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31/03/2004, 22:56
Título: La última cena
Autor: Ricardo Vergara, diciembre de 1.996
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La cuarta campanada se perdió en su memoria y empezó a confundir la sexta con la quinta, la décima con la octava... y nunca supo cuantas campanadas había dado en total el carillón del salón. Tampoco podía aguzar la vista para leer las agujas de oro; ni siquiera las distinguía.
Llevaba el único vestido que tenía más o menos decente y sus artríticas manos se convulsionaban sobre la bola de marfil que adornaba la empuñadura del bastón. La tercera llamada la sacó de su letanía y se levantó para abrir la puerta, no sin antes verificar que la mesa estaba puesta como a su invitado le gustaba.
─ Me alegro de verte, Mariano ─dijo la buena señora buscando en el aire la mano de su nieto─. Estas helado, hijo, pasa y caliéntate, no vayas a coger un catarro y te pongas enfermo.
─ No soy Mariano, señora ─dijo el invitado separándose de ella para que pudiera verlo mejor─. ¿No sabe quién soy?
─ Claro que sí, bromista. Eres mi nieto, el que viene a verme todas las navidades, aunque no sé porqué siempre vienes vestido así, todo de negro. Ven, quítate la gabardina y siéntate a cenar.
─ No puedo quitármela. ─Apartó la mano de la anciana.
─ Como quieras. Pues siéntate con ella puesta, pero no te la vayas a manchar como el último año. Y deja tu largo bastón allí, no me vayas a romper la lámpara de mi madre.
─ No es un bastón, vieja, es una guadaña.
─ ¡Vieja! ¿Qué falta de respeto es esa, jovencito? Ya sabes que no me gusta que me trates así. ─La mujer relajó su momentánea ira, juntó las manos y sus labios se movieron sin emitir sonido alguno─. Venga, Mariano, siéntate de una vez que la comida se enfría y cuéntame cómo están tus padres y porqué ya no vienen a verme.
─ Señora ─empezó diciendo mientras observaba los manjares─, no soy su nieto Mariano, porque su nieto Mariano murió hace más de diez años...
─ ¿Quieres un poco más?
─ Y los padres de Mariano no vienen a verla porque también están muertos, como ya le he repetido año tras año tras...
─ Estas muy flaco, así que te lo tienes que comer todo y sin rechistar, ¿entiendes?, y no me vengas otra vez con el cuento de la Muerte ni tonterías de esas.
─ ¡Pero es que le toca hoy! ─Extendió las manos y buscó palabras en el aire que pudieran convencerla─. Bueno, le tocaba hace ocho años, pero lo he ido dejando porque, bueno, porque me cae usted bien.
─ Claro que te caigo bien, Mariano, y tú a mí también.
─ Nooo, no es eso, señora... De este año no pasa, no puede pasar. El de arriba no le puede conceder más tiempo y tengo que llevármela de aquí esta misma noche.
─ ¡Esta noche! No, no puedo, mañana he quedado con mis amigas para preparar la fiesta de fin de año de los jubilados. No puedo irme y dejarles todo el trabajo, no señor. Si quieres llevarme a algún sitio, tendrá que ser el año que viene.
─ Le prometo que esta vez no puedo concederle más tiempo.
─ ¿Quieres un poco más de pollo?


Esta vez se perdió casi al inicio de las campanadas y sonrió a su invitado enseñándole su escasa dentadura. Le entregó un paquete.

─ Deben ser las doce. Ábrelo.
Oyó las rasgaduras de papel y una mancha roja se extendió ante sus ojos. Era el jersey que todos los años le regalaba a su nieto.
─ Prométeme que cuando vengas lo llevarás puesto en vez de ese horrible traje de color negro que no te favorece nada de nada.
Silencio.
Una mano entra en la oscuridad de la capucha negra y el dedo índice extrae tembloroso una lágrima. A la señora se le humedecen los ojos y abraza a la figura sin importarle lo flaco y delgado que encuentra a su nieto. El abrazo le es correspondido con ternura.


─ ¿Y esta vez? ?Por qué ha sido esta vez?
─ Me regaló un jersey rojo.
─ ¡Por Dios, todos los años te regala uno!
─ Pero todos los años es un poco diferente, es mejor, y cada vez que lo toco, no sé, es como si... ─Agitó las manos en el aire, guardó silencio y sonrió cuando su jefe le hizo un ademán para quitarle importancia.
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Fulvi
15/12/2010, 04:04
Un poco de humor negro...la parca en una fasceta que no le conociamos...ni imaginabamos.