Tramposa cinta disfrazada de thriller sobrenatural.
Lo que en un principio -y a lo largo de gran parte de la película- parecía un thriller con tintes sobrenaturales, finalmente se torna en un drama edulcorado.
Desgranemos el asunto:
Efectivamente, en los créditos iniciales el director nos avisa de de la temática de la trama con espeluznantes cifras reales, 800.000 niños desaparecen en USA cada año. Parece que no hay trampa, es un thriller REALISTA que tratará este tema, sin embargo a medida que pasan los minutos la incertidumbre del espectador crece, y es que las desapariciones se nos muestran como un misterio tipo ¨leyenda urbana¨.
Es curioso como en la introducción una voz en ¨off¨ nos alerta de las desgracias que asolan al pueblo generadas principalmente por el cierre de la mina, casi único indicador de empleo para sus ciudadanos, sin embargo éste no era el principal problema, ya que ¨algo había llegado a Cold Rock que se estaba llevando a nuestros niños .....algo tan amenazador, tan aterrador, que las personas finalmente lo nombraron....., the tall man¨.
A partir de aquí comienza un auténtico peregrinaje del espectador hacia el camino de la verdad, y es que ésta se disfraza continuamente durante parte del metraje.
¨Algo se lleva a nuestros hijos...amenazador, aterrador…¨, ¿qué cojones quiere decir esto?, ¿acaso un espíritu cabroncete o el mismísimo hombre del saco andan detrás del meollo?. Pues no, mire usted, simplemente son unos tipos muy altruistas que solo miran por el bienestar de los pequeñajos –capítulo que merece su revisión aparte-.
Siguiendo con la película, según las declaraciones de muchos padres/madres que han sufrido la pérdida de algún hijo, éstos desaparecen como por arte de magia, acrecentado aún más la sensación en el espectador de que las desapariciones pueden escapar a cualquier razonamiento lógico.
Y lo cierto es que la fórmula funciona –temporalmente-, el público, inocente, ávido de emociones fuertes, espera el desenlace en un envoltorio, si no fantasmagórico, sí algo misterioso, pero la cosa termina degenerando en un despropósito sin sentido.
¿Sin sentido?
Si, no tiene sentido que en un pueblo de cuatro gatos lleguen a desaparecer… ¡¡18 niños!! sin que antes hayan tomado cartas en el asunto otras instancias gubernamentales.
No tiene sentido que en varios años de “saqueos” de niños, nadie se diera cuenta de que la prota es la que los rapta, ni tiene sentido que los rapte tan fácilmente, sobre todo porque después de las primeras desapariciones, lo normal es que los padres estén al “loro”.
No tiene sentido que la prota se encariñe con el niño al que tiene a buen recaudo en su casa, haciéndonos pensar que es su hijo, y no lo tiene porque si ella es la primera que sufre cuando lo raptan, debería darse cuenta del sufrimiento que debe pasar la verdadera madre.
No tiene ningún sentido el mensaje que quiere transmitir su director. El ejemplo más claro está en la madre que recupera a su hijo, por ende, el falso hijo de la Jessica Biel.
¿El mensaje final? (o como querer justificar los primeros cincuenta minutos de engaño con otro engaño más)
Si hasta ahora no había sentido en la mayoría de las situaciones que se generan durante la película, cobran aún menos sentido, si cabe, las explicaciones/justificaciones de la parte final.
El careo final entre la ya arrestada Jessica Biel y la abnegada madre que sufre la desaparición de su hija raya lo indignante. Resulta que en un discurso lamentablemente clasista, la Biel justifica los raptos por la posición económica de los padres. O lo que es lo mismo, en la actual situación que estamos pasando en España, con una crisis galopante y casi un tercio de la población activa en paro, lo más correcto –según el argumento de esta cinta- es que aquellos niños que no tuvieran gambas para comer, fueran recolocados a otras familias más pudientes económicamente.
Y para colmo, nos la muestran como una mártir capaz de soportar la humillación de otras presas, mientras llora incomprendida, al ser tratada como un monstruo, pero incapaz de revelar su verdadero secreto, la de una altruista que sacrifica su vida por el bien de los niños.
javielo
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Tramposa cinta disfrazada de thriller sobrenatural.
Lo que en un principio -y a lo largo de gran parte de la película- parecía un thriller con tintes sobrenaturales, finalmente se torna en un drama edulcorado.
Desgranemos el asunto:
Efectivamente, en los créditos iniciales el director nos avisa de de la temática de la trama con espeluznantes cifras reales, 800.000 niños desaparecen en USA cada año. Parece que no hay trampa, es un thriller REALISTA que tratará este tema, sin embargo a medida que pasan los minutos la incertidumbre del espectador crece, y es que las desapariciones se nos muestran como un misterio tipo ¨leyenda urbana¨.
Es curioso como en la introducción una voz en ¨off¨ nos alerta de las desgracias que asolan al pueblo generadas principalmente por el cierre de la mina, casi único indicador de empleo para sus ciudadanos, sin embargo éste no era el principal problema, ya que ¨algo había llegado a Cold Rock que se estaba llevando a nuestros niños .....algo tan amenazador, tan aterrador, que las personas finalmente lo nombraron....., the tall man¨.
A partir de aquí comienza un auténtico peregrinaje del espectador hacia el camino de la verdad, y es que ésta se disfraza continuamente durante parte del metraje.
¨Algo se lleva a nuestros hijos...amenazador, aterrador…¨, ¿qué cojones quiere decir esto?, ¿acaso un espíritu cabroncete o el mismísimo hombre del saco andan detrás del meollo?. Pues no, mire usted, simplemente son unos tipos muy altruistas que solo miran por el bienestar de los pequeñajos –capítulo que merece su revisión aparte-.
Siguiendo con la película, según las declaraciones de muchos padres/madres que han sufrido la pérdida de algún hijo, éstos desaparecen como por arte de magia, acrecentado aún más la sensación en el espectador de que las desapariciones pueden escapar a cualquier razonamiento lógico.
Y lo cierto es que la fórmula funciona –temporalmente-, el público, inocente, ávido de emociones fuertes, espera el desenlace en un envoltorio, si no fantasmagórico, sí algo misterioso, pero la cosa termina degenerando en un despropósito sin sentido.
¿Sin sentido?
Si, no tiene sentido que en un pueblo de cuatro gatos lleguen a desaparecer… ¡¡18 niños!! sin que antes hayan tomado cartas en el asunto otras instancias gubernamentales.
No tiene sentido que en varios años de “saqueos” de niños, nadie se diera cuenta de que la prota es la que los rapta, ni tiene sentido que los rapte tan fácilmente, sobre todo porque después de las primeras desapariciones, lo normal es que los padres estén al “loro”.
No tiene sentido que la prota se encariñe con el niño al que tiene a buen recaudo en su casa, haciéndonos pensar que es su hijo, y no lo tiene porque si ella es la primera que sufre cuando lo raptan, debería darse cuenta del sufrimiento que debe pasar la verdadera madre.
No tiene ningún sentido el mensaje que quiere transmitir su director. El ejemplo más claro está en la madre que recupera a su hijo, por ende, el falso hijo de la Jessica Biel.
¿El mensaje final? (o como querer justificar los primeros cincuenta minutos de engaño con otro engaño más)
Si hasta ahora no había sentido en la mayoría de las situaciones que se generan durante la película, cobran aún menos sentido, si cabe, las explicaciones/justificaciones de la parte final.
El careo final entre la ya arrestada Jessica Biel y la abnegada madre que sufre la desaparición de su hija raya lo indignante. Resulta que en un discurso lamentablemente clasista, la Biel justifica los raptos por la posición económica de los padres. O lo que es lo mismo, en la actual situación que estamos pasando en España, con una crisis galopante y casi un tercio de la población activa en paro, lo más correcto –según el argumento de esta cinta- es que aquellos niños que no tuvieran gambas para comer, fueran recolocados a otras familias más pudientes económicamente.
Y para colmo, nos la muestran como una mártir capaz de soportar la humillación de otras presas, mientras llora incomprendida, al ser tratada como un monstruo, pero incapaz de revelar su verdadero secreto, la de una altruista que sacrifica su vida por el bien de los niños.
¡Qué cojones tiene el director!
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