La primera entrega fue un puntazo por sus secuencias de acción, sus diálogos y la brutal interpretación de Liam Neeson.
Era de esperar una secuela, pero también era de esperar que acabaría siendo una historia con un fundamento muy pobre y repleta de gags que quizá no hayan sido adecuados para este thriller de acción que deja la sensación de ser muy simple.
Neeson es un actor que domina magistralmente la interpretación del tipo de personaje que se le encomiende, y esté le ha gustado, sino dudo que quisiera repetir, aunque el dinero todo lo puede…
Pero está claro que después de está segunda parte, me extrañaría mucho que haya más aventuras para Bryan Mills.
Personalmente me ha decepcionado. Su historia central poco trabajada, con una venganza que llega a un final totalmente absurdo, pues un tipo desea vengar a su hijo aún sabiendo que era un traficante de blancas y que quien le mató fue por lo mismo que el otro hizo, en fin… nos vengamos porque sí y punto.
No hubo nada en especial que merezca la pena mencionar. Mills es un as para salvarse así mismo el pellejo, dispone de todo en cualquier caso.
Estuvo bien que un agente secreto como él fuese capaz de rescatar a su hija de un grupo de traficantes, pero ahora que él mismo se saque las castañas del fuego así de sencillo cuando es un prisionero y tiene a su mujer apresada, sin tampoco saber de la vida de su hija… demasiado arriesgo parece, pero resulta que siempre tiene un aparato que permite localizar esto y lo otro. Bueno, ni McGuiver flipaba tanto (entre comillas claro).
No sé, me esperaba un thriller más enrevesado, otro “Taken” tan impactante como la original.
Está claro que la primera fue hecha sin esperar un gran éxito y de ahí que se la currasen bastante más y mejor.
Aquí han recurrido a lo más sencillo: tiros, flipadas, hostias y “action hero”.
Entre una y la otra, es como buscar las diferencias entre “Acorralado” y “Rambo 2”.
Decepción total…
Black Metal
5
La primera entrega fue un puntazo por sus secuencias de acción, sus diálogos y la brutal interpretación de Liam Neeson.
Era de esperar una secuela, pero también era de esperar que acabaría siendo una historia con un fundamento muy pobre y repleta de gags que quizá no hayan sido adecuados para este thriller de acción que deja la sensación de ser muy simple.
Neeson es un actor que domina magistralmente la interpretación del tipo de personaje que se le encomiende, y esté le ha gustado, sino dudo que quisiera repetir, aunque el dinero todo lo puede…
Pero está claro que después de está segunda parte, me extrañaría mucho que haya más aventuras para Bryan Mills.
Personalmente me ha decepcionado. Su historia central poco trabajada, con una venganza que llega a un final totalmente absurdo, pues un tipo desea vengar a su hijo aún sabiendo que era un traficante de blancas y que quien le mató fue por lo mismo que el otro hizo, en fin… nos vengamos porque sí y punto.
No hubo nada en especial que merezca la pena mencionar. Mills es un as para salvarse así mismo el pellejo, dispone de todo en cualquier caso.
Estuvo bien que un agente secreto como él fuese capaz de rescatar a su hija de un grupo de traficantes, pero ahora que él mismo se saque las castañas del fuego así de sencillo cuando es un prisionero y tiene a su mujer apresada, sin tampoco saber de la vida de su hija… demasiado arriesgo parece, pero resulta que siempre tiene un aparato que permite localizar esto y lo otro. Bueno, ni McGuiver flipaba tanto (entre comillas claro).
No sé, me esperaba un thriller más enrevesado, otro “Taken” tan impactante como la original.
Está claro que la primera fue hecha sin esperar un gran éxito y de ahí que se la currasen bastante más y mejor.
Aquí han recurrido a lo más sencillo: tiros, flipadas, hostias y “action hero”.
Entre una y la otra, es como buscar las diferencias entre “Acorralado” y “Rambo 2”.
Decepción total…
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