 | Antes de afrontar la cuarta parte de la saga “Scream“, Wes Craven intentó crear una nueva franquicia “slasher” con los mismos ingredientes que casi siempre le habían funcionado: un hecho terrible del pasado que vuelve para atormentar a una pequeña comunidad, adolescentes, sangre, suspense, y algo de humor. El resultado, esta “Almas Condenadas”, uno de los films de terror más vapuleados de los últimos años, tanto por la crítica como por el público. ¿Había motivos para tanta indignación? En mi opinión no, pero con reservas.
“Almas Condenadas” es una película extraña, incómoda, cambiante, caótica, dispersa y de extrañísima estructura, tanto narrativa como genérica. Los primeros veinte minutos son notables, comenzando con un potente y violento prólogo, siguiendo con la consabida historia-de-terror-contada- al-calor-de-una-fogata, que sirve para sentar las bases del planteamiento argumental, y culminando con el primer asesinato ya en tiempo presente, planificado y filmado con un notable sentido de la atmósfera. En el siguiente tramo, Craven (también guionista) pierde el rumbo, con unos treinta minutos largos en los que intenta sin éxito caracterizar a los personajes principales (a la vez que víctimas potenciales), todos ellos bastante poco interesantes (a excepción del de la fanática religiosa que, paradójica y lamentablemente, es una de las primeras en ser liquidada), y explicar las relaciones entre los mismos (a lo que no ayuda el que se intuyan varios cortes en la sala de montaje). Este tramo intermedio resulta torpe y aburrido, sin duda de lo peor que ha rodado Craven, y sólo se salva la escena de la exposición sobre el condor, inquietante y ridícula a partes iguales. De repente, para animar la función, Craven nos regala otros tres asesinatos concentrados en unos diez minutos, y tras este brusco cambio de ritmo, vuelve a aflojar para obsequiarnos con uno de los clímax más dilatados (unos 30 minutos), lentos y dialogados que se recuerdan dentro del género, en el que además muchos personajes aparecen y desaparecen de escena sin demasiada lógica narrativa. Cierto que es una película de ritmo excesivamente cambiante, de naturaleza casi esquizofrénica, que se echan de menos más momentos de suspense y terror a la vez que menos diálogo, y que los actores jóvenes, a excepción quizá de Emily Meade, resultan menos talentosos de lo que es habitual en el cine del director norteamericano, pero también hay que decir que el film nunca deja de interesar del todo, que resulta curioso de puro extraño, que el primer tramo es de un nivel alto, y que el acabado técnico (destaca el partido que la directora de fotografía saca de las localizaciones) resulta competente.
En resumen, a pesar de sus defectos, que los tiene y muchos, creo que es una película no tan desdeñable como puede hacernos creer su lamentable fama, pues tiene los suficientes elementos de interés como para que sea objeto de una moderada reivindicación durante los próximos años. |