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Prospectivas
(varios)

por Javier Bocadulce
Puntos: 9

Ni Clark, ni Zelazny, ni Asimov, ni Matheson, ni ninguno de los vigentes paladines del fantástico- sea su adhesión a este quijotesco género en continuidad o de modo testimonial -, se hizo ni se hará acreedor a la consecución de un premio Nobel; mejor así: el estigma de escritores de subgénero les pintará un cálido colorido de escritores de lo canalla y lo maldito, y supondrán un jugoso referente para el ansioso lector que paladea lo sugerente y lo no adocenado. Suele aseverarse que España es un país sin ciencia ficción, vamos, fuera de esa tradición. Eso sería tanto como afirmar que una estéril imaginación ocupa nuestros lares, y nada más lejos de la realidad. Sí es cierto que las circunstancias nos afectan, las condiciones político-sociales impidieron su arraigo a la par que en otros países, donde se desarrolló de forma diferente, aunque ejemplos como el de “El Anacronópete” – para pasmo de muchos que lo ignoran, Enrique Gaspar, un españolito embajador por tierras asiáticas, pergeñó una novela que desarrollaba una historia sobre un viaje en el tiempo utilizando por primera vez en la literatura mundial una máquina. Sí. ¡Varios años antes de que Wells escribiera “La máquina del tiempo”! -, “La torre de los siete jorobados”, de Emilio Carrere; “El prodigioso viaje de Arsenio”, de Mingote; “Niebla”, de Unamuno; o “La bomba increíble”, de Salinas, pongan este aserto en cuarentena

¿Cómo ser objetivo en algo que implica unos gustos determinados? El antologista busca ser lo más justo, pero goza de libertad en su elección, lo que en función de su mayor o menor meticulosidad, propiciará un acierto también mayor o menor. En este caso, a fe mía, ha estado sobresaliente, pues los relatos seleccionados no sólo muestran la mejor ficción de nuestra piel de toro. Es una recolección a la altura de lo mejor del género a nivel mundial.

Por otro lado, en nuestra sociedad de imperante comodidad, encuentra dificultades la literatura de ciencia ficción, pues se trata de una disciplina –no lo olvidemos-, frecuentemente árida; no en vano, entre sus practicantes se hallan ingenieros e incluso científicos como Asimov. Ciencia ficción…ni lo uno, ni lo otro, ni lo contrario. Es un género mutable que abarca todos los miedos a lo desconocido: la búsqueda de una solución racional a la parte animal del ser humano. Y ese miedo es, a la vez, atracción, de manera que, paradójicamente, lo irracional se torna imprescindible en la carrera del conocimiento. ¿Qué es la ciencia ficción? Para los detractores, resulta aberrante unir la palabra ciencia, como indagadora de hechos demostrables, al concepto de ficción, como si éste último equivaliera a “mentira”. Pero ficción se asemeja más a “irreal”, no a falso. Irreal, por ahora; no imposible en un futuro, tal vez…Su cultivo resulta un asunto complicado, pues parece que un buen escritor de ciencia ficción tenga que glosar necesariamente un bello canto poético a la bomba de neutrones. Y es que lograr el equilibrio entre una convincente teoría pseudocientífica y una elaborada puesta en escena literaria, se antoja casi magia.

La ciencia ficción no busca acertar predicciones, sino especular de forma verosímil y amena con la ciencia y sus ramificaciones tecnológicas, de forma que se muestre convincente y atractiva en sus planteamientos. Si en algo parecen no haber cambiado los escritores practicantes del género de ayer y de hoy, es en su heterogeneidad: autores técnicos – ingenieros, científicos – se entremezclan con otros efectista-fantasiosos y con autores que, pese a su gran intuición, abandonaron repentinamente el género – poniéndole los cuernos con alguno más sustancioso…- y con alguno que hiciera una breve, pero afortunada incursión en el género.

El conjunto de relatos escogidos para esta antología pretende basarse en una intención común: la reflexión sobre lo que nos espera en un futuro más o menos próximo, siempre pensando en cómo resolver ciertas situaciones caóticas. De cualquier modo, no están exentos lo bizarro y el sentido del humor, así como el efecto de la ucronía – tergiversación de los hechos del pasado, para especular sobre los efectos que esos cambios operarían sobre el entorno, cambiando nuestro presente -, y trata de alejarse, pues, de la elección de textos de puro efectismo.

Vamos al meollo del asunto…

Por ejemplo, “Brigada Diógenes”, un relato armado con una belleza expresiva contenida, en beneficio de una aventura distópica, nacida de una preocupación social de J. Jacinto Jiménez Rengel. Alegoría publicada en 2009, perfecta en el retrato de la decadencia y el abandono social más cruel, que nos acaba devorando a todos como siniestra basura.

“El extraño”, muy reciente, de 2011, obra de Matías Candeira. Con gran sentido del humor, el texto aborda una metáfora de la alienación humana; cómo el hombre se puede transformar en algo que no es, aunque intente en su fuero interno conservar su propia esencia – hombre transformado en monstruo ante su familia, muy al estilo de Kafka, pero con una vuelta de tuerca espectacular, y que es en un principio aceptado a regañadientes por la misma -. Metáfora: el hombre que se siente de pronto diferente, frustrado ante los cambios que le lastran, cambios intuidos por su familia, pero que parecen no tener en cuenta. Un hombre así enfurece. Su dolor es sólo suyo. Se siente frustrado y alienado. A la familia, en cambio, acaba agradándole el monstruo, incluso lo ven mejorado con respecto a su aspecto humano. La vuelta milagrosa del padre como tal, inspira una extraña reacción.

“Ultimas páginas de una autobiografía”, de 2005, de Roberto Bartual, reproduce una parte de una mixtificada autobiografía por parte de un pintor llamado Adolf Hitler, y sobre sus experiencias y cómo el destino le llevó por el camino de la pintura, en el que conoció casualmente al gran dictador Picasso, causante de la segunda guerra mundial, y culpable de exterminios masivos.

“Portik Gmbh”, de 1998, de Carlos Pavón. Una especie de homenaje a los relatos de Philip K. Dick. Un hombre pretende alterar su ADN, de manera que quede borrada de él la herencia genética de su madre, cuya muerte no acaba de superar, “viviéndola” en un estado confuso de extinción y vida, al menos en sus recuerdos. Borrarla de la memoria. Como un ordenador viciado. Acabar con lo que empaña la vida de sufrimientos, aunque a costa de mutilar la parte sentimental de su cerebro.

“Mein Führer”, de Rafael Marín, 1981. Divertidísima historia de viajes en el tiempo, con un toque cómico y disparatado, vamos, para exponerlo en una galería dedicada a los hermanos Marx…Las descabelladas y repetidas – que no “exactamente” iguales – aventuras en el tiempo, de dos voluntarios – alguna vez, forzosos – jóvenes soldados de camino a la época de Hitler. En su tono, recuerda un poco a “El prodigioso viaje de Arsenio”, de A. Mingote.

“Besos de alacrán”, de 1994, por León Arsenal, recuerda a “Un drama interestelar”, del decimonónico Charles Cross. Trata las complicadas e inevitables relaciones “amorosas” entre humanos y ciertas alienígenas, a causa de una atracción fatal en la que la extraterrestre actúa exactamente como las hembras de algunos tipos de arañas con el macho. Aunque, bueno, la relación tan tempestuosa tal vez sea más equiparable a los escorpiones.

“Días de otoño”, de Santiago Eximeno. Lo escribió en el año 2004. Este genio de la literatura de terror aborda la tristeza de los últimos días de un hombre anciano cuyos deseos jamás llegan, aunque el amargo y decadente otoño siempre aparecerá. La muerte, el alivio a esa etapa de sufrimiento sin fin, aparece representada por un cohete de destino espacial incierto. Es una obra que destaca por su increíble lirismo.

“El olor profundo de la tierra”, de J. A. Fernández Madrigal. Escrito también en 2004. En un futuro desolado y sin escrúpulos, el alucinante poder “olisqueador” de un pastor de cabras, se traslada temporalmente a través de un dispositivo, a fin de crear esclavos que detecten bolsas de petróleo.

“Enseñando a un marciano”, de 1995, de David Mares, un relato ácido, cómico y perverso, saturado al estilo Munchaüsen; una burla de los ingredientes del género con el objeto de crear una atmósfera de lo más liberador, basándose en un lenguaje rayano en lo zafio, pero voluntariamente rompedor: un tipo del montón, un terráqueo sin moral, pero sin excesiva perversión, es escogido por un nutrido grupo de alienígenas que acaba de exterminar a la especie humana, pero precisan de un “cicerone” que les muestre el mundo recién invadido. Un relato sencillamente colosal, divertido e impactante.


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