómo suicidarse psicológicamente? Debía provocar un colapso cerebral, que rompería las
barreras entre la carne y la forma indefinida, destrozando así ese gran obstáculo y provocando una
autodestrucción en cadena que haría que su alma corrompida se desintegrase.
Se preguntó por unos momentos si la bondad pura e infinita existiría en el fondo de cada ser humano; se intentó asegurar a sí mismo que no era mentira; que era un error; que la gente estaba condicionada en esta sucia sociedad a hacer el mal para ser alguien, para tener un reconocimiento entre los de su especie.
Los buenos serían blandengues y maleables; mientras que los que cometían actos viles e inmundos serían los recordados. ¿No es así como ocurre en los libros de historia? ¿Por qué siempre recordamos mucho más a los que han cometido masacres o cualquier otro tipo de acto despreciable? Es triste, pero es real. La raza humana se halla condenada por su propia maldad a autodestruirse; él no formaría parte de ese tinglado, aunque lo desease con todas sus fuerzas.
Pero Él también era bueno. Y se había ido...
Desde pequeño había anhelado figurar en las páginas de la historia, ser alguien destacado; no le importaba lo más absoluto por qué fuese reconocido, lo único que quería era ser famoso.
Pero no famoso como esas estrellas televisivas que atraviesan fugazmente el firmamento en busca de un lugar indefinido en la historia de la humanidad y se desintegran en un recuerdo que dura un suspiro.
No, él quería ser como aquellos que habían aportado a la raza algo grande, algo que haría que los humanos fuesen recordados por los siglos de los siglos tras su destrucción; algo glorioso, apoteósico, digno de ser estudiado y conservado en un pequeño lugar del cerebro de cada individuo; en definitiva, lo que perduraría a través de la evolución e influiría en el devenir de los acontecimientos futuros. Pero debía ser algo carente de toda maldad. Un acto bondadoso para el progreso de la humanidad.
Sentado en la penumbra del salón, pensó en lo que podrían hacerle si se descubría su historia
de amor. Linchamiento, lapidación, vergüenza y una terrible humillación. Por eso debía morir.Porque no podía aguantar un segundo más tener escondido su secreto; si lo revelaba, moriría en vida a causa del desprecio de todos; si se moría, no viviría en muerte, simplemente estaría muerto y ya nadie le podría acusar de nada; se llevaría su secreto a la tumba, y lo que es mejor, se olvidaría de todos estos acontecimientos.
Pero no debía dejar pruebas de nada. Por eso el colapso neuronal debía ser total. No debía quedar ningún recuerdo de esto, para que ellos no investigasen en el interior de su cabeza y en una exploración de rutina encontrasen lo que él, con tanto celo, había tratado de esconder. Abrió el sobre y sacó las dos hojas que estaban dentro de él. En la primera se podía leer:
PROTOCOLO MUNDIAL PARA UN SUICIDIO PSICOLÓGICO
Por favor, siga las instrucciones adjuntas.
Las manos le temblaban; la hoja resbaló y cayó al suelo sin hacer ruido. En las otras habitaciones ellos dormían tan plácidamente...
Debía hacerlo, pero tuvo miedo de no tener valor para enfrentarse a la situación. Pensó en cuan insignificante era para el resto del mundo; débil como una pequeña hormiga entre miles de millones de individuos.
Simplemente, uno más. Eso es lo que era. Uno más entre todos. Nunca sería nadie, y además había sido abandonado por Él; dos razones de peso para pensar que jamás podría volver a levantar cabeza. Él podría seguir sin Ygro. Pero ¿el terrible secreto que guardaba podría vivir en el más absoluto anonimato y ser relegado a un rincón oscuro de su infecta mente para luego ser destruido sin más?. No creía que fuese posible.
Debía revelarlo. Debía contar cómo le conoció, cómo se enamoraron y cómo le abandonó(o eso creía , porque simplemente un día desapareció).
Podía escribir una carta de despedida, aunque fuese estúpido por su parte, ya que tarde o temprano lo averiguarían si no destruía todos sus contactos mentales. Pero la cuestión de la carta tenía una simple diferencia. Podrían escuchar su verdad, que seguramente sería muy distinta a la que ellos construirían a partir de los datos encontrados. Por eso llamó a la máquina y le pidió que se pusiese en modo de grabación:
Empezó a hablar: “No tengo palabras para describir la inmensa...”. No podía seguir. De sus ojos salía un torrente de transparencia, al igual que salían de sus fosas nasales las emanaciones corrompidas de un resfriado mal curado. Los fluidos inundaron su cara.
Sacó su lengua a través de su boca y comenzó a saborear el cúmulo de sentimientos personificados en aquella sustancia semiacuosa y por fin lo comprendió. Eran suyos; eran de su creación. Eran carne de su carne. Su propio cuerpo los había generado. Formaban parte de él. Sus ojos se fueron abriendo cada vez más; sus facciones cambiaron de repente y pasaron de la tristeza a la felicidad en un trozo de segundo.
Se trataba de un amor inquebrantable, que tenía que revelar a los cuatro vientos; todo el mundo debía saber y debía comprender. Se sentía exaltado, con ganas de correr, bailar, gritar y reír. Fue corriendo a la habitación donde su mujer dormía. La despertó, despertó a sus hijos; saltó encima de las camas; sacó la cabeza por la ventana y gritó; gritó al mundo, gritó a la ciudad, le gritó a su esposa y por fin dejó de gritar cuando le gritó a sus hijos. Los llevó a todos al salón.
- “¡Le amo! ¡Le amo con todo mi ser, con toda mi alma!¡A través de los siglos, de las mareas de tiempo y espacio, de los abismos inconmensurables! ¡Le quiero!¿No lo compredeis? ¡Le deseo! ¡No me importa lo que diga la gente, no me importa vuestra opinión!.
La cara de su mujer y de sus hijos no tenía precio. En un momento de silencio se oyó un suspiro que provenía de algún lugar de la habitación, y que no había sido pronunciado por ninguno de los presentes. Eran unos grititos que venían de alguna parte indefinida. La cara de Ygro se iluminó aún más.
- ¡Es Él! - gritó- ¡Está aquí! ¡No se ha ido, está aquí! ¡No me ha abandonado!.- sus ojos eran invisibles bajo las turbias lágrimas que le cubrían la cara- Pero dónde... ¡Dime dónde estás! ¿Por favor, dímelo, o de lo contrario me moriré aquí mismo de dolor; se me parará el corazón. Aghhh!!!!!.
- ¡Estoy aquí abajo! – la voz sonaba muy débil - ¡Por favor ayúdame!
Ygro miró al suelo y vió un pequeño rastro a los pies del sofá. A medida que se acercaba oía como los jadeos de su amado se iban haciendo cada vez más fuertes.
- Sí, debajo del sofá. ¡Levántalo, por favor!
Ygro levantó el sofá y se lo encontró allí sonriendo, medio moribundo, con esa mirada tan genuina que expresaba verdadero amor y comprensión, algo de lo que todos los humanos carecían y que lo hacía tan especial. Ygro estaba enamorado.
Lo cogió con sus dos manos suavemente y lo elevó. Se levantó y se dirigió a su mujer y a sus hijos. Miraron a la criatura que descansaba en las manos de Ygro con una expresión de repugnancia y terror infinitos. Por fin Ygro dijo:
- Os presento a Él.
- Sí, -dijo-, soy Él. Y quiero a su marido.
- Es cierto, querida- dijo Ygro- ¿Recuerdas todo aquel montón de dinero que me había gastado en alcohol y tragaperras?. Pues bien, no me lo gasté en eso; lo empleé para construir una pequeña casa en un tranquilo barrio en las afueras de la ciudad, donde nos iremos a vivir Él y yo. Porque nos queremos, ¿Sabes?, y nada ni nadie podrá destruir los inquebrantables lazos de amor que nos unen.
Y entonces Ygro y Él se fundieron en un apasionado beso.
Fundido en negro.
Ahora soy famoso. Le expresé mis sentimientos a la comunidad sin sentir ningún tipo de reparo y muchos otros se han unido a mí en estos tres meses. Han sabido como yo revelar su oscuro secreto. Quizá a partir de ahora el mundo sea mejor. No lo sé, la verdad. Fui el primero. He hecho algo muy importante y seré recordado por la humanidad por ser la primera persona que desató esta revolución, que no ha hecho más que empezar.
Se paró un segundo a plantearse lo que de verdad estaba haciendo;¿Cómo demonios se iba a suicidar psicológicamente y por qué diablos tenía que hacerlo?.
De repente lo volvió a recordar delante de él. Tan pequeño, tan indefenso y adorable que hacía parecer insignificante cualquier cosa de este mundo comparada con la extrema humildad y bondad que emanaba de aquel extraordinario ser. Su tacto era suave y cálido, a la vez que reconfortante, y hacía que cuando estaban en contacto sus sentidos se disparasen hasta llegar a cotas altísimas de hipersensibilidad, lo que provocaba una expansión de su espíritu y una empatía universal hacia cualquier tipo de criatura, así como un amor hacia ÉL más allá de todas las fronteras de la imaginación.
Adoraba tocarlo, explorar cada rincón de su cuerpecito y hacer todas las cosas que Él le pedía. Al principio había mostrado un poco de resistencia, pero el cortejo dio sus frutos. Sabía que era un amor prohibido. Si la gente se enterase de esto...
Le necesitaba desesperadamente, y lo sabía; no podía vivir sin Él, y Él tampoco podría vivir sin Ygro. ¿Para que querría vivir en este mundo desgraciado y oscuro sin su ayuda? Se moriría en cuestión de segundos. Si Él no le tenía, no le tendría nadie más.
Había desaparecido, y no sabía dónde se encontraba. Sudores fríos recorrían la frente y la espalda de Ygro, y le embargaba el sentimiento de culpabilidad por haber perdido a la única persona que realmente había querido.
¿Dónde estaría? ¿Con quien se habría ido? ¿Es que no era lo suficientemente bueno?. Ygro lo había cuidado como a nadie más en este mundo; le había dado su cariño, su amistad y le había entregado su corazón, y Él se había escapado, dejándole en un estado de avanzada soledad. No había forma de sobreponerse a ello, así que allí se encontraba; en medio del salón de su casa, en la oscuridad de la noche, con su familia durmiendo sin saber el terrible dolor que había tenido que soportar y la terrible carga que les dejaría a ellos si todo esto saliese a la luz después
de haber muerto.
¿Cómo suicidarse psicológicamente? Debía provocar un colapso cerebral, que rompería las
barreras entre la carne y la forma indefinida, destrozando así ese gran obstáculo y provocando una
autodestrucción en cadena que haría que su alma corrompida se desintegrase.
Se preguntó por unos momentos si la bondad pura e infinita existiría en el fondo de cada ser humano; se intentó asegurar a sí mismo que no era mentira; que era un error; que la gente estaba condicionada en esta sucia sociedad a hacer el mal para ser alguien, para tener un reconocimiento entre los de su especie.
Los buenos serían blandengues y maleables; mientras que los que cometían actos viles e inmundos serían los recordados. ¿No es así como ocurre en los libros de historia? ¿Por qué siempre recordamos mucho más a los que han cometido masacres o cualquier otro tipo de acto despreciable? Es triste, pero es real. La raza humana se halla condenada por su propia maldad a autodestruirse; él no formaría parte de ese tinglado, aunque lo desease con todas sus fuerzas.
Pero Él también era bueno. Y se había ido...
Desde pequeño había anhelado figurar en las páginas de la historia, ser alguien destacado; no le importaba lo más absoluto por qué fuese reconocido, lo único que quería era ser famoso.
Pero no famoso como esas estrellas televisivas que atraviesan fugazmente el firmamento en busca de un lugar indefinido en la historia de la humanidad y se desintegran en un recuerdo que dura un suspiro.
No, él quería ser como aquellos que habían aportado a la raza algo grande, algo que haría que los humanos fuesen recordados por los siglos de los siglos tras su destrucción; algo glorioso, apoteósico, digno de ser estudiado y conservado en un pequeño lugar del cerebro de cada individuo; en definitiva, lo que perduraría a través de la evolución e influiría en el devenir de los acontecimientos futuros. Pero debía ser algo carente de toda maldad. Un acto bondadoso para el progreso de la humanidad.
Sentado en la penumbra del salón, pensó en lo que podrían hacerle si se descubría su historia
de amor. Linchamiento, lapidación, vergüenza y una terrible humillación. Por eso debía morir.Porque no podía aguantar un segundo más tener escondido su secreto; si lo revelaba, moriría en vida a causa del desprecio de todos; si se moría, no viviría en muerte, simplemente estaría muerto y ya nadie le podría acusar de nada; se llevaría su secreto a la tumba, y lo que es mejor, se olvidaría de todos estos acontecimientos.
Pero no debía dejar pruebas de nada. Por eso el colapso neuronal debía ser total. No debía quedar ningún recuerdo de esto, para que ellos no investigasen en el interior de su cabeza y en una exploración de rutina encontrasen lo que él, con tanto celo, había tratado de esconder. Abrió el sobre y sacó las dos hojas que estaban dentro de él. En la primera se podía leer:
PROTOCOLO MUNDIAL PARA UN SUICIDIO PSICOLÓGICO
Por favor, siga las instrucciones adjuntas.
Las manos le temblaban; la hoja resbaló y cayó al suelo sin hacer ruido. En las otras habitaciones ellos dormían tan plácidamente...
Debía hacerlo, pero tuvo miedo de no tener valor para enfrentarse a la situación. Pensó en cuan insignificante era para el resto del mundo; débil como una pequeña hormiga entre miles de millones de individuos.
Simplemente, uno más. Eso es lo que era. Uno más entre todos. Nunca sería nadie, y además había sido abandonado por Él; dos razones de peso para pensar que jamás podría volver a levantar cabeza. Él podría seguir sin Ygro. Pero ¿el terrible secreto que guardaba podría vivir en el más absoluto anonimato y ser relegado a un rincón oscuro de su infecta mente para luego ser destruido sin más?. No creía que fuese posible.
Debía revelarlo. Debía contar cómo le conoció, cómo se enamoraron y cómo le abandonó(o eso creía , porque simplemente un día desapareció).
Podía escribir una carta de despedida, aunque fuese estúpido por su parte, ya que tarde o temprano lo averiguarían si no destruía todos sus contactos mentales. Pero la cuestión de la carta tenía una simple diferencia. Podrían escuchar su verdad, que seguramente sería muy distinta a la que ellos construirían a partir de los datos encontrados. Por eso llamó a la máquina y le pidió que se pusiese en modo de grabación:
Empezó a hablar: “No tengo palabras para describir la inmensa...”. No podía seguir. De sus ojos salía un torrente de transparencia, al igual que salían de sus fosas nasales las emanaciones corrompidas de un resfriado mal curado. Los fluidos inundaron su cara.
Sacó su lengua a través de su boca y comenzó a saborear el cúmulo de sentimientos personificados en aquella sustancia semiacuosa y por fin lo comprendió. Eran suyos; eran de su creación. Eran carne de su carne. Su propio cuerpo los había generado. Formaban parte de él. Sus ojos se fueron abriendo cada vez más; sus facciones cambiaron de repente y pasaron de la tristeza a la felicidad en un trozo de segundo.
Se trataba de un amor inquebrantable, que tenía que revelar a los cuatro vientos; todo el mundo debía saber y debía comprender. Se sentía exaltado, con ganas de correr, bailar, gritar y reír. Fue corriendo a la habitación donde su mujer dormía. La despertó, despertó a sus hijos; saltó encima de las camas; sacó la cabeza por la ventana y gritó; gritó al mundo, gritó a la ciudad, le gritó a su esposa y por fin dejó de gritar cuando le gritó a sus hijos. Los llevó a todos al salón.
- “¡Le amo! ¡Le amo con todo mi ser, con toda mi alma!¡A través de los siglos, de las mareas de tiempo y espacio, de los abismos inconmensurables! ¡Le quiero!¿No lo compredeis? ¡Le deseo! ¡No me importa lo que diga la gente, no me importa vuestra opinión!.
La cara de su mujer y de sus hijos no tenía precio. En un momento de silencio se oyó un suspiro que provenía de algún lugar de la habitación, y que no había sido pronunciado por ninguno de los presentes. Eran unos grititos que venían de alguna parte indefinida. La cara de Ygro se iluminó aún más.
- ¡Es Él! - gritó- ¡Está aquí! ¡No se ha ido, está aquí! ¡No me ha abandonado!.- sus ojos eran invisibles bajo las turbias lágrimas que le cubrían la cara- Pero dónde... ¡Dime dónde estás! ¿Por favor, dímelo, o de lo contrario me moriré aquí mismo de dolor; se me parará el corazón. Aghhh!!!!!.
- ¡Estoy aquí abajo! – la voz sonaba muy débil - ¡Por favor ayúdame!
Ygro miró al suelo y vió un pequeño rastro a los pies del sofá. A medida que se acercaba oía como los jadeos de su amado se iban haciendo cada vez más fuertes.
- Sí, debajo del sofá. ¡Levántalo, por favor!
Ygro levantó el sofá y se lo encontró allí sonriendo, medio moribundo, con esa mirada tan genuina que expresaba verdadero amor y comprensión, algo de lo que todos los humanos carecían y que lo hacía tan especial. Ygro estaba enamorado.
Lo cogió con sus dos manos suavemente y lo elevó. Se levantó y se dirigió a su mujer y a sus hijos. Miraron a la criatura que descansaba en las manos de Ygro con una expresión de repugnancia y terror infinitos. Por fin Ygro dijo:
- Os presento a Él.
- Sí, -dijo-, soy Él. Y quiero a su marido.
- Es cierto, querida- dijo Ygro- ¿Recuerdas todo aquel montón de dinero que me había gastado en alcohol y tragaperras?. Pues bien, no me lo gasté en eso; lo empleé para construir una pequeña casa en un tranquilo barrio en las afueras de la ciudad, donde nos iremos a vivir Él y yo. Porque nos queremos, ¿Sabes?, y nada ni nadie podrá destruir los inquebrantables lazos de amor que nos unen.
Y entonces Ygro y Él se fundieron en un apasionado beso.
Fundido en negro.
Ahora soy famoso. Le expresé mis sentimientos a la comunidad sin sentir ningún tipo de reparo y muchos otros se han unido a mí en estos tres meses. Han sabido como yo revelar su oscuro secreto. Quizá a partir de ahora el mundo sea mejor. No lo sé, la verdad. Fui el primero. He hecho algo muy importante y seré recordado por la humanidad por ser la primera persona que desató esta revolución, que no ha hecho más que empezar.