Puscifer
15/07/2005, 21:08
Este fue un relato que escribí una noche de delirio en mi blog hace algún tiempo xD Espero que os guste... o por lo menos os sirva de distracción :oops:
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A Javier nunca le habían gustado demasiado los estudios. De echo lo único que hacía en el colegio era escuchar heavy metal y dibujar en su cuaderno de cuadros sentado al final del todo. Sus compañeros lo creían un bicho raro... el quería ser un bicho raro. Siempre asustaba a sus compañeros hablando sobre muertos vivientes y haciendo falsas sesiones de ouija para asustar a los más débiles. Siempre se sentía orgulloso de lo que hacía... o de casi todo, en estos momentos lo que más lamentaba era haber dejado las clases. Los pocos trabajos que conseguía eran cada vez más y más insoportables. Todos ellos eran trabajos que nadie "normal" quería hacer. Su último trabajo temporal no iba a ser distinto, una mañana recibió una llamada del crematorio de un pueblecito cercano. El pueblo era un lugar muy tranquilo y todos sus escasos vecinos buenas personas. Cosa que hacía aun más incomprensible que semanalmente llegasen uno o dos cadáveres. Todos ellos encontrados muertos en las mismas circunstancias... suicidio. Javier no podía ignorar el morbo que representaba ver a un fallecido y más de una vez tuvo que contenerse para conservar su puesto de trabajo. Él era básicamente el encargado de vigilar por las noches que nadie entrase allí.
Todas las noches se llevaba sus cascos y su blog de dibujo, y se pasaba las horas muertas dibujando sin parar todo tipo de escenas grotescas. En esas noches intentaba imaginar la forma de la que había sido encontrado cada uno de los cuerpos de aquellos solitarios campesinos, y los dibujaba. Las guardias pasaban tranquilas, pero el lugar no terminaba de convencer a Javier. Era bastante pequeño y a Javier le tocaba hacer guardia en un solitario pasillo que conducía a la cámara frigorífica y la conectaba con la recepción del lugar. Además, la instalación de luz y agua se encontraban en mal estado, y eso provocaba numerosos y extraños ruidos que a ciertas horas de la noche se podían hacer bastante desagradables.
http://usuarios.lycos.es/puscifer1/pasillo_oscuro.jpg
Una noche y mientras se encontraba cerca del recibidor, en el otro extremo del pasillo, pudo ver como alguien entraba a la cámara frigorífica. Él preguntó en voz alta quién era, pero la persona entró e ignoró a Javier. Javier se acercó a la cámara frigorífica y sacó su lote de llaves cuando descubrió atónito que no se había retirado el candado para abrir la puerta. Eso le asustó bastante, y se retiró rápidamente hasta una pequeña habitación que había a uno de los lados del pasillo donde descansaban los empleados.
Javier se sentó en un pequeño sofá que había y tomó aire. Pensó que tantos malos pensamientos no podían hacerle ningún bien y decidió relajarse. Se colocó los auriculares de su walkman y lo encendió. No pasó ni diez minutos escuchando su cinta favorita cuando un chasquido que provenía del pasillo interrumpió su meditación. Javier se sintió sorprendido... estaba temblando y no conseguía calmar el tembleque de su mano derecha. Se acercó lentamente a la puerta, tomó aire y la abrió lentamente. En ese momento un llanto lejano hizo que parase de girar el picaporte. Una gota de sudor fría recorrió su mejilla. ¿Su imaginación le estaba jugando una mala pasada o solo era el ruido de las cañerías? Finalmente se decidió y abrió la puerta. En ese momento un chispazo hizo saltar el diferencial y todo quedó a oscuras. Javier puso las manos por delante y salió intentando no tropezar con nada para abandonar ese tétrico lugar de una vez por todas.
Al salir al pasillo la temperatura había descendido notablemente, sintió que la gota de sudor que recorrió su mejilla se enfriaba lentamente. Intento orientarse con la poca luz que entraba por la puerta de cristal de la entrada al crematorio y se dirigió lentamente. Escuchando cada paso y cada latido emitido por su asustado corazón. Javier fue acelerando poco a poco sus pasos según se acercaba a la salida. En ese momento distinguió unos ruidos de zapatos que venían en sentido contrario al suyo, Javier se echó a un lado y cerró los ojos para no molestar al solitario caminante que había decidido hacerle compañía aquella noche. Pero al pasar por su lado... de repente... se paró. Un leve susurro en su oído, y una palabra "d...o...l...o....r...” en ese momento Javier no pudo contenerse y corrió como alma lleva el diablo hasta la entrada del recibidor.
Javier no pudo resistirse y se paró al llegar a la puerta para girarse y contemplar lo que le acechaba. La luz volvía y rápidamente se iba de nuevo. En uno de los flashes pudo distinguir al final del pasillo unos cuerpos desnudos que parecían colgar del techo y mirarle fijamente. Javier no atinó a encontrar entre el manojo de llaves la que le permitiera salir de aquel infierno. Finalmente dio con la llave acertada y escapó de allí, para no volver... nunca jamás.
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A Javier nunca le habían gustado demasiado los estudios. De echo lo único que hacía en el colegio era escuchar heavy metal y dibujar en su cuaderno de cuadros sentado al final del todo. Sus compañeros lo creían un bicho raro... el quería ser un bicho raro. Siempre asustaba a sus compañeros hablando sobre muertos vivientes y haciendo falsas sesiones de ouija para asustar a los más débiles. Siempre se sentía orgulloso de lo que hacía... o de casi todo, en estos momentos lo que más lamentaba era haber dejado las clases. Los pocos trabajos que conseguía eran cada vez más y más insoportables. Todos ellos eran trabajos que nadie "normal" quería hacer. Su último trabajo temporal no iba a ser distinto, una mañana recibió una llamada del crematorio de un pueblecito cercano. El pueblo era un lugar muy tranquilo y todos sus escasos vecinos buenas personas. Cosa que hacía aun más incomprensible que semanalmente llegasen uno o dos cadáveres. Todos ellos encontrados muertos en las mismas circunstancias... suicidio. Javier no podía ignorar el morbo que representaba ver a un fallecido y más de una vez tuvo que contenerse para conservar su puesto de trabajo. Él era básicamente el encargado de vigilar por las noches que nadie entrase allí.
Todas las noches se llevaba sus cascos y su blog de dibujo, y se pasaba las horas muertas dibujando sin parar todo tipo de escenas grotescas. En esas noches intentaba imaginar la forma de la que había sido encontrado cada uno de los cuerpos de aquellos solitarios campesinos, y los dibujaba. Las guardias pasaban tranquilas, pero el lugar no terminaba de convencer a Javier. Era bastante pequeño y a Javier le tocaba hacer guardia en un solitario pasillo que conducía a la cámara frigorífica y la conectaba con la recepción del lugar. Además, la instalación de luz y agua se encontraban en mal estado, y eso provocaba numerosos y extraños ruidos que a ciertas horas de la noche se podían hacer bastante desagradables.
http://usuarios.lycos.es/puscifer1/pasillo_oscuro.jpg
Una noche y mientras se encontraba cerca del recibidor, en el otro extremo del pasillo, pudo ver como alguien entraba a la cámara frigorífica. Él preguntó en voz alta quién era, pero la persona entró e ignoró a Javier. Javier se acercó a la cámara frigorífica y sacó su lote de llaves cuando descubrió atónito que no se había retirado el candado para abrir la puerta. Eso le asustó bastante, y se retiró rápidamente hasta una pequeña habitación que había a uno de los lados del pasillo donde descansaban los empleados.
Javier se sentó en un pequeño sofá que había y tomó aire. Pensó que tantos malos pensamientos no podían hacerle ningún bien y decidió relajarse. Se colocó los auriculares de su walkman y lo encendió. No pasó ni diez minutos escuchando su cinta favorita cuando un chasquido que provenía del pasillo interrumpió su meditación. Javier se sintió sorprendido... estaba temblando y no conseguía calmar el tembleque de su mano derecha. Se acercó lentamente a la puerta, tomó aire y la abrió lentamente. En ese momento un llanto lejano hizo que parase de girar el picaporte. Una gota de sudor fría recorrió su mejilla. ¿Su imaginación le estaba jugando una mala pasada o solo era el ruido de las cañerías? Finalmente se decidió y abrió la puerta. En ese momento un chispazo hizo saltar el diferencial y todo quedó a oscuras. Javier puso las manos por delante y salió intentando no tropezar con nada para abandonar ese tétrico lugar de una vez por todas.
Al salir al pasillo la temperatura había descendido notablemente, sintió que la gota de sudor que recorrió su mejilla se enfriaba lentamente. Intento orientarse con la poca luz que entraba por la puerta de cristal de la entrada al crematorio y se dirigió lentamente. Escuchando cada paso y cada latido emitido por su asustado corazón. Javier fue acelerando poco a poco sus pasos según se acercaba a la salida. En ese momento distinguió unos ruidos de zapatos que venían en sentido contrario al suyo, Javier se echó a un lado y cerró los ojos para no molestar al solitario caminante que había decidido hacerle compañía aquella noche. Pero al pasar por su lado... de repente... se paró. Un leve susurro en su oído, y una palabra "d...o...l...o....r...” en ese momento Javier no pudo contenerse y corrió como alma lleva el diablo hasta la entrada del recibidor.
Javier no pudo resistirse y se paró al llegar a la puerta para girarse y contemplar lo que le acechaba. La luz volvía y rápidamente se iba de nuevo. En uno de los flashes pudo distinguir al final del pasillo unos cuerpos desnudos que parecían colgar del techo y mirarle fijamente. Javier no atinó a encontrar entre el manojo de llaves la que le permitiera salir de aquel infierno. Finalmente dio con la llave acertada y escapó de allí, para no volver... nunca jamás.