Moby Dick (1851) La idea inicial de Herman Melville era hacer que el capitán Ahab y su tripulación cazaran a la gran ballena blanca. Pero una vez cumplida la obsesión que se había convertido en su única razón de vivir, el marino ponía fin a su existencia subiendo a un bote durante la noche y perdiéndose en la inmensidad del mar. Quien haya leído la novela sabe que, finalmente, el cetáceo sobrevive tras hundir el barco y cargarse a casi toda la tripulación (solo sobrevive un personaje: Ismael).
En esta película rodada por Alfred Hitchcock, Joan Fontaine cree que su marido, Cary Grant, piensa asesinarla para heredar su fortuna, aunque se acaba descubriendo que todo son ideas paranoicas sin base real alguna. Pero en el guión original, la historia terminaba de una forma mucho más negra y fatalmente irónica. Ella, enferma, escribe una carta a su padre contándole sus sospechas de que su esposo está tratando de envenenarla. Poco después, él efectivamente la asesina con un vaso de leche emponzoñada. Al día siguiente, el criminal camina silbando por la calle y se dirige a un buzón dispuesto a echar el correo, ignorando que entre esas cartas se encuentra la que escribió su mujer inculpándole.
El novelista irlandés Bram Stoker había previsto un clímax mucho más desatado del que terminó publicándose. En su mente estaba la idea de que la heroína, Mina Harker, dejaba a su prometido, Jonathan, y se entregaba voluntariamente al monstruo para que la convirtiera en vampira y pasar junto a él la eternidad. Pero su editor le hizo desistir de la idea, haciéndole ver que tal desenlace habría sido ¨dinamita¨ en la puritana sociedad victoriana.
En el guión original de este filme de Ridley Scott, el monstruo atrapaba a la teniente Ripley, pero en el último instante, en vez de matarla, la dejaba marchar. Era un intento de humanizar ligeramente al monstruo, demostrando que permitía vivir a la chica por haber sido una buena adversaria.
En el guión, el personaje de Jack Nicholson se perdía en el laberinto (mientras su hijo y su esposa escapaban del lugar), pero no se le veía morir. Existía a continuación una escena adicional en la que la madre estaba ingresada en un hospital, recuperándose de la crisis nerviosa provocada por los terroríficos acontecimientos vividos, mientras el niño jugaba tranquilamente en el pasillo. Entonces, una pelota amarilla (como la que le lanzaban los espíritus en el hotel en una secuencia anterior) se acercaba rodando hacia él. Esta conclusión pretendía ser ambigua: dar a entender que Nicholson había sobrevivido y acechaba a su familia en el hospital, o que había muerto pero seguía acosando a sus seres queridos desde el más allá. De cualquier forma, la amenaza persistía.
El guión de esta versión de la novela de Anthony Burgess sobre la violencia urbana acababa con su sádico protagonista, Alex, supuestamente reinsertado: casado, con hijos y llevando una vida familiar aparentemente feliz. Pero el plano final nos mostraba cómo, ocasionalmente, salía de su casa con una excusa peregrina para perpetrar un acto de ultraviolencia. Se cambió por otro menos explícito pero más sugerente. Alex, aparentemente curado, sonríe malévolamente al quedarse a solas.
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El tercer Hombre
24 Jun 2011En el libreto de Graham Greene, el personaje de Joseph Cotten, al descubrir que su gran amigo se ha convertido en peligroso traficante, le delata a la policía y al final se queda con su novia. Más que un final feliz, al director Carol Reed le pareció que aquello era un desenlace demasiado cínico y obligó al escritor a escribir otro en el que el protagonista perdía a la chica, que le abandonaba al descubrir su delación. A Graham Greene debió de quedarle algo de resquemor, porque años después, en otra de sus novelas, ¨El americano impasible¨, hizo que el delator sí se quedara con la chica del amigo traicionado.
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