Ver la versión completa : Cortinas...
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30/07/2003, 12:38
Bueno, señores, esta historia la iré poniendo, segun la vaya escribiendo, así que por favor, no pongan ningun post, hasta que la acabe.
Cortinas...
La noche no era del todo fresca, simplemente corria una brisa incapaz de hacer estremecer a nadie. Eran casi las 3 de la madrugada, pero la señora Brunnel no podía dormir aquella noche. Sus ojos estaban abiertos como platos, mirando en la oscuridad, sin apartar su mirada del mismo lugar. Sus parpados luchaban para no cerrarse, mientras que su cuerpo, debajo de la manta que tenía puesta en su cama la solterona, no paraba de estremecerse.
La señora Brunnel (a su edad, pensaba que lo de señorita ya no le venía a cuento, aunque a sus 65 años, todavía estaba de muy buen ver, sin una sola arruga en su cara) había sido siempre una mujer escéptica, su lema es que sólo creía lo que podía ver, y nada más que eso, aunque en la religión, se presentaba como agnóstica, más que nada, por la necesidad de creer en algo, y porque sabía que no podía ser atea totalmente, ya que al haber sido educada en una familia religiosa, siempre decía alguna palabra donde metiera a Dios en sus momentos más difíciles, y le parecía estúpido por ese motivo el declararse atea. Su trabajo era el de psiquiatra en una clínica, la clínica Svenson, donde trataba a jóvenes con diversos tipos de problemas.
Ahora, en estos momentos, la señora Brunnel maldecía su trabajo. Más que nada porque por su trabajo, se encontraba ahora mismo aterrada, ni siquiera su escepticismo lograban parar su miedo en esos momentos.
Una joven, hacia 3 días, llego a su consulta. La joven había sido enviada por el doctor Laigstare para que la señora Brunnel intentase ayudarla, después de que la muchacha hubiera llegado hacía 2 días con una fuerte crisis nerviosa. Al principio, la muchacha se mostraba reacia a hablar con ella, más que nada por que se sentía incomoda, hasta que al cabo de un rato, y por el motivo más extraño, la chica reaccionó cuando una de las ventanas de la consulta se abrió de par en par, gimiendo un horrible grito de pánico. La señora Brunnel se acercó a la joven, y esta le aferró el brazo con todas sus fuerzas, fue tanta la fuerza, que casi le rompe el brazo. Fue entonces cuando uno de los enfermeros entró dentro de la habitación. Brunnel vio que este se dirigía a la chica, para intentar separarla se ella, pero la doctora, con voz enérgica, lo que le ordenó al enfermero fue que cerrase aquella ventana. La chica, mientras, lloraba aferrada a ella, con sus ojos a punto de salirse de sus órbitas, observando como el viento que entraba movía las cortinas del despacho. El enfermero cerró la ventana, y se acercó hacia donde estaban la doctora y la joven, pero la doctora le pidió que se marchase antes de que estuviera demasiado cerca de ellas.
Brunnel, en su empeño, intentó tranquilizar a la joven, pero esta no paraba de decir palabras sin sentido: ?Caras? cortinas? voces??. La doctora decidió preguntar por las cortinas, dado que la chica no paraba de observarlas. ?¿Qué pasa con ellas, con las cortinas? No hay nada a que tenerle miedo??. La chica, desvió la mirada, y lentamente, la dirigió hacia la doctora. Brunnel se acerco, y agarrándola de la mano, intentó llevarla hasta las cortinas, pero la chica enseguida se libró de la mano de la doctora, yéndose a uno de los rincones de la consulta, el más apartado de las ventanas, agachándose en el suelo en cuclillas.
Brunnel decidió mirar el historial de la joven. ?Anne Westlock, nacida en Atlanta, el 10 de mayo de 1986?. La chica permanecía en su rincón, con la cabeza agachada. ?¿Puedes sentarte aquí, Anne?? le preguntó, desde su mesa, pero la chica no hizo nada.
<<Si Mahoma no va a la montaña, pues la montaña irá a Mahoma>>
Brunnel decidió coger la silla destinada para Anne, y se acercó a la chica. Puso la silla frente a ella, y se sentó. ?El día 7 de Julio del presente año, entraste en esta clínica, debido a una crisis nerviosa. El doctor Laigstare está muy preocupado contigo, dado que ha intentado hablar contigo en más de una ocasión, pero no consigue hacerte decir ni pio?. La joven seguía sin mirarla, puesta en cuclillas. Brunnel decidió levantarle la cabeza. Los ojos de la joven estaban llenos de lagrimas, y susurraba algo, pero sus expresión estaba vacía, como si no hubiera nadie delante de ella. La doctora se inclinó y sólo pudo identificar una frase entre tantos sollozos, después de oírla un poco: ?Padre nuestro, que estás en los cielos??. En aquel momento no sabia como tomarse aquello, que una chica tan joven, estuviera en ese estado, rezando, cuando normalmente las jóvenes que venían eran para las mismas estupideces, como ?no me veo bien con mi cuerpo, no tengo pecho, sufro un retraso y creo que podría estar embarazada porque mi novio no usó una goma, pero tengo miedo de ir al medico-, sólo algunos casos eran diferentes -mis amigos no me quieren, no le importo a nadie-, pero en pocas ocasiones en los 30 años que llevaba trabajando, se había encontrado a una chica tan perdida y aterrorizada, que se refugiara en la religión para huir de lo que la atormentase.
Ahora, esa misma noche, hasta ella tenía ganas de rezar, algo que no hacia desde que se había confirmado, pero el miedo era mayor que el que podía aguantar...
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31/07/2003, 05:40
Seguimos con el relato. Parte escrita hoy:
Cortinas... (continuación)
En un primer momento, después de incorporarse en la silla, agarrando el expediente de la joven, la señora Brunnel pensó en que la chica había sido victima de abuso sexual, pero al mirar el expediente, no había nada que pudiera confirmarlo. Le habían hecho diversos tipos de pruebas, pero todas daban negativo. Entre los informes, se encontraba una nota de Laigstare, para la cual tuvo que ponerse las gafas que tenia colgadas del cuello. En la nota rezaba <<Posible paranoia?>> escrito con un rotulador negro, en letras grandes, pero que casi resultaban ininteligibles. Brunnel pensó que más de uno de los doctores necesitarían un curso de ortografía, dado que incluso cuando ella visitaba a su medico de cabecera, necesitaba que le tradujese lo que le había mandado. Arrugó la nota en su mano, y la introdujo en uno de sus bolsillos. La doctora levantó su cara, y apartó sus gafas, dejando que volvieran a reposar en su pecho. ?Anne, quiero ayudarte, pero para ello, necesito que tu también me ayudes a mi. ¿Qué es lo que te da tanto miedo??. La joven seguía sin inmutarse. De repente, a la señora Brunnel se le paso por la cabeza una idea estúpida, pero que quizás consiguiera hacer que la chica reaccionase, tal y como lo había hecho antes. Brunnel se levantó, y comenzó a andar hacia la ventana, lentamente, esperando alguna respuesta. Se giró un momento, pero la chica seguía en la misma posición fetal, agachada en el rincón. Dado que no le funcionaba, y aburrida de no conseguir que la chica dijese nada coherente que pudiese interpretar, decidió andar más deprisa hacia la ventana, decidida a abrirla, cuando la voz de la chica se alzó en forma de grito: ?NO, NO OS ACERQUEIS A ELLA?. Brunnel se giró rapidamente, cuando la chica apareció corriendo hacia ella, con la silla agarrada fuertemente. La doctora gritó, y estuvo muy cerca de que Anne la golpeara con aquella silla, si no fuese porque se arrojó al suelo rápidamente, mientras su grito subía por su garganta, yendo la silla a parar a la ventana, rompiéndola, saltando la silla desde su consulta acompañada por una lluvia de cristales al exterior.
Brunnel miró a la chica. Su mirada era de odio, pero a la vez de miedo, se mantenía ahora delante de la ventana rota, inmóvil, jadeante, observando como las cortinas de la consulta se movían lentamente. ?¿Qué es lo que has visto, Anne? ¿Por qué has roto la ventana? HABLA?. La chica empezó a llevarse las manos a los oídos, y sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas. ?Están aquí,? les oigo? sólo quieren hacer daño??
En ese momento, la puerta de la consulta se abrió de par en par, dando un fuerte golpetazo al entrar el enfermero que anteriormente había entrado, acompañado de otro. El de antes se abalanzó sobre la joven, agarrándola fuertemente, mientras el otro ayudaba a levantar a la doctora, que lo único pensaba era que quizás esa podría ser la única vez que pudiese hablar con Anne. ?Suéltela, por favor, déjela, no ha pasado nada?. La joven intentaba librarse del enfermero, pero este la agarraba cada vez con más fuerza. Después de levantarse, la doctora corrió hacia el enfermero, agarrando las manos de este para que la dejase libre, cuando Laigstare entró en la consulta. ?¿Qué demonios ha pasado aquí? ¿Se encuentra bien doctora Brunnel??. La doctora lo miró y le pidió que ordenase al enfermero soltar a la chica, pero Brunnel desatendió la petición de la doctora. ?Llévensela a su habitación, díganle a la enfermera que el administre un valium, antes de que se pongar peor?. La doctora estaba totalmente asombrada, al ver como el doctor había ignorado su petición. Comenzó a acercarse a él, indignada.
<<¿Pero qué haces, maldito ignorante? Quizás esta hubiera sido la única oportunidad de acercarme a ella, gracias por fastidiarme la hora que llevo intentando que me responda a algo>>
?¿Por qué no ha hecho lo que le he pedido, doctor Laigstare? ¿No entiende que era importante que yo, ahora que ella había reaccionado a algo, intentase saber que es lo que le sucede??. Laigstare la miró un momento, pero no puso atención a casi nada de lo que le dijo la señora Brunnel, simplemente, la miró, con cierto aire de superioridad, y procedió a contestarle. ?Esa joven tiene crisis nerviosas, doctora Brunnel, y cuando le da una de esas crisis, se vuelve violenta, fuera de control, lo mejor es medicarla y devolverla a su habitación hasta que se relaje?. Brunnel estaba a punto de meterle una buena patada en los cojones, de la rabia que sentía. ?Lo mejor para esa chica no es una medicación, dejarla atontada todo el día no va a resolver nada. Se ha pasado casi la mayor parte del tiempo asombrada, perdida, rezando, sin saber ni donde se encontraba, hasta que yo me acerqué a la ventana. Ahí reaccionó, cuando tiró la silla fuera, y fue cuando únicamente pude sacarle algo de sus titubeos, y podría haber conseguido entender su miedo, si no hubiera hecho que la sacasen de aquí?, Laigstare, sin embargo, decidió concluir su discusión. ?Usted no puede controlarla, tal como he visto, estaba usted en el suelo. Si ella hubiese intentado agredirla, lo cual no se si lo ha hecho, tenga por seguro que estaría muerta en estos precisos instantes. Además, si ha leído la nota que le adjunté, espero que corrobore que lo que tiene esa joven es simplemente una fuerte paranoia, que la hacen tener alucinaciones. Pensé en una esquizofrenia, más que nada por esos desvaríos q tiene, diciendo que oye voces, pero no creo que lo sea, a pesar que ese no es mi campo?. ?Exactamente, no es su campo, así que ¿por qué no deja que yo haga mi trabajo a mi manera?; yo no le digo que tiene su paciente, así que no venga a decirme el estado mental que tiene esa paciente, de eso me encargaré yo. Quiero tenerla mañana de nuevo aquí, y no quiero una negativa por respuesta, si he empezado a tratarla, pues lo seguiré haciendo?. Laigstare, se encontraba asombrado. Nunca había visto a la doctora Brunnel así, parecía que al fin sacaba las garras ante alguien. Debido a que no tenía ganas de discutir más, Laigstare decidió que podría hablar con la joven al día siguiente por la tarde, y se fue de la consulta, con el rabo entre las patas, cerrando la puerta tras de si. Brunnel pensó en la cara de asombro que había puesto el doctor, y se rió por un momento.
<<O los pones en su sitio cuando puedes, o si no hacen de ti lo que les de la gana>>
Aquel si había sido un momento para no olvidar, la cara de Laigstare, totalmente asombrado, lamentablemente, ahora, en su cama, la doctora Brunnel sólo podía pensar en lo que aquella tarde había dicho la joven, ?no os acerquéis a ella?. Quien iba a decir que ahora, esas palabras tomaban sentido para ella, y la hacían temblar de terror, mientras sus ojos no paraban de mirar a la ventana de su dormitorio, y su cuerpo, se hallaba petrificado, sin poder siquiera atreverse a hacer el menor movimiento.
Recordaba ahora mismo, lo que le paso al regresar del trabajo. Como siempre, dejó su bolso en un sillón y se quitó los zapatos, poniéndose unas zapatillas más cómodas que tenía en el armario de la entrada, en el piso donde vivía. Había comenzado a hacer frío y viento, y tenía miedo de coger algún catarro, dado que era propensa a ponerse enferma de la garganta rápidamente, por una mal operación que le habían hecho al quitarle las amígdalas. Se dirigió a la cocina, y sacó de uno de los estantes un paquete de macarrones para prepararlos. Decidió que si cogía agua caliente del baño, se harían más rápidamente, así que decidió coger uno de los calderos y se dirigió al baño. Giró la llave del agua caliente en la bañera, y sentada en el retrete, espero a que el agua se calentase. Cuando el humo empezó a salir, metió el caldero debajo del agua. Fue entonces cuando oyó aquél sonido, más parecido a un golpe, lo cual la hizo estremecerse por un momento. Una mala sensación la invadió, y dirigió su mano al estante situado encima del lavamanos, mientras el agua seguía cayendo en el caldero. Aferrando una lima de metal, se levantó y comenzó a caminar, lentamente, por el pasillo. Cada vez, el golpe era más persistente, más fuerte. Cuando llegó a la sala, suspiró tranquila. El ruido provenía de una ventana que había abierto el viento, y de ahí provenía el golpe que escuchaba. Comenzó a acercarse, y se paró a mirar un momento, como las cortinas de la ventana se elevaban lentamente, subiendo y cayendo, siempre al mismo paso. Por su cabeza, pasó como un relámpago la imagen de Anne, tirando aquella silla contra la ventana, su mirada perdida, de odio y miedo, su grito en la consulta al arrojar la silla...
<<Pero? ¿qué demonios hago pensando en estas tonterías?>>
<<?NO, NO OS ACERQUEIS A ELLA?>>
<<No hay nada a que tenerle miedo, por favor, ¿estoy chocheando por lo que una chica histérica ha dicho?>>
<<?Caras? cortinas? voces??>>
<<No hay nada a que tenerle miedo. Sólo son unas cortinas, movidas por el viento, simplemente es eso>>
<< ?es simplemente una fuerte paranoia, que la hacen tener alucinaciones>>
<<Creo que eso mismo es lo que tengo yo, una simple paranoia provocada por una adolescente que quizás no tenga en su sitio la cabeza, si su diagnóstico fuera para mi, quizás hasta lo aprobaría doctor Laigstare >>
La señora Brunnel decidió apartar las cortinas de forma enérgica y cerrar la ventana. Agarró una de las hojas, después la otra, y las cerró con el fechillo que tenían en el centro. Entonces colocó
<<¿Quieres bailar?>>
las cortinas y se dirigió al baño corriendo, poniéndose de rodillas para vaciar un poco el caldero, que se había rebosado, y ardía. Cerró la llave del agua caliente, y vació un poco el caldero, dejándolo medio lleno. Lo cogió por las asas, y se encaminó hacia la cocina,
<<No espero un no por respuesta>>
mientras el vapor seguía saliendo, cuando
<< Baby, I'm yours (baby, I'm yours)>>
de repente soltó el caldero, cayendo sobre sus piernas parte del agua que había recogido en el baño. La radio acababa de ponerse, como por arte de magia, y una antigua canción de Barbara Lewis, era la que sonaba en aquel preciso instante. La señora Brunnel dirigió sus manos a una de sus piernas, ahora roja por el agua que le había caído encima. El caldero yacía en el suelo, mientras el resto de su contenido dibujaba trazos en la moqueta azul.
<< And I'll be yours (yours) until the stars fall from the sky,>>
Lentamente, se dirigió hacia el sillón y comenzó a quitarse las zapatillas, cuando giró la cabeza lentamente
<< Yours (yours) until the rivers all run dry>>
hacia el aparato de música, y sintió un escalofrío, recorriéndole la espalda. La cortina que se encontraba al lado del aparato de música se movía, lentamente, pero no corría ni tan siquiera un poco de aire en la habitación. Se levantó y
<<¿No estarás asustada por lo que dijo esa chica, verdad, vieja torpe?>>
<< In other words, until I die?>>
apagó la radio rápidamente. No estaba como para oir canciones de los 50, con lo que le ardía la pierna. Recogió el caldero y lo dejó en el poyo de la cocina. Se dirigió al baño, y cogió el secador. ?Habrá que secar la moqueta?. De nuevo en la sala, se dirigió hacia uno de los enchufes, y después de desenchufar una lámpara, puso el cable del secador, y a gachas, se acercó con el hasta donde el agua había calado en la moqueta. El dolor de su pierna se acentuó. ?Ya veré que haré contigo después?.
Después de secar la moqueta, se dirigió al baño y encontró una pomada, ?Furacil?. ?Esto tendrá que servirme?. Después de aplicarse la pomada, decidió que le importaba un pimiento que la comida tardase o no en hacerse. Volvió a la cocina, puso el caldero a llenar con al agua normal, y lo puso sobre la placa a calentar. ?Mientras me acuerde de esta quemadura, juro que no vuelvo a ir a coger agua caliente al baño?.
Aquella noche, después de comer, se dio un buen baño, y se acostó. Durmió tranquilamente toda la noche. Ahora mismo, esa noche se le antojaba lejana, al igual que todo lo que había pasado aquel día. Menos la canción de Barbara Lewis, que martilleaba una y otra vez en su cabeza, y no podía parar de oir...
(Mañana, más :-D)
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05/04/2005, 06:26
ARREGLO AL PÁRRAFO ANTERIOR
Aquella noche, después de comer, se dio un buen baño, y se acostó. Durmió tranquilamente un rato. Ahora mismo, esa noche se le antojaba lejana, al igual que todo lo que había pasado aquel día. Menos la canción de Barbara Lewis, que martilleaba una y otra vez en su cabeza, y no podía parar de oír...
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El despertador empezó a sonar demasiado pronto aquella mañana. La señora Brunnel entreabrió los ojos, y vio que aún era de noche. Normalmente solía ser de día cuando el despertador sonaba, pero no, era de noche. En la oscuridad, alargó su mano hacia el despertador para pararlo, y su cuerpo se estremeció al tocarlo, soltando un leve grito de terror. Rápidamente, encendió la luz, y miró el despertador. No había nada encima, estaba como siempre. Alargó nuevamente la mano, y cogiéndolo entre las manos, lo apagó.
Aún así, la sensación que había tenido, persistía en su cuerpo. Cuando fue a parar el despertador, sintió algo frío, pero no era el frío en si lo que la asustó, sino lo que parecía haber tocado.
<<Juraría que alguien me estaba tocando. Como si alguien hubiera movido sus dedos bajo mi mano.>>
Miró el reloj. Marcaba las tres y cuarto de la madrugada. Estaba puesto a las nueve, pero había sonado a esa hora,
<<Como si alguien lo hubiera hecho sonar aposta>>
interrumpiendo su sueño. Volvió a ponerlo en su sitio cuando, nuevamente, oyó un golpe procedente del salón.
<< ¿Qué coño es eso? >>
La señora Brunnel se levantó, no sin antes coger de su cajón un spray que solía tener a mano, por si alguien entraba a su casa e intentaba agredirla. Comenzó a andar y, frente a la puerta de su habitación, comenzó a estirar la mano hacia el pomo, cuando la retiró, como si hubiera sentido algo que no le gustase. Se quedó en silencio. Entonces, lo escuchó. ¡Había alguien fuera! Oía una voz en la sala, pero no podía oírla claramente.
<< ¡Me cago en sus muertos! ¿Qué coño hago? ¿Llamo a la policía o pruebo a utilizar el spray? >>
Lentamente, acercó la cabeza hacia la puerta, y apoyó su oreja contra esta, intentando escuchar lo que estaba hablando quienquiera que fuese el que estaba en su casa. En un primer momento, escucho la voz de nuevo. Era la voz de un hombre. Pero no se entendía claramente. Hablaba, pero por alguna extraña razón, era como si sus dientes chocasen al hacerlo, haciendo un ruido estridente al chocar sus mandíbulas.
<< Quie.. cha cha cha cha cha… ro… cha cha cha cha cha… saber… cha cha cha cha cha… don… de… cha cha cha cha cha… está cha cha cha cha cha… Helen… cha cha cha cha cha… ¡habla PUTA! Cha cha cha cha cha…>>
Entonces, se oyó un golpe, como una cachetada. Pero volvió el silencio.
<< ¿Pero qué demonios…? >>
La señora Brunnel entonces empezó a oír otra cosa. Un zumbido. Moscas. Igual que el zumbido que hacían las moscas cuando eran rociadas de insecticida, y caían al suelo, haciendo un horrible zumbido hasta quedar muertas. El zumbido se hizo más alto, más insoportable y audible. La señora Brunnel se despegó de la puerta, y llevó sus manos hasta sus oídos, para intentar no escuchar ese sonido tan asqueroso. Entonces paró. La señora Brunnel se quitó las manos de los oídos, y acercó nuevamente la oreja a la puerta. Y lo escuchó. Pasos. Pasos fuertes, horribles, que se acercaban hacia el dormitorio. Brunnel agarró rápidamente el pomo y giró la llave, cerrando la puerta y apartándose de ella. Corrió hacia la mesilla de noche del cuarto, y encendió su móvil. Marcó tan rápido como pudo el PIN y en cuanto cogió cobertura el móvil, llamó a la policía.
- Buenas noches, ¿que desea? – dijo la voz de una mujer.
- Buenas noches. Escuche, creo que alguien se ha colado en mi casa. Oigo golpes, y una voz, ¡estoy aterrada! – dijo Brunnel, mirando hacia la puerta. – ¡Por favor, mande a alguien!
- Bien señora, no se preocupe. Dígame la dirección.
- Calle Mushroom, 27, piso 3º B. ¡Por favor, dense prisa!
- No se preocupe. Enseguida llegará una patrulla. Mantenga la calma.
<< Ni que fuera tan fácil >>
De repente, la voz de la telefonista comenzó a distorsionarse. No se oía más que un horrible sonido metálico. La señora Brunnel intentó apagar el teléfono, pero no podía conseguirlo. Dejó el teléfono en la cama, y se alejó de él. Entonces, regresó el zumbido. Pero ahora, desde el teléfono. Y cada vez más fuerte. Brunnel se acercó al teléfono, y lo tiró contra el suelo, tan fuerte como pudo, rompiéndolo. El zumbido paró, mientras el teléfono quedaba partido en varios pedazos.
<< ¿Qué demonios está pasando en esta casa? >>
La voz estalló fuera, al igual que varios golpes en la puerta.
<< ¡PUTA, ABREME LA PUERTA! ¡HELEN, SE QUE ESTÁS AHÍ, ABRE MALDITA CERDA! >>
La señora Brunnel agarró fuertemente el spray, y se alejó lo más que pudo de la puerta, con el spray bien agarrado y preparada para usarlo. Después de varios golpes, se hizo el silencio. Brunnel se acercó a la puerta, y pegó su oreja contra ella, poco a poco. No se oía nada. Decidió cerciorarse. Quitó la llave de la cerradura y, lentamente, se fue poniendo en cuclillas. Miró por la cerradura. No había nada fuera. No se veía nada.
<< Joder… me estoy meando >>
Siguió mirando un poco más, pero no había nadie. Empezó a incorporarse, cuando oyó un sollozo. Provenía de detrás de la puerta. Su piel comenzó a crisparse, y decidió mirar de nuevo por la cerradura. No había nada.
De repente, comenzó a aparecer una cabeza al otro lado de la cerradura. Pelo oscuro, largo, el de una mujer. Abrió más los ojos del asombro y el miedo, hasta que vio el ojo de aquella mujer. Sus ojos estaban inyectados en sangre, y sus lágrimas eran sangre pura. La señora Brunnel cayó apoyándose en las manos, cuando un horrible golpe, dado con la palma de la mano, se oyó en la puerta.
- Ayúdeme… - decía la voz de una mujer, sollozante, cuyo ojo seguía mirando desde fuera a Brunnel. – Ayúdeme… ¡por favor!... va a matarme… ¡no se lo permita, por favor! Déjeme pasar… ¡ayúdeme, por el amor de dios… AYÚDEME!
Nuevamente, un golpe contra la puerta volvió a escucharse. Y otro. Y otro. Y otro más. Entonces vino el horrible sonido. Aquel sonido, parecido al de agua que cae contra el suelo. Se escuchaba como si cayese agua, mucha a la vez.
- ¡Seño… ra…!
El sonido siguiente pareció más al de un cuchillo al clavarlo en la carne. Brunnel lo escuchó varias veces, seguidas, repitiéndose una y otra vez. El sonido de una mano abierta, muy débil, se oyó nuevamente. Así como el de agua cayendo muy rápido.
Brunnel miró a la puerta. Su cuerpo se estremeció, más de lo que estaba ya. Por debajo de la puerta, comenzó a entrar sangre, lentamente, arrastrándose poco a poco bajo la puerta hacia el interior de la habitación.
Brunnel reaccionó al oír la sirena. Corrió hacia la ventana del dormitorio, y apartando las cortinas. Miró abajo. El coche de la policía acababa de llegar. Abrió la ventana, y gritó a los policías que subieran cuanto antes, que había una mujer siendo asesinada en su piso. Los policías corrieron hacia la entrada, y forzando la puerta, entraron en el edificio. Brunnel se dio la vuelta lentamente, y su pecho quedó parado.
Delante de ella, una figura, sentada, meciéndose, dándole la espalda y con las ropas envueltas en sangre, se encontraba dentro de su dormitorio. Los ojos de Brunnel parecían salirse de sus órbitas ante semejante imagen. Sin saber que hacer, le habló.
- La policía esta aquí mismo. No se quien demonios eres, ni que ha pasado, ni siquiera como has entrado en mi casa y menos, en mi cuarto, pero no te van a hacer más daño.
La figura comenzó a ponerse de pie y, después, a girarse. Su pelo tapaba su cara, y en su ropa, se veían varias zonas donde la sangre estaba coagulada.
- Ya no hace falta. Ya tiene lo que quería.
Brunnel gritó de espanto. El pelo quedó apartado un momento de la cara de la joven. Sus ojos habían sido sacados, y en ellos, sólo había ahora dos horribles cuencas vaciadas, así como su cuello mostraba marcas de haber sido rasgado, como formando una horrible sonrisa de lado a lado.
- Reza para que no vuelva.
Entonces, Brunnel escuchó como la puerta de su piso era abierta de forma brusca, así como oyó las voces de los policías. Brunnel cogió la llave de la puerta, intentando colocarla, pero calló al suelo. Se agachó a recogerla, y vio como aquella figura ensangrentada caminaba hacia ella, alargando las manos.
- Tengo frío. ¡Abráceme, por favor!
Tan rápido como pudo, metió la llave en la cerradura y salió corriendo de su habitación, a pesar del dolor que aún seguía estando en su pierna, gritando y señalándole a los policías su cuarto.
- ¡Está dentro, dios santo, hagan algo!
- ¿Quién está dentro? – preguntó uno de los policías.
- Una mujer. La han apuñalado, y le han sacado los ojos, aquí, en mi casa, ¡ayúdenla!
Uno de los policías salió corriendo, mientras el otro era abrazado por Brunnel, la cual estaba aterrada. El joven policía se acercó a la ventana del cuarto, y la cerró, volviendo nuevamente a donde se encontraba Brunnel y el otro policía.
- ¿Está… muerta? – balbuceó Brunnel, aterrada.
El policía la miró.
- Ahí dentro no hay nadie, señora. He mirado debajo de la cama, roperos, todo, y no hay nadie.
- No es posible. ¡Estaba ahí mismo, yo la vi!
- Pues ahí dentro no hay nada. – El policía se dirigió hacia otra ventana. – ¡Debería cerrar las ventanas, señora! No es bueno dejar las ventanas abiertas, aunque esté en un tercer piso.
Así era. Otra ventana, la misma del salón, cercana al aparato de música, se encontraba abierta de par en par. Las cortinas habían sido apartadas bruscamente. Brunnel recordó haber cerrado aquella ventana, y haber pasado las cortinas. Por alguna razón, no estaba como la había dejado. A su mente volvieron a la mente dos pasajes: lo sucedido en la consulta; y lo acaecido con la radio.
- Juraría que estaba cerrada cuando me acosté. – murmuró.
Invitó a los oficiales a beber un café, pero estos rechazaron la oferta. Aún así, esperaron un poco hasta que esta se calmara, y se bebiese un café solo, bien cargado. Después de haber estado en el baño, acompañó a los policías hasta la puerta, y trancó como pudo la puerta forzada. Colocó la cadena, que nunca solía ponerla, y pensó que mañana llamaría a un cerrajero para que colocase unas nuevas cerraduras. Al poco rato, regresó a la cama, no sin antes cerrar bien con llave la puerta de su cuarto, y colocar el despertador a su hora. No pudo dormir en casi toda la noche, pero poco a poco, consiguió caer rendida al sueño, al cual se entregó sin reparos.
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05/04/2005, 06:29
Al día siguiente, poco hizo Brunnel en la mañana. Volvió a curar la quemadura con aquella pomada que tenía a mano, y aparentemente, había funcionado mejor de lo que esperaba.
Después de eso, había salido a comprar algunas cosas al supermercado. Durante todo el día, había estado intentando no pensar en lo que había pasado la noche anterior. Más era un tanto difícil. De todos modos, catalogó aquella experiencia como una simple pesadilla que había tenido, y que de algún modo, la había convertido su imaginación, alimentada por las cosas que había dicho la chica en su consulta el día anterior, en algo que parecía real, pero que no lo era. Simplemente, había sido una creación de su subconsciente.
Pero al regresar a su casa, volvió a mirar la ventana, y las cortinas que la cubrían
<< Ya estás otra vez. ¿Qué vas a hacer, vieja chocha? ¿Arrancar las cortinas por que te acojonó una cría? Por favor, deja de darle vueltas a tu imaginación, y haz lo que debes hacer.>>
y decidió que ya valía de estar con tontos pensamientos imaginativos sobre el tema de las dichosas cortinas. Comenzó a hacer la comida, y mientras dejaba que se hiciera, decidió encender la radio, poniendo en el compact disc un disco de música clásica, en este caso Beethoven. Como tenía calor, era un día un tanto sofocante, abrió la ventana, ya sin pensar en más, y dejó que el poco aire que entraba la refrescase.
Decidida a limpiar el polvo de la estancia, comenzó, a su aire, a hacer las tareas, mientras la música resonaba en el salón. A veces pensaba que si la vieran como se movía al ritmo de la música cuando estaba limpiando, dirían que estaba loca. Pero por suerte, nadie la iba a ver en ese plan, pues estaba claro, que si una visita llegaba, no iba a seguir limpiando y escuchando a Beethoven, faltaría más.
Cuando hubo limpiado el salón, fue a mirar como iba la comida. Miró el reloj. Aún faltaban dos horas para estar en el trabajo, pues su horario era de 2 a 9 de la noche, mientras que por la mañana, el doctor Feinstone, se encargaba de la consulta de 9 a 2 de la tarde. Había tiempo suficiente hasta para descansar un poco después del almuerzo, pues ya estaba preparada. Fue entonces cuando comenzó a escuchar aquel extraño sonido, mientras sonaba la música. Era una especie de interferencia, que se mezclaba con la sonata claro de luna de Beethoven.
Brunnel se acercó al aparato, e intentó para el reproductor, más no dejaba de producir el sonido. Alargó la mano al botón de apagar de el aparato, pero tampoco respondió a la orden.
Entonces, escuchó algo
<< Baby, I'm yours (baby, I'm yours) >>
que la hizo temblar nuevamente.
<< And I'll be yours (yours) until the sun no longer shines >>
Esa canción. Esa maldita melodía, volvía a sonar en el aparato. Pero era IMPOSIBLE, no estaba la radio puesta, estaba saliendo del disco que ella tenía. Rápidamente, desenchufó el aparato de música. El silencio se hizo en la casa.
El aparato había quedado apagado. La vieja canción dejó de sonar. No había nada. Silencio. A excepción del sonido de la cocina, donde pudo apreciar un leve olor a quemado. Brunnel salió corriendo a la cocina, y apagó la vitrocerámica, quitando el caldero, que había puesto a calentar, de la placa. Entonces, un grito de terror escapó de su garganta.
<< Yours (yours) until the poets run out of rhyme>>
<< ¡No es posible! >>
<< Lo has desconectado, ¡sabes que lo has hecho! >>
La canción nuevamente sonaba, pero era imposible, había desenchufado la radio. Se asomó rápidamente, y vio como las cortinas ondeaban, levemente, sobre el aparato. Sin pensarlo dos veces, se acercó hasta el enchufe
<< In other words, until the end of time >>
y vio, sorprendida, como el enchufe estaba nuevamente colocado en su sitio.
- ¿Qué demonios es esto? – dijo Brunnel, completamente aterrorizada.
Entonces lo sintió. Su cuerpo se erizaba. Sentía como si alguien la estuviese mirando, alguien que estaba detrás de ella, clavando su mirada en su espalda. No sabía explicar aquella sensación, pero sentía frío, y miedo, auténtico miedo. No sabía que hacer, quería mirar atrás, pero no podía, estaba paralizada.
<< I'm gonna stay right here by your side >>
<< No hay nada detrás de ti >>
<< Vuélvete de repente, y verás que no hay nada que temer >>
Y así, lo hizo. Armada de valor, cambiando de su cara aquella expresión de terror, se viró rápidamente y vio
<< Do my best to keep you satisfied >>
como una especie de cara ondeaba en las cortinas, las cuales habían llegado a formar una especie de mano, que intentaba asirla.
Brunnel gritó, y se echó hacia atrás como pudo
<< Nothin' in the world can drive me away >>
viendo como aquella forma desaparecía, haciendo que la cortina saliese hacia fuera de la habitación, por la ventana. La radio dejó de sonar nada más pasar esto.
Brunnel agarraba con su mano izquierda su pecho. Su corazón latía rápidamente. El miedo la abordaba. No podía ser real. Aquello no era posible. No podía ser real.
Recordó entonces aquella canción de Barbara Lewis.
La situó claramente en su mente, como si estuviese pasando en ese mismo momento.
Su cuerpo se estremeció. Recordó el olor… su tacto… su lengua entre sus piernas…
Brunnel gritó con toda su fuerza, y levantándose como pudo, corrió a la ventana, cerrándola, agarrando las cortinas y arrancándolas de par en par. Las tiró al suelo, y como pudo, comenzó a rasgarlas con sus manos. Se dirigió al aparato, y desenchufó el cable de nuevo tirando a un lado el cable que necesitaba para funcionar.
Lágrimas recorrían sus ojos. Se sentía sucia. Hacía mucho que no recordaba aquello. Pero ahora… volvía a latir en su mente…
<< ¿Quien es la niña de papá? >>
<< ¡Maldito bastardo! >>
Rápidamente, salió corriendo hacia el baño, y cerrando tras de si la puerta, se desnudó y se metió bajo el agua,
<< ¿Sabes una cosa, Alyson? Si juegas a un juego con papá, papá te llevará a la feria, a pasar allí todo el día. Pero ha de ser un secreto… Mamá no debe saberlo… >>
sintiendo como la recorría, como la LIMPIABA. Y así, sus lágrimas se mezclaron con el agua que recorría su cuerpo, como hacía mucho tiempo que no lloraba.
<< Lo había olvidado… realmente, ¿lo había olvidado?… >>
<<¿Caras? ¿Cortinas? ¿Voces??>>
<<¡NO, NO OS ACERQUEIS A ELLA!>>
<<Están aquí, les oigo. Sólo quieren hacer daño…>>
Brunnel cerró las llaves, y salió de la bañera tan rápido como pudo. No pensó ni en comer siquiera. Se vistió, casi sin arreglarse, y salió rápidamente hacia la clínica Svenson.
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05/04/2005, 06:31
Nada más llegar, lo primero que hizo fue ir a la habitación donde estaba Anne Westlock. Según el enfermero, la paciente estaba tranquila. Desde la noche anterior, no había vuelto a dar problemas. Brunnel pidió entrar a verla.
El enfermero se negó a ello, dado que el doctor Laigstare había ordenado por la mañana dejar a la paciente tranquila, sin que nadie la alterase. Brunnel arqueó las cejas, y de nuevo, el enfado se mostró en todo su esplendor en su cara. Mirando la placa que llevaba el enfermero, habló sin titubeos.
- ¿Le gusta su trabajo, Lester? – le dijo, sin apartar ni un segundo sus ojos de los del enfermero -.
- Claro que si, doctora.
Brunnel sonrió a regañadientes, y acercándose al hombre, dejó caer sin ningún reparo sus palabras.
- Bien, pues si quiere conservarlo, será mejor que abra esa jodida puerta, y se reserve el ir a llamar a ese lameculos de Laigstare, por que como haga semejante estupidez, haré que su culo esté antes de lo que canta un gallo fuera de este centro, ¿entendido, Lester?
<<¡Ahí, que duela bien!>>
En enfermero, asombrado ante la doctora, simplemente se acercó a la puerta, y la dejó pasar. Brunnel entró, no sin antes darle las gracias al enfermero, con una leve sonrisa.
<<Que vea que no soy tan fiera, pero sin pasarme, pobrecillo, no tiene la culpa de que el idiota de Laigstare le haya mandado a cumplir sus ordenes>>
Anne Westlock estaba sentada en la cama, y al ver a Brunnel, sólo dijo si iban a dejarla irse ya. Brunnel la miro. Estaba tranquila, para nada como la había visto el día anterior.
- Anne, ¿no te acuerdas de mí?
La chica negó con la cabeza.
- Soy la doctora Brunnel, Anne. Tuvimos una breve, pero intensa, nunca mejor dicho, entrevista. Estabas muy nerviosa, incluso rompiste una ventana con una silla.
Los ojos de la chica, brillaron por un momento, y recordó.
- Perdóneme. Estaba muy nerviosa…
Brunnel no la dejó decir más nada, simplemente habló ella.
- Dime una cosa Anne. ¿Por qué tus nervios? ¿Qué pasó?
La chica comenzó a dibujar lágrimas en sus ojos. Agachó un momento la cabeza, y al levantarla, lágrimas corrían por sus mejillas.
- Robert…
Brunnel miraba, sin saber quien era ese tal Robert.
- ¿Quién es?
- Era mi novio…
No sabía que decirle. Tenía otras cosas que preguntarle, pero prefirió ir por esa vía para saber lo que pasaba.
- ¿Era?... ¿Lo habéis dejado?
La chica la miró, mientras más lágrimas salían de sus ojos. Lentamente, se fue dando la vuelta.
- No. – dijo. – Está muerto. Lo mataron la misma tarde que me ingresaron aquí.
Brunnel la miraba. Se acercó a la chica, y haciéndola darse la vuelta, la miró a los ojos.
- ¿Lo mataron, Anne? ¿Quiénes lo mataron?
La chica miraba los ojos de la doctora, no estaban tan idos esta vez, estaban pisando el suelo, no como el día anterior, que estaban más en otro lugar, que en este mundo.
- Ellos. Los que están fuera, en el viento.
Brunnel no sabía que demonios hablaba.
- ¿Quienes están en el viento?
- Los que hacen daño. Murieron de forma brutal, por eso nos odian, quieren matarnos.
- Explícate mejor, muchacha. – le dijo Brunnel, mientras aferraba a la chica por los brazos.
- Son fantasmas, o algo así. Dan vueltas a nuestro alrededor, viéndonos morir y envejecer. Robert decía que cuando alguien les ve, no descansan hasta matar a quien les ha visto.
-¿Por qué? – le preguntó Brunnel, sin saber que pensar de aquello que estaba oyendo.
- Robert decía que cuando alguien muere, el alma se despega de nuestro cuerpo, y ve ante si, esa luz que nos llevará al descanso eterno. Ellos nos ven como morimos, intentando, en ese momento cuando alguien muere, entrar en el otro mundo que se abre ante nuestra alma, pues ellos no tienen ni tendrán nunca descanso, porque están malditos, murieron de forma violenta, y sus almas no llegaron a entrar en ese lugar. Son almas errantes, perdidas.
<< Esta chica está como una cabra. >>
- Pero, ¿para que quieren nuestra muerte?
- Por que quien les ha visto, saben que es una forma más de conseguir esa entrada. Siempre hay alguno que nos conoce, nos vigila, entre esos espíritus. Si alguien llega a verlos, ese que ha estado esperando sin conseguirlo, entrar en la luz, irá a por quien le haya descubierto entre las cortinas. Nunca vienen solos. Siempre hay más de uno. Se odian a si mismos, pero atacan a la vez cuando alguien descubre a uno de ellos. Porque ese uno, quizás, al atacarles todos juntos, cuando haya muerto y se abra su entrada para el alma del difunto, más de una de esas almas consigan colarse en esa vía.
<< Electroshock. Eso necesita esta chica. Y yo también, vaya que si. >>
- ¿Cree que estoy loca, verdad?
Brunnel no sabía que pensar. No le gustaba lo que oía. Odiaba las historias de fantasmas, y esta no pintaba bien. Pues sabía que había visto en su casa, quizás lo de la noche anterior fuese una pesadilla, pero lo del mediodía, había sido real.
<< Era tu padre. >>
No quería aceptarlo.
No podía.
Era demasiado duro, no podía ser real.
Una pregunta se le vino a la mente.
- Anne, creo en lo que me estás diciendo. No sé por qué, pero algo me dice que es la verdad. Desde ayer, algo pasó, pero no estoy aquí para hablar de eso. Necesito que me digas una cosa muy importante. – Anne asintió, sin quitar la vista de los ojos de la doctora. – Dime… ¿hay forma de saber cuando están ellos aquí?
- Si. – dijo Anne. – Aquel que conoce a quien le haya visto, suele hacer cosas para que le recuerde. No sé, mover objetos, hacer aparecer cosas que tenía alguien guardadas, cosas así, según me dijo Robert.
- ¿Una canción? ¿Puede ser una canción lo que usen para que les recuerden?
Anne asintió nuevamente.
- ¿Para qué hacen eso Anne? Dímelo.
Anne se echó hacia atrás. Lentamente, se dio la vuelta, y le dijo a la doctora que no quería hablar más sobre el tema. Brunnel, necesitando escuchar una respuesta a su pregunta, la asió por los brazos nuevamente, apretándola, zarandeándola.
Anne negaba con la cabeza. Brunnel seguía cada vez más rápidamente agitándola con enfado.
- Maldita sea, ¡dímelo!
Brunnel la dejó caer en la cama. Se puso de rodillas ante ella, y la miró a los ojos.
- Por favor, es importante, muy importante. Yo te creo Anne, pero necesito que me digas el por qué.
Anne la miró. Agachó un momento la cabeza, dejando que su pelo tapase su rostro. Lentamente, se acercó a Brunnel, y acercando sus labios al odio izquierdo de la doctora, dijo entrecortadamente:
- Para que cuando hayas recordado, matarte, porque le estarás dando fuerza a su espíritu mediante tus pensamientos.
Anne volvió a separarse de Brunnel.
Brunnel no sabía que hacer. Estaba inmóvil. No podía pensar. No podía hablar. Había perdido la noción del tiempo. Sólo Anne la sacó de aquel trance con sus palabras.
- Robert decía que eso es lo que querían. Justo antes de ver como se volaba los sesos delante de mí. No pude hacer nada. Creía que había enloquecido. Pero entonces los vi.
Brunnel la miró. Poco a poco, se incorporó y se sentó al lado de la chica, mirando esta vez al suelo, sin saber que decir.
- Vi algo… había algo en las cortinas… se movieron de repente, a la vez… sentí frío… mucho frío… y entonces, lo vi. Era Robert…
Brunnel levantó la cabeza. Las lágrimas habían vuelto a aparecer en los ojos de la chica.
- Me ha elegido a mí… - dijo, mientras subía las piernas encima de la cama, y acurrucaba su frente sobre sus rodillas, llorando.
Brunnel se acercó a ella, y la abrazó, intentando calmarla como pudo.
Por primera vez en muchos años, no encontraba las palabras adecuadas a esa situación. Sólo sentía impotencia, porque dentro de ella, sabía que había algo de verdad en ello.
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05/04/2005, 06:34
Aquel día, poco más hizo Brunnel. No sabía que hacer. Atendió a los demás pacientes, y volvió a hablar con la chica, aunque más que hablar era dar ánimos. Retiró de su oficina las cortinas, así como desconectó la radio. No quería nada allí dentro más que al paciente que estuviese. Ese día ni las ventanas abrió. Para su suerte, Laigstare no se enteró de nada de lo sucedido aquella tarde. Pero si se hubiese enterado, ni le hubiese importado. No quería pelear con nadie, no estaba de humor para nada.
Esa noche, al volver a casa, quitó toda cortina de su casa. Desplazó el aparato de música lejos de los enchufes y de la ventana. Cogió tachas, y poco a poco, fue clavando como pudo las ventanas. Sabía que así estaría a salvo. Nada iba a hacerle daño.
<< Estás loca >>
<< Lo sé, más no me importa, más vale prevenir que curar >>
<< Parece mentira que estés así por lo que una paranoica ha dicho >>
<< ¿Paranoica? Sé muy bien lo que he visto. Y lo que esa chica ha dicho, me ha gustado menos. Al diablo todo. Quien quiera llamarme loca, que lo haga, pero es mi casa, y haré lo que quiera >>
De nuevo, pasó cadenas y trancó la puerta como pudo, pues había olvidado llamar al cerrajero. Más le daba igual. Ya le llamaría el sábado, total, ¿que le faltaba? En pocas horas ya iba a ser viernes.
Poco más hizo aquella noche Alyson Brunnel. No cenó siquiera, no quería comer. Había tirado a la basura lo que había preparado por la mañana, y que ni llegó a probar. No tenía apetito alguno después de lo que había vivido aquella mañana.
Esa noche se fue a dormir tarde. Estuvo mirando la tele, observando las ventanas. Había viento fuera, y cada momento, era como si el fuerte viento fuese a abrir de par en par las ventanas. Pero por suerte, no sucedió nada.
Casi no pegó ojo. A pesar de haber clavado las ventanas, un estremecimiento recorría su cuerpo. Y sabía que no la abandonaría en la noche.
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La mañana del viernes, Brunnel se levantó, comprobó las ventanas, y fue a prepararse y a desayunar. Salió a comprar, y al volver, inspeccionó las ventanas nuevamente. Más de 5 o 6 veces, ese fue el ritual de aquella mañana. Incluso, después de comer y salir al trabajo, volvió a inspeccionarlas. Y así, decidió ir de nuevo a la clínica.
Nada más llegar, fue directa a la habitación de Anne, pero al llegar, estaba vacía. Brunnel sintió un temblor en su cuerpo, que iba ascendiendo a más cada momento. Buscó a Laigstare en su despacho, y le comunicó la desaparición de la paciente. Laigstare comenzó a reírse.
- Doctora Brunnel, la paciente no ha desaparecido.
Brunnel observaba al cantamañanas de Laigstare, con aquella sonrisa de oreja a oreja en su rostro, como si fuese una especie de réplica del Joker, en los comics de Batman.
- ¿Dónde está pues?
- La he mandado a su casa, doctora Brunnel.
Los ojos de Brunnel centellearon. Eran dos bolas de fuego, que querían arrasar hasta que no quedasen ni los huesos de aquel cabrón que estaba ante ella, hablando sobre lo magníficamente bien que podía dirigir el cotarro.
- ¿Está loco? – gritó indignada Brunnel. - Esa chica, ahí fuera, está en peligro. La matarán, maldigo estúpido.
Laigstare cambió su sonrisa, y su cara se volvió seria. Se levantó de su mesa, y miró, por encima del hombre, como le gustaba mirar siempre a todo el mundo, a la doctora Brunnel
- ¿Qué ha dicho?
- Ya lo ha oído, jodido hijo de perra. Ha mandado a esa chica a una muerte segura.
Ahora era Laigstare el que tenía su rostro encendido. Pero bajo ese enfado, afloró una sonrisa, un tanto siniestra.
- Bien, al fin tengo lo que quería. Recoja sus cosas y váyase de esta clínica, doctora Brunnel, queda despedida.
Brunnel no podía dar crédito a lo que estaba oyendo.
- ¿Qué? ¿Con qué derecho se atreve a decirme que estoy despedida?
La sonrisa de Laigstare era ahora más pronunciada.
- Con el que tiene su superior, señorita Brunnel. Si hubiese estado más atenta ayer, sabría que el director de nuestra clínica, me ascendió ayer. Tengo en mis manos el poder de despedir a aquellos que crea que no aportan nada a nuestro equipo. Así que, empezaré por usted. Nunca me cayó bien, Brunnel, y ahora que me ha dado motivos, puedo decir sin reparos que está despedida, jodida vieja frígida.
<< Vamos, cariño, no cierres las piernas, no te voy a hacer nada malo >>
- ¿Qué me ha llamado?
<< Eso es. Ahora, me voy a comer todo tu pastelito >>
- Lo ha oído bien. Por eso mismo nadie la ha deseado, porque es una jodida frígida,
<< Ahora, papá va a darte algo para que te lo pongas en la boca, pero has de tener cuidado con los dientes, no es para morderlo >>
por eso todo hombre que haya estado interesado en usted la ha dejado. ¿Alguna vez la han jodido bien? Creo que lo que lleva necesitando desde hace tiempo es un buen polvo que le quite esa jodida mala leche
<< Eso es, ángel, lo haces muy bien. Deja que papá te enseñe >>
<< Baby, I'm yours (baby, I'm yours) >>
<< Ahora, siéntate al borde de la cama, y deja las piernas abiertas. Vamos, obedéceme, o te daré unos buenos azotes, Alyson >>
y así, descansaremos todos los que tenemos que trabajar con usted, porque nadie la soporta, carcamal.
<< Duele, papá>>
<< Cállate, y deja las piernas así >>
<< And I'll be yours (yours) until two and two is three >>
<< Alyson, sal del cuarto >>
<< Joanne... esto no es lo que parece… >>
<< Yours (yours) until the mountain crumbles to the sea >>
<< Alyson... deja a mamá a solas con papá... >>
<< ¿Qué haces con ese rifle? Bájalo Joanne, es muy peligroso, ese rifle está cargado…Bájalo >>
<< In other words, until eternity…>>
<< BANG >>
<< Baby, I’m yours...>>
- Dios santo... no...
Laigstare la miró. Brunnel estaba pálida. Todo había vuelto a su cabeza. Fue su madre. Su madre mató a su padre, cuando le descubrió abusando de ella. Por eso nunca se había casado, por eso temía estar a solas con un hombre… pero lo había olvidado todo… más siempre estuvo presente, latiendo, escondido, en algún lugar de su mente…
Laigstare se movió rápidamente a donde estaba Brunnel. La ayudó a sentarse, mientras se disculpaba por lo que había dicho. Más ella no podía decir nada, estaba atónita. Laigstare llamó a un enfermero para que trajese un vaso de agua, y volvió a donde estaba ella.
- Estoy bien, ha sido algo momentáneo. No pasa nada.
- Perdóneme. No sé como he podido caer tan bajo.
<< ¿Los seres de alcantarilla pueden caer más bajo de lo que están?>>
- No pasa nada. Creo que los dos teníamos ganas desde hacía tiempo de soltarnos cuatro verdades.
El enfermero entró, y le dio a Brunnel el vaso de agua. Laigstare le dijo que era mejor que le llamase un taxi y se fuera a descansar. Más Brunnel le dijo que iba a recoger sus cosas. Quería refugiarse en su casa, no salir más de allí. Sabía que estaba en peligro. Laigstare le dijo que no hacía falta tomarse lo que le había dicho al pie de la letra, más Brunnel sólo dijo:
- Al final, por una vez, creo que voy a hacer caso de lo que ha dicho, Laigstare. Es hora de abandonar este lugar. Y creo que, si no lo hubiese dicho usted, la próxima semana lo hubiese dicho yo. Voy a recoger mis cosas.
Y lentamente, se incorporó, y comenzó a caminar hacia su despacho…
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05/04/2005, 06:36
Anne Westlock había salido de la clínica cerca de la 1 de la tarde. Sus padres habían ido a buscarla, y la había llevado de vuelta a casa. Nadie habló sobre Robert. Comieron juntos, tranquilamente, como una familia normal, aunque el frío reinaba en aquella casa.
No había conversación alguna. Sólo silencio.
Después de comer, Anne ayudó a su madre a recoger la cocina, y al rato, subió a su habitación. No había cortinas. La madre las había quitado todas, una a una, siguiendo las indicaciones que le dio el doctor Laigstare. Las ventanas estaban cerradas también, sólo un ventilador colocado en la habitación.
Anne se tumbó en la cama, y comenzó a llorar cuando vio sobre su escritorio una foto de ella y Robert. Su pelo oscuro tapaba su rostro, mientras las lágrimas bajaban por su cara y mojaban los pelos que estaban cerca de donde bajaban aquellas lágrimas.
Entonces lo oyó.
Eran pasos. Venían del ático.
<< Anne…>>
Su alma tembló y gritó desde lo más hondo de su cuerpo. Era Robert, era su voz. Aquellos pasos. Era ÉL.
Estaba aterrada, pero se levantó y salió de su cuarto. Sus padres seguían hablando en la planta baja, sobre el estado de salud de su hija. De nuevo, escuchó la voz de Robert. Agarró la anilla que conducía al ático e hizo caer la escalera para subir.
Poco a poco, comenzó la ascensión, mientras sus ojos miraban todo alrededor.
Subió el último peldaño, y miró alrededor. La ventana del ático estaba abierta, y delante de ella, las cortinas ondeaban tranquilamente.
Anne comenzó a acercarse, con lágrimas en los ojos, mientras dejaba escapar de sus labios el nombre de su difunto novio.
Entonces, lo vio. Claramente. La cortina, formaba una silueta, era Robert. Su cuerpo tomaba forma entre las cortinas, que el viento iba moldeando.
<< Amor mío. Te he echado tanto de menos. >>
-Y yo a ti. – dijo ella, mientras iba acercándose poco a poco a las cortinas.
<< Ven conmigo. Quiero abrazarte. >>
Las lágrimas caían al suelo, deslizándose tranquilamente por la cara de Anne, que estaba sin palabras, emocionada, viendo a aquel que tanto había amado, delante de ella.
<< Yo nunca te dejaría. >>
Anne se acercó un poco más. Dio un paso. Luego otro. Delante de ella, se había elevado más la cortina, puesto que tenía la forma de la mano de Robert, el cual alargaba su mano, esperando que Anne la agarrase.
<< Confía en mi amor mío. Te quiero. >>
Mientras sus lágrimas seguían cayendo, Anne alargó la mano, y sintió el roce de la cortina en la palma de su mano. Vio a Robert sonreír, mientras estrechaba su mano. Anne sonrió también, pues era Robert. Era él, y estaba allí, con ella.
<< Ayúdame a huir de aquí Anne >>
- ¿Qué?...
Eso fue lo último que Anne escuchó. De repente, las cortinas se movieron rápidamente, y Anne pudo verlo. Cientos de manos, que se enredaban a su cuerpo, agarrándola, mientras que Robert la agarraba también, fuertemente. Sentía como si empujasen de ella, y vio como la figura, que había pertenecido a Robert, tiraba hacia fuera, hacia la ventana.
Un grito ensordecedor, salido desde los pulmones de Anne, cargado de un terror inhumano, llenó toda la casa, antes de que su cuerpo saliese despedido por la ventana, rompiendo con su cuerpo esta y llevándose consigo las cortinas del ático.
Los padres de Anne salieron corriendo hasta el ático. Pero era demasiado tarde. La ventana estaba hecha añicos. El cable que sostenía las cortinas, arrancado. La madre corrió a la ventana, y un grito histérico, acompañado de su llanto, ensordeció el ático. El padre de Anne corrió hasta la ventana, y miró al exterior.
Los vecinos, y otras personas que pasaban por allí, se agolpaban alrededor de aquella escena macabra. El cuerpo sin vida de Anne reposaba sobre el coche de su padre, el cual había estallado cristales y techo. En su cuello, un cristal de la ventana se había enterrado a través de la cortina, desgarrándoselo. Y mientras, mecidas por el aire, las cortinas que enredaban el cuerpo de la muchacha, las cuales parecían una especie de túnica que la cubría...
Eran las 2:15 del mediodía.
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Brunnel estaba en su despacho, metiendo cosas en una caja. Sólo pensaba en irse de allí y no volver más a la clínica Svenson.
De repente, un escalofrío la invadió. Algo iba mal. Lo sabía. Algo dentro de ella se lo estaba diciendo. Lentamente, salió de su despacho, y se dirigió hacia la entrada principal de la clínica. Una ambulancia.
<< No… no… NO…>>
Un cuerpo, enredado en algo que no podía distinguir, y tapado con las sábanas, era empujado por un enfermero, hacia el depósito de la clínica.
- ¿Qué ha pasado? – preguntó Brunnel al enfermero.
- Un suicidio. Una chica, que ha saltado desde el ático de su casa.
- ¡Déjeme verla! – ordenó Brunnel.
- Eso va a ser imposible, doctora. No estoy autorizado a eso.
Laigstare apareció, curioso ante la escena que ocurría delante de él. “¿Qué sucede?” preguntó al ver la insistencia de Brunnel. Esta le dijo que quería ver el cadáver de la chica. Laigstare pensó que no era una buena idea, debido a que momentos antes, Brunnel se había encontrado mal, y pensaba que ver un cadáver, que había muerto por semejante accidente, podía afectarla.
Más Brunnel no dio la vara a torcer, y le dijo que si alguna vez le había preocupado la salud de alguien, la dejara ver el cuerpo de la suicida, pues su salud mental y física se encontraba en asegurarse que no era quien pensaba.
Laigstare ordenó al enfermero retirar la sabana.
Brunnel suspiró fuerte.
Entonces, un grito apagado, de cargado dolor, llenó la entrada del hospital. Brunnel cayó de rodillas, llorando. Laigstare no podía apartar la mirada.
- No puede ser… Estaba bien, hace menos de tres horas…
Brunnel sólo podía llorar. No tenía fuerzas para hablar.
<< Dios mío, si ella ha muerto así, ¿qué me espera a mi, señor?>>
Laigstare se agachó ante Brunnel. El enfermero ayudó a levantarla.
- Voy a llamar a un taxi para que la lleve a casa. Está demasiado alterada.
Brunnel no dijo nada. No podía a oponerse. Sabía que tenía razón, en su estado no podía hacer nada. Se sentía débil. Tenía miedo, después de tantos y tantos años, volvía a tener miedo. Y sus recuerdos
<< Aquel que conoce a quien le haya visto, suele hacer cosas para que le recuerde>>
sólo conseguían
<< Para que cuando hayas recordado, matarte, porque le estarás dando fuerza a su espíritu mediante tus pensamientos. >>
hacer que sus nervios
<< intentando, en ese momento cuando alguien muere, entrar en el otro mundo que se abre ante nuestra alma, pues ellos no tienen ni tendrán nunca descanso, porque están malditos, murieron de forma violenta, y sus almas no llegaron a entrar en ese lugar. Son almas errantes, perdidas. >>
aumentasen más y más.
Brunnel simplemente cerró los ojos. Y esperó aquel taxi, sin ninguna prisa.
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05/04/2005, 06:40
A las 5 de la tarde, Brunnel estaba en el portal de su casa. En la clínica, coche, objetos de la consulta y otros enseres, quedaban sin haber sido recogidos.
Poco a poco, subió los peldaños hacia su casa. Deslizó la llave, y entró. Todo estaba tranquilo.
Se dirigió a su habitación, se puso sus zapatillas, cogió su pijama, se fue al baño, cerró la puerta tras de si, abrió el grifo, se enjuagó los ojos, y se miró ante el espejo.
<< ¿Que va a pasarme a mi? >>
Se desnudó, orinó, y se puso el pijama, sin ninguna prisa.
<< Pobre Anne… tan joven… tan llena de vida… >>
Entonces, salió del baño.
Y su grito llenó la casa.
TODAS las ventanas, estaban abiertas de par en par, desclavadas.
<< ¡No es posible, no es posible, no es posible, no es posible, no es posible, no es posible, no es posible, no es posible, no es posible, NO ES POSIBLE! >>
Corrió hacia su cuarto, y cogió el teléfono móvil. No daba línea. Corrió al teléfono fijo, pero ni se molestó en descolgarlo
<< ¡Está arrancado, no puede ser! >>
Entonces se dio cuenta. La radio había vuelto a su sitio. Estaba enchufada.
<< Esto es una pesadilla… ¡No es real, no es real! >>
Se dirigió a la puerta, e intentó abrirla. Pero no podía abrirse, por mucho que lo intentaba. Entonces vio el motivo por el que no podía abrirla. Estaba clavada, completamente, al marco de la puerta.
Entonces fue a la ventana, y vio que las tachas ya no estaban en las ventanas. Volvió a la puerta, y vio que era cierto lo que temía. Esas tachas ahora impedían salir por la puerta.
<< ¡Pide AUXILIO, jodida imbecil! >>
Se acercó a la ventana del salón, pero antes de llegar, se cerraron de golpe ante su cara. Brunnel forcejeaba, intentando abrirla, pero no se podía, era como si la agarrasen hacia fuera.
Corrió a otra ventana, pero pasó lo mismo.
Fue a la de su dormitorio, y de nuevo, se cerraron al cal y canto. Brunnel cogió un candelabro de plata, y comenzó a golpear el cristal, pero no se rompía a pesar de darle con todas sus fuerzas, era irrompible.
<< Quieren encerrarte, ¡maldita sea! >>
Largó el crucifijo sobre la cama, y miró el cristal.
Sobre el cristal, se dibujaban diversas huellas de dedos, que lo mantenían para que no cayesen los cristales al suelo.
Brunnel gritó de nuevo, y corrió hacia la puerta, gritando socorro a cualquiera que pudiera oírla.
<< Till the stars fall from the sky, Baby I’m yours... >>
De nuevo, la radio se había encendido, sonando las últimas estrofas de la canción, las cuales subían de intensidad, subiendo el volumen hasta el tope. Brunnel intentó romper la radio con lo primero que cogió, pero una fuerza, una inmensa luz roja, la empujó hacia atrás, golpeando su espalda contra la pared.
<< Till the rivers all run dry, Baby I’m yours... >>
Brunnel se levantó como pudo, y acercándose a la puerta, golpeaba con la palma de sus manos, llorando, gritando
<< Till the poets run out of rhyme, Baby I’m yours... >>
Pero nadie la escucharía. No había nada que hacer. Sólo esperar.
Y de nuevo, la canción volvió a comenzar…
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Acostada, con los ojos como platos, miraba la ventana. Estaban fuera. La canción había parado, pero no le habían permitido volver a la puerta. Le dolía el cuerpo. La última vez que intentó acercarse a la puerta, la arrastraron desde el salón, hasta su dormitorio. Su espalda estaba dolorida.
Lo único que había podido hacer, era meterse en la cama. Y desde la última vez que lo había intentado, cuando la habían dejado ir al baño, y que al intentar llegar a la entrada, la habían arrastrado, no quiso volver a moverse.
Sólo podía esperar allí. Mirando el cristal, cuyas marcas aún estaban allí, esperando el momento oportuno. Habían cortado la corriente, cuando quiso dejar encendidas las luces. No podía cerrar la puerta de su cuarto. La agarraban de alguna forma. Además, las cerraduras estaban rotas. Todas las de la casa.
Sus ojos miraban la oscuridad.
Hasta que el cristal que había hecho añicos, cayó en pedazos fuera de la habitación, hacia la calle.
<< ¡Ahora, grita! >>
Brunnel se levantó de la cama tan rápido como pudo para ir a la ventana, pero la empujaron violentamente hacia atrás.
<< ¡GRITA! >>
Tomando aire, soltó un grito tan fuerte como pudo emitir
<< TIENE QUE HABER ALGUIEN QUE TE ESCUCHE, LOS VECINOS, ALGUIEN HA DE OIRTE >>
Pero el grito quedó apagado, cuando los sintió rodeándole el cuello. Su cuerpo se elevó del suelo. Sus piernas no podían tocarlo. Sentía sus manos, bajo su pijama, sobándola, agarrando sus pechos, sobando su coño, pellizcando su culo. Cientos de manos que no la excitaban, la aterraban.
<< Ya se lo dije, doctora. No descansan hasta matar a quien les ha visto. >>
<< Le guardaras el secreto a papá, ¿verdad? >>
<< Es la hora, doctora. No es tan malo como parece. Es extraño al principio, pero después cambia… cuando su alma traspasa otros cuerpos, y siente lo que ellos siente… aunque de nada sirve, porque estamos muertos y malditos, doctora >>
- Por favor… - titubeó Brunnel como pudo, sintiendo como le faltaba aire. – Dejad de atormentarme, por favor…
<< Si te portas bien, acabaré enseguida. >>
- ¿Por qué… me hac…hacéis es…esto?
<< No tenga miedo…>>
Brunnel de poco más fue consciente. Sólo sintió como su cuerpo salía por la ventana, y su cabeza daba contra el frío suelo. Sintió varias punzadas ocasionadas por los vidrios que habían caído de la ventana de su cuarto, y quiso gritar cuando sintió una de esas punzadas en su ojo derecho, más no pudo emitir sonido alguno. Abrió un poco el único ojo que le quedaba… y lo vio… Cientos de personas, hechos despojos, llenos de sangre reseca, mirándola.
<< Muere de una vez… no tenemos todo el día, cariño. >>
Y poco a poco, mientras sus ojos se cerraban, vio aquella luz que la inundaba, y como todos los que podían se abrían paso para intentar entrar…
<< I'm gonna stay right here by your side
Do my best to keep you satisfied
Nothin' in the world can drive me away
Every day you'll hear me say...
Baby, I’m yours...>>
Y después de eso, no vio, ni oyó, ni sintió nada más, mientras su alma se separaba de su cuerpo inerte sobre la acera, rodeado de cristales, y se unía a los demás que habían estado esperando, mientras aquel intenso brillo, iba desapareciendo lentamente…
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Lewis Barbara - Baby, I'm Yours.mp3 (ed2k://|file|Lewis%20Barbara%20-%20Baby,%20I'm%20Yours.mp3|2472774|6031006FDE537B7 6E91B92142E4EC941|/)
imported_colt
05/04/2005, 06:46
Bueno, después de un año y ocho meses, aquí está.
Esta noche, me he puesto, y he ido a por todas, para acabar de una vez este relato, que comencé y, siendo sincero, por pereza, jamás acabé.
Pido perdón por los posibles fallos que pueda haber, así como le pido perdón a aquellos que comenzaron a leer lo único que había escrito, y más de una vez me preguntaron si no lo acabaría, en el transcurso de este tiempo.
Pues bueno, al fin está terminado. Ahora sólo me hace falta saber que os ha parecido.
Es largo, pero creo que merece la pena.
Vosotros direis.
Saludos a todos, y que lo disfruteis :-D
bueno es un buen relato, pero esta claro que paso mucho tiempo desde que empezasta, muchos personajes quedan descolgados a mitad de la trama, despues tambien tenemos mucho dialogo intrascendente, y la parte final no es nada clara.
Pero esta claro que tienes talento y escrito de una forma mas seguida seguramente sera mucho mejor.
De todas formas te animo a que los presentes en algun concurso o lo que sea, ya que me encanta tu forma de escribir.
Igual podrias publicar algo.
imported_colt
05/04/2005, 21:12
Gracias por tu comentario Janker.
Diré que desde que lo comencé, más o menos la idea final estaba resuelta.
No creo que los personajes estén descolgados. Lo he leido entero nuevamente, y creo que están justamente en su salsa. Siempre miro a los personajes como si fueran reales, puedo palpar su esencia y bueno, cuando comienzan a irsele las pinzas, es por el mismo estado de terror que experimentan.
El dialogo intranscendente, yo no lo veo como tal. En los libros, siempre se tienden a alargar el dialogo (cosa que no pasa en las pelis, porque si no, vaya duraciones) y bueno, creo que sería un crimen dejar al personaje desnudo, sin poco que decir o opinar, ya sea sobre gustos, aficiones, aunque no aporten nada. Es el esqueleto del personaje, si se intenta hacer que el lector sienta afinidad o rechazo por el personaje, eso es lo necesario a pulir: su esqueleto.
La parte final, creo que más clara imposible. En un momento, ya saben lo que hay cuando ellos vienen. Si te refieres a que pasa con Brunnel, pues te lo puedes imaginar claramente, en la última parte del relato. Según mi punto de vista, queda claro, no se puede dar más pulido. Si no, ¿donde queda la parte para la imaginación del lector?
Creo que el resultado merece la pena ser leido y comentado.
Así que muchas gracias por tu opinión Janker. Me encanta que alguien se haya leido todo el relato :) . A ver si alguien más se anima a comentar algo.
Espero opinionessssssssssssss!!!
Saludos :-D
Bueno yo tambien aprovecho para pedir que os leais la segunda parte de el "club".
Tambien a ver que pasa con el relato en conjunto, fue una idea cojonuda y estaba quedando bien, venga animo.
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